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El gobierno nacional presentó su propuesta en materia
de salud para el Plan Nacional de Desarrollo, por conducto
del ministro de Salud, Alejandro Gaviria. El documento contiene
puntos relativamente positivos, al menos en la letra. El
espíritu de esas medidas es plausible, algunos puntos
son reclamos de vieja data en el sistema de salud, pulidos
en la consulta iniciada con distintos actores.
En general, son los mismos propósitos de una reforma
largamente aplazada y prácticamente fracasada en
su trámite congresional, como quiera que el escenario
legislativo resultó enrarecido en el último
tiempo, por las prioridades del proceso de paz y el agotador
enfrentamiento entre los nuevos huéspedes del Capitolio.
Así las cosas, el gobierno no quiso insistir en la
vía parlamentaria y en más de una ocasión
el ministro de Salud, Alejandro Gaviria, dijo que la anhelada
reforma se puede lograr mediante decretos, algunos de ellos
ya expedidos. Siendo pues idéntico el contenido del
Plan Sectorial a la maltratada reforma, no vale la pena
analizar de nuevo y uno por uno los ítems del documento
que espera las observaciones de distintos sectores, en la
página virtual de Planeación Nacional.
Es loable que los voceros ministeriales coincidan con otros
actores, incluso opositores, en la necesidad de poner la
Ruta de Atención Integral con acceso real y calidad
como punto de primera importancia; también, que se
privilegie la modificación del modelo de atención
en salud, para mejorar resultados en salud con calidad en
el servicio y bajo el enfoque de Gestión Integral
de Riesgo en Salud, con estrategias preventivas y a la luz
del Plan Decenal de Salud Pública 2012-2021; falta
saber qué tanta voluntad política tiene el
gobierno para cristalizar estos y otros aspectos de la propuesta.
Dicho sea de paso, ciertos puntos parecen redundantes o
innecesarios en un Plan de Desarrollo por estar ya normados,
aunque no siempre cumplidos. Es de resaltar, sí,
que así sea por la mala suerte de la reforma en el
Congreso, el Ministerio de Salud quiera apuntalar su propuesta
en el Plan Nacional de Desarrollo, dándole fuerza
de ley.
Pero no se nos puede escapar un serio escollo que se le
plantea al sistema de salud: el presidente Juan Manuel Santos
está en mora de firmar la Ley Estatutaria de la Salud,
y a pesar de la insistente reclamación de buena parte
del país, sigue 'ranchado' como si el Ejecutivo quisiera
hacerle conejo a esa valiosa norma, que sin
ser un dechado inmejorable de progresividad y garantías,
sí recoge en lo fundamental los principios que sustentan
el derecho fundamental a la salud, respetando todo el bloque
de constitucionalidad, con la doctrina sentada por las últimas
sentencias de la Corte Constitucional en materia de salud.
Si el presidente de la República intenta pretermitir
la sanción de la Ley Estatutaria, la reforma al sistema
de salud -vía Congreso o vía Plan Nacional
de Desarrollo- sólo tendrá como referente
normativo la Ley 100 de 1993 o adefesios similares, y en
ese caso, habrá una nueva frustración con
los cambios a la salud que todos esperamos. ¿Y más
de lo mismo? ¡Qué tedio!.
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