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En la rendición de cuentas del pasado 22 de agosto,
el ministro de la Protección Social, Diego Palacio,
afirmó que uno de los logros más importantes
fue alcanzar la cobertura universal en salud en 6 departamentos.
Y fue Antioquia el primer departamento en lograrla: el 28
de diciembre de 2006, se anunció que con una inversión
de $250.000 millones por año, la Gobernación
de Antioquia a través de la Dirección Seccional
de Salud y en asocio con los municipios, afilió a
1'150.000 personas de los niveles 1 y 2 del Sisbén
al régimen subsidiado, y totalizó 2'780.000
afiliados.
Como es sabido, los departamentos deben pagar los servicios
de urgencias, alto costo y alta complejidad de los afiliados
al régimen subsidiado; con la cobertura universal,
empezaron a consultar pacientes con enfermedades graves
en estados avanzados, de tipo cardiovascular, renal, cáncer,
VIH-sida, entre otras. El departamento también debe
pagar servicios y medicamentos no incluidos en el Plan Obligatorio
de Salud subsidiado, que los usuarios reclaman vía
tutela o son autorizados por los Comités Médico
Científicos.
La Dirección Seccional de Salud afirma ahora que
el departamento de Antioquia no tiene recursos para pagar
a los hospitales que le atienden la población del
régimen subsidiado, cada vez más demandante
de servicios de salud de alto costo y alta complejidad.
Por ello, la Seccional viene incumpliendo los pagos de estos
servicios, y el problema ya es de grandes proporciones:
no sólo no ha pagado deudas de años anteriores,
sino que afirma que este año pagará aún
menos de lo pagado el año anterior; esto aumentará
de manera desproporcionada la cartera con los hospitales,
especialmente de Medellín.
Sin embargo, llama la atención que entretanto, el
departamento de Antioquia atiende pagos de hospitales en
reestructuración y hace nuevas inversiones en empresas
de salud. ¿Cómo se explica que la prioridad
no sea el pago a los hospitales que le están atendiendo
la población del régimen subsidiado, y en
cambio sí tenga recursos para invertir? ¿Cómo
adquiere nuevos compromisos financieros sin antes haber
pagado las deudas con los hospitales y clínicas de
Medellín, ni siquiera de años anteriores?
Desde la Ley 100 de 1993, los hospitales no reciben apoyo
del Estado vía subsidios, sino que dependen de la
venta de sus servicios de salud: lo menos que esperan es
recibir los pagos oportunos por los servicios prestados,
para poder seguir cumpliendo con su misión. Más
aún: El costo de la ampliación de cobertura
no puede ser con cargo a los hospitales, porque no es de
ellos esa obligación ni tienen por qué ni
con qué asumirla, sino que es una obligación
del Estado: en este caso, la Nación y el Departamento
de Antioquia. Y si la Nación y el Departamento no
cumplen esa obligación, y reventaran financieramente
a los hospitales, ¿qué hospitales les prestarían
el servicio de salud? Ningún hospital puede cerrar
sus puertas a los pacientes: cuando llega un paciente, tiene
que poner a su servicio toda su infraestructura y su capacidad
médica y tecnológica para ayudarle a recuperar
la salud y salvar la vida. Ese servicio tiene gastos fijos:
pago del personal médico y operativo, de proveedores,
de contratistas; y no puede dilatar esos pagos a 1, 2 o
3 años.
De seguir así las cosas, y si en el peor de los casos
la Dirección Seccional de Antioquia revienta financieramente
a los hospitales que atienden población del régimen
subsidiado, ¿Antioquia tendría entonces cobertura
universal de papel y sin servicio de salud?
No es la crónica de una tragedia anunciada, pero
al departamento de Antioquia se le había advertido
de este escenario. La tragedia se vivirá si los gobiernos
departamental y nacional no aclaran las fuentes de recursos
y la aplicación de fondos. La Dirección Seccional
de Salud y el departamento de Antioquia tienen la obligación
de pagar a los hospitales de Medellín las deudas
acumuladas y no dejar envejecer las nuevas, el Ministerio
de la Protección Social debe participar en el enfoque
de solución de este problema y la Supersalud debe
tomar cartas en el asunto. Esta problemática no la
mencionó el Ministerio en la rendición de
cuentas, ni a nivel departamental ni nacional.
Entretanto, la demanda de servicios de salud crece y sigue
creciendo, y es el momento de pagar esa deuda social que
es del Estado y no de los hospitales. Porque insistimos:
Si el departamento de Antioquia quiebra a los hospitales,
¿quién le atenderá a los afiliados
del régimen subsidiado en el futuro? ¿El gobierno
nacional y departamental podrá seguir alardeando
del logro de la cobertura universal en salud, si no presta
servicios de salud?
Vemos con agrado que se dé cobertura universal, a
esto nadie se opone. Lo que sí preocupa es que no
se presente en público la situación tal como
es, y en última instancia que se amplíe esta
cobertura por cuenta forzada de los hospitales y clínicas,
en primer lugar para cumplir con la obligación de
pagar, y en segundo para que la lectura que se dé,
no sea que es un hecho político.
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