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El salvamento que no llega
elpulso@sanvicentefundacion.com |
La propuesta de campaña de implementar
una política hospitalaria
“para la máxima cobertura geográfica,
con equidad y racionalidad” que hiciera
en 2010 el candidato Juan Manuel
Santos, choca con los 80 hospitales liquidados
y 366 más con riesgo financiero
medio o alto que dejan sus 7 años de
gobierno.
Así lo indica Luis Alberto Martínez, director
ejecutivo de la Asociación de Empresas
Sociales del Estado de Antioquia
(Aesa), quien afirma que el balance de
estos años del presidente Santos es agridulce.
Su balance se remonta al 2010,
cuando el gobierno saliente de Uribe
declaró la emergencia social y con ella
tomó una serie de medidas que luego
fueron revocadas por la Corte Constitucional.
Cuando llegó Santos al poder, se aprobó
la Ley 1438 del 2011 con las que se trató
de mejorar el flujo de recursos. Pero
esa misma ley les representó a los prestadores
una serie de inconvenientes:
“Trajo consigo unos artículos donde se
recicla parte de la emergencia social en
lo que tiene que ver con la categorización
del riesgo fiscal y financiero de los hospitales
públicos”, dice Martínez.
Esa figura no ha servido para evitar que
la situación de los hospitales empeore.
Según datos de Aesa, a diciembre del
2015 un 26 % de los hospitales públicos
del país estaban categorizados en
riesgo medio o alto, pero al cierre del
2016 esa cifra llegó al 40%. Con esto, las
instituciones están en la obligación de
“desarrollar e implementar programas
de saneamiento fiscal y financiero o de
gestión integral de riesgo que los obliga
a disminuir costos y gastos hasta donde
sea posible”.
Aunque parecieran decisiones que solo
afectan el funcionamiento interno de las
IPS, Martínez es claro en señalar que este
tipo de medidas “deteriora la atención, y
los obliga a mejorar los ingresos de las
EPS del régimen contributivo y subsidiado,
que son responsables del gran lastre
que tiene el sistema de salud”.
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Olga Lucia Zuluaga, directora de la Asociación
Colombiana de Empresas Sociales
del Estado y Hospitales Públicos
(Acesi) considera que “a pesar de que no
existe una política hospitalaria, a través
de todas las normas y decretos que se
han expedido por parte del Ministerio
de Salud, se observa cómo de manera
sistemática se quiere menoscabar la posibilidad
de que los hospitales públicos
salgan de la crisis”. Zuluaga dice que “no
hay coherencia en las políticas del gobierno
nacional” porque mientras se presenta
una profunda iliquidez por la falta
de pagos a las IPS, se les exigen procesos
procesos de laboralización y calidad
así como inversiones importantes de infraestructura.
Culpa: entre las EPS y el Estado
El director ejecutivo de Aesa indica que
en la actualidad, las clínicas y hospitales
del país están en crisis y una buena
parte de la responsabilidad recae en las
aseguradoras. “En esencia, las EPS no
tienen con qué pagar porque muchas inicialmente
desviaron recursos o los destinaron
en otros fines y el flujo de recursos
no ha sido óptimo, lo cual ha generado
las grandes carteras de los prestadores”
señala.
Según los cálculos de los hospitales públicos
del país, a la fecha la deuda de las
EPS asciende a los 7.3 billones de pesos,
del que un 50 % es cartera con más de
un año. En la red privada, esa deuda asciende
a los 8 billones de pesos.
“Los prestadores han tenido que ir soportando
la salida de unas EPS (las más
resonadas Caprecom y Saludcoop, pero
previamente asumimos las liquidaciones
de Solsalud, Cóndor EPS y algunas cajas
de compensación), lo que nos ha dejado
un lastre de deudas que no se revolvieron
ni se pagaron” añadió.
Según Martínez, esto es consecuencia
del deterioro financiero de las EPS, y
para ello cita el más reciente cálculo del
Patrimonio Adecuado de la Superintendencia
Nacional de Salud. Hay un “deterioro
patrimonial y margen de solvencia
(que se llama técnicamente el patrimonio
adecuado), que pasó de -5.5 billones
de pesos en diciembre del 2015 a -6.2
billones en diciembre del 2016”.
El hecho de que los hospitales
estén soportando el peso de las
deudas del sistema se ve agravado
con las políticas del Ministerio
de Salud que les han dado
plazos de entre 7 y 12 años a
las EPS para cumplir con el patrimonio
mínimo y margen de
solvencia, dice Zuluaga. Por si
fuera poco, el Estado no está
cumpliendo con su labor de realizar
vigilancia y control. Al ver
los estados financieros de las
EPS cada vez más debilitados,
se nota que “no hay ningún tipo
de control y, cuando se hace, no
pasan de meros paños de agua
tibia”, dice la directora de Acesi.
“Nosotros encontramos que en los hospitales
de mediana y alta complejidad, el
recaudo no llega al 65%. ¿Eso qué nos
está diciendo? Que por cada 100 pesos
que facturamos, se nos está quedando
el 35 % sin recuperar”, dice Zuluaga y
pregunta por qué el Ministerio y la Superintendencia
no intervienen cuando este
hecho representa una clara violación a lo
dispuesto en las circulares 014 y 016. A
su juicio, el problema no es de falta de
leyes sino de voluntad del gobierno hacerlas
cumplir a los aseguradores.
Estos problemas han derivado en que
muchos prestadores redujeran su oferta
hacia el público. Las IPS “han constreñido
servicios al cerrarlos, cerrar camas,
disminuido consultorios y han cerrado
servicios de atención materno infantil
en los últimos años”, cuenta Luis Alberto
Martínez. Como parte de ese fenómeno
también incluye la liquidación de la Clínica
Minerva en Ibagué y la quiebra de
unos 80 hospitales públicos del país,
cuya infraestructura ha sido entregado a
operadores privados.
“Quien asume las consecuencias de esto
es la población que tiene una oferta hospitalaria
disminuida y debilitada por las
leyes del sistema que se centra más en
defender a los intermediarios financieros
que a las personas y que no garantiza el
derecho fundamental a la salud”, concluye
Martínez.
En esta medida, la situación de los hospitales
del país no es mejor de la que
hace 7 años. A juicio del representante
de Aesa, que el Ministerio de Salud niegue
la crisis no quiere decir que esta no
exista: “Si no fuera así, no veríamos atiborrados
los servicios de urgencias ni el
cierre de camas permanentes, las huelgas
del talento humano y los reclamos
de los mismos proveedores porque no se
les paga a tiempo”.
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