MEDELLÍN, COLOMBIA, SURAMERICA No. 240 SEPTIEMBRE DEL AÑO 2018 ISNN 0124-4388 elpulso@sanvicentefundacion.com
Lea el siguiente párrafo. Luego, realice el ejercicio propuesto:
C ierre sus ojos. Póngase en una posición cómoda y a continuación, inicie con una primera inspiración profunda... exhale muy lentamente. Repita ahora, una segunda respiración y luego de exhalar muy despacio, hágalo por tercera vez. Empiece a hacerse consciente de su propia respiración: siéntala y escúchela, mientras va experimentando cómo se relaja cada parte de su cuerpo. A medida que va aumentando la sensación, imagine los momentos más felices de su vida: siéntase profundamente sano y en paz. Ahora, abra sus ojos de nuevo, muy lentamente.
El ejercicio anterior, es una modalidad de meditación. Mientras usted conscientemente lo realizaba, en su cuerpo se generó una compleja respuesta fisiológica llamada “respuesta de relajación”. Pero antes, recordemos que en el artículo del mes anterior, reseñábamos cómo uno de los factores de riesgo emergentes de enfermedad cardiovascular es el estrés sicosocial. Además, notábamos que la investigación clínica en este campo, apenas estaba emergiendo con resultados promisorios, dado que un cuerpo creciente de literatura ha logrado demostrar que la meditación y otras prácticas espirituales, disminuyen el riesgo de sufrir enfermedad cardiovascular.
Ahora bien: ¿qué efectos sobre la salud cardiovascular puede tener la oración y la meditación? Se han observado cambios fisiológicos en las prácticas espirituales derivadas del Yoga, meditaciones Zen, y oraciones contemplativas de cristianos, judíos cabalistas, y místicos Sufí. Herbert Benson, cardiólogo de la Universidad de Harvard, ha concluido a partir de sus investigaciones* que diez a veinte minutos de meditación, dos veces al día, generan una “respuesta de relajación” consistente en:
Activación de circuitos cerebrales relacionados al placer, la motivación y la recompensa, y que están interrelacionados con la producción de sustancias químicas que generan bienestar, provocando disminución de cortisol (hormona que da cuenta de la mayoría de fenómenos derivados del estrés) y regulación del sistema inmunológico.
Disminución de la tasa metabólica basal, frecuencia cardíaca y respiratoria y producción de ondas “alfa, ondas cerebrales que están asociadas a un más rápido aprendizaje, reducción del estrés, incremento de la memoria y aumento de la creatividad.
Lo anterior quiere decir que la meditación provoca un completo “llamado a la calma” de todo el sistema fisiológico, desde el sistema nervioso, hasta el sistema cardiovascular y metabólico. Dicho en palabras de Benson: “en la medida en que cualquier enfermedad sea causada o agravada por el estrés, en esa medida la respuesta de relajación (inducida por la oración), es una terapia efectiva”.
Otras formas de meditación como la lectura de textos sagrados (Biblia, Corán, Tanakh, entre otros) han demostrado mejorar la salud y promover el afrontamiento de la enfermedad.
Quizá sea necesario, replantear nuestros esquemas terapéuticos e incluir, en nuestro repertorio, la meditación y la oración para mejorar nuestra salud. Estos hábitos, simples y de bajo costo, pueden complementar de una manera efectiva, las medidas empleadas para mantener nuestro bienestar.
*Benson, Herbert (1975). The relaxation response.
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