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El fallecido ex ministro
de salud Juan Luis Londoño preguntó alguna vez
al doctor Julio Alberto Rincón, director de Cosesam,
si aún añoraba el paraíso perdido
con la Ley 100; éste respondió que no existía
añoranza, pero que tampoco se vislumbraba la tierra
prometida. Luego de publicado el estudio que muestra cómo
se han utilizado los recursos de salud, el doctor Rincón
sostiene que no se ha llegado a la tierra prometida, aunque
reconoce que en algunos aspectos se han logrado avances importantes,
y califica el estudio como un ejercicio necesario para mirar
cifras desde diferentes fuentes y mantener un seguimiento permanente
de cómo se invierten los recursos que deben ir a la salud.
La preocupación inicial del director de Cosesam tras
el análisis, es por qué los resultados obtenidos
en salud en algunas áreas no son congruentes con el valor
invertido; y aunque los parámetros del libro no tocan
resultados en salud en temas como atención básica
y calidad del servicio, cuestiona los logros alcanzados por
niveles de complejidad: Queda una duda y es si los resultados
por niveles son congruentes.
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¿La inversión
en el primer nivel de complejidad es coherente con su capacidad
de resolución? Y si no lo es, ¿por qué?
Todo el mundo mira a las aseguradoras, pero cuando uno evalúa
juiciosamente como se están invirtiendo los recursos
no puede dejar de preguntarse: ¿Será que estamos
cumpliendo cada uno por lo que nos están pagando?.
Otro aspecto que señaló es la percepción
de que la disminución del gasto de bolsillo reseñada
en la investigación, obedece más a una suplantación
de esos recursos por inversión directa, por ejemplo de
los entes territoriales: Pensábamos que el gasto
de bolsillo continuaba igual y que los ingresos nuevos de recursos
a través de municipios, Nación o aseguramiento,
se sumaban, pero lo que hay es una suplantación de gastos:
los de bolsillo disminuyen, aunque no tanto como uno quisiera,
y ese hueco es tapado por otra fuente, y termina siendo una
suma de ceros. Además, no hay claridad si el gasto de
bolsillo que subsiste se debe a ineficiencias de la prestación
o si es un gasto suntuoso que corresponda a los aumentos en
las cirugías y tratamientos estéticos.
Una objeción metodológica planteada por el doctor
Rincón es la forma como se consideraron los recursos
de carácter estatal, por cuanto la división entre
municipios, departamentos y Nación deberían aglutinarse
bajo el concepto de Estado; argumenta como los recursos provenientes
del Sistema General de Participaciones que ingresan al régimen
subsidiado, deben verse como dineros de origen municipal, provenientes
del derecho de los municipios a contar con impuestos propios.
Desde esta óptica, los municipios financian el 60% del
subsidiado, el Fosyga aparentemente financia el 40% pero su
fuente es el Fondo de Solidaridad, y la Nación un 20%:
Es importante mirar cuáles son las fuentes en el
estudio y mirar a quien se suman las transferencias, si al municipio
o a la Nación; lo cierto es que el sistema de salud colombiano
es financiado por impuestos, excepto el gasto de bolsillo que
es sumamente inequitativo, porque cuando una persona que tiene
5 o más salarios mínimos gasta $100, esa cantidad
no es diferente a los $100 que paga quien tiene un solo salario.
Ojalá a partir de este estudio respaldado por el Ministerio
de la Protección Social, discutamos si lo que recibimos
a cambio de la inversión en salud es lo que debemos recibir,
o estamos recibiendo menos o más. |
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