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Es propio de lo humano lo finito. Así, como toda
empresa humana que se plantea permanecer a través
del tiempo, con el Seguro Social una vez más se confirma
que nada más condenado a lo temporal que aquello
que pretende perdurar. Por falta de voluntad política,
por falta de buena voluntad, por falta de previsión,
por cuentas mal hechas, por decisiones no acertadas, porque
la privatización gana terreno y lo público
es cada vez más débil, por el desmonte del
Estado de Bienestar, por miles más de razones, no
hubo Seguro Social para siempre...
La caída del Seguro Social, al igual que sucedió
durante su progresivo desmoronamiento, afectará directamente
o de reflejo a miles de personas y cientos de instituciones
y profesionales. Para su bien o para su mal. Y al parecer,
todavía no se han dimensionado ni cuantitativa ni
cualitativamente, los efectos que tendrá en la vida
del país en general y en el sistema de seguridad
social en particular, el hecho de que el Seguro Social ya
no esté más. Incluso, está pendiente
de escribirse una historia detallada del trascendental aporte
de la institución de seguridad social más
grande y representativa que ha tenido Colombia; igualmente,
una historia de su esplendor y su caída, para conocer
realmente las responsabilidades históricas individuales
y de gobierno, en uno y otro proceso.
Hay hitos en la historia de la seguridad social en el país:
la creación del Instituto Colombiano de los Seguros
Sociales en 1946 fue uno, la reforma que creó el
Sistema General de Seguridad Social en Salud en 1993 fue
otro, y ahora en 2007 la liquidación del Seguro Social
(que según el gobierno no es liquidación pero
que sí lo es). La pregunta que flota en boca de todos,
de usuarios, de trabajadores, de colombianos doctos y sencillos,
es: ¿Cuál es el futuro de la seguridad social
en Colombia después de la liquidación de que
está siendo objeto la oferta pública, con
la liquidación del Seguro Social? Y a esta se suman
otras preguntas derivadas: ¿Se marca el fin de la
oferta pública en seguridad social? ¿Qué
pasará en salud, en riesgos profesionales, en pensiones?
Y otra pregunta que por casi cómica no deja de ser
trágica: ¿Cuál es el futuro que nos
espera? Esa es la incertidumbre que se respira en el ambiente
y que desvela a más de uno. Porque en un sistema
de protección social que aglutina las políticas
públicas orientadas a disminuir la vulnerabilidad
y a mejorar la calidad de vida de los colombianos, especialmente
de los más desprotegidos, para obtener como mínimo
el derecho a la salud, la pensión y el trabajo,
no cabe menos que preguntarse: ¿Cuál será
entonces la nueva política PÚBLICA que garantice
ese derecho a la salud, la pensión y el trabajo de
los colombianos?
Si se va a optar ahora por que no sea el Seguro Social la
institución que garantice ese derecho a salud, pensión
y trabajo desde lo público, entonces, ¿cuál
será?
O, irremediablemente, ¿la oferta pública se
irá desdibujando y desapareciendo por sustracción
de materia, mientras la única senda posible es entonces
la opción privada? Si así fuese: ¿Cómo
lo privado que tiene un ánimo legítimo de
lucro podrá garantizar rendimientos sociales y garantía
de salud, pensión y trabajo para todos los colombianos?
Las respuestas para todos estos interrogantes ya debe tenerlas
previstas el gobierno en su sabiduría. Pero qué
bueno entonces que las presentara a todos los colombianos,
en horario triple A, como se acostumbra en los momentos
trascendentales que afectan y determinan el presente y el
futuro del país. Porque ya se entendió que
el Seguro Social no va más. Así lo decidió
el actual gobierno. La cuestión es: Si no es el Seguro,
si no hay Seguro Social, entonces, ¿qué será
de lo público? ¿Cuál es la respuesta
tranquilizadora que se puede ofrecer a toda persona del
común, que no sabe qué pasará con ella
en materia de salud, de pensión y de trabajo?
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