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Propuestas de la
Federación Médica Colombiana
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Idris
Londoño Restrepo, MD Presidente
Ante la caótica situación del sistema de seguridad
social del país, los planteamientos del nuevo gobierno
tienen puntos que es importante analizar y que podrían,
por fin, orientar las cosas hacia el norte que debían
haber tenido desde el principio: la unificación de
la seguridad social.
El primer paso, si bien pudo no haber sido motivado por esta
razón, permite unificar criterios en temas de la seguridad
social: la fusión de los Ministerios de Salud y de
Trabajo, permitirá, si hay la voluntad real manifestada,
unificar criterios de prestación de servicios y simplificar
legislación en temas comunes, disminuyendo trámites
y suprimiendo contradicciones frecuentes en los actos legislativos,
facilitando el acceso de la población a los servicios
y definiendo responsabilidades.
Los muchos años desgastados en una lucha sin resultados,
sin ganadores, pero sí con muchos perdedores, tienen
que enseñar algo, tienen que permitir hacer un alto
y plantear como posibilidad de solución un diálogo
abierto, franco, real y con metas definidas entre todos los
actores del maltrecho sistema, con el fin de rescatar lo que
sea bueno.
Como alternativa a algunos de los problemas dentro del sistema
y que podría permitir ante todo la simplificación
de la normatividad y la disminución de la burocratización
ineficiente en términos de cobertura y beneficios vs
costos, pienso que es posible mejorar la situación
del sistema tomando algunas medidas simples y precisas, sobre
temas específicos que solucionan problemas de raíz:
1. Unificación de intermediarios
para los 3 subsistemas, con unificación de empresas
de diferente razón social pero de los mismos dueños,
y de intermediarios financieros, que asuman en bloque la prestación
de servicios de salud, pensiones y riesgos profesionales;
esto disminuiría la amplia legislación que controla
las relaciones entre ellos y las costosas comisiones de la
intermediación, muchas veces innecesarias; además,
agilizaría el reconocimiento de las prestaciones.
2. Unificación de los
derechos asistenciales en salud dentro de todo el sistema,
en todos los regímenes, diferenciando únicamente
las prestaciones de servicios para enfermedades "de alto
costo", que serían prestados centralizados por
instituciones públicas, con intervención de
los ámbitos universitarios, subsidios estatales y la
constitución de un fondo común entre los intermediarios.
Ello disminuiría costos por la utilización del
personal docente y asistencial universitario, mejoraría
la calidad académica, permitiría compra de insumos
centralizada con mejores precios de oferta de los proveedores
y facilitaría las labores docente-asistenciales dentro
de parámetros administrativos y de costos tolerables
por las instituciones y el sistema. Para el manejo de las
otras prestaciones asistenciales, diferenciadas según
las posibilidades de acceso a servicios de atención
médica, la unificación de prestaciones agilizaría
la prestación de servicios y disminuiría las
acciones de tutela; por tanto, disminuiría enormes
costos al sistema por procesos administrativos y legales implementados
para negar servicios y simplificaría al tener un cubrimiento
similar en los diferentes regímenes. Se pueden disminuir
costos con la utilización de los consultorios universitarios
y la extensión de los servicios sociales obligatorios,
que podrían tener una forma diferente de trabajo, con
la colaboración de diferentes protagonistas del sistema.
3. Implementación para
que las políticas de salud pública sean definidas
por un solo actor en el sistema, con estricto control estatal
y con la participación de los intermediarios, tanto
en los aspectos financieros como en los de logística
operativa, centralizando y unificando los lineamientos en
dependencias del Ministerio de Salud y trabajo especializadas
en ello, con la asesoría de las universidades y los
organismos internacionales (OMS, OPS, etc.).
4. Control a las formas de
contratación de los trabajadores del sistema de seguridad
social, con el fin de evitar formas de trabajo ilegales, informales
e incentivos negativos para la prestación de servicios,
que generan altísimos costos y minan los objetivos
del sistema. También debe plantearse la forma como
las responsabilidades en el sistema de salud por la atención
a usuarios sean compartidas o asumidas por el intermediario
que dicta normas asistenciales y define protocolos de tratamiento,
algunas veces fuera de los científicamente aceptados
como mejores.
5. Montaje de un sistema único
de información que abarque los tres subsistemas y evite
el aplazamiento de los reconocimientos asistenciales o prestacionales;
este sistema debe tener estricta vigilancia y control que
permita la salvaguarda de los derechos de los pacientes respecto
de su intimidad y de los intermediarios en los ámbitos
comerciales y de protección de sus bancos de datos.
También es importante definir de alguna forma el manejo
de los archivos de historias clínicas, incluyendo los
que según la normatividad se pueden considerar inactivos
o susceptibles de destrucción, pues son de vital importancia
en temas como la definición de derechos generados por
invalidez, o para la reclamación de sustituciones pensionales
y reclamación de otros derechos pecuniarios que se
basan en estos documentos.
6. Intervención y control
estatal en la importación, comercialización,
producción, venta, distribución de todos los
productos susceptibles de formulación médica
y su publicidad, combatiendo frontalmente la ilegalidad, el
engaño y la corrupción, e implementado medidas
para que los entes encargados de controlar y penalizar las
infracciones que contra la normatividad se presenten, tengan
apoyo del Estado, y que sus decisiones tengan peso sancionatorio.
Cuando hay situaciones como las vividas en nuestro país,
es válido plantear propuestas en beneficio de la comunidad,
para empezar a cerrar con un grano de arena la gigantesca
brecha que genera serias dificultades, compromete la integridad
del país y sirve de pretexto a los violentos para explicar
toda su barbarie.
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Bioética
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Existe
una importante diferenciación de conceptos que trasciende
el interés meramente académico y tiene decisivas
consecuencias de orden práctico. Hay dos áreas
de la actividad humana cuyos ámbitos, alcances y consecuencias
son bien diferentes: lo jurídico y lo ético. Máxime
si en la literatura del tema de la bioética, especialmente
en la de origen sajón, se suele tender a la confusión
en los términos, pretendiendo una tácita igualdad
entre ambos. Se escucha y se lee frecuentemente el tópico:
"delicadas implicaciones éticas y jurídicas".
Lo jurídico es un ámbito diferente al de la reflexión
y la acción en ética. En realidad, existe la ley
injusta, dictada por el tirano o establecida por el ente legislativo
de turno. Los ejemplos de los atentados contra los esenciales
derecho del individuo "legitimados" por la ley, abundan
en la historia: tuvo que ocurrir la guerra de secesión
en los Estados Unidos de América y ganarla la Unión-
para que se sancionara allí la abolición de la
esclavitud, mientras que para la misma época (mediados
del siglo XIX) eran bien diferentes las tradiciones democráticas
y judiciales vigentes en la América española.
Esta realidad histórica, que enaltece la tradición
hispánica y que describe bochornosamente el carácter
materialista sajón, no es presentada de modo entusiasta
por las referencias norteamericanas de corte positivista.
Además de la discriminación racial, cabe mencionar
a los médicos convertidos en instrumentos de exterminio
en la Alemania nazi, operarios de una estructura estatal eugenésica
basada en el análisis costo-beneficio. O los de los regímenes
marxistas totalitarios que expidieron certificados de enfermedades
mentales para que los opositores a ellos fueran confinados a
los archipiélagos Gulag, otro exterminio, mayor aún
que el ario, y todavía poco mencionado, por razones políticas.
Podría acontecer ahora, si se legisla de modo discriminatorio
en la aplicación de conocimientos genéticos, v.
gr. la eventual aplicación de determinados marcadores
para enfermedades como trastornos vasculares degenerativos o
cáncer, para ser excluidos (los portadores), de la atención
de pólizas vendidas por los aseguradores. Esta eventualidad
no dista de la clasificación actual de algunas entidades
patológicas como "catastróficas", excluidas
por la normatividad vigente, de determinados esquemas de atención
médica. Vale la pena recordar cómo algunos trabajos
de investigación (población de carga viral en
enfermos de SIDA) son llevados a cabo por instituciones universitarias
de países desarrollados, en zonas geopolíticamente
deprimidas, por el expediente de que las leyes del país
de origen de los científicos impedirían la investigación
sobre los supuestos metodológicos establecidos, debido
a posibles violaciones al código de Nuremberg.
Pero los ejemplos clásicos de la literatura ilustran
mejor este delicado tema: Antígona muere pues no acepta
la ley injusta expedida por su tío, el rey de Tebas,
Creonte. Antígona, contrariando el mandato legal, da
sepultura piadosa a su hermano Polinices, muerto en batalla
contra la ciudad: La heroína de la tragedia dice así
a Creonte, cuando este le reclama por no haber cumplido con
la norma: "...No pensé yo que los pregones tuyos,
siendo de hombre mortal, vencer pudieran la ley no escrita y
firme de los dioses. No es ni de hoy ni de ayer, es ley que
siempre viviendo está...".
La ética tiene que ver con el proceso de reflexión
acerca del bien y del mal, no de lo que es meramente lícito
según la normatividad jurídica. La acción
ética, consecuentemente, es el fruto del proceso humano
de discernimiento y actuación según categorías
objetivas de valor. Es pertinente anotar que en escuelas de
pensamiento muy de moda, se intenta reducir el acto ético
simplemente a la confrontación de valores en conflicto
("deontologismo prima facie") y a negociación
de principios por "consenso democrático" (ética
de mínimos). Se traducen estas perspectivas, en evidentes
posiciones políticas y parlamentarias, totalmente ajenas
a lo que constituye la ética propiamente dicha. Por oponerse
a ese relativismo y subjetivismo, tan frecuente hoy, murió
Sócrates.
Hasta Montesquieu lo ha advertido: "No existe tiranía
más atroz que la que se ejerce a la sombra de las leyes
y bajo los colores de la justicia".
Son los problemas a los cuales conduce la llamada "ética
de mínimos": el relativismo, el subjetivismo y la
inseguridad jurídica, bien conocidos en nuestra patria.
Hay perennidad en lo clásico; quien quiera añadir
otro luminoso ejemplo de esto podría referirse a la célebre
historia de la ejecución de los hermanos macabeos. Es
uno más entre los múltiples ejemplos que explican
las diferencias entre lo ético y lo jurídico,
un punto que debe mantenerse en la perspectiva de la comprensión
de la realidad personal y ética del ser humano. El ejercicio
de la dignidad, la libertad, y la responsabilidad en el actuar
ético se fundamenta un edificio argumental con metodología,
tradición, y apoyo propios de la sabiduría de
occidente. La persona, centro de decisión, unidad cuerpo
y espíritu, está constantemente enfrentando la
realidad ineludible de la opción, esto compromete la
totalidad de su existencia. Algunas veces tiene que objetar
las leyes injustas, pues si las acatara, se disolvería
la lícita aspiración humana al ejercicio de su
propia libertad. Y en eso consiste la esclavitud.
Nota: Este artículo es un aporte del Centro Colombiano
de Bioética -CECOLBE-. |
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