MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 9    No. 104  MAYO DEL AÑO 2007    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 


¡Por fin!
Colombia tiene cuentas de salud

Olga Lucia Muñoz López - Periodista elpulso@elhospital.org.co

“El país cuenta a partir de ahora con un excelente instrumento de análisis respecto del comportamiento de las finanzas de la salud en el país, pionero en Colombia y América Latina. En este trabajo se logra recoger y sistematizar con metodologías reconocidas en el ámbito internacional los variados y distintos componentes de los recursos que intervienen en el complejo sistema de salud de nuestro país y sus respectivos valores, mostrándonos cómo y en qué proporción han cambiado, en dónde se concentra el gasto en salud y cuáles áreas necesitan de mayores recursos. Por ello, Cuentas de salud de Colombia 1993 -2003 se constituye en una línea de base para posteriores estudios y actualizaciones de esta información, clave para el desarrollo del Sistema”. Así presenta la doctora Teresa Tono, directora del Programa de Apoyo a la Reforma -PARS-, las “Cuentas de salud de Colombia 1993-2003. El gasto nacional en salud y su financiamiento”, del Máster en Economía, investigador y consultor Gilberto Barón Leguizamón, trabajo dado a la luz pública el pasado 26 de marzo en Bogotá.
Las cuentas de salud son una metodología internacionalmente utilizada para organizar, tabular y presentar la información de gastos del sector salud mediante un conjunto de matrices que incluyen datos sobre: ¿Quién paga, cuánto paga, para qué paga? Igualmente, para informar: ¿De dónde viene el dinero, a dónde va el dinero, qué tipo de servicios se ofrecen y se compran dentro del sistema de salud? De esta forma, busca cuantificar las fuentes de financiamiento del gasto en salud, la estructura de la distribución y financiamiento de los servicios de salud y su uso final. Por ello, las cuentas de salud se consideran “un instrumento idóneo para monitorear el tamaño y composición del gasto frente a la cambiante financiación nacional, al igual que los cambios en la estructura de financiamiento de la atención en salud a través del tiempo. De manera adicional, proveen la información necesaria para la formulación, seguimiento y evaluación de las políticas de salud. Las Cuentas de salud permiten desarrollar políticas basadas en evidencia, es decir, informadas con explícito y riguroso análisis, utilizando datos estandarizados y comparables entre sí en períodos del tiempo”, agrega la doctora Tono.
El estudio incluye las mediciones del gasto anual nacional en salud durante 11 años, desde que se implantó la reforma y se creó el Sistema General de Seguridad Social en Salud con la Ley 100 de 1993. Analiza además, la totalidad del gasto en salud, proveniente de los sectores público y privado, así como de los sistemas especiales de salud de las Fuerzas Armadas, la Policía Nacional, el Magisterio, y Ecopetrol.
Estas Cuentas de salud (Cs) son producto del esfuerzo interinstitucional de más de 10 años entre el Banco Interamericano de Desarrollo -BID-, el Departamento Nacional de Planeación y el Ministerio de la Protección Social a través del Programa de Apoyo a la Reforma -PARS-, dentro del Proyecto Cuentas de salud de Colombia. El enfoque metodológico de cuentas nacionales de salud es adoptado en el país, como resultado de las recomendaciones de la Misión de expertos de la Universidad de Harvard en 1996.

El gasto en promoción y prevención tendió a
sostener su participación relativa anual, pero a crecer
en términos reales, mientras que el gasto en salud pública
y PAB señala una tendencia a reducir su participación
relativa anual, experimentando además un crecimiento
real negativo de -5,9%, como promedio
anual del período.
Financiación: eterno problema
Las reformas de salud de los años 80 y 90 en gran número de países, debieron responder al problema del financiamiento. En Colombia la reforma tuvo amplio respaldo político “para garantizar una provisión importante de recursos mediante la descentralización de los fondos públicos para salud y la asignación de recursos adicionales para los servicios de salud pública, de prevención y atención primaria y el aumento significativo de recursos para la atención de salud de la población más pobre y vulnerable”, afirma Gilberto Barón. Se adoptaron estrategias para movilizar recursos en el sistema: aumentó la cotización de 8 a 12%, se crearon nuevas fuentes de recursos de origen fiscal, se asignaron subsidios para los más pobres mediante un financiamiento combinado de fuentes fiscales y un mecanismo de solidaridad, y se incrementó el financiamiento de los entes territoriales.
Era de esperar entonces, que al contar con un alto volumen de recursos, estos tendrían cambios sustanciales en su composición y dirección de los flujos. También se esperaba que a partir de los postulados de la reforma, reflejados en la estructura de fuentes de financiación, aumentara la participación relativa de los fondos públicos respecto de las familias y empleadores privados, que soportaban el financiamiento antes de la reforma en salud del 93.
Los supuestos derivados de la reforma en cuanto a usos de los recursos no preveían algo distinto a un significativo incremento en el gasto de atención en salud. Sin embargo, las Cuentas de salud aportan unos resultados de interés, en términos de las categorías de usos derivadas del gasto por componentes y por agentes, indica el autor. Agrega que en la consolidación de la reforma a partir de 1996, al entrar en plena operación las EPS en el régimen contributivo y al definirse una estructuración más clara del régimen subsidiado, se modificó de manera significativa la composición del gasto en salud en términos de las categorías de usos definidas.
Según los resultados de las Cuentas de salud, con base en las tasas promedio de participación del periodo 1996-2003, el gasto en atención de salud se distribuyó en un 60% para los servicios ambulatorios, 30,6% para los hospitalarios, 7,4% para las actividades de promoción y prevención y el restante 2,1% para los programas de salud pública y las intervenciones del Plan de Atención Básica (PAB). El gasto en promoción y prevención, tendió a sostener su participación relativa anual, pero a crecer en términos reales, mientras que el gasto en salud pública y PAB señala una tendencia a reducir su participación relativa anual, experimentando además un crecimiento real negativo de -5,9%, como promedio anual del período.
El análisis de los resultados de las Cuentas en términos de las mediciones del gasto nacional de salud, de su financiamiento y de las formas de utilización de los recursos, y su contrastación con los efectos previstos de la reforma introducida en el sistema colombiano de salud en 1993, responde a una perspectiva aún muy agregada del sistema y de las categorías empleadas, señala Barón Leguizamón.
Por esto, otros estudios con propósitos más específicos, partiendo de mayor nivel de detalle de la información y de los agentes, y la integración de otras variables de análisis, ayudarán a responder inquietudes como: ¿Qué tan eficientemente se utilizaron esos recursos y cuál es su verdadero impacto en el estado de salud de la población? ¿En qué medida mejoraron las condiciones de acceso a los servicios? ¿Cuáles fueron los cambios más significativos en la distribución de recursos por regiones, por áreas rurales y urbanas y por grupos socioeconómicos? ¿En qué medida se dio captación ineficiente de recursos por parte de agentes o grupos de agentes y el grado de dominación de éstos en el sistema?
Finalmente, Gilberto Barón propone que es necesario avanzar y profundizar en temas de análisis que hoy son de especial interés en otras partes, como la determinación del grado de equidad o inequidad tanto en el financiamiento como en el gasto, por grupos de población según ingresos, para lo cual las Cuentas de salud pueden proveer un insumo importante de información.
Las Cuentas de salud en Colombia - Gilberto Barón
Cifras a precios constantes del año 2000
 
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