MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 6    NO 66   MARZO DEL AÑO 2004    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Augusto Escobar Mesa, Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez.

Reestructurar: ¿a quién,
por qué y para qué?

El tema de la reestructuración hospitalaria es recurrente y entraña la solución a cierta idea de desadministración, de burocracia redundante y de mal gasto.
Ahora vuelve a ponerse el tema sobre la mesa con el nombre de “Reestructuración, rediseño y modernización de hospitales”, el cual el gobierno nacional ha estado muy interesado en sacar adelante. Posiblemente no podrá hacerlo tan ampliamente como inicialmente lo consideró, pero los trámites para el crédito respectivo con entidades internacionales es seguro y en consecuencia, se hará.
La reestructuración no necesariamente implica conceptos negativos o recortes, pero sí una actualización de toda la estructura de las entidades hospitalarias. Es verdad que hay que actualizar los hospitales y ponerlos a tono con el momento. En El Pulso hemos defendido y propendido por tener un sector público prestador de los servicios de salud fuerte, desarrollado y capaz de cumplir con su deber y de competir con el sector privado, no en la producción de utilidades para repartir, sino en la producción de mejor estar de todas las personas, bajo el control y responsabilidad del Estado, como debe ser. Para ello hay que proporcionarle a las entidades las herramientas que requieran, por supuesto, pero hay que dárselas, sobre todo, porque son esos centros los que atienden a la población más débil, a la más vulnerable y a la más desprotegida. La rentabilidad de los entes hospitalarios entonces hay que medirla por el bien que hacen, por la generación de mejor calidad de vida, por la oportunidad de proporcionar una vida mas saludable, y eso tiene un costo que no será posible en todos los casos enjugar con los ingresos propios. El Estado, engendrador de su existencia y responsable de su destino, debe asumir con agrado, satisfacción y oportunidad.
Sería interesante, sin desestimar el propósito de la rees tructuración uno a uno, aprovechar parte de los recursos para diseñar un modelo general, lo más aplicable posible a todos los centros tipificándolos en distintas categorías, de acuerdo con características iguales o equivalentes. Muy interesante que el país tenga un modelo de hospitales bien estructurado y debidamente conformado, que consulte las necesidades de la población a atender, sus condiciones epidemiológicas y sus características sociales, y que ello sea una estrategia para dar respuesta y solución a las necesidades de sus habitantes, niños, mujeres y hombres de todas las edades y condiciones. Además de lo anterior es importante, como complemento, que se regule la oferta de servicios hospitalarios y asistenciales, con el fin de que no se genere una competencia malsana y desequilibrada en contra de ellos. Ya está visto y cada vez es más aceptado que el mercado no regula nada a favor de los pobres y de los desprotegidos; que no es con él y con sus fuerzas como se llega a los lugares más distantes ni a las topografías más adversas. Es claro y admitido que el mercado sólo piensa en función de clientes, ingresos y utilidades. Por ello no podrá ser nunca la redención del subdesarrollo, sino su agudización y su amenaza.
El Ministerio de la Protección Social es inmejorable palestra para dirigir con tino y rigor el programa de reestructuración y también para apoyar, no en forma episódica a los hospitales, sino de manera permanente y decidida. La función social del Estado se tiene que cumplir de cara a la sociedad y en favor de la gente que más requiere apoyo y protección. Soñamos con no escuchar nunca más de parte de los funcionarios del gobierno que los hospitales tienen que competir. Grave error e imperdonable atropello ubicarlos en ese contexto. Competir no es su función ni su tarea. Deben, sí, ser competentes.
Rogamos porque el programa de reestructuración del gobierno le de a las entidades beneficiarias las herramientas necesarias para que cumplan con lo encomendado a cabalidad, sin sobresaltos y sin rivalizar. No es su mérito generar utilidades ni se les debe hacer creer eso ni infundir tales ideas. Ellas deben tener clarísima su función e indelebles sus propósitos. La reestructuración bien pudiera iniciarse ahí y a nivel de altos funcionarios del Estado: en reconocer para los hospitales cuál es su origen y cuál su destino, porque muchos de los hospitales ya lo saben y lo saben muy bien.
De todas maneras su tarea no es producir dinero.
Si todo lo vamos a pagar con rentabilidad de las propias empresas, nos van a tener que devolver el dinero de los impuestos.
 




Arriba

[ Editorial | Debate | Opinión | Monitoreo | Generales | Columna Jurídica | Cultural | Breves ]

COPYRIGHT © 2001 Periódico El PULSO
Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved