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Reestructuración
hospitalaria
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¿Falacias
montadas sobre falacias?
Omaira
Arbeláez Echeverri - Periodista elpulso@elhospital.org.co |
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En un país donde
los gastos en salud significan pérdida e iliquidez,
y reestructurar se asume como recortar gastos y personal,
el futuro no es incierto, sino pérfido.
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Este
es un país de mentiras, con un realismo mágico
que aterra a la Justicia y mueve con voz de culebrero antioqueño
de Parque de Bolívar los movimientos de las masas, las
estadísticas, los medios de comunicación, los
informes a la OMS, la economía, los intereses sociales
y políticos y claro, la salud, con todo lo que ella tiene
de sublime y de trágico, como presentarse ante la OPS
con un 56.2% de población con cobertura en salud, mientras
Asmedas dicen que es del 52% y un senador asegura ante el Congreso
que todo es falso porque sólo llega a 36% (Gustavo Petro,
Legislatura 2001). Pero como en los círculos de Parque
cuando "Margarita aquieta su cascabel", unos se acercan
y compran la pomadita milagrosa que alivia todos los males y
otros vuelven a la realidad con la cabeza agachada y sólo
quedan en el escenario los desempleados, los vagos y "los
patos", quienes tienen el tiempo para ver gratis el teatro
callejero y seguir con la risa que provoca el espectáculo.
Porque, si de algo se ufanan los latinos, es de reírse
de sus propias tragedias y de sí mismos, sin miedo, con
toda la gracia aquella de "tenerse confianza para hacer
el ridículo", aunque en términos de estadísticas
y de salud, estos últimos "patos" harían
parte del famoso paquete de "vinculados", quienes
según las estadísticas arriba señaladas,
con todas sus variantes, podrían ser del 43.8%, 48% o
64% y esto sería sólo una anécdota, sino
fuera porque es precisamente de la atención de esos "vinculados",
porque quienes nadie paga, que se genera el famoso "exceso
de facturación", que realmente significa quiebre,
cierre o liquidación de los hospitales públicos
a los cuales se les adeuda hoy $1.5 billones, de acuerdo con
cálculos efectuados por la Asociación Colombiana
de Hospitales y Clínicas (ACHC) a enero de 2004.
Por eso cuando con toda seriedad el Ministerio de la Protección
Social habla de reestructurar, rediseñar y modernizar
hospitales y dice contar con un efectivo de US$90 millones,
quienes escuchan con atención la propuesta no vacilan
en señalar que "hay que reestructurar la reestructuración
propuesta por el Ministerio", y no es en son de chiste,
porque aunque claro, -no faltan las sonrisas maliciosas de quienes
escuchan- lo aseveró Juan Carlos Giraldo Valencia, el
propio director de la ACHC, para quienes esos verbos del Ministerio
no tienen sentido en función de planeación, porque
lo primero que se aprende cuando se quiere hacer un proyecto
es a "utilizar verbos medibles", es decir, que permitan
cuantificar, definir vida útil, fases, entre otros parámetros.
Desde la perspectiva de la Dirección General de Calidad
del Ministerio, encargada de la parte operativa del proyecto
de reestructuración, rediseño y modernización,
sería perfectamente "medible" porque cada palabrita
significa una etapa del proceso, por ejecutarse del 2004 al
2007, y "cuantificable" porque su visión de
reestructuración está centrada en el aspecto financiero:
ingresos, costos, en síntesis "productividad vs
costos- eficiencias", -todo muy matemático- y recorte
de personal con sicóloga a bordo (se calculaban extraoficialmente
25.000 despidos en 2003) y con una metodología sustentada
en documentos sobre: redes hospitalarias con viabilidad a 10
años; diagnósticos, inventarios de oferta y demanda;
y perfiles epidemiológicos, como detalladamente le explicó
a El Pulso Blanca Elvira Cajigas, Directora de Calidad del Ministerio
(Ver página 3)
Lo cierto es que aquellas instituciones que ya han vivido hasta
cinco veces esa "reestructuración" en la historia
del país no saben si reír o llorar, porque siguen
en alto riesgo de supervivencia como se lo confesó a
nuestro periódico en mayo del 2001, el presidente de
la Asociación de Empresas Sociales del Estado y Hospitales
Públicos de Antioquia (AESA), José Darío
Rojas, quien entonces señaló que a pesar de reestructurar
la planta de cargos hasta cinco veces no alcanzaban el equilibrio
económico, no por falta de "buena gestión,
sino porque a muchos de ellos no les pagan todos los servicios
que prestan", y su testimonio se volvió un referente.
Por eso cuando el Ministerio habla de reestructuración,
los trabajadores y sus sindicatos entienden despidos y no es
para menos: Entre el 2000 y el 2002 salieron 12.000 trabajadores
y esperan que salgan 60.000, con la coincidencia agravante,
según Anthoc, de que "curiosamente cuando se inician
los procesos de reestructuración de los hospitales, inmediatamente
se incrementan las amenazas contra dirigentes y activistas de
la salud, con sus consecuencias. A la fecha (noviembre de 2003)
han sido asesinados 92 dirigentes de Anthoc, hay 550 desplazados
y amenazados, y 12 desaparecidos" y esto sin contar aquellos
que aún trabajando no reciben salarios de 6 meses a 3
años |
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(http://colombia.indymedia.org/news/2002/12/791.php,
http://colombia.indymedia.org/news/2003/01/1108.php, y http://colombia.indymedia.org/features/salud/index.php
)
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No es
de extrañar entonces que para el director de ACHC, Juan
Carlos Giraldo, desde su propia vivencia en el sector, la solución
de la reestructuración del Ministerio, que "siempre
se ha centrado en eso: reducir las nóminas", maquillándola
con nombres genéricos y despectivos como ineficiencia
o sobrecostos, no puede continuar. Para el director, "el
gobierno no se puede seguir metiendo mentiras", y lo dice
con base en un estudio de la Academia Nacional de Medicina y
en otro de la ACHC, realizado con 400 entidades, con seguimiento
en los últimos 10 años. En este último
se demuestra que los gastos administrativos, especialmente por
nómina se mantienen estables (60%) y los hospitales de
II y III nivel lograron sustituir en la misma tasa los recursos
que le quitaron del situado fiscal con venta de servicios (30%),
pero todos tenían el mismo problema (públicos
y privados): cartera morosa, cuentas por cobrar acumuladas de
difícil o imposible recaudo. Es decir, se vende mucho,
pero no recuperan o recuperan tarde y sin intereses. Y a todo
lo anterior le añade una perlita de magia negra: aún
no se excluye de las liquidaciones de entidades, las deudas
con la red de prestadores públicos mediante un Decreto,
estilo 050.
Por esta razón, explica, "los reestructurados"
vuelven a afrontar la crisis a los dos o tres años, porque
la solución no está en el despido de personal
(que algunos llaman "recorte de gastos" y que olvida
"reestructurar ingresos"), sino en cobertura total
de aseguramiento con un doliente por cada paciente, sea ARS
o EPS. Y reitera que aumentar los ingresos en hospitales, significa
pagos oportunos, buenas tarifas y contratos favorables bajo
garantía estatal, porque no se pide nada: sólo
se exige reconocimiento a un trabajo profesional, ético
y de calidad.
El hechizo de la inercia
En ese contexto fantástico de la cobertura total que
propone la ACHC, esta sí implicaría inventarse
un plan para los vinculados que sea costeable, cierto, con base
en ingeniería financiera y revisando la política
de subsidios de oferta en demanda. Porque en el sector es claro
que atención a la población vinculada, equivale
a "exceso de facturación", lo que significa
"plata que no le van a pagar a los hospitales", porque
el Estado en general no reconoce ese dinero. Giraldo Valencia
observa "inercia en el aseguramiento", porque mientras
los asegurados están estáticos, los vinculados
crecen al 1% o 2% anual y es precisamente esa población
la que consulta en los hospitales públicos.
Si el filósofo francés René Descartes (1596-1650)
hubiese nacido en la Colombia actual, habría tenido en
el sector salud todo el espacio científico para demostrar
el por qué de su "duda metódica" con
su agudeza matemática, puesto que ninguna información
es totalmente confiable en materia de cifras y ninguna estadística
está lo suficientemente actualizada para validarla como
un absoluto, más cuando un nuevo Censo le demandaría
al Dane $174.000 millones, pero si no se disponen de los recursos
para realizarlo en el 2005, es casi seguro que ya no se efectuará.
Así, lo que se reprocha a los entes chicos del sector
(hospitales y municipios) en lo administrativo y lo económico,
no deja de existir con mayor impacto de caos, en sumas mayores
y con similares problemas en el Viceministerio o en la Superintendencia
de Salud. Para la muestra basta sólo con recorrer más
de 250 archivos de la Contraloría que de una u otra forma
muestran ese caos, que para bien o para mal, según los
ojos que lo miren, crecieron con el nacimiento de la Ley 100
de 1993, y no porque antes no se presentaran problemas administrativos,
hospitales en crisis, platas perdidas que hacen parte de paquetes
de millones y billones que se pierden o se van, que se acaparan
o se abandonan, que se ponen a rentar allá (TES) cuando
deberían estar invertidas aquí; lo que pasa es
que ahora se sumaron muchos billones más (10% PIB), hay
muchos más dolientes -públicos y privados-, una
avalancha de normas jurídicas que no para de crecer y
personas que antes rogaban o se sentían "agradecidos"
por la obra asistencial o "de caridad", hoy levantan
la cabeza y exigen derechos, demandan calidad o instauran acciones
populares o tutelas para hacerse valer. Y eso que a esta última,
este febrero bisiesto asociado con tragedias en la tradición
popular, la puso a titubear tras ser uno de los últimos
mecanismos legales que queda a la población para hacer
valer sus derechos fundamentales, consignados en la Constitución
del 91. La tutela se puso en peligro de venirse abajo con la
Reforma a la Justicia que sin sonrojarse propuso el Presidente
en un proyecto de ley, en una jugada que el ministro de Interior
y Justicia, Sabas Pretelt calificó de audaz (Caracol
radio, febrero 25 de 2004), más cuando tuvo la ventaja
para el Ejecutivo de haber amarrado la libre deliberación
de muchos integrantes del poder legislativo y de algunos partidos
mediante el famoso documento del Acuerdo político para
reformar la justicia, el Estado y la economía, que salió
para ser firmado tan rápido como un as bajo la manga
del mango y ante ese deslumbramiento -y sin tiempo siquiera
de un día para reflexionar- se comprometieron 242 senadores
y algunos prestigiosos líderes de gran trayectoria en
el ramo, logrando así el presidente el pasado 17 de febrero
su propio "congresito" con "comisiones"
y todo. Como si saltara un conejo del sombrero del mago, desde
1886 con la pasada Carta, no se presentaba una jugada tan "audaz"
para intentar lograr mediante un plumazo el derrumbe de los
pilares básicos de la Constitución del 91. Cortes
y magistrados saltaron de inmediato a la palestra pública
a sentar con indignación un histórico rechazo
al proyecto de ley, considerando que además de demostrar
las claras intenciones de la rama Ejecutiva por consumir la
independencia del poder judicial y acabar con el impacto de
la valiosa tutela, porque a su juicio, sentencia: "respecto
de las libertades básicas, y en relación con los
derechos sociales, como la salud y la educación, se impide
que el juez de tutela imparta órdenes efectivas para
que las autoridades administrativas, en ejercicio de sus competencias,
protejan los derechos constitucionales", según la
Corte Constitucional.
Toda la prensa que divulgó la noticia del As mágico
del Acuerdo Político, días después tuvieron
que dar cuenta del salto escandaloso del "conejo",
dando un amplio despliegue a la contundente indignación
de las Cortes y poniendo en evidencia que a muchos ciudadanos
sólo le quedaba lo que hicieran en su favor los congresistas
que no firmaron "el cheque en blanco al gobierno"
(Revistas Semana y Cambio, febrero 23 de 2004).
De magos a cifras
Con tutelas o sin ellas, los hospitales tienen que seguir cumpliendo
su labor y por ende las reformas seguirán de moda, aunque
se corra el riesgo de que pase lo del famoso graffiti: "que
todo cambie, para que nada se transforme". Más desde
la perspectiva económica sobre la reestructuración
de los hospitales, es interesante anotar otro "fenómeno
del realismo mágico" que la acompaña. Según
un reporte de auditoría de la Contraloría General
de la República (CGR), abril del 2002, el Ministerio
de Salud estimaba que el costo de sanear la red pública
de servicios de salud nacional ascendía a $1,5 billones
-pesos a octubre de 2001- "distribuidos en $1,1 billones
correspondientes al costo del proceso de reestructuración
y 0,4 billones al déficit de los hospitales", lo
cual entonces equivalía al a 0,78% del PIB. La Contraloría
advirtió entonces que " este programa debía
convertirse en una prioridad dentro del gasto público
en salud" puesto que se convertía en una forma "para
avanzar en la eficiencia de la red pública de servicio".
Teniendo en cuenta el devaluado costo actual del dólar
($2.650) estos $1.5 billones equivaldrían hoy a algo
más US$566 millones, una diferencia notoria con los US$90
millones asignados para el cuatrienio 2004-2007, de los cuales
US$18 millones son contrapartida de la Nación y el resto
un crédito condonable del BID otorgado en enero de 2004.
En síntesis, la diferencia radica en US$476 millones.
Y eso que en 1998 ante la plenaria del Congreso, el entonces
Contralor aseveró que en la evaluación efectuada
al Ministerio de Salud se encontró "la existencia
del crédito externo 910 OC/CO, otorgado por el BID, denominado
Apoyo a la Reforma del sector de la salud, por un monto total
de US$63 millones" para un programa de 4 años, a
partir de abril de 1996, basado en un Estudio de la Universidad
de Harvard sobre la aplicación de la Reforma con miras
a maximizar los resultados de la Ley 100 al ofrecer herramientas
para apoyar el proceso con asistencia técnica y capacitación.
Pero advirtió que el programa estaba paralizado, por
"dificultades en la creación de la Unidad Técnico-científica"
que implicaba que el BID no iniciaría los desembolsos,
porque la entidad exigía dicha Unidad con el fin de lograr
plena aplicación de la normatividad para "evaluar
su impacto y conveniencia, antes de plantear modificaciones".
Y
¡desapareció!
Cuando se habla de reestructuración de hospitales y con
millones de dólares a bordo, la gente del común
se siente feliz e imagina modernas infraestructuras tecnológicas
y físicas atendidas por profesionales super-calificados,
éticos, amables y suficientes para atender sus demandas
de salud; los expertos del área en salud pública
esperarían que estos servicios revelaran una transformación
sustancial en los indicadores de calidad técnica médica
y de morbi-mortalidad de gran impacto y de real beneficio para
la vida de todos los colombianos, mientras los directores de
los hospitales universitarios se verían protegidos en
honor a su labor académica y docente asistencial. Sin
embargo, esto sería ponerse en una situación romántica
frente a los reales alcances del programa del Ministerio, detrás
de los cuales subyace el planteamiento de redes hospitalarias
que a su vez podrían esconder la cuestionada integración
vertical, sobre la cual apenas se empieza a discutir en el país
sus pros y sus contras, por el tipo de relaciones que ésta
implica entre aseguradoras y prestadoras, que pueden ser desde
muy éticas y de gran calidad hasta perversas y nocivas
para el sistema y los usuarios; especialmente cuando no existe
un ejercicio real de control público ni ciudadano y cuando
nadie exige cuentas en salud pública.
Pero la economía está ahí y sin recursos
nada puede hacerse, pero expertos en estas lides como el gerente
de la Clínica Medellín, Luis Ignacio Mejía,
asegura que si el gobierno estableciera un manual de tarifas
justo, todos pagaran a tiempo y se pusiera al frente de los
hospitales gerentes expertos en gestión, que trabajen
bajo un estilo de dirección como si estuviesen sometidos
al artículo 222 del Código del Comercio, que puedan
ser llamados a cuentas y respondan con calidad y eficiencia,
el panorama sería muy diferente: "La dimensión
de la reestructuración hospitalaria sería muy
interesante, se evaluaría la calidad, la oportunidad
en la atención y el impacto que se tienen sobre la salud
pública, puesto que el tema económico pasaría
a un segundo plano".
Muy sabiamente dijo a este periódico en la edición
de febrero 2004 el consultor en salud pública Abel Castaño:
"Si no hay competencia en la calidad técnica, la
competencia se centra en cosas que no son importantes".
Más el criterio de este gobierno, desde la visión
del extinto ministro Juan Luis Londoño (q.e.p.d) ha sido
muy clara: lo que no funciona se acaba y por ello las
adiciones presupuestales desaparecerán de los rubros
oficiales. Hasta los más optimistas saben que los
servicios de salud pública en el mundo siempre han requerido
de inyecciones presupuestales del gobierno, como decía
el director de la ACHC: "La crisis hospitalaria es estructural,
son proyectos viables e indispensables socialmente, pero no
siempre son superavitarios", y por ello "los gobiernos
en todo el mundo, tienen que hacer siempre apropiaciones para
salvar las crisis de los hospitales". Así, como
en "El Nacimiento de la Tragedia", queda entre nosotros
como el aire que respiramos la reflexión del alemán
Friedrich Nietzsche: "Los filósofos antiguos, los
mismos escépticos, tenían la verdad. Nosotros
no tenemos ni siquiera la convicción de haberla perdido". |
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