MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 191 AGOSTO DEL AÑO 2014    ISSN 0124-4388    elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Alba Luz Arroyave, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Editora: Olga Lucía Muñoz López. Asesora comercial: María Eugenia Botero. Web master: Santiago Ospina Gómez. 10.000 ejemplares impresos


Donar, donar y donar

En Colombia, la crisis está declarada en los trasplantes. Tomando sólo los últimos 10 años, ha crecido la lista de pacientes en espera de un órgano o tejido, y bajado el número de donantes.
El trasplante de órganos y tejidos constituye la mejor opción terapéutica, o a veces la única, ante la falla de un órgano o tejido, como corazón, hígado, riñón, pulmón, páncreas o córneas. Los buenos resultados obtenidos en la actualidad han sido posibles gracias a mejoras en las técnicas quirúrgicas, avances en los tratamientos y capacitación de alto nivel de los cirujanos de trasplantes. Hoy día en Colombia el trasplante dejó de ser una actividad experimental, para constituirse en parte básica del armamentario terapéutico disponible para el paciente con insuficiencia terminal de un órgano.
El problema radica entonces en la imposibilidad o dificultades de los pacientes que necesitan un trasplante, de recibir el órgano o tejido, y la autorización para el trasplante y su cuidado posterior. Por ello aunque no parezca, el aumento de demanda de trasplantes es otro síntoma de las disfunciones del sistema de salud. Si el país tuviese una población relativamente saludable, con acceso a medicina preventiva, con buenos hábitos de vida, no tendría ese número creciente de personas con órganos vitales deteriorados.
Una población enferma de todo es la resultante de un sistema asistencialista que vive de la curación o tratamiento de enfermedades, dentro de un modelo al cual no convienen los reemplazos orgánicos que garanticen sobrevida larga y estable. Al modelo que tenemos le conviene más la venta de tecnología y costosos tratamientos, que aportan períodos de vida útil muy cortos y limitados a los pacientes, y en la misma medida, reportan una lucrativa relación costo-beneficio a la cadena de atención (asegurador-IPS-laboratorio).
Lo primero que falta es una amplia y sólida cultura de la donación, la cual exige una cultura de la solidaridad humana; es la primera virtud social que debemos construir. Además, se requiere una conciencia unánime de todos los estamentos del sistema sobre la necesidad de sustituir el modelo tecnológico a ultranza y los costosos tratamientos por los trasplantes. Hay que sacar a estas intervenciones del contexto tenebroso del ‘paseo de la muerte’; esto significa humanizar y agilizar el tortuoso proceso administrativo que empieza en el pre-trasplante y termina en el post-trasplante, con innumerables trabas, enredos y dificultades con las autorizaciones, protocolos y suministro de medicamentos.
En este punto, las EPS tienen gran responsabilidad: las mismas entidades que entorpecen la atención inicial, siguen entorpeciéndola al limitar la atención especializada, y cuando el paciente no le queda más opción que el trasplante, las trabas se multiplican y profundizan. No es desdeñable tampoco toda la causalidad de las enfermedades que llevan a la gente a
buscar el trasplante. El crecimiento exponencial de enfermedades renales, pulmonares, cardíacas e intestinales responde a factores alimentarios, ambientales y sociales, que no serían tan incidentes si se atendieran los Determinantes Sociales de la Salud. De momento, a falta de un sistema de salud humano, que no tendremos de la noche a la mañana, la única solución que tenemos a la mano es que todos donemos todos nuestros órganos a quienes los necesitan para seguir viviendo.

 



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