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"El sueño de la razón
produce monstruos"
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En Medellín,
Los Caprichos de Goya
Goya:
testigo de época
y reportero social
Hernando
Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
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En Medellín y en Colombia, con el más
agudo contraste entre riquezas y males, en esta sede de lo
real maravilloso, aterrizó la obra gráfica de
uno de los espíritus más libres, de los artistas
más grandiosos que ha visto la humanidad: el pintor
y grabador español Don Francisco de Goya y Lucientes.
Después de Madrid (España), la capital de Antioquia
es la segunda ciudad del mundo en tener dos exposiciones simultáneas
de sus grabados: Los Desastres de la guerra en la Biblioteca
de EPM y Los Caprichos en la Casa Museo Pedro Nel Gómez.
En la Medellín que se asoma al futuro luminoso desde
sus espasmos de violencia, pobreza y dolor, desde las postrimerías
del siglo XVIII Goya nos habla como si fuera hoy, con obras
que retratan una situación social sin tiempo ni espacio.
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Hasta el próximo
8 de febrero podremos ver la muestra de los 80 Caprichos, con
técnica mixta de aguafuerte, aguatinta y retoques de
punta seca, compromiso del artista con su tiempo y con esa triste
España sin ventura como canta el romance antiguo,
destrozada por la corrupción, las guerras civiles, el
hambre y la miseria, llena de contrabandistas, ladrones, adivinos,
soldados, aventureros, políticos y clérigos corruptos.
Goya llamó a sus estampas "asuntos caprichosos que
se prestaban a presentar las cosas en ridículo, fustigar
prejuicios, imposturas e hipocresías consagradas por
el tiempo. Compartía la diatriba frontal de los
ilustrados de su época contra los excesos del poder real,
clerical o nobiliario, contra la Inquisición, la superstición,
la ignorancia, la hipocresía, la corrupción y
la decadencia general de las costumbres. Como buen humanista,
odió visceralmente la guerra y la violencia. Por todo
ello y por romper con los moldes tradicionales de la pintura
y el grabado, es un precursor del arte moderno, de gran influencia
en movimientos posteriores como el impresionismo, el expresionismo
y el surrealismo.
Goya: reportero social
Álvaro Morales Ríos, director de la Casa
Museo Pedro Nel Gómez, valora así la muestra:
Goya en 1797, cansado de ser el pintor oficial de la Corte,
sumido en los retratos del poder, se dedicó en una especie
de año sabático a hacer lo que quería,
lo que llamó 'temas de asuntos caprichosos', entendidos
como la libertad creadora. Lo que hace es ver lo que pasa en
su sociedad, encontrar sus grandes taras, una sociedad sumida
en la ignorancia, supersticiosa, envidiosa. España es
un país que por su anclaje medieval se le impide llegar
al iluminismo, al que otros países europeos están
llegando; la banalidad, la corrupción de la nobleza y
del clero, los refleja Goya en estos retratos de época,
un anticipo del reporterismo gráfico.
En los 80 grabados se ven desde los matrimonios de conveniencia
hasta la delirante condición del hombre que sueña
monstruos, las pesadillas, la brujería, la ignorancia,
la estupidez, la Inquisición -tema muy denunciado- y
la manera en que compara a ciertos animales con la conducta
de los seres humanos. Es tal el realismo, que uno puede ver
hasta dónde estaba parado Goya mirando esos episodios:
la gran virtud es que ese testimonio de época queda grabado
con la simplicidad que sucede el hecho, que se le vuelve a uno
paisaje y costumbre, pero con profundidad. Es un reportero gráfico
con todas las de la ley, de los defectos sociales de la época
y de esas pasiones humanas que nunca dejan de ser, antes y después
de Goya. El sueño de la razón produce monstruos
es el punto focal de la creación artística misma,
es esa razón que se pretende imponer y no permite calidad
a la poesía, a la creación, ni que la sociedad
se manifieste como es en realidad, que sus expresiones sean
en cierto momento el no-deber ser. |
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Goya llamó a sus
estampas
"asuntos caprichosos que se prestaban
a presentar las cosas en ridículo,
fustigar prejuicios, imposturas e
hipocresías consagradas
por el tiempo
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FuMorales Ríos
aludió al claroscuro que logra Goya: En el grabado,
técnica tan compleja y de tanta destreza, logra Goya
un claroscuro admirable, de mucha precisión: en él
no hay espacio para la equivocación. Su estilo particular,
son trazos sencillos, vistos a la lupa, escuetas líneas
que para dar imagen de un conjunto armonioso se necesita genialidad.
Es distinto del trazo de Rembrandt, de quien toma Goya al parecer
elementos técnicos, a juzgar por las estampas que poseía
del gran maestro del claroscuro. Los grabados de éste
son la perfección del detalle, el dibujo perfecto, fotográfico,
trasladado al metal. Una muestra artística de este calibre
requiere una curaduría especializada y la Casa Museo
Pedro Nel Gómez se la dio, con una tecnología
singular. Las cosas -refirió el director-partieron
de un suceso trágico pero afortunado: un daño
severo en las salas por el invierno a fines de 2007, que aprovechamos
para una renovación completa. Y recurrimos a una tecnología
nueva en iluminación que se llama luz fría, una
luz amplificada con letz que no generan calor ni rayos ultravioletas
ni infrarrojos y son muy amables para la conservación
de las obras, el ambiente, y apenas consumen 6% de la energía
de una bombilla normal. Contamos además con la curaduría
interna de Ángela María Parra.
Goya y Quevedo: sueños compartidos
Bautizados primero Sueños, Los
Caprichos son la versión gráfica de los
Sueños, escritos satírico-morales de Quevedo (1580-1645).
Del Siglo de Oro al de las Luces, las vidas de Francisco de
Quevedo y Francisco de Goya (1746-1828) guardan relativo paralelismo.
Ambos: blanco de persecución, ataques y difamaciones.
Mucho antes que Goya, Quevedo estuvo en la mira de la Inquisición,
a la cual llegó un Memorial contra sus escritos en 1629;
el libelo de 1635, titulado El tribunal de la justa venganza,
lo califica como maestro de errores, doctor en desvergüenzas,
licenciado en bufonerías, bachiller en suciedades, catedrático
de vicios y proto-diablo entre los hombres. Ambos matizaron
la vida cortesana con el valiente ejercicio de la libertad de
expresión artística. Quevedo, más mesurado
en sus críticas a la nobleza, con la cual tenía
vínculos, tomó distancia de ella cuando en El
sueño del infierno dijo: Tres cosas son las que
hacen ridículos a los hombres: la primera la nobleza,
la sigunda la honra y la tercera la valentía. En
el Juicio final expresó: Las justicias llevan tras
sí los negociantes, la pasión a las mal gobernadas
justicias, y los reyes desvanecidos y ambiciosos, todas las
repúblicas. No faltaron en el camino muchos ecclesiásticos,
muchos teólogos. Goya traduce esto en Tal
para cual, donde están la reina y Godoy, en sucesos
políticos de la época. Grabados político-sociales
son también Se repulen: Los empleados que roban
al Estado se ayudan y entretienen unos a otros, Nadie
se conoce (la hipocresía) o Muchachos al
avío: Los contrabandistas en acecho de cuantos pasan
cerca de un camino, poco se diferencian de los ladrones.
Parecen de la misma pluma los siguientes textos de Los sueños
de Quevedo, y las imágenes y comentarios a Los Caprichos: |
Después
ya que a noticia de todos llegó que era el día
del Juicio, fue de ver cómo los lujuriosos no querían
que los hallasen sus ojos por no llevar al tribunal testigos
contra sí, los maldicientes las lenguas, los ladrones
y matadores gastaban los pies en huir de sus mismas manos
...Pero lo que más me espantó fue ver los
cuerpos de dos o tres mercaderes que se habían calzado
las almas al revés y tenían todos los cinco sentidos
en las uñas de la mano derecha ...Era de
ver una legión de demonios con azotes, palos y otros
instrumentos, cómo traían a la audiencia una muchedumbre
de taberneros, sastres, libreros y zapateros, que de miedo se
hacían sordos, y aunque habían resuscitado no
querían salir de la sepultura ...Una que
había sido casada siete veces, iba trazando disculpas
para todos los maridos. Otra dellas, que había sido pública
ramera, por no llegar al valle no hacía sino decir que
se le habían olvidado las muelas y una ceja ...Hase
de advertir que las cosas de más valor en vosotros son
la honra, la vida y la hacienda. La honra está en arbitrio
de las mujeres, la vida en manos de los dotores y la hacienda
en las plumas de los escribanos. Desvaneceos, pues, bien, mortales.
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"Se repulen"
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Y también discurren
por Los Sueños, aduladores, alguaciles, sodomitas,
taberneros, poetas, astrólogos, supersticiosos, boticarios,
entre otros pecadores. Así en Goya, en Ni así
la distingue2, se comenta: Se ciegan tanto los
hombres lujuriosos que ni con lentes distinguen que la señora
que obsequian es una ramera. Sobre Que se la llevaron
dice: Un eclesiástico que tiene un amor ilícito
busca un gañan que le ayuda al rapto de su querida.
Álvaro Morales subraya en este y otros cuadros la postura
política frente al poder y frente a la Iglesia, y una
de las razones para que Goya sufriese censura y persecución:
Por ello, desde que se publicaron Los Caprichos, muy
rapidito hubo que sacarlos de circulación, pues sus
ingresos dependían en buena parte de ser pintor de
la Corte. El comentario a Soplones dice: La
confesión auricular no sirve más que para llenar
los oídos de los frailes de suciedades, obscenidades
y porquerías. O Duendecitos: Los
verdaderos duendes de este mundo son los curas y frailes que
comen y beben a costa nuestra. Tántalo
recuerda al mítico rey de Frigia, condenado por los
dioses al hambre y la sed eternos, con agua y manjares a su
vista, como castigo a sus horrendos crímenes. Un manuscrito
reseña: Una buena hembra al lado de un viejo
que no la satisface, tiene deliquios, y es como el que tiene
sed, está junto al agua, y no puede gustarla.
De El amor y la muerte dice: De los amores
ilícitos no se suele seguir más que ruidos y
pendencias.
En Están calientes, los frailes se atragantan
en sus refectorios. Qué sacrificio: El vil interés
obliga a los padres a sacrificar una hija joven y hermosa
casándola con un viejo jorobado.... Bien
tirada está: Una prostituta se estira la media para
enseñar su bella pierna.... Y se le quema
la casa: Los viejos lascivos se queman vivos, están
siempre con las bragas en las manos. Todos caerán:
Una puta se pone de señora en la ventana... y
alrededor suyo revolotean militares, paisanas y hasta
frailes y toda clase de avechuchos.... El mundo de la
hechicería y las supersticiones se palpa en grabados,
como Aquellos polvos: Un vulgo de curas y frailes necios
hacen su comidilla de semejantes funciones. Lo
que puede un sastre: La superstición general hace que
todo el pueblo se prosterne y adore con temor un tronco cualquiera
vestido de santo.
Goya, querido por muchos, atacado por otros, también
lo fue por un ataque de apoplejía. Luego, no se sabe
si un mal venéreo, trombosis, síndrome de Menière,
intoxicación por plomo o quién sabe qué,
le generó sordera al final de su vida, que agudizó
su sensibilidad interior, como a Beethoven. Sordos, éste
escribió su inmortal Novena Sinfonía, aquél
plasmó un retrato eterno de la humanidad.
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