MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 230 NOVIEMBRE DEL AÑO 2017    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Retos y desafíos financieros y económicos de los ODS (Objetivos Desarrollo Sostenible): Eficiencias por recuperar.

Jaime Alberto Peláez Quintero. Especialista en Economía de la salud UPB - elpulso@sanvicentefundacion.com

Según el informe de Desarrollo Humano 2016 la mayoría de los países de la región están en el siguiente escalafón: en desarrollo humano alto aparecen Uruguay (54), Panamá (60), Costa Rica (66), Cuba (68), Venezuela (71), México (77), Brasil (79), Perú (87), Ecuador (89), Colombia (95) y la República Dominicana (99). Por detrás, figuran países de desarrollo medio: Paraguay (110), El Salvador (117), Bolivia (118), Nicaragua (124), Guatemala (125) y Honduras (130). El país con el registro más deficiente en la región, y único considerado de desarrollo humano bajo, es Haití, en el puesto 163.

Pese a sus diferencias, los países latinoamericanos comparten de manera generalizada el problema de la desigualdad y en casi todos los casos pierden puestos en la lista del IDH ajustada por desigualdad. Así, por ejemplo, Chile retrocede 12 puestos, Argentina 6, Uruguay 7, Panamá 19, Venezuela 11, México 12 y Brasil 11. En conjunto, el IDH de Latinoamérica y el Caribe se reduce casi un 25%.

El informe elaborado por el PNUD hace hincapié en la necesidad de garantizar que el desarrollo beneficie a toda la población y que no haya grupos que queden excluidos. Por ejemplo, señala a las comunidades indígenas como una parte de la sociedad cuyas condiciones de vida a menudo están muy por detrás. Los pueblos indígenas, con más de 400 grupos en Latinoamérica, representan alrededor del 5% de la población mundial, pero el 15% de ellos, viven en la pobreza y suelen tener niveles de educación inferiores.

Ineficiencias en Indicadores sanitarios comprometidos

Para Colombia se registran indicadores de los ODS que merecen reparos según el informe 2016, toda vez que de 188 países evaluados, Colombia ocupa el puesto 95 con un IDH de 0.738, que contrasta con el mejor escalafón obtenido en 2010, al situarse en el puesto 79, con un índice de 0.689. Países que estaban por debajo de Colombia han sido mejor escalafonados, por cuanto su eficiencia asignativa, y redistributiva, han permitido la obtención de mejores índices y coeficientes, con evidentes logros en mayores accesos, inclusiones, equidades, erradicando exclusiones, privaciones, desigualdades, y por ampliar las libertades de sus grupos poblaciones, maximizando con ello sus objetivos, por lo que el reto y desafío es superar estas limitantes y revertir los indicadores, en especial los sanitarios, pero con los recursos disponibles.

Cuando se analizan los indicadores en salud, se advierte que el país ganó en ampliar la esperanza de vida al nacer en 7 años, indicador que estaba en 68 años en 1993 y a la fecha se ubica en 75 años, pero que naturalmente ha generado presiones fiscales que Presionan la búsqueda de nuevos recursos.

Un segundo elemento de análisis está en que pese a avances en la tasa de mortalidad materna, en 2011 se tuvo una tasa de 69 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos, bajando a 64 en 2015, en países similares de América Latina está se encuentra en un digito, por lo que el reto es gigante y supone mayores eficiencias por encontrar, y más cuando muchos de dichos países lo han obtenido con un gasto público y per cápita menor, es decir que logran mejores resultados sanitarios con menos asignación de recursos, lo que implicaría una revisión del modelo de atención, de las conductas en el sistema y los enfoques de aseguramiento, además de la forma como se abordan los determinantes en salud.

Otra dimensión observada en los resultados consolidados de países similares a Colombia es que, no obstante de asignar mayores recursos de los presupuestos públicos y parafiscales, los resultados en salud son de mejor pronóstico en términos de mortalidad infantil, como quiera que en Colombia en el año 2015 perdieron la vida 15 niños en esta tasa de participación, cuando en 2011 fueron 18, lo cual contrasta con países tales como Chile con 8 muertes infantiles y 22 maternas, un gasto total en salud como porcentaje del PIB de 7.8% y un gasto Per Cápita de $1.137 USD, seguido de Costa Rica con 25 muertes maternas, 10 muertes infantiles y un GTS/PIB de 9.3% y un gasto Per Cápita de $970 USD. Asimismo, Argentina presenta indicadores sanitarios mejores que los nuestros, no obstante de tener un gasto en salud muchísimo menor, pero un per cápita un poco mayor.

Estos resultados sanitarios, expresados en términos de indicadores marcadores o trazadores en salud pública, respecto de lo registrado en países de la región similares a Colombia, evidencia la necesidad de mejorar la forma como está operando la eficiencia en el sistema de salud interno, habida cuenta que con un gasto relativamente mayor en salud, es posible obtener mejores resultados, tal como sucede en países como Chile, Costa Rica, Argentina y Uruguay, entre otros, lo que supone la revisión del modelo, los ajustes en eficiencias técnicas y administrativas, lo mismo que en controles en la forma como se asignan los fondos en salud, por cuanto es posible un incremento progresivo en el gasto en salud, dado que los países anteriormente mencionados presentan un gasto superior, pero sobre la base de lograr la sostenibilidad del sistema.

Antes de auscultar nuevas fuentes de recursos fiscales o parafiscales, es prioritario atender los planteamientos anteriores, donde no necesariamente se exija el nivel de gasto en salud del 9.7% alcanzado por Noruega, con un per cápita de $64.451 USD y un gasto en salud per cápita de $9.522 USD, para alcanzar una mortalidad materna de 5 e infantil de 3, pero tampoco podemos llegar al extremo de Haití, que aunque registra un gasto en salud de 13.2% como porcentaje del PIB, la mortalidad materna es de 359 e infantil de 69, con un PIB per cápita de $1.658 USD y un gasto en salud per cápita de $108 USD. Estos referentes deben ser el insumo para encontrar un justo medio de equilibrio, donde los recursos tengan una mejor asignación, pero también mejor aplicación y se logren los impactos esperados que contribuyan a mejorar los índices de desarrollo humano y en salud del país, de tal suerte que sea posible escalar en mejores sitiales dentro del contexto mundial.

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