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En estas mismas páginas de EL PULSO, escribíamos
en noviembre de 2004: Cuando se cierren los hospitales,
los empleados se irán para sus casas, las instalaciones
se caerán como se caen los locales abandonados, a
los equipos arrinconados les llegará su obsolescencia
y... ya, misión cumplida. ¿Y los enfermos?
¡Ah, pues que se mueran o vean a ver qué hacer!
Ese no es problema del ministro, ni del Ministerio, ni del
gobierno, ni entra dentro de lo que cualquiera pudiera considerar
como protección social. Esa, ni más ni menos,
es la lectura de desprotección que puede hacerse
de la protección social y esa es la resultante de
la indiferencia sentida y manifiesta, ante la crisis hospitalaria
que hay, que "no hay"
.
Bienvenido es el que al 56% de los hospitales públicos
los categorizaran sin riesgo financiero para 2015. De 328
en 2014 se pasó a 539 sin riesgo en 2015. Aplausos
merecen quienes trabajaron este logro en los ministerios
de Salud y Hacienda, entes territoriales, gerencias y en
los hospitales. En riesgo bajo se pasó de 59 en 2014
a 169: también logro importante. Y en riesgo medio
y alto se pasó de 568 a 245: para esos 245 sigue
la preocupación, porque los acecha el fantasma de
la liquidación. Pero con riesgo o sin riesgo, todos
enfrentan problemas financieros para subsistir y permanecer.
Y por el lado de los privados tampoco escampa. Una muestra
fehaciente es la situación de clínicas y hospitales
de Antioquia asociadas en la Alianza Somos 14+1,
que pese a la gestión ante el gobierno central, ante
el Señor Presidente, ante el Señor Ministro,
ante los Superintendentes de Salud, ante la Comisión
Séptima del Senado, ante medios locales y nacionales,
no han recibido un apoyo definitivo para resolver su crisis
y sus dificultades van en aumento. Su cartera ascendió
a un billón y medio de pesos en mayo pasado, de ese
total $808.000 millones (más de la mitad) es cartera
morosa, los pagadores incumplen todas las normas de pagos
y plazos de las cuentas y de las glosas
Pero lo delicado es que su difícil situación
ya no afecta solo las instituciones, sino que afecta a la
comunidad hasta ir configurando una crisis social, porque
ante la demora o la falta de pago de las aseguradoras, las
clínicas y hospitales se ven obligados a cerrar paulatinamente
algunos servicios. Esto implica falta de red de atención
para los pacientes y los obliga a acudir a la única
puerta de entrada al sistema de salud que les queda: los
servicios de urgencias, que en Medellín se mantienen
desbordados.
La crisis ya no es sectorial, es una crisis social, sus
consecuencias afectan a todos los colombianos, porque el
frágil equilibrio financiero de la gran mayoría
de hospitales del país, grandes y pequeños,
públicos y privados, pone en riesgo en mayor o menor
medida la atención en salud en todo el territorio
nacional.
Los pacientes seguirán reclamando el servicio de
salud que necesitan y que no les garantice su EPS, con tutelas,
con sentencias judiciales, con demandas jurídicas,
con la Ley Estatutaria en Salud. Y todos los hospitales
tendrán que estar ahí, seguir ahí,
con sus puertas abiertas, para prestarles sus servicios.
Esa es su misión y necesitan garantías para
seguirla cumpliendo. Pero para ello es urgente que los recursos
económicos del sistema fluyan de manera oportuna
y eficiente, para ser sostenibles y continuar prestando
sus servicios. Para ello necesitan el apoyo firme y decidido
del gobierno nacional.
Señor Presidente, Señor Ministro: Para los
hospitales de Colombia, la paz no puede ser la paz de sus
muertos
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