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Al momento de decidir, siempre corre el albur, siempre
es un salto al vacío. ¿Llegaremos a puerto
seguro o padeceremos o moriremos en el intento? Esa es siempre
la cuestión. En este caso, a la hora de elegir un
nuevo plan de beneficios en salud dentro del modelo de seguro
de salud colombiano, estamos ante el eterno dilema de encontrar
la mejor opción y no avizoramos siquiera cómo
será ese puerto
Intentando el ejercicio, hay que partir del consenso de
que se conserva el modelo de aseguramiento en salud. Luego,
hay que definir el plan de beneficios, lo que cubre y no
cubre ese seguro. Viene entonces la definición de
la prima para financiar dicha cobertura de servicios, considerando
estudios actuariales que garanticen suficiencia financiera.
Y viene también la consideración del estado
del arte en conocimiento científico y técnico
en salud, además de la tecnología biomédica
y administrativa, suficiente y sustentable, para garantizar
la atención de las patologías incluidas en
el plan de beneficios. Todo, considerando que los costos
no calculados en el proceso serán un riesgo macroeconómico
no para el asegurador, sino para el Estado como responsable
último de la salud de los colombianos.
¿Cuál es la mejor opción de plan de
beneficios para el seguro de salud?
La propuesta gubernamental de un POS por patologías
es una canasta básica o plan de salud que sería
actualizado periódicamente, con un núcleo
esencial, unas prestaciones asistenciales mínimas
para todos los colombianos, que respeten la integridad y
la accesibilidad, y que se espera no nivele por lo bajo
un paquete de servicios de salud para todos. El pre-requisito
sine qua non para determinar dicho plan, es contar con un
perfil epidemiológico actualizado, nacional y por
regiones, para saber de qué se enferman y se mueren
las personas en el país: sin ese estudio, riguroso
y bien hecho, se establecería un Plan Obligatorio
de Salud a ciegas, con base en la especulación y
no en datos ciertos y válidos, y el salto sería
al vacío
La otra opción es actualizar, renovar y unificar
el actual POS de los regímenes contributivo y subsidiado,
tanto para cumplir la Sentencia T-760 de la Corte Constitucional,
como para hacer justicia a las demandas de salud de los
colombianos.
Ese es el dilema actual del Ministerio, y de la decisión
que tome, dependerá la salud de las actuales y futuras
generaciones, en un país en plena transición
epidemiológica, con una población que envejece,
y que en pocas décadas obligará a atender
las enfermedades propias del final de la vida humana, junto
con las amenazas de nuevas enfermedades y complicaciones
por la propagación global del contagio, el cambio
climático y el deterioro ambiental. Además,
el Ministerio debe considerar en qué medida es más
conveniente empezar de ceros, y arrinconar y perder todo
el conocimiento y la experiencia lograda en el manejo del
POS actual. ¿Hasta qué punto significa un
retroceso onerosamente costoso para todos los actores del
sistema de salud, empezando por el Estado mismo? Sería
perder importante conocimiento e inversiones cuantiosas
de muchos años, desvalorizar un invaluable capital
de saber y dinero. Ese es otro punto a evaluar.
En el mundo, el sistema de salud colombiano es considerado
un punto de referencia interesante, cuando de modelos de
salud se trata. Nuestra reforma ha sido exaltada en el plano
internacional por su esquema de solidaridad con un régimen
subsidiado, y en el Informe sobre la salud en el mundo 2000
de la OMS, Colombia ocupó el primer lugar entre 191
países estudiados, en equidad financiera
del sistema de salud. Pero a la hora de ser sinceros, aquí,
dentro de las fronteras, hace rato que el sistema de salud
colombiano hace aguas, y una y otra vez amenaza con hundirse
por varios frentes, especialmente por su incapacidad de
satisfacer las necesidades en salud y las promesas a los
distintos actores del sistema de salud, empezando por el
usuario mismo, razón de ser del sistema.
Harto hemos hablado en las páginas de El Pulso de
los puntos de quiebre del sistema y no es el caso insistir.
Pero si es el momento de pedirle tino y responsabilidad
al Ministerio de la Protección Social, para que haga
una tarea juiciosa y rigurosa, a la hora de rediseñar
y/o construir un nuevo plan de beneficios para el seguro
de salud de los colombianos. No sea que la receta, con ingredientes
internacionales que en su lugar de origen se asimilan muy
bien, acá simple y llanamente nos produzcan una indigestión
tal, que nos ponga en riesgo una vez más, la salud
y la vida
y el bolsillo...
No sea que nos pase como al ciego cuando dijo: Amanecerá
y veremos. Y amaneció
y no vio nada
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