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Pedro García Barreno,
nuevo académico de la lengua
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En 1938 nació
Superman, hombre de acero con poderes sobrehumanos debido a
sus genes de cryptonita. En 1962 el joven Peter Parker se convirtió
en El hombre araña al ser picado por una araña
radiactiva. En 1974 el piloto y astronauta norteamericano Steve
Austin pasó a ser El hombre nuclear gracias al reemplazo
biónico de las dos piernas, un brazo y un ojo que perdió
en un accidente; su novia Jamie Sommers se transformó
en La mujer biónica por una operación similar.
Primero historietas, luego series de televisión, esto
podría ser pronto feliz realidad, de acuerdo con la profética
alocución del médico, científico y escritor
español Pedro García Barreno, al asumir el sillón
a en la Real Academia Española (RAE). Su
cátedra de humanismo que integró tecnología
médica, lexicografía y el nexo medicina-literatura,
nos puso a mirar por las ventanas del porvenir. Aviador como
el Hombre Nuclear, en su discurso de recibimiento titulado De
Calderón y Cibercirugía, advirtió: La
imaginación es el único límite de las posibilidades
tecnológicas, ilustró la hermandad entre
la medicina y la literatura, el compromiso histórico
de los científicos con los discípulos de Hipócrates
e intuyó con Calderón De La Barca los vasos comunicantes
de la vida, la ciencia, la literatura, el amor y el poder.
En la sesión del 29 de octubre de 2006, cuando García
Barreno reemplazó al fallecido doctor Domingo Ynduráin,
su colega Margarita Salas Falgueras, primera científica
de España dedicada a la biología molecular, calificó
al nuevo académico como humanista y destacado hombre
de ciencia, abierto en la línea de la modernidad a todos
los intereses del saber. Autor de numerosas obras de divulgación
científica, entre ellas La ciencia en tus manos, Cincuenta
años de doble hélice, Medicina virtual o De pócimas
y chips, miembro de número de la Real Academia de Ciencias
Exactas, Físicas y Naturales, de la Real Society of Medicine
del Reino Unido y de la Academia Scientiarum et Artium Europea,
el profesor Pedro García ostenta una brillante hoja de
vida, en campos tan disímiles como medicina, cirugía,
bioquímica, aviación, fisiopatología molecular,
matemáticas y filosofía. Él combina con
vocación de maestro antiguo, la enseñanza con
el ejercicio médico, la investigación, la administración
hospitalaria y los estudios lexicográficos e idiomáticos.
Pedro García Barreno, uno de los seis médicos
que han tomado posesión como académicos en la
RAE entre los siglos XIX y XX con discursos sobre tópicos
del lenguaje, habló de los primeros impresos médicos
surgidos poco después de la invención de la imprenta,
como el Laxierkalender de 1457 y el Aderlas-kalender de 1462,
que traía los días para purgar y sangrar, de los
Lasstafelkunst sobre astrología judiciaria, donde aparecen
las influencias zodiacales sobre cada parte del cuerpo y el
proceso de las creencias y supersticiones médicas populares,
de esos incunables que no fueron obra de médicos sino
códices antiguos elaborados por editores cultos para
el estudio de estudiantes y profesores de medicina, de la Articella
de1476, que contiene los aforismos de Hipócrates, secciones
de Galeno y las interpretaciones que de su obra hiciera Johannitus.
Del Neolítico a la biónica
Ajeno a un futurismo tecnocrático, el nuevo académico
ilustra así el proceso que va de la prehistoria médica
a la cibercirugía: El hombre del Neolítico
debió tener una expectativa de vida al nacer de unos
25 años; a comienzos del siglo pasado esa expectativa
era de 50 años para la población Occidental. Para
conseguirlo, la naturaleza invirtió 10.000 años.
La expectativa de nuestros nietos y nietas ronda los 80 años.
Hemos conseguido 30 años adicionales en algo menos de
un siglo. ¿Cómo ha sido posible? Gracias a los
avances en higiene y en salud pública, pero también
por la mejor comprensión de los mecanismos básicos
de la enfermedad y por las adaptaciones de la tecnología
a la medicina. Señaló a Louis Pasteur (1822-1895),
que sin ser el primero en «ver» microbios, hizo
de la bacteriología una ciencia y fue el bacteriólogo
más importante de su tiempo. |
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La literatura es ayuda eficaz
a la hora de buscar soluciones que afectan
directamente a nuestra condición humana.
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García Barreno
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| Resaltó la introducción
de principios antisépticos a la cirugía por Joseph
Lister (1827-1912), que salvó innumerables vidas, e inspirado
por Pasteur, comprendió la formación de pus como
secuela del crecimiento bacteriano. El panorama sigue con los
medios reversibles de contracepción que permitieron a
las mujeres a partir de 1960, planificar sus embarazos; con
el primer «bebé probeta», la niña
Louise Joy Brown (25 de julio de 1978), con la prevención
de enfermedades crónico - degenerativas, la ampliación
de la expectativa de vida, reducción de las discapacidades,
el primer tomógrafo computacional hecho por el ingeniero
británico Godfrey Hounsfield, con la evolución
de los sistemas de atención sanitaria en las últimas
cuatro décadas, entre otros hitos. |
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El científico pone la telemedicina
como respuesta polivalente a todos los problemas y exigencias
señaladas mediante una combinación de tecnologías
innovadoras de información, en especial telecomunicación
audio/video bidireccionales e interactivas, telemetría
y computadoras. Estima que la historia de la medicina
desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, abarca una de las
épocas más ricas de la empresa humana. Coincide
con un editorial de la prestigiosa revista Science, donde el
Nóbel de Medicina, Marshall W. Nirenberg opina: El
progreso de la ciencia es tan rápido, que crea un conflicto
entre el poder que pone en manos del hombre y las condiciones
sociales en que ese poder es ejercido. Luego nos lleva
gradualmente hacia la cibercirugía y conceptos afines:
La era informática culmina la revolución
de los medios y lleva el mito de la caverna, conflicto entre
apariencia y realidad, a un nuevo paradigma, creando la denominada
«realidad virtual» o «realidad artificial».
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Cyborg, acrónimo de organismo
cibernético, será una generación superior
al bionicman de la biónica, una criatura medio orgánica
y medio info-mecánica, un ser humano mejorado que podría
sobrevivir en entornos extraterrestres. Define cibercirugía
como eso con lo que el cirujano re-imagina su oficio en la era
de la información y como síntesis de inteligencia
artificial, computación de alto rendimiento, telepresencia
e internet. Por eso, la novela Cyborg de Martín Caidin,
que permitió al acucioso doctor Rudy Wells salvar al
Hombre Nuclear con su proyecto biónico (unión
de biología y electrónica), era algo más
que un relato de ciencia ficción. La quirobótica
a que alude García Barreno, como ingrediente casi
obligado de la cirugía mínimamente invasiva y,
junto con la telepresencia, base de la cirugía nintendo
en sus versiones formativa (cadáver virtual), de entrenamiento
(cuerpo virtual) o activa (tele-cirugía), sería
en los 70´s vulgar especulación. Hoy, este científico
que integró en 1989 el equipo que por primera vez en
España implantó un ventrículo artificial
neumático a un enfermo terminal de corazón, cuestiona:
¿Cuánto vivirá una persona? «Usted
puede vivir lo suficiente para vivir para siempre», es
el subtítulo de un nuevo superventas. Más: si
tenemos el derecho a la longevidad, ¿existe el deber
de morir? ¿Cómo se implementará la hibernación
prolongada o el metabolismo celular controlado? ¿Es ético
prolongar la existencia de pacientes terminales durante años
en espera de una cura para su enfermedad? Y más:
¿Qué significa ser humano? Ante tecnologías
como las ingenierías genética y tisular, las prótesis
neurales e inteligentes, las máquinas humanoides o robots
humanizados, ¿podrá una persona «descargarse»
informáticamente en un cuerpo replicado y «cargarse»
en una tarjeta electrónica? Mediante una interfaz directa
cerebro-computador, ¿podrá un individuo conectar
enchufarse y fundirse con Internet? En tal caso, ¿tendrá
una inteligencia distribuida, o perderá su autoidentidad?.
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Calderón,
poesía del cosmos
El académico nos da la visión más
integral del gran dramaturgo Pedro Calderón De La Barca,
sobre quien asevera: Creía profundamente que sobre
la naturaleza estaba la ciencia y, sobre la ciencia, el amor
y el poder; éste engendrando la vida y aquél armonizando
sus leyes. La lucha de los cuatro elementos establece allí
el orden moral y material del universo, subordinándolo
a la ciencia como conjunto de leyes y fenómenos, al amor
como hermosura y utilidad, al poder como creación.
Resalta del autor de La Vida es Sueño, su afición
a la terminología científica y su exquisita predilección
por la astronomía, la geometría y la aritmética.
Estos versos de la Exaltación de la Cruz, testifican
una poética enraizada en el espíritu de la ciencia
y la filosofía:
La Geromancia en la tierra, La Eteromancia en el viento,
La Hidromancia en el agua, La piromancia en el fuego.
Agrega sobre Calderón: Su escenario era el universo;
sus actores, los dioses y los hombres, las pasiones y los vicios,
los astros y los elementos; su tiempo, los siglos y la eternidad.
Las leyes naturales son a un tiempo hijas del poder que las
crea, del amor que las relaciona, de la ciencia que las hace
útiles y de la naturaleza que les da abrigo en su seno.
Para García, La Vida es Sueño, y las películas
de ficción comparten un pesimismo endémico. El
filme The Matrix, revisión ciberpunk del clásico
calderoniano, retoma sus dos polos: aporía gnoseológica
y conflicto entre libertad humana y presciencia divina.
Segismundo, príncipe de Polonia se parece a Neo, protagonista
de Matrix. Basilio, padre de Segismundo, advertido por un horóscopo
de que su hijo se rebelaría contra él, lo encadena
en una torre perdida en agrestes montañas. En Matrix,
Neo vive en un universo virtual, sin saber que un oráculo
lo designó como El Elegido que se rebelará contra
ese universo creado por máquinas para someter a los humanos
a un sueño permanente. |
| Calderón De La Barca es
paradigma de la relación entre la estructura idiomática
y el discurso científico, donde las ciencias médicas
y afines son fuentes lexicográficas. Pedro García,
miembro de la Comisión de Terminologías de la
Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales,
dice al respecto: La medicina ha desarrollado todo un
léxico que casi supera el número de palabras del
léxico común. Basta comparar el diccionario médico
Dorland, que incorpora cerca de 120.000 términos, con
nuestro DRAE, que ronda las 80.000 entradas. |
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| Estima que si más
del 90% de las innovaciones lingüísticas en las
lenguas de cultura proceden de los avances en la ciencia y la
tecnología, no tendrá nada de extraño el
cuidado que nuestra lengua está obligada a mostrar hacia
la terminología y la lexicografía de la ciencia. |
Medicina
y letras
Recuperar el interés por la literatura
puede ser el comienzo de una clase de micro-renaci-miento,
dice el académico; esto es: descubrir lo que nunca
debió olvidarse. Con gala de erudición,
de hondura filosófica y socio-lingüística,
el investigador esboza el entronque entre las letras y el saber
médico, donde la literatura es ayuda eficaz a la
hora de buscar soluciones que afectan directamente a nuestra
condición humana.
En este contexto señala: La influencia de la medicina
sobre la literatura tiene su máximo exponente en el siglo
XIX. Con anterioridad, la enfermedad aparece como un predicamento
ontológico fundamental: tal es el caso de don Quijote,
o es un hecho puntual que define una determinada conducta moral,
como en el Werther de Goethe. Lo que cambia entre Laclos, realista
de la primera época, y Zola, realista extremo o naturalista,
es el valor del detalle clínico. Sigue su recorrido
con el realismo utópico de Honorato de Balzac en
Le médecin de champagne, con las dos obras paradigmáticas
del realismo decimonónico: Madame Bovary (1857) o la
medicalización de la realidad de Gustave
Flaubert, y Middlemarch (1872) o el organicismo médico,
de George Eliot. Para García, la obra de los realistas
partió del movimiento clínico patológico,
«nacimiento de la clínica» surgido en Francia
de la mano de Bichat y en Inglaterra de la medicina Victoriana,
con James Paget a la cabeza. Menciona luego a Zola, acogido
a la medicina experimental, fisiología determinista donde
el clínico no tenía acomodo, y a Conan Doyle y
su «perversión» realista: el discurso clínico
en la pomposa pero vacua voz del doctor Watson. |
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García define
cibercirugía como eso con
lo que el cirujano re-imagina su oficio en la
era de la información y como síntesis de
inteligencia artificial, computación de alto
rendimiento, telepresencia e internet.
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Agrega que existe una rica
apropiación cultural rusa de la medicina en el trabajo
de escritores como Iván Turgueniev, Fedor Dostoievski,
León Tolstói o Antón Chéjov, y una
rica tradición germánica que incluye a Heinrich
Heine, Johann W. von Goethe o Thomas Mann. Ambas tradiciones
médico-literarias, derivadas de las experiencias francesa
e inglesa. Existe, a partir de la década de los ochenta,
un interés creciente por las artes y la literatura en
medicina. Anota que en 24 facultades de medicina anglosajonas,
los cursos de literatura pretenden enseñar empatía
con el enfermo, escudriñar las peculiaridades de la vida
médica y del papel del médico en la sociedad y
en la cultura. Actual catedrático de fisiopatología
y propedéutica quirúrgicas en la Facultad de Medicina
de la Universidad Complutense de Madrid y jefe de Medicina y
Cirugía Experimental del Hospital General Universitario
Gregorio Marañón, García recalca la intimidad
del nexo médico-literario: los médicos invierten
media vida en medio de la narrativa: escuchan historias, interpretan
relatos, observan gestos, descifran síntomas, atribuyen
causas, sugieren tratamientos y avanzan pronósticos.
En todos los casos, «somos criaturas -dice Italo Calvino-
inmersas en un océano de palabras».
García recrea las reflexiones de Enid Peschel sobre las
afinidades entre medicina y literatura. Se ocupa de médicos
que dedicaron gran parte de su vida a la literatura, como William
Carlos Williams y Richard Salzer; de las descripciones del envejecimiento
o de la enfermedad en escritores como García Márquez,
Thomas Mann o Marcel Proust; de la imagen del médico
en Albert Camus, Louis Ferdinand Céline, Roger Martin
Du Gard y Gustave Flaubert, y de los poderes curativos del lenguaje
en los ensayos de Geoffrey H. Hartman y Gian-Paolo Biasin. Vuelve
al clasicismo y destaca la lucidez conque Homero describe las
laceraciones y secuelas de las heridas de lanzas y flechas en
La Ilíada, y de paso compara esto con la pintura de una
herida abdominal abierta en el Martín Fierro. Testifica
la simbiosis de las historias clínicas y las historias
literarias: Los hospitales, y yo ejerzo en uno de ellos
que tiene una historia de más de 500 años, son
escenarios de las principales transiciones vitales: nacimiento,
muerte e incidentes críticos entre medias. Las historias
que en ellos emergen son significativas y reveladoras no sólo
para los pacientes que las relatan, sino también para
la comprensión general de la naturaleza humana.
Concibe la formación humanística como valor
añadido para los médicos, quienes al
ser mejores lectores serán mejores médicos,
y como plusvalía para el paciente que les incrementa
su autoestima. En el mismo sentido pregona el intercambio de
ideas como abono para cosechar el progreso, que no es
tener más, sino ser mejores.
Para García Barreno, la dupla medicina-literatura tiene
origen divino: Después de todo, Esculapio era hijo
de Apolo. El gran silogismo concluye tan humanista como
sus premisas: Engarzadas por una necesidad común
de ver la vida al desnudo, mirar y ver, y ver y sentir, la medicina
y la literatura se realzan mutuamente. Al hacerlo, aumentan
la capacidad de los seres humanos para reconciliarse en cuerpo
y en Espíritu. Y añade como corolario: La
genética del espíritu pudiera ser incluso más
poderosa que la genética del ADN. |
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