EDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 110 NOVIEMBRE DEL O 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Alba Luz Arroyave, Jairo Humberto Restrepo, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Editora: Olga Lucía Muñoz López. Asesoras comerciales: Amparo Abril Rojas y María Eugenia Botero. Web master: Santiago Ospina Gómez

Correspondencias
entre salud y trabajo

Salud Ocupacional y Riesgos Profesionales son expresiones que nos han sonado algo ajenas a los actores del Sistema General de Seguridad Social en Salud. Por la misma especialización tecnológica de cada subsector, pareciera que no tienen nada que ver una cosa con la otra (salud y riesgos profesionales), y ello deriva del modelo de aseguramiento independiente formulado en la Ley 100 de 1993, porque antes de ella tenían más afinidad. Pero en el ámbito internacional y multilateral, estos subsectores concurren muchas veces en el modelo organizativo financiero del sector salud.
No se puede asegurar por eso que los riesgos profesionales, con un sistema de aseguramiento desligado del sistema de salud, sea desventajoso, porque igual se articulan desde el Sistema de Seguridad Social Integral. La experiencia en la mayoría de los países en que así funciona parece positiva, y la literatura técnica tiende más a recomendar que a proscribir esta estructura organizativa, por las complejidades intrínsecas del tema de riesgos profesionales y la superior calidad de prestaciones que se deben dar por provecho social, en la atención del Accidente de Trabajo y la Enfermedad Profesional. Pero lo que sí es cierto, es que ambos asuntos son parte de la salud y ambos subsectores deben hablar el mismo idioma. Por lo que se ve, en el Plan Nacional de Salud Pública (decreto 3039 de 2007) y en actos administrativos previos, parece claro que la articulación será progresivamente llevada a cabo.
Además está el modelo de la Protección Social que, particularmente en Colombia, articula la Seguridad Social (en todos sus subsectores) con otras formas de Asistencia Social. Y en ese punto sí hay que ser claros: El problema no es que la organización de la salud en Colombia tenga un ministerio, o dos, o ninguno, el asunto en cuestión es que la salud de los colombianos se mantenga y se mejore. Decía Pol Pot que no le importaba si el gato era blanco o negro, sino que comiera ratones. Y en el modelo de Protección Social, innegablemente muy heterodoxo, teniendo en cuenta que nace en el Banco Mundial (2002), parecen estar involuntariamente insertas ciertos conceptos doctrinarios de la Promoción de la Salud promulgadas en Ottawa (1986) y Djakarta (1997), como los factores determinantes de la salud y los prerrequisitos para salud. ¿Rojo? ¿Azul? ¿Amarillo? No, mejor: ¿Come ratones?
Es más, desde la Protección Social es que se ha concebido la Protección al Cesante (subsidios al desempleado) como un componente de la Seguridad Social, y ese tema había estado vedado en toda nuestra larga historia republicana.
Lo que sí hay que enfatizar mucho es que hay un vínculo innegable entre salud y empleo, que va más allá del Sistema General de Riesgos Profesionales. Empleo digno y bien remunerado, justo, y sobre todo, con seguridad social. Y ahí el problema es macroeconómico y no se ha atendido ni medianamente bien. Colombia ha crecido algo así como un 25% en el último lustro, pero el empleo formal sigue prácticamente estancado y el índice de Gini (equidad en la distribución de la riqueza) ha desmejorado dos puntos. Esto es escandaloso. ¿Quiénes son los beneficiarios de nuestro crecimiento económico? Si no son los más pobres, sirve lo mismo crecer que no crecer.
Y el asunto de riesgos profesionales es tal vez el mejor termómetro para medirlo: En Colombia hay menos de 6 millones de trabajadores afiliados al Sistema de Riesgos Profesionales (obviamente cifra muy parecida al del régimen contributivo del Sistema General de Seguridad Social en Salud), pero la Población Económicamente Activa (PEA), es de más de 20 millones de personas. El abismo es entonces enorme. Los que trabajan de manera informal y anhelan hacerlo en condiciones dignas (unos 12 millones de colombianos a los que el Dane no contabiliza como desempleados), esos, no tienen acceso a ningún colchón para protegerse en caso de enfermedad común o de origen laboral, incapacidad, invalidez, vejez y muerte. Los francamente desempleados, menos. Eso no es Protección Social: es lo contrario.
El asunto es crear empleo digno, formal. El tema de la salud, el de los riesgos profesionales, el de la seguridad social, el de la protección social, van pegados ahí.

 
 




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