EDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 91 ABRIL DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Albaluz Arroyave Zuluaga, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Asistente de edición: Olga Lucía Muñoz López. Web master: Santiago Ospina Gómez

Lo sabido, lo no
sabido y lo consabido

Hace casi dos años, en esta misma columna, afirmábamos que el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos parecía no tener vuelta de hoja; que inexorablemente vendría y que todo lo que se dijera pertenecía más al campo de la especulación que otra cosa; también afirmábamos, que el tratado, en salud, nos iba a encontrar muy débiles, que otra vez seríamos vencidos y que otra vez sabríamos de la desdicha. Concluíamos en fin, que sería lo ideal ver la letra antes de que le pusieran la música.
Pese a que ya pasaron 22 meses de negociaciones, la situación no ha variado mucho. De entrada sabíamos, que eran dos países distintos y desiguales -en todo-, que las negociaciones estarían marcadas por esa desigualdad de condiciones, que tratados anteriores con otros países no habían tenido un feliz desenlace para el más débil, que la discusión acerca de las bondades y desventajas de los tratados de libre comercio bilaterales no es local sino que sacude globalmente todos los rincones de la tierra y todas las instancias, que la discusión entre apocalípticos e integradores no se ha resuelto aún, y que en el fondo, en esencia, en lo verdaderamente sustancial y trascendental, la apuesta clave es otra simple correlación de fuerzas, para redefinir y reacomodar bloques de poder económico y social en el mundo, dentro de esa otra corriente también inexorable de la globalización.
En El Pulso anterior, Flaubert nos recordaba que los sueños humanos siempre vuelan al extranjero, siempre están en otro lugar que no es el origen. Y es así como ha avanzado la humanidad: en viaje siempre para descubrir al otro, para trocarse un poco en él, para saber de sus palabras y sus gustos y sus sueños -que también vuelan al extranjero-. Incluso, la persecución de las especias tan preciadas al paladar de los europeos, los hizo descubrir un nuevo mundo. Y ese deseo tan humano de acceder al mundo de los otros, dio origen necesariamente al comercio, al intercambio, al trueque de unos bienes por otros.
En ese escenario de una cultura y una economía que todo lo globaliza, Colombia es actor de reparto: no protagonista. Y al entrar a negociar el TLC con Estados Unidos, era consciente de su papel en desventaja. Hubo la buena voluntad del gobierno de preparar lo mejor posible a su equipo negociador, los ministros asumieron su participación con toda la gravedad del caso, y así, con la esperanza y la certeza de que se iba a conseguir un buen tratado que no dejara a Colombia otra vez fuera del juego, se adelantaron y se cerraron las negociaciones.
Todavía no se conoce el texto definitivo, faltan los detalles legales y la letra menuda; sólo se sabe de las explicaciones de los negociadores, del presidente de la república y de sus ministros, de sus palabras oficiales cargadas de optimismo y de promesas, sobre el sinfín de posibilidades que tendría el país luego de que se firme y entre en vigencia el TLC con Estados Unidos.
En materia de salud, igualmente, siguen los interrogantes: todavía no se sabe a ciencia cierta el motivo de las palabras tranquilizadoras del señor ministro de la Protección Social, cuando desde el cierre de la mesa de propiedad intelectual sostiene que se “siente muy tranquilo” con la negociación, que se “mantuvo el status quo”, que se protegió la salud pública y que se garantiza el acceso a medicamentos y a tecnología que el país necesita. Son aseveraciones de las cuáles es necesario conocer el sustento. Entretanto, los detractores del TLC también tienen sus argumentos de peso: afirman que la negociación de propiedad intelectual -un tema tan sensible en el tratado que junto con el agro se dejó para el final- no fue beneficiosa para el país, que el gobierno cedió en las condiciones que garantizan el acceso a medicamentos para la población, y que en resumidas cuentas, en propiedad intelectual no hubo negociación sino adhesión al texto planteado desde un principio por Estados Unidos, basado a su vez en textos de tratados anteriores, y ante los cuales se hicieron incluso concesiones superiores por parte de Colombia, más altas que las vigentes internacionalmente.
Reina entonces todavía la expectativa por lo que traerá el tratado: faltan certezas. Por ahora quizá sólo queda reflexionar, como el poeta griego, que es vano buscar otra ciudad, otra tierra, otro mar mejor, porque ese lugar no se encontrará cuando siempre se lleva encima la carga propia; si no se ha resuelto la dificultad en el origen, menos podría resolverse en otro lado. Si en salud no se resuelven primero los vacíos y contradicciones internas, difícilmente podrán resolverse afuera. Y menos aún cuando se negocia con alguien que no negocia, sino que simple y abiertamente, impone sus condiciones.

 
 




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