MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 72   SEPTIEMBRE DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

El TLC:una prioridad
de política y de salud pública

Conrado Gómez Vélez Especialista en salud pública y en evaluación social de proyectos. Magíster en ciencias políticas conradog@aolpremium.com

La discusión que rodea el posible Tratado de Libre Comercio -TLC- con Estados Unidos, nos está obligando a revisar en serio asuntos que nuestro país venía ignorando, que eran exclusivos de los especialistas o que simplemente no conocíamos, como si con cerrar los ojos pudiera impedir su avance.
La salud pública no es ajena a esta materia. No hablamos de una moda que le vino en esnob a los comerciantes o a los economistas: en realidad la salud y la vida son hoy el eje del TLC, porque involucra el acceso a los medicamentos, los recursos genéticos, la manipulación y creación de nuevas formas de vida o alternativas terapéuticas.
Agenda que suscita tensiones sobre la posibilidad que particulares sometan directa o indirectamente al derecho privado las formas de vida, las semillas, las plantas, la reproducción, la vida humana y los medios para alimentar los países. Aunque el tema es muy amplio, un solo aspecto, el Derecho de Propiedad Intelectual (DPI) aplicado a los medicamentos y el patentamiento de las formas de vida, es suficiente para explicarlo.
Derechos de Propiedad Intelectual (DPI)
Los derechos de propiedad intelectual protegen y estimulan la innovación, otorgándole un reconocimiento económico “justo” a sus autores. Esta retribución estimula la creatividad como recurso económico indispensable, que agrega valor y productividad, otorgando con la patente a sus autores el derecho al disfrute privado de los beneficios de la invención, durante un término limitado que en general es de 20 años.
Las patentes son esenciales para garantizar el acceso a bienes y servicios como los medicamentos. Sin incentivos para investigar no es posible crear nuevos productos; por eso se dice pedagógicamente en economía, que no hay servicio más caro que aquel que no existe, en este caso porque no se ha inventado. Más caro que los antirretrovirales es la vacuna contra el VIH/sida porque no se consigue en ningún precio, de lo que uno podría concluir que es necesario invertir hasta obtenerla, obligándose a reconocer tales costos a quienes estén dispuestos a asumirlos. Las patentes tienen por lo tanto el propósito de incentivar la investigación y promover la innovación, garantizando que dichas inversiones tengan un retorno.
De otro lado, los países que no protegen la investigación y las innovaciones se van quedando atrás: No es posible crear competitividad basándose en la piratería, así esas actividades provean subsistencia temporal a muchos, porque en definitiva, el desarrollo va hacia la innovación.
Ahora, que si bien los autores de las invenciones deben recibir un reconocimiento, éste debe tener excepciones y limites preguntando: ¿Hasta dónde es justo y óptimo remunerar las innovaciones para que el aparato productivo desee invertir en ellas? ¿Pueden las protecciones generar un efecto contrario encareciendo nuevas invenciones, o podrán convertirse en instrumentos del monopolio? ¿Cuál es la línea divisoria entre la justa protección de la investigación y el lucro injustificado, o el abuso de los derechos de propiedad? ¿Deben establecerse excepciones para proteger la salud pública y el bien común?. Las respuestas a estas preguntas no son precisas. Como los costos de investigación en cada país son incomparables y existe un desequilibrio de poder supremamente visible entre naciones, en la mesa de negociación cada una buscará su punto de máximo beneficio, empleando toda su fuerza, método que es muy distinto al de hacer un cálculo econométrico justiciero. Como la fijación del precio es cuestión de regateo y no de un análisis costo-beneficio, su valor puede ser muy oneroso. De allí entonces, se derivan numerosos problemas, en el caso de los medicamentos y de las patentes a las formas de vida.
Los medicamentos
La tensión principal se da por la competencia entre las compañías productoras de genéricos y la industria de innovación y desarrollo (investigación), en busca de mayor rentabilidad y posición competitiva. Conflictos que se expresan en el deseo de mantener la exclusividad durante más tiempo, valiéndose de la protección no solo del producto sino también de la información de pruebas (que en Colombia es secreta desde hace dos años), la expedición de patentes para segundos usos, la autorización de la patente a partir del momento en el que se expide la licencia y no del momento en que se autoriza la patente (frecuentemente la patente se autoriza cuando el producto entra a fase III de experimentación, tres o cinco años antes que se licencie), y la obtención de prórrogas adicionales cuando los registros se demoren injustificadamente. A estas propuestas se agregan otras como que los productores de genéricos también deban presentar estudios para obtener sus licencias, aunque se trate de productos conocidos. Y la lista sigue, las preocupaciones son muchas y los riesgos de un balance desfavorable muy grandes. Si no tenemos cuidado, podemos quedar sin medicamentos a bajo costo para los colombianos.
Estados Unidos ya hizo su propuesta:
“Cada parte (cada país que firme el TLC) deberá permitir las patentes para las siguientes invenciones:
a) plantas y animales, y
b) procedimientos diagnósticos, terapéuticos y quirúrgicos para el tratamiento de humanos y animales”.
En todo caso, para los países ambos tipos de compañías son esenciales. En estricto sentido proveen cosas diferentes e indispensables, como acceso a medicamentos nuevos o productos a precios bajos. Esto quiere decir que el país tiene que encontrar una combinación de reglas y términos que totalicen un costo razonable, que incentive la innovación, asegurándose que esos reconocimientos también van a generar investigación y desarrollo en Colombia, y que las plantas de esas empresas no se van a ir, una vez tengan sus beneficios asegurados. Adiciónese, investigación distinta de los estudios clínicos controlados en su fase de seguridad poblacional, que es la que se hace en países como los nuestros. Pero el tema no acaba allí: el punto de medicamentos es solo el comienzo.
Patentamiento de formas de vida: Cuando la ficción científica se vuelve realidad
El patentamiento de las formas de vida no es aceptado: muchos países lo rechazan de forma categórica, y otros como los Estados Unidos e Inglaterra lo objetan para humanos, con lo cual lo aceptan para todo lo demás. No obstante compañías e investigadores, los beneficiarios más directos, vienen buscando con formas sutiles derechos privados sobre las formas de vida, argumentando que solo se trata de secuencias moleculares, genes o modificaciones del material genético y no de la vida misma, tratando con ello de establecer derechos inmediatos o a futuro. A veces las Cortes les dan la razón, otras veces no, pero eso no los desanima; la potencialidad de estas líneas es enorme: el futuro de la medicina, la agricultura y la ganadería está comprometido en ellas. Mientras los países más desarrollados vienen patentando todo (genes, secuencias moleculares, formas de vida, bacterias, especies, etc.), los países menos desarrollados no avizoramos cabalmente el alcance y la potencialidad de esas líneas de investigación.
Introduciéndonos al debate, lo primero que salta a la vista es que las patentes se expiden para innovaciones útiles y no para descubrimientos de formas de vida o de su funcionalidad, ni para descubrimientos parciales que por el momento no demuestran utilidad, como una fracción del genoma, avance que seguramente tendrá un uso futuro con la ayuda de otros descubrimientos. Sin embargo ese no es problema para los países interesados en esas patentes: para ellos simplemente hay que modificar la norma. Los países que tendrían que pagarlas, en cambio, se vienen adhiriendo a la letra, para decir que no aceptan patentes sobre formas de vida. Los miembros de la CAN (andinos) por ejemplo, optaron por prohibir este tipo de protecciones a la propiedad intelectual, mientras que la Organización Mundial de Comercio (OMC), los dejó a voluntad de cada quien.
Las preocupaciones son enormes, ¿Como vamos a estar seguros que no se patenten pequeños descubrimientos en el genoma, distintos de innovaciones? ¿Es la información genética un patrimonio de la humanidad o puede convertirse en un bien privado? ¿El descubrimiento del material genético de las plantas y los animales va a quedar bajo el dominio de particulares? ¿Nos va a hacer ver el secreto que acompaña las patentes y sus datos, el abismo de la manipulación genética, la pérdida de la biodiversidad o el consumo de productos nocivos sin que lo sepamos? ¿Van a ser reemplazadas las especies naturales por especies fabricadas eliminando la biodiversidad, a pesar de que la creación de copias biológicas por fuera de los parámetros de la selección natural puede incorporar errores? ¿Tenemos control para impedir que especies fabricadas con errores se mezclen con especies silvestres, deteriorando definitivamente sus descendencias, la biodiversidad y la vida? ¿Van a tener que pagar los agricultores patentes por las semillas de sus cosechas? ¿Se van a patentar las técnicas quirúrgicas o de laboratorio? ¿Le corresponden al Estado estos asuntos o puede concederlos bajo patente al dominio de particulares? ¿Va a tener el Estado el conocimiento y la eficiencia que no tiene en cosas mucho más simples, para controlar estas compañías y a estos investigadores? ¿Es posible que se patenten sin el consentimiento de una persona sus líneas celulares? ¿Va a impedir este esquema de patentes sobre pequeños descubrimientos la innovación, obligándole a pagar derechos a cada nuevo investigador por el uso de cada cosa o modificación celular que se logre? Aclaro, no soy moralista ni me opongo al futuro porque nos atropella; no estamos preguntando si se puede, solo que la manera es esencial: no sabemos donde está el control, el Estado ni la sociedad civil, y para demostrar que esto no es ciencia-ficción quiero agregar:
1- Entre 1981 y 1995 se expidieron 1.175 patentes mundiales de secuencias de ADN humano: 900 a compañías privadas, 213 a instituciones públicas y el resto a título individual.
2- El Proyecto Genoma está envuelto en el tema de patentes, tanto por parte de las instituciones públicas que le dieron inicio como por el consorcio privado Celera Genomics. . Hacia fines de 1999, Human Genome Siciences Inc., había hecho solicitudes de patente por 6.450 secuencias completas de genes humanos, mientras Incyte lo había hecho por aproximadamente 50.000 genes humanos individuales.
3- A principios del año 2000 una empresa norteamericana intentó impedir que un consorcio de 15 empresas británicas investigaran sobre el cáncer de mama, amparándose en una patente sobre un gen del cáncer, de su propiedad.
4- El Instituto Pasteur de Paris es titular de la patente estadounidense 5.019.510 sobre una raza mutante del virus 1 del VIH, que posiblemente servirá como fuente de antígenos para la vacuna y que fue tomada de un donante africano desconocido.
5- Las células humanas del cordón umbilical, que ya tiene un uso ampliamente difundido, tuvieron patentes, no por la vía de descubrir la célula sino de saberla aislar y congelar. No obstante, estas patentes luego de un proceso dilatado fueron revocadas.
6- Existe el reporte anecdótico de un ciudadano norteamericano, a quien se le extirpo el bazo por un tipo raro de leucemia, para darse cuenta que el médico que le operó patentó una línea celular del mismo sin su consentimiento. A pesar de ello, la Corte Suprema de California dictaminó que el "donante" carecía de derecho sobre esas líneas celulares.
¿Y el TLC? El diario El Tiempo reveló recientemente que los Estados Unidos ya hicieron su propuesta: “Cada parte (cada país que firme el TLC) deberá permitir las patentes para las siguientes invenciones: a) plantas y animales, y b) procedimientos diagnósticos, terapéuticos y quirúrgicos para el tratamiento de humanos y animales”. Tenemos que estar muy atentos a los nuevos alcances que Estados Unidos quiere darle a los derechos de propiedad intelectual, creando posiciones ventajosas para acoger los avances que se hacen en biotecnología. También cuenta para la negociación nuestra necesidad de mantener el Tratado de Preferencias Arancelarias -ATPDEA-. Los colombianos tenemos que buscar beneficios en este acuerdo para que nos sirva de verdad y no de cuento. A quienes estamos en el sector de la salud nos corresponde estudiar y acompañar los negociadores, buscando que a) se proteja la vida y la biodiversidad, b) que a cambio de unos derechos de propiedad, con un efecto de costo razonable, las compañías norteamericanas hagan mayor inversión y desarrollo tecnológico en nuestro país, y c) que la salud no sea sacrificada en el balance de pérdidas y ganancias del TLC.
Mucho esta en el tapete: Lo que no podemos hacer es ausentarnos. Incluso si no se firma el TLC, ¿debemos ausentarnos del debate que éste plantea? ¿Podemos permanecer con la cabeza enterrada pensando que por aquí no va a pasar nada?. Definitivamente no. Con o sin TLC, el futuro está aquí: Los contenidos de esta agenda modificarán nuestro destino como país, de nosotros como especie y como humanidad, y por otro lado, hace rato que vienen transformando los límites políticos, las relaciones de lo público con lo privado, de las empresas, del Estado mismo y de la sociedad.
 
 







 



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