MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 8    NO 101 FEBRERO DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Pedro García Barreno, nuevo académico de la lengua
La medicina dialoga
con las ciencias
y las letras

Hernando Guzmán Paniagua,
Periodista - elpulso@elhospital.org.co
En 1938 nació Superman, hombre de acero con poderes sobrehumanos debido a sus genes de cryptonita. En 1962 el joven Peter Parker se convirtió en El hombre araña al ser picado por una araña radiactiva. En 1974 el piloto y astronauta norteamericano Steve Austin pasó a ser El hombre nuclear gracias al reemplazo biónico de las dos piernas, un brazo y un ojo que perdió en un accidente; su novia Jamie Sommers se transformó en La mujer biónica por una operación similar. Primero historietas, luego series de televisión, esto podría ser pronto feliz realidad, de acuerdo con la profética alocución del médico, científico y escritor español Pedro García Barreno, al asumir el sillón “a” en la Real Academia Española (RAE). Su cátedra de humanismo que integró tecnología médica, lexicografía y el nexo medicina-literatura, nos puso a mirar por las ventanas del porvenir. Aviador como el Hombre Nuclear, en su discurso de recibimiento titulado De Calderón y Cibercirugía, advirtió: “La imaginación es el único límite de las posibilidades tecnológicas”, ilustró la hermandad entre la medicina y la literatura, el compromiso histórico de los científicos con los discípulos de Hipócrates e intuyó con Calderón De La Barca los vasos comunicantes de la vida, la ciencia, la literatura, el amor y el poder.
En la sesión del 29 de octubre de 2006, cuando García Barreno reemplazó al fallecido doctor Domingo Ynduráin, su colega Margarita Salas Falgueras, primera científica de España dedicada a la biología molecular, calificó al nuevo académico como humanista y “destacado hombre de ciencia, abierto en la línea de la modernidad a todos los intereses del saber”. Autor de numerosas obras de divulgación científica, entre ellas La ciencia en tus manos, Cincuenta años de doble hélice, Medicina virtual o De pócimas y chips, miembro de número de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, de la Real Society of Medicine del Reino Unido y de la Academia Scientiarum et Artium Europea, el profesor Pedro García ostenta una brillante hoja de vida, en campos tan disímiles como medicina, cirugía, bioquímica, aviación, fisiopatología molecular, matemáticas y filosofía. Él combina con vocación de maestro antiguo, la enseñanza con el ejercicio médico, la investigación, la administración hospitalaria y los estudios lexicográficos e idiomáticos.
Pedro García Barreno, uno de los seis médicos que han tomado posesión como académicos en la RAE entre los siglos XIX y XX con discursos sobre tópicos del lenguaje, habló de los primeros impresos médicos surgidos poco después de la invención de la imprenta, como el Laxierkalender de 1457 y el Aderlas-kalender de 1462, que traía los días para purgar y sangrar, de los Lasstafelkunst sobre astrología judiciaria, donde aparecen las influencias zodiacales sobre cada parte del cuerpo y el proceso de las creencias y supersticiones médicas populares, de esos incunables que no fueron obra de médicos sino códices antiguos elaborados por editores cultos para el estudio de estudiantes y profesores de medicina, de la Articella de1476, que contiene los aforismos de Hipócrates, secciones de Galeno y las interpretaciones que de su obra hiciera Johannitus.
Del Neolítico a la biónica
Ajeno a un futurismo tecnocrático, el nuevo académico ilustra así el proceso que va de la prehistoria médica a la cibercirugía: “El hombre del Neolítico debió tener una expectativa de vida al nacer de unos 25 años; a comienzos del siglo pasado esa expectativa era de 50 años para la población Occidental. Para conseguirlo, la naturaleza invirtió 10.000 años. La expectativa de nuestros nietos y nietas ronda los 80 años. Hemos conseguido 30 años adicionales en algo menos de un siglo. ¿Cómo ha sido posible? Gracias a los avances en higiene y en salud pública, pero también por la mejor comprensión de los mecanismos básicos de la enfermedad y por las adaptaciones de la tecnología a la medicina. Señaló a Louis Pasteur (1822-1895), que sin ser el primero en «ver» microbios, hizo de la bacteriología una ciencia y fue el bacteriólogo más importante de su tiempo.
“La literatura es ayuda eficaz
a la hora de buscar soluciones que afectan
directamente a nuestra condición humana”.
García Barreno
Resaltó la introducción de principios antisépticos a la cirugía por Joseph Lister (1827-1912), que salvó innumerables vidas, e inspirado por Pasteur, comprendió la formación de pus como secuela del crecimiento bacteriano. El panorama sigue con los medios reversibles de contracepción que permitieron a las mujeres a partir de 1960, planificar sus embarazos; con el primer «bebé probeta», la niña Louise Joy Brown (25 de julio de 1978), con la prevención de enfermedades crónico - degenerativas, la ampliación de la expectativa de vida, reducción de las discapacidades, el primer tomógrafo computacional hecho por el ingeniero británico Godfrey Hounsfield, con la evolución de los sistemas de atención sanitaria en las últimas cuatro décadas, entre otros hitos.
El científico pone la telemedicina como “respuesta polivalente a todos los problemas y exigencias señaladas mediante una combinación de tecnologías innovadoras de información, en especial telecomunicación audio/video bidireccionales e interactivas, telemetría y computadoras”. Estima que la historia de la medicina desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, abarca una de las épocas más ricas de la empresa humana. Coincide con un editorial de la prestigiosa revista Science, donde el Nóbel de Medicina, Marshall W. Nirenberg opina: “El progreso de la ciencia es tan rápido, que crea un conflicto entre el poder que pone en manos del hombre y las condiciones sociales en que ese poder es ejercido”. Luego nos lleva gradualmente hacia la cibercirugía y conceptos afines: “La era informática culmina la revolución de los medios y lleva el mito de la caverna, conflicto entre apariencia y realidad, a un nuevo paradigma, creando la denominada «realidad virtual» o «realidad artificial».
Cyborg, acrónimo de organismo cibernético, será una generación superior al bionicman de la biónica, una criatura medio orgánica y medio info-mecánica, un ser humano mejorado que podría sobrevivir en entornos extraterrestres”. Define cibercirugía como eso con lo que el cirujano re-imagina su oficio en la era de la información y como síntesis de inteligencia artificial, computación de alto rendimiento, telepresencia e internet. Por eso, la novela Cyborg de Martín Caidin, que permitió al acucioso doctor Rudy Wells salvar al Hombre Nuclear con su proyecto biónico (unión de biología y electrónica), era algo más que un relato de ciencia ficción. La quirobótica a que alude García Barreno, como “ingrediente casi obligado de la cirugía mínimamente invasiva y, junto con la telepresencia, base de la cirugía nintendo en sus versiones formativa (cadáver virtual), de entrenamiento (cuerpo virtual) o activa (tele-cirugía)”, sería en los 70´s vulgar especulación. Hoy, este científico que integró en 1989 el equipo que por primera vez en España implantó un ventrículo artificial neumático a un enfermo terminal de corazón, cuestiona: “¿Cuánto vivirá una persona? «Usted puede vivir lo suficiente para vivir para siempre», es el subtítulo de un nuevo superventas. Más: si tenemos el derecho a la longevidad, ¿existe el deber de morir? ¿Cómo se implementará la hibernación prolongada o el metabolismo celular controlado? ¿Es ético prolongar la existencia de pacientes terminales durante años en espera de una cura para su enfermedad?” Y más: “¿Qué significa ser humano? Ante tecnologías como las ingenierías genética y tisular, las prótesis neurales e inteligentes, las máquinas humanoides o robots humanizados, ¿podrá una persona «descargarse» informáticamente en un cuerpo replicado y «cargarse» en una tarjeta electrónica? Mediante una interfaz directa cerebro-computador, ¿podrá un individuo conectar enchufarse y fundirse con Internet? En tal caso, ¿tendrá una inteligencia distribuida, o perderá su autoidentidad?”.
Calderón, poesía del cosmos
El académico nos da la visión más integral del gran dramaturgo Pedro Calderón De La Barca, sobre quien asevera: “Creía profundamente que sobre la naturaleza estaba la ciencia y, sobre la ciencia, el amor y el poder; éste engendrando la vida y aquél armonizando sus leyes. La lucha de los cuatro elementos establece allí el orden moral y material del universo, subordinándolo a la ciencia como conjunto de leyes y fenómenos, al amor como hermosura y utilidad, al poder como creación”. Resalta del autor de La Vida es Sueño, su afición a la terminología científica y su exquisita predilección por la astronomía, la geometría y la aritmética. Estos versos de la Exaltación de la Cruz, testifican una poética enraizada en el espíritu de la ciencia y la filosofía:
La Geromancia en la tierra, La Eteromancia en el viento,
La Hidromancia en el agua, La piromancia en el fuego.
Agrega sobre Calderón: ”Su escenario era el universo; sus actores, los dioses y los hombres, las pasiones y los vicios, los astros y los elementos; su tiempo, los siglos y la eternidad. Las leyes naturales son a un tiempo hijas del poder que las crea, del amor que las relaciona, de la ciencia que las hace útiles y de la naturaleza que les da abrigo en su seno. Para García, La Vida es Sueño, y las películas de ficción comparten un pesimismo endémico. El filme The Matrix, revisión ciberpunk del clásico calderoniano, retoma sus dos polos: “aporía gnoseológica y conflicto entre libertad humana y presciencia divina”. Segismundo, príncipe de Polonia se parece a Neo, protagonista de Matrix. Basilio, padre de Segismundo, advertido por un horóscopo de que su hijo se rebelaría contra él, lo encadena en una torre perdida en agrestes montañas. En Matrix, Neo vive en un universo virtual, sin saber que un oráculo lo designó como El Elegido que se rebelará contra ese universo creado por máquinas para someter a los humanos a un sueño permanente.
Calderón De La Barca es paradigma de la relación entre la estructura idiomática y el discurso científico, donde las ciencias médicas y afines son fuentes lexicográficas. Pedro García, miembro de la Comisión de Terminologías de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, dice al respecto: “La medicina ha desarrollado todo un léxico que casi supera el número de palabras del léxico común. Basta comparar el diccionario médico Dorland, que incorpora cerca de 120.000 términos, con nuestro DRAE, que ronda las 80.000 entradas”.
Estima que si “más del 90% de las innovaciones lingüísticas en las lenguas de cultura proceden de los avances en la ciencia y la tecnología, no tendrá nada de extraño el cuidado que nuestra lengua está obligada a mostrar hacia la terminología y la lexicografía de la ciencia”.
Medicina y letras
“Recuperar el interés por la literatura puede ser el comienzo de una clase de micro-renaci-miento”, dice el académico; esto es: “descubrir lo que nunca debió olvidarse”. Con gala de erudición, de hondura filosófica y socio-lingüística, el investigador esboza el entronque entre las letras y el saber médico, donde “la literatura es ayuda eficaz a la hora de buscar soluciones que afectan directamente a nuestra condición humana”.
En este contexto señala: “La influencia de la medicina sobre la literatura tiene su máximo exponente en el siglo XIX. Con anterioridad, la enfermedad aparece como un predicamento ontológico fundamental: tal es el caso de don Quijote, o es un hecho puntual que define una determinada conducta moral, como en el Werther de Goethe. Lo que cambia entre Laclos, realista de la primera época, y Zola, realista extremo o naturalista, es el valor del detalle clínico”. Sigue su recorrido con “el realismo utópico de Honorato de Balzac en Le médecin de champagne”, con las dos obras paradigmáticas del realismo decimonónico: Madame Bovary (1857) o la “medicalización de la realidad” de Gustave Flaubert, y Middlemarch (1872) o el “organicismo médico”, de George Eliot. Para García, “la obra de los realistas partió del movimiento clínico patológico”, «nacimiento de la clínica» surgido en Francia de la mano de Bichat y en Inglaterra de la medicina Victoriana, con James Paget a la cabeza. Menciona luego a Zola, acogido a la medicina experimental, fisiología determinista donde el clínico no tenía acomodo, y a Conan Doyle y su «perversión» realista: el discurso clínico “en la pomposa pero vacua voz del doctor Watson”.
García define cibercirugía como eso con
lo que el cirujano re-imagina su oficio en la
era de la información y como síntesis de
inteligencia artificial, computación de alto
rendimiento, telepresencia e internet.
Agrega que “existe una rica apropiación cultural rusa de la medicina en el trabajo de escritores como Iván Turgueniev, Fedor Dostoievski, León Tolstói o Antón Chéjov, y una rica tradición germánica que incluye a Heinrich Heine, Johann W. von Goethe o Thomas Mann. Ambas tradiciones médico-literarias, derivadas de las experiencias francesa e inglesa. Existe, a partir de la década de los ochenta, un interés creciente por las artes y la literatura en medicina”. Anota que en 24 facultades de medicina anglosajonas, los cursos de literatura pretenden enseñar empatía con el enfermo, escudriñar las peculiaridades de la vida médica y del papel del médico en la sociedad y en la cultura. Actual catedrático de fisiopatología y propedéutica quirúrgicas en la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid y jefe de Medicina y Cirugía Experimental del Hospital General Universitario Gregorio Marañón, García recalca la intimidad del nexo médico-literario: ”los médicos invierten media vida en medio de la narrativa: escuchan historias, interpretan relatos, observan gestos, descifran síntomas, atribuyen causas, sugieren tratamientos y avanzan pronósticos. En todos los casos, «somos criaturas -dice Italo Calvino- inmersas en un océano de palabras»”.
García recrea las reflexiones de Enid Peschel sobre las afinidades entre medicina y literatura. Se ocupa de médicos que dedicaron gran parte de su vida a la literatura, como William Carlos Williams y Richard Salzer; de las descripciones del envejecimiento o de la enfermedad en escritores como García Márquez, Thomas Mann o Marcel Proust; de la imagen del médico en Albert Camus, Louis Ferdinand Céline, Roger Martin Du Gard y Gustave Flaubert, y de los poderes curativos del lenguaje en los ensayos de Geoffrey H. Hartman y Gian-Paolo Biasin. Vuelve al clasicismo y destaca la lucidez conque Homero describe las laceraciones y secuelas de las heridas de lanzas y flechas en La Ilíada, y de paso compara esto con la pintura de una herida abdominal abierta en el Martín Fierro. Testifica la simbiosis de las historias clínicas y las historias literarias: “Los hospitales, y yo ejerzo en uno de ellos que tiene una historia de más de 500 años, son escenarios de las principales transiciones vitales: nacimiento, muerte e incidentes críticos entre medias. Las historias que en ellos emergen son significativas y reveladoras no sólo para los pacientes que las relatan, sino también para la comprensión general de la naturaleza humana”. Concibe la formación humanística como “valor añadido para los médicos”, quienes “al ser mejores lectores serán mejores médicos”, y como plusvalía para el paciente que les incrementa su autoestima. En el mismo sentido pregona el intercambio de ideas como “abono para cosechar el progreso, que no es tener más, sino ser mejores”.
Para García Barreno, la dupla medicina-literatura tiene origen divino: “Después de todo, Esculapio era hijo de Apolo”. El gran silogismo concluye tan humanista como sus premisas: “Engarzadas por una necesidad común de ver la vida al desnudo, mirar y ver, y ver y sentir, la medicina y la literatura se realzan mutuamente. Al hacerlo, aumentan la capacidad de los seres humanos para reconciliarse en cuerpo y en Espíritu”. Y añade como corolario: “La genética del espíritu pudiera ser incluso más poderosa que la genética del ADN”.



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