MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 9    No. 104 MAYO DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Reflexión del mes

“Hay una fuerza motriz más poderosa que el vapor, la electricidad y la energía atómica: la voluntad”
“Hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro...”
Albert Einstein (1879-1955). Científico nacido en Alemania, nacionalizado estadounidense. Fue uno de los científicos más conocidos y trascendentes del siglo XX.
 
Medicamentos: ¡que
vivan los genéricos éticos!

Jaime Hoyos, MD elpulso@elhospital.org.co
Escribía Joseph Stiglitz (Premio Nobel de Economía) recientemente: “Las drogas genéricas para la primera línea de defensa contra el sida redujeron el costo del tratamiento en casi el 99% -de 10.000 a 130 dólares- (...) Los laboratorios gastan mucho más en publicidad y marketing que en investigación (...) Los pobres no pueden pagar las drogas, de modo que la investigación sobre sus enfermedades es escasa”.
Los medicamentos esenciales son aquellos que se consideran de máxima importancia y, por tanto, indispensables para las necesidades sanitarias de la población. Más del 90% de los medicamentos de la mayoría de las listas nacionales de medicamentos esenciales están disponibles por nombre genérico. En los años 70, nuevos fabricantes comenzaron a elaborar versiones genéricas de medicamentos, a precios mucho menores y de excelente calidad, disipando los temores de que estos productos fueran sólo unas imitaciones de baja calidad de las sustancias originales (*).
Un eminente profesor de medicina de la Universidad Nacional de Colombia escribía hace poco: “Siempre ha existido un cierto aire de desconfianza de parte de algunos médicos para formular genéricos y de parte de los pacientes para consumirlos (...) El Invima en este momento está siendo muy estricto en el control de todos los medicamentos que se venden en el país. Entonces creámosle a esta entidad y a la industria nacional y formulemos los medicamentos genéricos cuando estén disponibles y llenen todos los requisitos. Los medicamentos genéricos deben estar sujetos a los mismos patrones de calidad que se aplican a los medicamentos vendidos por nombre de marca. La garantía de calidad debe existir no solamente de hecho, sino también en la percepción de los profesionales sanitarios y del público (*).
Al respecto afirmó Julio César Aldana, director del Invima: “Los médicos debemos tener un criterio muy claro respecto de la calidad de los medicamentos. Afirmar que todos los genéricos, para demostrar su calidad, deben aportar pruebas de bioequivalencia es una inexactitud técnica y una clara deficiencia académica. La comunidad científica del país debe aportar al tema de la calidad del medicamento con estudios serios y confiables, no con comentarios aislados y coyunturales, vulnerables al sesgo”.
En un revelador libro escrito recientemente por la doctora Marcia Angell (editora por largos años de la más prestigiosa revista médica del mundo, el New England Journal of Medicine), ella habla de los llamados medicamentos 'yo también' (aquellos medicamentos de marca que son simplemente una variedad también costosa -pero no más efectiva- de los medicamentos originales: por ejemplo, toda la gama de IBP que salieron luego de la aparición del omeprazol), y afirma que son “medicinas no mejores que las que ya se encuentran en el mercado para el tratamiento de ciertas enfermedades (...), ninguna pudo ser considerada mejor que la anterior”.
El empleo de medicamentos de marca, más costosos, aunque existan sustitutos genéricos, es también por lo común ineficiente, ya que se podría haber conseguido el mismo resultado para la salud a un costo más reducido (*).
La mencionada doctora Angell recomienda preguntarle al médico en la consulta: '¿Hay algún genérico o equivalente que sea más barato?' Y también recomienda 'asegurarse de que las decisiones de su médico se basan en lo que más le beneficia a usted'. Según opinión de esta experta, los médicos tienen que 'renunciar a la costumbre de depender de la generosidad de las farmacéuticas'.
Todos sabemos que en el país se libra una batalla para tratar de poner en un justo equilibrio el derecho de los poderosos laboratorios farmacéuticos multinacionales a cobrar por la propiedad intelectual de sus productos, y por el otro lado el justo derecho que tienen los pacientes a acceder a medicamentos esenciales de bajo costo y éticos, esto es, verdaderamente efectivos.
Más allá de nuestras fronteras, la misma batalla es liderada por el colombiano Germán Velásquez (encargado de las políticas sobre medicamentos esenciales de la Organización Mundial de la Salud), y quien recientemente fue candidato a ser el director de UNITAID, una filial de la ONU que se encargará de garantizar el acceso a medicamentos esenciales a todos los países en desarrollo.
Si más del 90 % de los medicamentos esenciales están disponibles en genéricos y si los genéricos éticos pueden representar un ahorro hasta del 99% en los costos de los tratamientos, ¿qué estamos esperando para empezar a modificar los patrones de prescripción de medicamentos?
Si no se informa adecuadamente a los prescriptores sobre las ventajas de los genéricos, es posible que no respeten las instrucciones de prescribirlos y que además contagien a sus pacientes sus percepciones negativas sobre este tipo de productos (*). Entonces, el primer paso en este largo camino que nos espera está en manos de los médicos, especialmente de aquellos que enseñan a los estudiantes de medicina. Es hora que dejen de lado sus reservas y se olviden de la infundada creencia de que los genéricos son aguadepanelas marca gato. Si son genéricos éticos, formularlos es a su vez un deber ético. No hay disculpas que valgan.
(*): Apartes del libro La Gestión del Suministro de Medicamentos, 2ª edición. Management Sciences for Health, en colaboración con OMS (Organización Mundial de la Salud) y OPS (Organización Panamericana de la Salud).
 
Bioética
Beneficios por mutilarse

Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co

Uno de los más trascendentales elementos para juzgar el desarrollo del Homo sapiens, mejor aún del Homo sapiens sapiens, es el uso que hace de su capacidad racional, el ejercicio de su razón para trazarse su propia línea de conducta. Esto significa, sin lugar a dudas, que sus instintos son orientados, dominados, por un sentido ético, por un sentido de libertad responsable, social -porque esencialmente es eso, un ser social-, y por esta característica sus actos, actos humanos, permiten distinguirlo totalmente de otros animales, con los cuales comparte necesidades y manifestaciones orgánicas y que conocemos como “actos del hombre”. Vale la pena recordar que acto humano es el que se lleva a cabo libre y voluntariamente precedido de una opción libre y consciente, y previa evaluación de su eticidad.
Ese ejercicio de su racionalidad y la capacidad de orientar sus deseos, inclusive el de la reproducción, es lo que ineludiblemente nos obliga a educar al vástago del ser humano, pues no está preparado para enfrentar al mundo con sentido humano si no se lo prepara: el homo sapiens sapiens es un ser cultural, no un ser instintivo. Al animal irracional se lo entrena, se le crean reflejos condicionados; al ser racional de lo educa en la libertad responsable; por eso al animal irracional se lo mutila cuando es necesario que no se reproduzca o para que no actúe en contra de lo que quiere su amo, y al animal racional se le inculca, especialmente con el ejemplo, respeto por sus semejantes, respeto por sí mismo, en otras palabras, sentido ético de actuaciones.
Esta diferencia fundamental entre los seres racionales y los irracionales no ha podido ser negada ni por los más radicales filósofos materialistas quienes, con razón, han controvertido el predominio exclusivo de la razón en la conducta humana cuando se pretende desconocer que el hombre, el ser humano, es también sentimientos, una unidad indestructible de cuerpo y espíritu, un espíritu encarnado, un cuerpo animado. Es oportuno afirmar que esta diferencia entre seres racionales e irracionales no surge de una confesión religiosa sino de la antropología filosófica, es un concepto que encontramos ya en las enseñanzas de Aristóteles (384 - 322 a. C.) y el que sea totalmente aceptado por confesiones religiosas, no le resta plena vigencia.
Sin embargo, ahora, distinguidas personalidades de nuestro medio -Ministro, Senador de la República, deportista, columnistas, etc.- proclaman que el ser humano debe ser tratado como ser irracional, y en vez de enseñarle el manejo racional y responsable de su comportamiento, incluyendo el genital, es mejor mutilarlo, invitarlo a cambio de beneficios, a que se haga una castración funcional, una mutilación de su organismo, intervención que según sus promotores carece de complicaciones; pero es que el concepto de mutilación no depende de si se presentan dichas complicaciones o no, sino de la acción médica misma. Meses antes ya lo habían hecho invitando a las mujeres a hacerse gratuitamente la ligadura de las trompas. En ambos casos el beneficio, el señuelo, es puramente económico, y se pretende abierta o solapadamente, que con estas medidas se remediará la pobreza pues así se evita que haya pobres. Nueva pero absurda medida terapéutica contra la pobreza, infortunadamente proclamada y practicada por algunos que recibieron formación médica y juraron cumplir su misión honestamente.
Ya en la ética médica enseñada desde Hipócrates de Cos (460 - 375 a. C.) encontramos la sentencia que desde entonces es la guía del ejercicio honesto de la misión del médico: “favorecer, no hacer daño”, precepto que tampoco ha podido ser cambiado, pues sin él, el profesional de la medicina se convierte en verdugo, en ministro de muerte. Desde esa época el médico está autorizado éticamente a intervenir sobre el órgano enfermo con el fin de colaborar al bien de la persona humana. Cabe una pregunta: ¿están enfermos los conductos deferentes de los varones o las trompas de Falopio u oviductos en las mujeres mutiladas? Insisto: no es problema de creencias religiosas sino de simple ética general y profesional.
Recordemos que ya en siglos pasados existió la costumbre de castrar a las personas de confianza de los poderes políticos, los eunucos, y también a niños sometidos a poderes artísticos, religiosos o no, pero que de todas maneras quedaba mutilados.
Beneficios para hombres y mujeres que se mutilen: ¿progreso o retroceso? No oriente su deseo de satisfacción genital sino que, ya mutilado, usted le puede dar rienda suelta -como lo hace instintivamente cualquier animal irracional- a su genitalidad, que no es sexualidad. Pero en el fondo hay otro aspecto no despreciable: es la confesión pública de que para quienes promueven la mutilación masculina y femenina, la genitalidad puede y debe satisfacerse de inmediato con la única condición de que de su ejercicio, aunque sea éticamente irresponsable, no surja una nueva vida, un embarazo no deseado, pero tampoco honestamente evitado.
Toda mutilación, toda supresión de una parte del organismo o la supresión de su natural y normal función, es un grave desconocimiento de la dignidad del ser humano, dignidad absoluta e incondicional. La compra de voluntades es condenada por la ética porque atropella la dignidad humana de quien se vende y, más aún, de quien compra: mercaderes de seres humanos.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-

 











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