EDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 122 NOVIEMBRE DEL AÑO 2008    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Alba Luz Arroyave, Jairo Humberto Restrepo, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Editora: Olga Lucía Muñoz López. Asesoras comerciales: Amparo Abril Rojas y María Eugenia Botero. Web master: Santiago Ospina Gómez


¿Playa alta,
playa media o playa baja?

Al momento de decidir, siempre corre el albur, siempre es un salto al vacío. ¿Llegaremos a puerto seguro o padeceremos o moriremos en el intento? Esa es siempre la cuestión. En este caso, a la hora de elegir un nuevo plan de beneficios en salud dentro del modelo de seguro de salud colombiano, estamos ante el eterno dilema de encontrar la mejor opción y no avizoramos siquiera cómo será ese puerto…
Intentando el ejercicio, hay que partir del consenso de que se conserva el modelo de aseguramiento en salud. Luego, hay que definir el plan de beneficios, lo que cubre y no cubre ese seguro. Viene entonces la definición de la prima para financiar dicha cobertura de servicios, considerando estudios actuariales que garanticen suficiencia financiera. Y viene también la consideración del estado del arte en conocimiento científico y técnico en salud, además de la tecnología biomédica y administrativa, suficiente y sustentable, para garantizar la atención de las patologías incluidas en el plan de beneficios. Todo, considerando que los costos no calculados en el proceso serán un riesgo macroeconómico no para el asegurador, sino para el Estado como responsable último de la salud de los colombianos.
¿Cuál es la mejor opción de plan de beneficios para el seguro de salud?
La propuesta gubernamental de un POS por patologías es una canasta básica o plan de salud que sería actualizado periódicamente, con un núcleo esencial, unas prestaciones asistenciales mínimas para todos los colombianos, que respeten la integridad y la accesibilidad, y que se espera no nivele por lo bajo un paquete de servicios de salud para todos. El pre-requisito sine qua non para determinar dicho plan, es contar con un perfil epidemiológico actualizado, nacional y por regiones, para saber de qué se enferman y se mueren las personas en el país: sin ese estudio, riguroso y bien hecho, se establecería un Plan Obligatorio de Salud a ciegas, con base en la especulación y no en datos ciertos y válidos, y el salto sería al vacío…
La otra opción es actualizar, renovar y unificar el actual POS de los regímenes contributivo y subsidiado, tanto para cumplir la Sentencia T-760 de la Corte Constitucional, como para hacer justicia a las demandas de salud de los colombianos.
Ese es el dilema actual del Ministerio, y de la decisión que tome, dependerá la salud de las actuales y futuras generaciones, en un país en plena transición epidemiológica, con una población que envejece, y que en pocas décadas obligará a atender las enfermedades propias del final de la vida humana, junto con las amenazas de nuevas enfermedades y complicaciones por la propagación global del contagio, el cambio climático y el deterioro ambiental. Además, el Ministerio debe considerar en qué medida es más conveniente empezar de ceros, y arrinconar y perder todo el conocimiento y la experiencia lograda en el manejo del POS actual. ¿Hasta qué punto significa un retroceso onerosamente costoso para todos los actores del sistema de salud, empezando por el Estado mismo? Sería perder importante conocimiento e inversiones cuantiosas de muchos años, desvalorizar un invaluable capital de saber y dinero. Ese es otro punto a evaluar.
En el mundo, el sistema de salud colombiano es considerado un punto de referencia interesante, cuando de modelos de salud se trata. Nuestra reforma ha sido exaltada en el plano internacional por su esquema de solidaridad con un régimen subsidiado, y en el Informe sobre la salud en el mundo 2000 de la OMS, Colombia ocupó el primer lugar entre 191 países estudiados, en “equidad financiera” del sistema de salud. Pero a la hora de ser sinceros, aquí, dentro de las fronteras, hace rato que el sistema de salud colombiano hace aguas, y una y otra vez amenaza con hundirse por varios frentes, especialmente por su incapacidad de satisfacer las necesidades en salud y las promesas a los distintos actores del sistema de salud, empezando por el usuario mismo, razón de ser del sistema.
Harto hemos hablado en las páginas de El Pulso de los puntos de quiebre del sistema y no es el caso insistir. Pero si es el momento de pedirle tino y responsabilidad al Ministerio de la Protección Social, para que haga una tarea juiciosa y rigurosa, a la hora de rediseñar y/o construir un nuevo plan de beneficios para el seguro de salud de los colombianos. No sea que la receta, con ingredientes internacionales que en su lugar de origen se asimilan muy bien, acá simple y llanamente nos produzcan una indigestión tal, que nos ponga en riesgo una vez más, la salud y la vida… y el bolsillo...
No sea que nos pase como al ciego cuando dijo: “Amanecerá y veremos. Y amaneció… y no vio nada…”.

 
 




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