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Reflexión del mes
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Células cancerígenas
Las células
cancerígenas son aquellas que han olvidado cómo
morir, enfermera del Hospital Royal Marsden, Londres.
Han olvidado cómo morir y de ese modo prolongan su
vida asesina.
Mi tumor y yo luchamos con todas nuestra fuerzas.
Una doble muerte está, espero, descartada.
Necesito ver la muerte de mi tumor un tumor que ha olvidado
la forma de morir y planea sustituir su muerte por la mía.
Pero yo sí recuerdo cómo se muere aunque todos
mis testigos estén muertos.
Y recuerdo que hablaban de tumores que les volvían
tan ciegos y tan mudos como habían estado antes de
que apareciese la enfermedad
que trajo al tumor.
Es posible que las células negras se sequen y mueran
o tal vez canten alegremente y se salgan con la suya.
Se reproducen tan silenciosamente, día y noche, que
no reparas en ellas, nunca te avisan.
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Harold
Pinter (Londres, 1930), Premio Nóbel de Literatura 2005,
considerado el más grande dramaturgo vivo (y el decimotercero
al cual se concede el Nóbel), galardonado por sus
obras, en las que descubre el precipicio que hay detrás
de los balbuceos cotidianos y que irrumpe en los espacios cerrados
de la opresión. Ha llevado el teatro a sus elementos
básicos: un espacio cerrado y un diálogo imprevisible,
en el que las personas están a merced del otro y la simulación
se desmorona'', explicó el jurado.
De la generación de los Jóvenes Airados
Británicos, intelectual comprometido con la defensa
de los derechos humanos y en contra de la guerra, sus críticas
políticas más ácidas en los últimos
tiempos han sido contra la guerra de Irak, el espíritu
belicista de Estados Unidos y la sumisión de Inglaterra
a la política exterior estadounidense. También
escribió guiones para obras de radio, televisión
y cine. A sus 75 años (de los cuáles lleva escribiendo
50), sobrevive a un cáncer de laringe y escribe poesía.
Entre sus 29 obras de teatro destacan: Polvo eres,
Tiempo de fiesta, Lenguaje de la montaña,
"La habitación", "El Portero", "Los
Enanos", "El amante", "Viejos tiempos",
"El silencio" y "Cenizas sobre Cenizas".
Traducción de Efraím Otero Ruiz |
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La despenalización del aborto
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La insistencia de algunas feministas en su solicitud, machacona
solicitud, de despenalizar el aborto para alcanzar lo que
ellas denominan igualdad de derechos con los varones, nos
hace pensar que en el fondo, sin lugar a dudas, hay una falta
de identidad con las condiciones anatómicas, fisiológicas
y psicológicas propias de su sexo (o de su género
como, debido a una mala traducción del inglés,
se dice hoy). La esencia de su machacona solicitud es el deseo
de poder disfrutar de contactos genitales como los varones,
sin estar expuestas a la responsabilidad que comporta la maternidad.
Parece que para ellas la desigualdad consiste en que el varón
puede disfrutar de esos contactos, de esos orgasmos, y nunca,
que sepamos, ha concebido un nuevo ser, y en cambio ellas
normalmente y a causa de su anatomía y su fisiología
sí corren ese riego. En otras palabras, esos órganos
propios de su anatomía y la normal fisiología
de los mismos, crean una desigualdad que la legislación
debe corregir permitiéndoles deshacerse de su hijo
suprimiéndole la vida a la cual su conducta u otras
circunstancias convocaron a la existencia.
Infortunadamente para ellas, ningún cuerpo legislativo,
ninguna corte, ningún juez, tiene la potestad de determinar
un cambio en la anatomía y en la fisiología
propia de una especie y que dicho cambio suceda por promulgación
de su mandato, a menos que éste ordene o autorice,
lo que tampoco es ético, mutilaciones de cualquier
índole, tales como castraciones, etc.
En esta situación parece que la solución más
racional no es autorizar legalmente el homicidio de personas
humanas -Yo soy yo y mi circunstancia- en condiciones
de completa indefensión, sino el ordenar que se organicen
abundantes consultorios de salud mental en los cuales se pueda
ayudar a estas mujeres inconformes a identificarse adecuada
y satisfactoriamente con los atributos propios de su sexo
y a que hagan uso de ellos adecuada, racional e inteligentemente.
Esto es menos costoso ética y económicamente
para el país y, además, representa un ahorro
invaluable en vidas humanas de los concebidos y aún
no nacidos.
No faltará quienes proclamen a grandes voces que el
punto determinante del problema es el derecho de la mujer
a su cuerpo, a no albergar en su seno a un ser que llegó
a la vida en momentos en los que no es deseado, en los que
su presencia es inoportuna porque altera sus proyectos y,
por lo tanto, ejerciendo su libertad y su derecho a decidir,
ella puede suprimir la vida de ese su hijo. Proclamamos y
defendemos el derecho de la mujer a su cuerpo, pero también
el del hijo a su propio cuerpo como lo exige la madre para
el suyo. Reconocemos y defendemos la autonomía de la
mujer a decidir sobre su futuro, pero siempre y cuando no
atente contra la libertad, la autonomía y el derecho
a vivir de cualquiera otra persona, incluyendo al hijo que
no es el agresor y que no puede ser condenado a muerte porque
padezca alguna enfermedad. Su autonomía, su libertad
y su derecho no pueden convertirla racionalmente en agresora
de otro que como ser humano, como persona humana, reclama
por el solo hecho de ser un ente vivo, respeto sumo a los
mismos derechos de su madre y que, precisamente por desconocimiento
de ellos, va a ser eliminado.
Si esta insistente solicitud es atendida por las cortes, por
el Congreso, etc., cuya misión es cuidar y defender
la vida humana en todos los estados de su desarrollo, crearán
una flagrante desigualdad con los derechos de los varones
que no estamos facultados legalmente para eliminar la vida
de quien según nuestro criterio atropella nuestro propio
proyecto de vida porque llegó inoportunamente a interferir
lo que consideramos subjetivamente que era nuestro destino,
impidió disfrutar de lo que habíamos decidido
era nuestra propiedad o lastimó nuestro organismo,
entorpeció el libre desarrollo de nuestra personalidad,
etc. ¿También los varones llegaremos a tener
la facultad exclusiva del sexo masculino de cometer homicidios
sin que seamos penalizados como reclaman las feministas para
su sexo?
Si para resolver nuestros conflictos y desajustes individuales
-entre ellos la carencia de adecuada identidad sexual-, hacemos
laxo el ordenamiento legal que orienta la convivencia social,
llegaremos más temprano que tarde a permitir legalmente
que se imponga la voluntad inhumana del más fuerte.
Los datos estadísticos en los cuales pretenden fundamentarse
estas determinaciones no son confiables y menos aún
las cifras de abortos clandestinos que son siempre
no comprobables y casi siempre amañadas para buscar
una finalidad premeditada. El problema de salud pública
no es el número de abortos clandestinos sino la falta
de orientación en el uso, con sentido y responsabilidad
humana, racional, del valor de la sexualidad y de la expresión
de la genitalidad, orientación cuya obligación
recae principalmente en la familia, pero también en
el Estado como educador -no sólo ilustrador- de los
ciudadanos. Desde el punto de vista antropológico,
es mejor enseñar responsabilidad que simplemente repartir
condones o autorizar la eliminación voluntaria de embriones
y fetos humanos.
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Bioética
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Una nota sobre el Valor
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Carlos
A. Gómez Fajardo, MD elpulso@elhospital.org.co
Hablar de valores es correr el peligro de referirse
a significados que por el gasto y el uso han sido sistemáticamente
desvalorizados. Hasta el extremo de que cuando
se habla de crisis de valores, lo repetido de
la expresión haga preferible que la conversación
gire hacia otros campos menos confusos. Quizás esto
tenga que ver con el original y frecuente uso del término
en el ámbito académico de las disciplinas y
teorías económicas. Prueba de la dificultad
adicional de este tópico son las extensas y muy variadas
definiciones dadas por los diccionarios al respecto. La clásica
Enciclopedia Universal Espasa-Calpe (Tomo LXVI) tiene 39 páginas
bajo esta palabra, la mayoría de ellas haciendo referencia
a aspectos jurídicos y económicos pertinentes.
No obstante, en una de las definiciones clásicas de
Bioética (Encyclopedia of Bioethics, Reich,
1978), está incluido el concepto, de modo inevitable:
Estudio sistemático de la conducta humana en
el área de las ciencias de la vida y la atención
de la salud, en cuanto dicha conducta es examinada a la luz
de los principios y valores morales. Las posteriores
definiciones lo incluyen, de modo explícito o implícito.
No deja de tener importancia intentar una breve reflexión
-con intención meramente didáctica- al significado
de este importante concepto. Así el lector interesado
podría hallar valioso el esfuerzo que haga
por sí mismo, por indagar más acerca de definiciones
tan fundamentales.
El español García Morente piensa que el valer
es no ser indiferente. ...Las cosas de que se compone
el mundo, en el cual estamos, no son indiferentes, sino que
esas cosas tienen todas ellas un acento peculiar, que les
hace ser mejores o peores, buenas o malas, bellas o feas,
santas o profanas... no hay cosa alguna ante la cual no adoptemos
una posición positiva o negativa, una posición
de preferencia...
Esta precisa consideración se halla muy de acuerdo
con la idea de que la ciencia de la ética tiene que
ver precisamente con el acto humano libre. Preferir algo es
a la vez posponer algo. La decisión humana es una necesidad
constante e inaplazable, y obedece, si es decisión
libre, al proceso completo que incluye conocimiento (deliberación
racional) elección, ejecución de la acción
y naturalmente, evaluación de ésta desde la
responsabilidad. No existe, ni se puede entender el juicio
ético, sino sobre el acto cabalmente libre. Y se decide
(racionalmente) por y hacia lo que se halla valioso y bueno.
Se ha enunciado que el valor tiene tres características:
polaridad, dependencia y jerarquía; tiene dependencia
del sujeto (quien valora) pero a la vez del objeto o bien
del que es cualidad. Lo valioso de un litro de agua fría,
de un diamante, de un lápiz, o de una obra de arte,
en determinada circunstancia (ejemplos claros y a la vez rudimentarios),
habla de la condición de ser estimadas o apreciadas
que poseen las cosas o una propiedad, carácter o esencia
de éstas.
Haciendo referencia a algunas lecturas sobre este punto puede
decirse: Los valores no son, valen. No son simples
impresiones subjetivas. No son cosas, pero son objetivos.
Son necesariamente de signo opuesto, polares (bien-mal; bello-feo;
justo-injusto; útil-inútil); a cada valor corresponde
su contravalor. Su esencia es la no indiferencia. Tienen carácter
de invitación, nos llaman, pues la voluntad es capaz
de responder sí o no ante ellos.
Para efectos prácticos (la ética no es otra
cosa que práctica), sigue teniendo vigencia el comentario
de Aristóteles: la virtud es dura tarea. Decidir de
modo correcto es un proceso exigente; la prudencia consiste
en el juicio y conducta del saber obrar, según la recta
razón.
Y la realidad, a veces nítida, a veces confusa, abunda
en ejemplos de una enfermedad oftalmológica y ética
de alta prevalencia contemporánea: la ceguera para
los valores. Mucho más hoy, en época de pensamiento
débil, en la que se intentan reintroducir los
sofismas de Protágoras y de Gorgias, quienes negaron
la verdad y la posibilidad del conocimiento. Por eso se escucha
a muchos que con tranquilidad se acostumbran a denominar bueno
a lo que es malo, o viceversa. O bien, los más frecuentes,
que simplemente repiten: Todo vale; allá cada
quien; todo da igual....
Nota:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de
Bioética -Cecolbe-.
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