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El
TLC:una
prioridad
de política y de salud pública
Conrado
Gómez Vélez Especialista en salud pública
y en evaluación social de proyectos. Magíster
en ciencias políticas conradog@aolpremium.com
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La
discusión que rodea el posible Tratado de Libre Comercio
-TLC- con Estados Unidos, nos está obligando a revisar
en serio asuntos que nuestro país venía ignorando,
que eran exclusivos de los especialistas o que simplemente no
conocíamos, como si con cerrar los ojos pudiera impedir
su avance.
La salud pública no es ajena a esta materia. No hablamos
de una moda que le vino en esnob a los comerciantes o a los
economistas: en realidad la salud y la vida son hoy el eje del
TLC, porque involucra el acceso a los medicamentos, los recursos
genéticos, la manipulación y creación de
nuevas formas de vida o alternativas terapéuticas.
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Agenda que suscita tensiones sobre la posibilidad que particulares
sometan directa o indirectamente al derecho privado las formas
de vida, las semillas, las plantas, la reproducción,
la vida humana y los medios para alimentar los países.
Aunque el tema es muy amplio, un solo aspecto, el Derecho de
Propiedad Intelectual (DPI) aplicado a los medicamentos y el
patentamiento de las formas de vida, es suficiente para explicarlo.
Derechos de Propiedad Intelectual
(DPI)
Los derechos de propiedad intelectual protegen y estimulan la
innovación, otorgándole un reconocimiento económico
justo a sus autores. Esta retribución estimula
la creatividad como recurso económico indispensable,
que agrega valor y productividad, otorgando con la patente a
sus autores el derecho al disfrute privado de los beneficios
de la invención, durante un término limitado que
en general es de 20 años.
Las patentes son esenciales para garantizar el acceso a bienes
y servicios como los medicamentos. Sin incentivos para investigar
no es posible crear nuevos productos; por eso se dice pedagógicamente
en economía, que no hay servicio más caro que
aquel que no existe, en este caso porque no se ha inventado.
Más caro que los antirretrovirales es la vacuna contra
el VIH/sida porque no se consigue en ningún precio, de
lo que uno podría concluir que es necesario invertir
hasta obtenerla, obligándose a reconocer tales costos
a quienes estén dispuestos a asumirlos. Las patentes
tienen por lo tanto el propósito de incentivar la investigación
y promover la innovación, garantizando que dichas inversiones
tengan un retorno.
De otro lado, los países que no protegen la investigación
y las innovaciones se van quedando atrás: No es posible
crear competitividad basándose en la piratería,
así esas actividades provean subsistencia temporal a
muchos, porque en definitiva, el desarrollo va hacia la innovación.
Ahora, que si bien los autores de las invenciones deben recibir
un reconocimiento, éste debe tener excepciones y limites
preguntando: ¿Hasta dónde es justo y óptimo
remunerar las innovaciones para que el aparato productivo desee
invertir en ellas? ¿Pueden las protecciones generar un
efecto contrario encareciendo nuevas invenciones, o podrán
convertirse en instrumentos del monopolio? ¿Cuál
es la línea divisoria entre la justa protección
de la investigación y el lucro injustificado, o el abuso
de los derechos de propiedad? ¿Deben establecerse excepciones
para proteger la salud pública y el bien común?.
Las respuestas a estas preguntas no son precisas. Como los costos
de investigación en cada país son incomparables
y existe un desequilibrio de poder supremamente visible entre
naciones, en la mesa de negociación cada una buscará
su punto de máximo beneficio, empleando toda su fuerza,
método que es muy distinto al de hacer un cálculo
econométrico justiciero. Como la fijación del
precio es cuestión de regateo y no de un análisis
costo-beneficio, su valor puede ser muy oneroso. De allí
entonces, se derivan numerosos problemas, en el caso de los
medicamentos y de las patentes a las formas de vida.
Los medicamentos
La tensión principal se da por la competencia entre las
compañías productoras de genéricos y la
industria de innovación y desarrollo (investigación),
en busca de mayor rentabilidad y posición competitiva.
Conflictos que se expresan en el deseo de mantener la exclusividad
durante más tiempo, valiéndose de la protección
no solo del producto sino también de la información
de pruebas (que en Colombia es secreta desde hace dos años),
la expedición de patentes para segundos usos, la autorización
de la patente a partir del momento en el que se expide la licencia
y no del momento en que se autoriza la patente (frecuentemente
la patente se autoriza cuando el producto entra a fase III de
experimentación, tres o cinco años antes que se
licencie), y la obtención de prórrogas adicionales
cuando los registros se demoren injustificadamente. A estas
propuestas se agregan otras como que los productores de genéricos
también deban presentar estudios para obtener sus licencias,
aunque se trate de productos conocidos. Y la lista sigue, las
preocupaciones son muchas y los riesgos de un balance desfavorable
muy grandes. Si no tenemos cuidado, podemos quedar sin medicamentos
a bajo costo para los colombianos. |
Estados Unidos ya hizo
su propuesta:
Cada parte (cada país que firme el TLC) deberá
permitir las patentes para las siguientes invenciones:
a) plantas y animales, y
b) procedimientos diagnósticos, terapéuticos
y quirúrgicos para el tratamiento de humanos y animales.
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En
todo caso, para los países ambos tipos de compañías
son esenciales. En estricto sentido proveen cosas diferentes
e indispensables, como acceso a medicamentos nuevos o productos
a precios bajos. Esto quiere decir que el país tiene
que encontrar una combinación de reglas y términos
que totalicen un costo razonable, que incentive la innovación,
asegurándose que esos reconocimientos también
van a generar investigación y desarrollo en Colombia,
y que las plantas de esas empresas no se van a ir, una vez tengan
sus beneficios asegurados. Adiciónese, investigación
distinta de los estudios clínicos controlados en su fase
de seguridad poblacional, que es la que se hace en países
como los nuestros. Pero el tema no acaba allí: el punto
de medicamentos es solo el comienzo.
Patentamiento de formas de vida: Cuando
la ficción científica se vuelve realidad
El patentamiento de las formas de vida no es aceptado: muchos
países lo rechazan de forma categórica, y otros
como los Estados Unidos e Inglaterra lo objetan para humanos,
con lo cual lo aceptan para todo lo demás. No obstante
compañías e investigadores, los beneficiarios
más directos, vienen buscando con formas sutiles derechos
privados sobre las formas de vida, argumentando que solo se
trata de secuencias moleculares, genes o modificaciones del
material genético y no de la vida misma, tratando con
ello de establecer derechos inmediatos o a futuro. A veces las
Cortes les dan la razón, otras veces no, pero eso no
los desanima; la potencialidad de estas líneas es enorme:
el futuro de la medicina, la agricultura y la ganadería
está comprometido en ellas. Mientras los países
más desarrollados vienen patentando todo (genes, secuencias
moleculares, formas de vida, bacterias, especies, etc.), los
países menos desarrollados no avizoramos cabalmente el
alcance y la potencialidad de esas líneas de investigación.
Introduciéndonos al debate, lo primero que salta a la
vista es que las patentes se expiden para innovaciones útiles
y no para descubrimientos de formas de vida o de su funcionalidad,
ni para descubrimientos parciales que por el momento no demuestran
utilidad, como una fracción del genoma, avance que seguramente
tendrá un uso futuro con la ayuda de otros descubrimientos.
Sin embargo ese no es problema para los países interesados
en esas patentes: para ellos simplemente hay que modificar la
norma. Los países que tendrían que pagarlas, en
cambio, se vienen adhiriendo a la letra, para decir que no aceptan
patentes sobre formas de vida. Los miembros de la CAN (andinos)
por ejemplo, optaron por prohibir este tipo de protecciones
a la propiedad intelectual, mientras que la Organización
Mundial de Comercio (OMC), los dejó a voluntad de cada
quien.
Las preocupaciones son enormes, ¿Como vamos a estar seguros
que no se patenten pequeños descubrimientos en el genoma,
distintos de innovaciones? ¿Es la información
genética un patrimonio de la humanidad o puede convertirse
en un bien privado? ¿El descubrimiento del material genético
de las plantas y los animales va a quedar bajo el dominio de
particulares? ¿Nos va a hacer ver el secreto que acompaña
las patentes y sus datos, el abismo de la manipulación
genética, la pérdida de la biodiversidad o el
consumo de productos nocivos sin que lo sepamos? ¿Van
a ser reemplazadas las especies naturales por especies fabricadas
eliminando la biodiversidad, a pesar de que la creación
de copias biológicas por fuera de los parámetros
de la selección natural puede incorporar errores? ¿Tenemos
control para impedir que especies fabricadas con errores se
mezclen con especies silvestres, deteriorando definitivamente
sus descendencias, la biodiversidad y la vida? ¿Van a
tener que pagar los agricultores patentes por las semillas de
sus cosechas? ¿Se van a patentar las técnicas
quirúrgicas o de laboratorio? ¿Le corresponden
al Estado estos asuntos o puede concederlos bajo patente al
dominio de particulares? ¿Va a tener el Estado el conocimiento
y la eficiencia que no tiene en cosas mucho más simples,
para controlar estas compañías y a estos investigadores?
¿Es posible que se patenten sin el consentimiento de
una persona sus líneas celulares? ¿Va a impedir
este esquema de patentes sobre pequeños descubrimientos
la innovación, obligándole a pagar derechos a
cada nuevo investigador por el uso de cada cosa o modificación
celular que se logre? Aclaro, no soy moralista ni me opongo
al futuro porque nos atropella; no estamos preguntando si se
puede, solo que la manera es esencial: no sabemos donde está
el control, el Estado ni la sociedad civil, y para demostrar
que esto no es ciencia-ficción quiero agregar:
1- Entre 1981 y 1995 se expidieron 1.175 patentes mundiales
de secuencias de ADN humano: 900 a compañías privadas,
213 a instituciones públicas y el resto a título
individual.
2- El Proyecto Genoma está envuelto en el tema de patentes,
tanto por parte de las instituciones públicas que le
dieron inicio como por el consorcio privado Celera Genomics.
. Hacia fines de 1999, Human Genome Siciences Inc., había
hecho solicitudes de patente por 6.450 secuencias completas
de genes humanos, mientras Incyte lo había hecho por
aproximadamente 50.000 genes humanos individuales.
3- A principios del año 2000 una empresa norteamericana
intentó impedir que un consorcio de 15 empresas británicas
investigaran sobre el cáncer de mama, amparándose
en una patente sobre un gen del cáncer, de su propiedad.
4- El Instituto Pasteur de Paris es titular de la patente estadounidense
5.019.510 sobre una raza mutante del virus 1 del VIH, que posiblemente
servirá como fuente de antígenos para la vacuna
y que fue tomada de un donante africano desconocido.
5- Las células humanas del cordón umbilical, que
ya tiene un uso ampliamente difundido, tuvieron patentes, no
por la vía de descubrir la célula sino de saberla
aislar y congelar. No obstante, estas patentes luego de un proceso
dilatado fueron revocadas.
6- Existe el reporte anecdótico de un ciudadano norteamericano,
a quien se le extirpo el bazo por un tipo raro de leucemia,
para darse cuenta que el médico que le operó patentó
una línea celular del mismo sin su consentimiento. A
pesar de ello, la Corte Suprema de California dictaminó
que el "donante" carecía de derecho sobre esas
líneas celulares.
¿Y el TLC? El diario El Tiempo reveló recientemente
que los Estados Unidos ya hicieron su propuesta: Cada
parte (cada país que firme el TLC) deberá permitir
las patentes para las siguientes invenciones: a) plantas y animales,
y b) procedimientos diagnósticos, terapéuticos
y quirúrgicos para el tratamiento de humanos y animales.
Tenemos que estar muy atentos a los nuevos alcances que Estados
Unidos quiere darle a los derechos de propiedad intelectual,
creando posiciones ventajosas para acoger los avances que se
hacen en biotecnología. También cuenta para la
negociación nuestra necesidad de mantener el Tratado
de Preferencias Arancelarias -ATPDEA-. Los colombianos tenemos
que buscar beneficios en este acuerdo para que nos sirva de
verdad y no de cuento. A quienes estamos en el sector de la
salud nos corresponde estudiar y acompañar los negociadores,
buscando que a) se proteja la vida y la biodiversidad, b) que
a cambio de unos derechos de propiedad, con un efecto de costo
razonable, las compañías norteamericanas hagan
mayor inversión y desarrollo tecnológico en nuestro
país, y c) que la salud no sea sacrificada en el balance
de pérdidas y ganancias del TLC.
Mucho esta en el tapete: Lo que no podemos hacer es ausentarnos.
Incluso si no se firma el TLC, ¿debemos ausentarnos del
debate que éste plantea? ¿Podemos permanecer con
la cabeza enterrada pensando que por aquí no va a pasar
nada?. Definitivamente no. Con o sin TLC, el futuro está
aquí: Los contenidos de esta agenda modificarán
nuestro destino como país, de nosotros como especie y
como humanidad, y por otro lado, hace rato que vienen transformando
los límites políticos, las relaciones de lo público
con lo privado, de las empresas, del Estado mismo y de la sociedad. |

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