MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 7    NO 86  NOVIEMBRE DEL AÑO 2005    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

 

Reflexión del mes

Células cancerígenas

“Las células cancerígenas son aquellas que han olvidado cómo morir”, enfermera del Hospital Royal Marsden, Londres.
Han olvidado cómo morir y de ese modo prolongan su vida asesina.
Mi tumor y yo luchamos con todas nuestra fuerzas.
Una doble muerte está, espero, descartada.
Necesito ver la muerte de mi tumor un tumor que ha olvidado la forma de morir y planea sustituir su muerte por la mía.
Pero yo sí recuerdo cómo se muere aunque todos mis testigos estén muertos.
Y recuerdo que hablaban de tumores que les volvían tan ciegos y tan mudos como habían estado antes de que apareciese la enfermedad
que trajo al tumor.
Es posible que las células negras se sequen y mueran o tal vez canten alegremente y se salgan con la suya.
Se reproducen tan silenciosamente, día y noche, que no reparas en ellas, nunca te avisan.

Harold Pinter (Londres, 1930), Premio Nóbel de Literatura 2005, considerado el más grande dramaturgo vivo (y el decimotercero al cual se concede el Nóbel), galardonado por “sus obras, en las que descubre el precipicio que hay detrás de los balbuceos cotidianos y que irrumpe en los espacios cerrados de la opresión. Ha llevado el teatro a sus elementos básicos: un espacio cerrado y un diálogo imprevisible, en el que las personas están a merced del otro y la simulación se desmorona'', explicó el jurado.
De la generación de los “Jóvenes Airados Británicos”, intelectual comprometido con la defensa de los derechos humanos y en contra de la guerra, sus críticas políticas más ácidas en los últimos tiempos han sido contra la guerra de Irak, el espíritu belicista de Estados Unidos y la sumisión de Inglaterra a la política exterior estadounidense. También escribió guiones para obras de radio, televisión y cine. A sus 75 años (de los cuáles lleva escribiendo 50), sobrevive a un cáncer de laringe y escribe poesía. Entre sus 29 obras de teatro destacan: “Polvo eres”, “Tiempo de fiesta”, “Lenguaje de la montaña”, "La habitación", "El Portero", "Los Enanos", "El amante", "Viejos tiempos", "El silencio" y "Cenizas sobre Cenizas".

Traducción de Efraím Otero Ruiz

 

 

 

La despenalización del aborto

La insistencia de algunas feministas en su solicitud, machacona solicitud, de despenalizar el aborto para alcanzar lo que ellas denominan igualdad de derechos con los varones, nos hace pensar que en el fondo, sin lugar a dudas, hay una falta de identidad con las condiciones anatómicas, fisiológicas y psicológicas propias de su sexo (o de su género como, debido a una mala traducción del inglés, se dice hoy). La esencia de su machacona solicitud es el deseo de poder disfrutar de contactos genitales como los varones, sin estar expuestas a la responsabilidad que comporta la maternidad. Parece que para ellas la desigualdad consiste en que el varón puede disfrutar de esos contactos, de esos orgasmos, y nunca, que sepamos, ha concebido un nuevo ser, y en cambio ellas normalmente y a causa de su anatomía y su fisiología sí corren ese riego. En otras palabras, esos órganos propios de su anatomía y la normal fisiología de los mismos, crean una desigualdad que la legislación debe corregir permitiéndoles deshacerse de su hijo suprimiéndole la vida a la cual su conducta u otras circunstancias convocaron a la existencia.
Infortunadamente para ellas, ningún cuerpo legislativo, ninguna corte, ningún juez, tiene la potestad de determinar un cambio en la anatomía y en la fisiología propia de una especie y que dicho cambio suceda por promulgación de su mandato, a menos que éste ordene o autorice, lo que tampoco es ético, mutilaciones de cualquier índole, tales como castraciones, etc.
En esta situación parece que la solución más racional no es autorizar legalmente el homicidio de personas humanas -“Yo soy yo y mi circunstancia”- en condiciones de completa indefensión, sino el ordenar que se organicen abundantes consultorios de salud mental en los cuales se pueda ayudar a estas mujeres inconformes a identificarse adecuada y satisfactoriamente con los atributos propios de su sexo y a que hagan uso de ellos adecuada, racional e inteligentemente. Esto es menos costoso ética y económicamente para el país y, además, representa un ahorro invaluable en vidas humanas de los concebidos y aún no nacidos.
No faltará quienes proclamen a grandes voces que el punto determinante del problema es el derecho de la mujer a su cuerpo, a no albergar en su seno a un ser que llegó a la vida en momentos en los que no es deseado, en los que su presencia es inoportuna porque altera sus proyectos y, por lo tanto, ejerciendo su libertad y su derecho a decidir, ella puede suprimir la vida de ese su hijo. Proclamamos y defendemos el derecho de la mujer a su cuerpo, pero también el del hijo a su propio cuerpo como lo exige la madre para el suyo. Reconocemos y defendemos la autonomía de la mujer a decidir sobre su futuro, pero siempre y cuando no atente contra la libertad, la autonomía y el derecho a vivir de cualquiera otra persona, incluyendo al hijo que no es el agresor y que no puede ser condenado a muerte porque padezca alguna enfermedad. Su autonomía, su libertad y su derecho no pueden convertirla racionalmente en agresora de otro que como ser humano, como persona humana, reclama por el solo hecho de ser un ente vivo, respeto sumo a los mismos derechos de su madre y que, precisamente por desconocimiento de ellos, va a ser eliminado.
Si esta insistente solicitud es atendida por las cortes, por el Congreso, etc., cuya misión es cuidar y defender la vida humana en todos los estados de su desarrollo, crearán una flagrante desigualdad con los derechos de los varones que no estamos facultados legalmente para eliminar la vida de quien según nuestro criterio atropella nuestro propio proyecto de vida porque llegó inoportunamente a interferir lo que consideramos subjetivamente que era nuestro destino, impidió disfrutar de lo que habíamos decidido era nuestra propiedad o lastimó nuestro organismo, entorpeció el libre desarrollo de nuestra personalidad, etc. ¿También los varones llegaremos a tener la facultad exclusiva del sexo masculino de cometer homicidios sin que seamos penalizados como reclaman las feministas para su sexo?
Si para resolver nuestros conflictos y desajustes individuales -entre ellos la carencia de adecuada identidad sexual-, hacemos laxo el ordenamiento legal que orienta la convivencia social, llegaremos más temprano que tarde a permitir legalmente que se imponga la voluntad inhumana del más fuerte. Los datos estadísticos en los cuales pretenden fundamentarse estas determinaciones no son confiables y menos aún las cifras de “abortos clandestinos” que son siempre no comprobables y casi siempre amañadas para buscar una finalidad premeditada. El problema de salud pública no es el número de abortos clandestinos sino la falta de orientación en el uso, con sentido y responsabilidad humana, racional, del valor de la sexualidad y de la expresión de la genitalidad, orientación cuya obligación recae principalmente en la familia, pero también en el Estado como educador -no sólo ilustrador- de los ciudadanos. Desde el punto de vista antropológico, es mejor enseñar responsabilidad que simplemente repartir condones o autorizar la eliminación voluntaria de embriones y fetos humanos.

 
Bioética
Una nota sobre el Valor

Carlos A. Gómez Fajardo, MD elpulso@elhospital.org.co

Hablar de “valores” es correr el peligro de referirse a significados que por el gasto y el uso han sido sistemáticamente “desvalorizados”. Hasta el extremo de que cuando se habla de “crisis de valores”, lo repetido de la expresión haga preferible que la conversación gire hacia otros campos menos confusos. Quizás esto tenga que ver con el original y frecuente uso del término en el ámbito académico de las disciplinas y teorías económicas. Prueba de la dificultad adicional de este tópico son las extensas y muy variadas definiciones dadas por los diccionarios al respecto. La clásica Enciclopedia Universal Espasa-Calpe (Tomo LXVI) tiene 39 páginas bajo esta palabra, la mayoría de ellas haciendo referencia a aspectos jurídicos y económicos pertinentes.
No obstante, en una de las definiciones clásicas de “Bioética” (Encyclopedia of Bioethics, Reich, 1978), está incluido el concepto, de modo inevitable: “Estudio sistemático de la conducta humana en el área de las ciencias de la vida y la atención de la salud, en cuanto dicha conducta es examinada a la luz de los principios y valores morales”. Las posteriores definiciones lo incluyen, de modo explícito o implícito. No deja de tener importancia intentar una breve reflexión -con intención meramente didáctica- al significado de este importante concepto. Así el lector interesado podría hallar “valioso” el esfuerzo que haga por sí mismo, por indagar más acerca de definiciones tan fundamentales.
El español García Morente piensa que el valer es no ser indiferente. “...Las cosas de que se compone el mundo, en el cual estamos, no son indiferentes, sino que esas cosas tienen todas ellas un acento peculiar, que les hace ser mejores o peores, buenas o malas, bellas o feas, santas o profanas... no hay cosa alguna ante la cual no adoptemos una posición positiva o negativa, una posición de preferencia...”
Esta precisa consideración se halla muy de acuerdo con la idea de que la ciencia de la ética tiene que ver precisamente con el acto humano libre. Preferir algo es a la vez posponer algo. La decisión humana es una necesidad constante e inaplazable, y obedece, si es decisión libre, al proceso completo que incluye conocimiento (deliberación racional) elección, ejecución de la acción y naturalmente, evaluación de ésta desde la responsabilidad. No existe, ni se puede entender el juicio ético, sino sobre el acto cabalmente libre. Y se decide (racionalmente) por y hacia lo que se halla valioso y bueno.
Se ha enunciado que el valor tiene tres características: polaridad, dependencia y jerarquía; tiene dependencia del sujeto (quien valora) pero a la vez del objeto o bien del que es cualidad. Lo valioso de un litro de agua fría, de un diamante, de un lápiz, o de una obra de arte, en determinada circunstancia (ejemplos claros y a la vez rudimentarios), habla de la condición de ser estimadas o apreciadas que poseen las cosas o una propiedad, carácter o esencia de éstas.
Haciendo referencia a algunas lecturas sobre este punto puede decirse: Los valores no “son”, valen. No son simples impresiones subjetivas. No son cosas, pero son objetivos.
Son necesariamente de signo opuesto, polares (bien-mal; bello-feo; justo-injusto; útil-inútil); a cada valor corresponde su contravalor. Su esencia es la no indiferencia. Tienen carácter de invitación, nos llaman, pues la voluntad es capaz de responder sí o no ante ellos.
Para efectos prácticos (la ética no es otra cosa que práctica), sigue teniendo vigencia el comentario de Aristóteles: la virtud es dura tarea. Decidir de modo correcto es un proceso exigente; la prudencia consiste en el juicio y conducta del saber obrar, según la recta razón.
Y la realidad, a veces nítida, a veces confusa, abunda en ejemplos de una enfermedad oftalmológica y ética de alta prevalencia contemporánea: la ceguera para los valores. Mucho más hoy, en época de “pensamiento débil”, en la que se intentan reintroducir los sofismas de Protágoras y de Gorgias, quienes negaron la verdad y la posibilidad del conocimiento. Por eso se escucha a muchos que con tranquilidad se acostumbran a denominar “bueno” a lo que es malo, o viceversa. O bien, los más frecuentes, que simplemente repiten: “Todo vale; allá cada quien; todo da igual....”
Nota:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.

 











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