MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 66   MARZO DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Los sistemas de salud y por ende los modelos de prestación de servicios, sufrieron profundas transformaciones en las últimas décadas. Ello es resultado en buena medida, del reordenamiento económico y político del mundo, las políticas de internacionalización e interdependencia de los mercados financieros y la revolución de la información, que desde mediados de los años 80 se intensificaron como parte del controvertido e irreversible fenómeno de la globalización (Barillas, 1997) (Prokopenko, 1998).
Este último aspecto a su vez, trae como consecuencia en muchos países, el replanteamiento del financiamiento público de los servicios de salud (donde está concebido como tal), el control de la explosión de los costos del sector y un énfasis cada vez más marcado por el paradigma de la eficiencia, como la única herramienta visible para alcanzar resultados cada vez más acordes a un nivel de inversión y gasto en salud que en algunos casos, como en Estados Unidos, supera el 14% del PIB (López y Ortún, 1998).
Estos argumentos, más de corte estrictamente económico y de gestión empresarial que de tipo sanitario propiamente dicho, generó una oleada de reformas “privatizadoras” en América Latina sin precedentes en su historia reciente, y que de hecho, afectan al sector de salud y a algunos otros (educación, seguridad social), que desde décadas eran de predominio casi absoluto del Estado, sin que este haya procurado tampoco demostrar niveles de eficiencia, calidad y eficacia que permitieran mantener una elevada satisfacción entre la población, y por tanto, una defensa lógica del estamento público como garante de equidad y cohesión social.

Transición del modelo clásico segmentado hacia un nuevo modelo de red integrada de servicios asistenciales
Es en este contexto que los sistemas públicos y sus organizaciones solamente podrán legitimarse y ganar el espacio social que la población demanda, si su gestión desde lo público y con elementos claramente empresariales, demuestra elevados estándares de actuación y desarrollo corporativo que permitan la rentabilidad social y por que no, financiera, del conjunto de sus prestaciones. Desde la política pública son varias las consideraciones cuando se trata de defender la premisa de la empresarización o de reorganizar la gestión pública en salud. Trataré de resumir los más significativos (Moreu, 1998):
- El sector público deberá moverse en lo posible, en un entorno de mercado planificado que estimule la competencia y la competitividad, pero sin erosionar la equidad.
- El sector público dentro de sus estrategias, deberá prestar más atención a los verdaderos resultados de su gestión (efectividad, calidad en la atención, satis-facción, reducción de sobrecostos), más que al cumplimiento exclusivo de los presupuestos.
- El sector público debe enmarcarse más en su Misión y Objetivos Estratégicos, sin perderse en el simple cumplimiento de normas.
- Para el sector público, el ciudadano no es un simple usuario o cliente: es un “ciudadano-cliente”, al que debe satisfacer sus necesidades, no las de la burocracia.
- El sector público ha de ser y seguir siendo, un punto de referencia para la sociedad civil, animándola a apoyar iniciativas tendientes a resolver sus problemas.
Con base en esto, es mucho más fácil asumir el por qué se hace indispensable y de hecho inaplazable, el buscar fórmulas de organización y trabajo conjunto entre hospitales públicos, que sin detrimento de su clara responsabilidad social, pero con ánimo de un mayor desarrollo organizacional y corporativo, logren en el corto y mediano plazo alcanzar niveles muy superiores a efectividad y eficiencia que les permita alcanzar un mayor nivel de competencia dentro del mercado.
Por otra parte, y como resultado de la separación de funciones entre el financiamiento, compra (como manifestación tangible del aseguramiento) y prestación de servicios, muchos sistemas de salud iniciaron el proceso de modernización y tecnificación de sus relaciones organizativas, tendientes a brindar condiciones de mayor transparencia de cara al financiador y en ocasiones como simple respuesta adaptativa a cambios normativos que redireccionan el flujo de recursos dentro del sistema (Sojo, 2000).
Es así como en las reformas colombiana, chilena, costarricense y actualmente en República Dominicana, se están proponiendo e incluso ensayando diversas formas de gestión de las estructuras de prestación de servicios, que superan ampliamente el modelo clásico de la gestión individual de instituciones, dando paso a propuestas organizativas cada vez más audaces y orientadas hacia la integración de la mayor cantidad de recursos humanos, tecnológicos, financieros y físicos posibles, a través de “networks” o alianzas estratégicas tendientes a la búsqueda de economías de escala, integración de niveles asistenciales, contención de costos operacionales, y en general, de mayores capacidades y experiencias corporativas centradas en una misma estrategia de operación.
Innovaciones en los modelos organizativos
En el entorno de los servicios de salud existen dos grandes tipos de interrelaciones entre las instituciones prestadoras de servicios: las muy conocidas “relaciones de mercado” propias de los entornos mayoritariamente privados, y las “relaciones de tipo voluntario”. Dentro de las primeras, el desarrollo reciente del Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS) en Colombia generó un sinnúmero de relaciones institucionales de este tipo, con ejemplos como las asociaciones de tipo mercantil, las fusiones de hospitales, las compras y adquisiciones de aseguradoras, las alianzas estratégicas entre proveedores públicos y privados, los “outsourcing” de servicios, las asociaciones de integración horizontal o vertical de empresas, entre otras. Este tipo de relaciones como su nombre lo indica, se derivan de un entorno altamente competitivo, como parte de estrategias agresivas para lograr altas cuotas de mercado y participación, generar grupos de presión o “lobby” para obtener ventajas competitivas, o establecer diferencias significativas en función de experiencia, precios y/o economías de escala, etc.
Entre las “relaciones de tipo voluntario” hay figuras como las asociaciones gremiales y las federaciones, que a diferencia de las anteriores no se basan exclusivamente en una respuesta adaptativa frente a un entorno competitivo (que existe en algunos casos), sino que combina dos o tres aspectos: identificación de principios y orientaciones corporativas, conformación de “lobbys” gremiales de alto peso en las decisiones de política, así como el desarrollo de estrategias de supervivencia y crecimiento institucional de base asociativa.
Este tipo de asociaciones, por lo general menos regladas y normatizadas que las primeras, se basan en un acuerdo de intereses e identificación de sinergias (sumatoria de fuerzas), orientadas a ganar un espacio de mayor reconocimiento social o empresarial. En esta categoría se ubican los diversos tipos de alianzas tipo “joint venture”, consorcios, federaciones, que buscan fundamentalmente minimizar los riesgos inherentes al ejercicio de una función social (hospitales públicos por ejemplo) de alto costo y baja rentabilidad económica, y ganar un mayor posicionamiento en contención de costos, eficiencia operacional y competitividad dentro de mercados regulados o mayoritariamente públicos.
En este tipo de asociaciones entre empresas, se pueden ver extremos desde aquella que simplemente se limita a una identificación de intereses, y su compromiso no va mas allá de la simple identificación de potenciales áreas de trabajo conjunto (convenios de cooperación, etc.), hasta relaciones interinstitucionales de base asociativa que originan a su vez nuevos productos, servicios, o incluso nuevas empresas, establece vínculos duraderos y diseñan estrategias de competitividad conjunta que ayudan a posicionar a la alianza en sí misma, como a las empresas que hácen parte de ella.
El nivel de desarrollo de tanto las relaciones de mercado como las voluntarias ha tenido un amplio avance en las últimas décadas dentro del mundo empresarial, y especialmente en el sector salud este hecho ha sido relevante en los últimos diez años (Belenes, 1996).
En Estados Unidos con el auge del modelo de “managed care” o atención gestionada, el advenimiento de múltiples modelos asociativos y de relación interinstitucional entre hospitales, aseguradores, grupos profesionales y empresas de todo tipo, tiene un muy amplio desarrollo. En Europa este proceso ha sido menos intenso, dadas las condiciones mayoritariamente públicas de muchos sistemas sanitarios de la región, que si bien no han sido ajenos a estos desarrollos, si los han adoptado con menos intensidad (España, Reino Unido, Holanda, Francia), destacándose casos como el inglés en cuanto a modelos asociativos entre centros de atención primaria y grupos profesionales (GPs), o en España, especialmente en Cataluña, los consorcios públicos de hospitales que a su vez originaron una diversidad de empresas en el ámbito sanitario, que van desde la compra agrupada de medicamentos o equipamiento médico, hasta empresas de asistencia técnica, asistencia jurídica, consultoría internacional, gestión de laboratorios o capacitación de personal.
Otras modalidades de asociación entre empresas de salud son las denominadas “integraciones”, las cuales se distinguen típicamente por ser de tres tipos: a) integraciones horizontales, b) integraciones verticales, c) Integraciones concéntricas y d) integraciones de diversificación. Las integraciones de tipo horizontal hacen relación a instituciones que pertenecen al mismo sector económico con un nivel de producción de bienes o servicios idéntica o similar. Este tipo de integración busca básicamente los beneficios de economías de escala (disminución de costos unitarios) con base en escalas de producción muy superiores a las que habitualmente maneja cada empresa partícipe por separado. Otra ventaja de este tipo de asociación (como sucede en algunos consorcios), es que se gana efecto sinérgico en cuanto a la curva de aprendizaje del negocio cuando los participantes que más desarrollado tienen su esquema de gestión, tienden a facilitar la homologación de estándares y modelos previamente aceptados y probados.
Las integraciones de tipo vertical revisten un grado de complejidad algo mayor que las anteriores, pueden ser “hacia atrás” cuando la empresa que integra lo hace con otra que le suministra materia prima por ejemplo, o “hacia delante” cuando lo hace con un cliente. En este tipo de proceso, cuando se tiene éxito, generalmente se logran niveles muy altos de rentabilidad, así como una mayor fortaleza frente a la competencia. En el campo de salud específicamente, este tipo de integración tiene la ventaja de permitir una mayor coordinación entre distintas líneas de servicios pertenecientes a distintas fases del proceso de producción o de la “cadena de valor” de cara al usuario (primer nivel, hospitales, atención domiciliaria, ayudas diagnósticas y asegurador, por ejemplo).
Las integraciones de tipo concéntrico, deben su nombre a la capacidad de generar sinergias desde una alianza entre varias empresas de diferente sector económico, pero con objetos específicos en común. Este caso se extiende a políticas de mercadeo conjuntas, complementariedad de servicios, compartir redes de distribución de productos, producción o comercialización de bienes y servicios complementarios (como software hospitalario, equipamiento médico, suministros, etc). Un ejemplo interesante de este tipo de integración es el caso del Consorcio Hospitalario de Cataluña (CHC), que mediante la creación de una sociedad anónima de naturaleza pública abrió la posibilidad de integrar diversos tipos de empresa alrededor del tema de salud y de carácter complementario, a pesar de pertenecer a distintos sectores económicos (suministros, sistemas informáticos, consultoría, prestación de servicios, asistencia social, equipamiento).
Finalmente, las integraciones de tipo diversificación involucran el máximo grado de heterogeneidad, al tratarse de empresas o negocios que aparentemente nada tienen que ver uno con el otro. En esta modalidad confluyen empresas con distinta orientación en cuanto a productos, servicios, clientes y mercados. Este tipo de operaciones mucho más complejas dan origen a los “holdings empresariales”, que a su vez permiten la diversificación de inversiones, capitales e infraestructura. Estas integraciones son muy utilizados en sistemas de salud de corte liberal o de mercado (EU principalmente), donde las inversiones de ciertos grupos empresariales originados en el sector salud, tienden a diversificarse en sectores que compensen riesgo y rentabilidad.
Los consorcios de hospitales
La figura de consorcio hace parte del tipo de asociación voluntaria entre instituciones que identificando objetivos y metas comunes, establecen una relación recíproca de cooperación inter-administrativa que sin detrimento de la individualidad y autonomía de cada miembro, persiga objetivos estratégicos comunes.
La experiencia de constituir consorcios de base asociativa pública dentro del sector salud, si bien se remonta en España, específicamente en Cataluña a inicios de los 80´s, es poco conocida y mucho menos experimentada en el entorno latinoamericano. La figura de consorcio a diferencia de otras formas jurídicas mucho más conocidas y diseminadas, tiene evidentes ventajas en el momento de su constitución. En primer lugar establece una separación casi obligada entre los riesgos y aportes económicos de los consorciados, con los potenciales riesgos e influencias políticas representadas en las administraciones públicas propietarias de las instituciones que participan del consorcio. En concreto, establece una separación entre la gestión misma de la función encargada al consorcio y los vaivenes de la política local, comúnmente presentes en la administración pública.
De igual forma, la figura de consorcio permite combinar dos objetivos generalmente contrapuestos entre el sector público y el privado, o sea el interés social del primero y el legítimo interés mercantil (beneficio) en el segundo. La figura consorcial permite combinar estos dos aspectos sin desmedro de ninguno, toda vez que se trata de una figura inter-administrativa asociativa, voluntaria y que respeta la orientación, finalidad pública y autonomía de sus miembros, pero que los representa empresarialmente dentro de un mercado de servicios de manera estratégica y con proyección hacia el fortalecimiento empresarial del consorcio en si mismo y de sus asociados.
De acuerdo con esto se podría definir un Consorcio Hospitalario Público como: “Una fórmula orgánica de colaboración inter-administrativa, que responde a la necesidad de compartir con otras administraciones públicas la prestación de un servicio público de interés general, siendo posible la concurrencia de entidades privadas sin ánimo de lucro”. Vista así la figura de consorcio, se orienta a la sumatoria de esfuerzos entre administraciones e instituciones públicas que identificadas por su naturaleza, carácter y finalidad pública, aúnan esfuerzos alrededor del bien común y con criterio empresarial en todas sus actuaciones.
Las principales características de este tipo de consorcios serían:
- Confirmarse como un ente jurídico público con personalidad jurídica propia, de carácter asociativo
- Caracterizarse por poseer independencia para realizar su actividad
- Regirse por sus propios estatutos, que han de regular su régimen orgánico, funcional, financiero y patrimonial.
- Mantener la asociación voluntaria de sus miembros
- Acogerse en respuesta sus estatutos, a cualquier fórmula de gestión, directa o indirecta.
- Los constituyentes pueden establecer el número de representantes en los órganos de gobierno, en función del peso específico de cada uno.
- Para efecto de compras, suministros y gestión de insumos, el consorcio se ha de someter a las normas de la contratación administrativa o a las que primen en su marco jurídico de referencia según sea el caso. La contratación del personal se hará bajo el régimen laboral.
Sin detrimento de cualquier otra ca-racterística establecida desde la constitución de sus estatutos, las anteriores son las características más comunes a la mayoría de consorcios hospitalarios de base asociativa pública. Claro está que dado su carácter de relación inter-administrativa, serán estas últimas (las administraciones que lo conforman), las que determinen el régimen jurídico que aplique en cada caso.
Reflexiones finales
Para el caso que nos ocupa, las distintas modalidades existentes para organizar y gestionar un conjunto de prestadores públicos, en función de avanzar en su propio desarrollo individual y colectivo, habrán de ajustarse al tipo de modelo de prestación de servicios imperante en cada sistema y a las características del marco normativo y operacional que rodee el ejercicio de la función pública / privada existente.
Es así como la experiencia de otros entornos, aún se halle ampliamente demostrada su efectividad dentro del marco de la operación del entorno de origen, no por esto garantiza “per se” condiciones de total adaptabilidad a otros entornos que respondan a condiciones disímiles de oferta y demanda de servicios. Este hecho se constituye de vital importancia cuando se trata de asistir a decisiones de política pública dentro de sistemas caracterizados por su alta inestabilidad social, política o normativa, y por condiciones cambiantes en sus modelos de financiamiento o asignación de recursos por parte del organismo responsable (asegurador, Estado central, territorio, según sea el caso), que de hecho afectan y condicionan el comportamiento de los agentes económicos del sistema, principalmente a nivel del proceso de prestación de servicios.
El escenario presente y futuro indica una integración cada vez más intensa entre las diversos tipos de instituciones encargadas de la prestación de servicios de salud (Lucash,1997), sea integrándose verticalmente a la función del aseguramiento o simplemente, efectuando una integración vertical entre niveles asistenciales y horizontal entre distintas instituciones, centralizando funciones comunes, unificando criterios de gestión, integrando tecnologías de punta y en general adaptándose a condiciones cada vez más exigentes del mercado de compra (aseguradores) y nuevas condiciones regulatorias.
Lo que es cierto es que la tendencia global y latinoamericana en especial, no constituye una excepción frente al ensayo de diversos modelos organizativos que superen ampliamente la atomización e individualismo histórico de los prestadores públicos, o incluso de los privados. Aspecto que permita entre otros, la ganancia de economías de escala y gama que potencien la función de contención de costos, y la mejora en la eficiencia y la calidad dentro de mercados cada vez mas competitivos. Las tendencias cada vez mas evidentes hacia la conformación y consolidación de grupos regionales de comercio, las alianzas trasnacionales para la exportación de servicios, la migración de profesionales de una país a otro y la cada vez mayor estandarización de los procesos asistenciales y tecnológicos, hacen que los esfuerzos por trabajar colectivamente se conviertan en una estrategia no solo competitiva al corto plazo, sino de simple supervivencia empresarial (Hancock, 2000) (IOM,2001) (Bezold, 1996).
 
 







 



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