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Los pasados cuatro años en materia de salud dejan
aciertos y desaciertos. Sin duda, hay que reconocer a la
gestión del actual Ministerio de Salud y al de la
Protección Social que le precedió, logros
pero también deudas sociales. Ante un cuadro clínico
tan complicado como el de Colombia, una especie de enfermedad
crónica tratada toda la vida con meros cuidados paliativos,
podemos decir que el enfermo sigue padeciendo; en algunos
casos, superó, si mucho, la fase crítica,
pero sigue convaleciente.
El Ministerio y otros agentes que están al mando
del sistema de salud efectuaron algunas mejoras, se apagaron
incendios o al menos los controlaron, y se pusieron bases
que podrían representar ajustes a las disfunciones
del sistema, pero son realizaciones que dejan muchas tareas
pendientes, además de las consabidas fallas estructurales.
En el cuatrienio que empieza, prácticamente todo
está por hacer, pues en gran medida la acción
oficial del primer gobierno del presidente Santos se limitó
a ajustar la parte regulatoria, normativa, del sistema de
salud, mientras iba respondiendo sobre la marcha a los problema
del día a día. Fue pues, un cuatrienio que
transcurrió en varios intentos de reforma y cuyas
leyes, especialmente la 1438, están sin reglamentar
en alto porcentaje.
El logro de una Ley Estatutaria merece destacarse, sobre
todo por recalcar el carácter de derecho fundamental
de la salud y por consagrar los principios que deben orientar
las políticas públicas en este campo. Pero
los colombianos no podemos seguir siendo ingenuos ni aquejados
por el eterno mal que menciona García Márquez:
la mala memoria. Porque de mantenerse las prácticas
inveteradas de nuestra clase dirigente, podría convertirse
esa norma en letra muerta, en otro canto a la bandera, si
no se acompaña esa excelente pieza jurídica
con una legislación ordinaria congruente con los
principios y la filosofía que la alientan.
Y ello no se cristaliza sin una fuerte dosis de voluntad
política y de espíritu participativo. No en
otra forma pueden volverse realidad la Atención Primaria
en Salud, el Plan Decenal de Salud Pública; una política
nacional farmacéutica que realmente controle los
precios de los medicamentos y los ponga al alcance de la
gente; una atención que en verdad tenga calidad,
oportunidad, integralidad y demás atributos inherentes;
una generosa irrigación de recursos que reviva y
sostenga a las instituciones prestadoras, una política
de talento humano que respete a los profesionales de la
salud, entre otras premisas de un sistema humano y eficaz.
Muchos otros logros y también deudas pendientes para
la gestión que arranca en el Ministerio de Salud
y Protección Social los han enunciado los expertos.
Por el momento, conviene decir que en buena medida la suerte
del aseguramiento en Colombia está por verse y depende
de la fijación de unas normas claras, pero sobre
todo, a favor de los pacientes y usuarios, no de quienes
usufructúan el sistema de salud y seguridad social.
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