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Ramón
Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co
Uno de los más trascendentales elementos para juzgar
el desarrollo del Homo sapiens, mejor aún del Homo
sapiens sapiens, es el uso que hace de su capacidad racional,
el ejercicio de su razón para trazarse su propia línea
de conducta. Esto significa, sin lugar a dudas, que sus instintos
son orientados, dominados, por un sentido ético, por
un sentido de libertad responsable, social -porque esencialmente
es eso, un ser social-, y por esta característica sus
actos, actos humanos, permiten distinguirlo totalmente de
otros animales, con los cuales comparte necesidades y manifestaciones
orgánicas y que conocemos como actos del hombre.
Vale la pena recordar que acto humano es el que se lleva a
cabo libre y voluntariamente precedido de una opción
libre y consciente, y previa evaluación de su eticidad.
Ese ejercicio de su racionalidad y la capacidad de orientar
sus deseos, inclusive el de la reproducción, es lo
que ineludiblemente nos obliga a educar al vástago
del ser humano, pues no está preparado para enfrentar
al mundo con sentido humano si no se lo prepara: el homo sapiens
sapiens es un ser cultural, no un ser instintivo. Al animal
irracional se lo entrena, se le crean reflejos condicionados;
al ser racional de lo educa en la libertad responsable; por
eso al animal irracional se lo mutila cuando es necesario
que no se reproduzca o para que no actúe en contra
de lo que quiere su amo, y al animal racional se le inculca,
especialmente con el ejemplo, respeto por sus semejantes,
respeto por sí mismo, en otras palabras, sentido ético
de actuaciones.
Esta diferencia fundamental entre los seres racionales y los
irracionales no ha podido ser negada ni por los más
radicales filósofos materialistas quienes, con razón,
han controvertido el predominio exclusivo de la razón
en la conducta humana cuando se pretende desconocer que el
hombre, el ser humano, es también sentimientos, una
unidad indestructible de cuerpo y espíritu, un espíritu
encarnado, un cuerpo animado. Es oportuno afirmar que esta
diferencia entre seres racionales e irracionales no surge
de una confesión religiosa sino de la antropología
filosófica, es un concepto que encontramos ya en las
enseñanzas de Aristóteles (384 - 322 a. C.)
y el que sea totalmente aceptado por confesiones religiosas,
no le resta plena vigencia.
Sin embargo, ahora, distinguidas personalidades de nuestro
medio -Ministro, Senador de la República, deportista,
columnistas, etc.- proclaman que el ser humano debe ser tratado
como ser irracional, y en vez de enseñarle el manejo
racional y responsable de su comportamiento, incluyendo el
genital, es mejor mutilarlo, invitarlo a cambio de beneficios,
a que se haga una castración funcional, una mutilación
de su organismo, intervención que según sus
promotores carece de complicaciones; pero es que el concepto
de mutilación no depende de si se presentan dichas
complicaciones o no, sino de la acción médica
misma. Meses antes ya lo habían hecho invitando a las
mujeres a hacerse gratuitamente la ligadura de las trompas.
En ambos casos el beneficio, el señuelo, es puramente
económico, y se pretende abierta o solapadamente, que
con estas medidas se remediará la pobreza pues así
se evita que haya pobres. Nueva pero absurda medida terapéutica
contra la pobreza, infortunadamente proclamada y practicada
por algunos que recibieron formación médica
y juraron cumplir su misión honestamente.
Ya en la ética médica enseñada desde
Hipócrates de Cos (460 - 375 a. C.) encontramos la
sentencia que desde entonces es la guía del ejercicio
honesto de la misión del médico: favorecer,
no hacer daño, precepto que tampoco ha podido
ser cambiado, pues sin él, el profesional de la medicina
se convierte en verdugo, en ministro de muerte. Desde esa
época el médico está autorizado éticamente
a intervenir sobre el órgano enfermo con el fin de
colaborar al bien de la persona humana. Cabe una pregunta:
¿están enfermos los conductos deferentes de
los varones o las trompas de Falopio u oviductos en las mujeres
mutiladas? Insisto: no es problema de creencias religiosas
sino de simple ética general y profesional.
Recordemos que ya en siglos pasados existió la costumbre
de castrar a las personas de confianza de los poderes políticos,
los eunucos, y también a niños sometidos a poderes
artísticos, religiosos o no, pero que de todas maneras
quedaba mutilados.
Beneficios para hombres y mujeres que se mutilen: ¿progreso
o retroceso? No oriente su deseo de satisfacción genital
sino que, ya mutilado, usted le puede dar rienda suelta -como
lo hace instintivamente cualquier animal irracional- a su
genitalidad, que no es sexualidad. Pero en el fondo hay otro
aspecto no despreciable: es la confesión pública
de que para quienes promueven la mutilación masculina
y femenina, la genitalidad puede y debe satisfacerse de inmediato
con la única condición de que de su ejercicio,
aunque sea éticamente irresponsable, no surja una nueva
vida, un embarazo no deseado, pero tampoco honestamente evitado.
Toda mutilación, toda supresión de una parte
del organismo o la supresión de su natural y normal
función, es un grave desconocimiento de la dignidad
del ser humano, dignidad absoluta e incondicional. La compra
de voluntades es condenada por la ética porque atropella
la dignidad humana de quien se vende y, más aún,
de quien compra: mercaderes de seres humanos.
Nota: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano
de Bioética -Cecolbe-
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