MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 113 FEBRERO DEL AÑO 2008    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co


Propuestas para el
Plan Nacional de Salud Pública (III)

Iván Darío Arroyave Zuluaga - Docente e investigador elpulso@elhospital.org.co

Continuando con los razonamientos de los dos números anteriores en relación con el Plan Nacional de Salud Pública -PNSP-, se tienen las siguientes propuestas:
Información para los municipios
Sin información, los entes territoriales no pueden tomar decisiones correctas. Por ello, las matrices de prevención de la enfermedad deberían ser diligenciadas para calcular el número de actividades de cada Entidad Promotora de Salud -EPS- de ambos regímenes (EPS-C y EPS-S) en cada municipio. Parece fácil, pero no lo es.
Actualmente las EPS-S reportan al municipio, que es el modulador e integrador del régimen subsidiado, pero las EPS-C reportan al departamento. Y si reportaran sus matrices a los municipios, tendrían que escoger si toman el dato de dónde se afilió el usuario, dónde trabaja o dónde reside, y éstos no siempre coinciden. Tómese como ejemplo un usuario hipotético que trabaja en Soledad (Atlántico), vive en un municipio vecino, pero fue afiliado por su empresa en una oficina de una EPS-C en Barranquilla. Podría pensarse que el reporte debería hacerse al municipio de residencia (y no al de afiliación, que es lo más sencillo), pero la operación administrativa para esto no es tan manejable. Aunque desde el punto de vista de salud pública, habría que hacerlo, sin duda.
Competencias de los usuarios
Este concepto resultaría especialmente novedoso, porque conecta directamente con la idea de transferencia de poder. Tal vez el único actor que no fue contemplado de manera coherente en su compromiso con el mejoramiento de la salud pública en el PNSP, fueron los usuarios del sistema, que son tratados como sujeto pasivo, algo fuera de toda consideración. La propuesta que se hace aquí es más bien cruda y requeriría un desarrollo más intenso y juicioso: Enunciar en la reglamentación del PNSP las competencias de los usuarios en salud, y no limitar la función de planeadores a los actores dominantes y los tecnócratas.
Fallos de mercado en provisión de acciones de prevención y promoción
Año tras año asistimos al sainete del plan de mejoramiento para las EPS, lo que no lleva prácticamente a nada. De hecho, el más reciente informe del Ministerio de la Protección Social a las Comisiones Séptimas del Congreso de la República, concluye en relación con el régimen contributivo que, aunque “no se presentan resultados muy deficientes generalizados por actividades (…), los indicadores centinela muestran unas alarmas preocupantes en las aseguradoras que teóricamente realizan mayores actividades de salud pública individual [sic]”. Ese permanente contrasentido tal vez sugiera la existencia de un fallo estructural del mercado de aseguramiento para las acciones de salud pública.
 
De lo curativo a lo preventivo, no al revés
La legendaria Carta de Ottawa (1986), trata como una de las estrategias fundamentales de la promoción de la salud la “reorientación de los servicios sanitarios”, y plantea al respecto que los “servicios clínicos y médicos (…) deben tomar una nueva orientación que sea sensible a las necesidades culturales de los individuos y (…) favorecer la necesidad por parte de las comunidades de una vida más sana y crear vías de comunicación entre el sector sanitario y los sectores sociales, políticos y económicos (…), [generando] un cambio de actitud y de organización de los servicios sanitarios de forma que giren en torno de las necesidades del individuo como un todo”.
Mejor dicho: reorientación de los servicios sanitarios de lo curativo a lo preventivo. En Colombia en los últimos años venimos haciendo la tarea, pero exactamente al revés. Tenemos indicadores muy precarios de cumplimiento de los objetivos regionales de salud, pero estamos manejando las más estupendas guías de atención sobre medicina basada en la evidencia. Prácticamente no hay un trabajo consolidado para el desarrollo de las aptitudes personales (riesgos en salud asociados al comportamiento), pero tenemos una creciente infraestructura para atender pacientes de alto costo: La oferta de camas de cuidados intensivos e intermedios no da abasto en las grandes ciudades y vienen en fabuloso crescendo las ventas de las multinacionales productoras de medicamentos e insumos y hasta de los prestadores de servicios de salud de alta complejidad. Gran negocio para ellos, pero mal negocio para los aseguradores y, sobre todo, para los usuarios. La plata está persiguiendo a la enfermedad, no a la salud.
Incentivos adecuados para la salud pública
En las mesas de trabajo convocadas por el Ministerio y llevadas a cabo en la Universidad CES (Medellín), dentro de la “Estrategia de Movilización Social para la Implementación del PNSP”, varios participantes llegaron a la conclusión de que existen graves problemas de incentivos e información para los secretarios de salud en el campo de la salud pública. De incentivos, porque suelen ser mucho más altos los ingresos de los gerentes de los hospitales públicos y de la red prestadora en general, que el de los actores comprometidos con la salud pública; esto es más cierto aún en los municipios pequeños (casi todos los del país), en que usualmente el gerente de la ESE gana incluso más que el alcalde y, por supuesto, mucho más que el secretario de salud y sus funcionarios. Es apenas natural entonces que los especialistas con más preparación, con más capacidades y con más contactos en lo técnico y lo político, se inclinen por vincularse a la red prestadora (no se puede asegurar que esto sea así en todos los casos, naturalmente). Esto es otro incentivo para la progresiva inclinación a la curación, y no a la salud pública.
También está el problema de información: Las secretarías de salud, a pesar de su embrollada administración, no cuentan con la inteligencia tecnológica para operar, excepto en lo referido al régimen subsidiado, en el que se ha logrado un gran avance con el instrumento “Caja de Herramientas” (Ministerio de la Protección Social, 2005). Lo referente a inspección, vigilancia y control, promoción de la salud y atención a población pobre no asegurada por subsidio a la oferta (“vinculados”), son un asunto que se administra por ensayo y error, a menos que el departamento sea harto acucioso y brinde asesoría directa y pormenorizada. Esta debilidad se hace más evidente cuando empiezan los gobiernos territoriales (como ahora en 2008), cuando ingresan en muchos municipios algunos nuevos funcionarios que a veces no tienen el menor conocimiento de la operación de estas labores.
Compárese esto con las detalladas guías clínicas y normas de atención con que cuentan los prestadores para prevención de la enfermedad (protección específica, detección temprana y atención de enfermedades de interés en salud pública), dadas por la resolución 412 de 2000 y las matrices de programación de la resolución 3384 del mismo año; incluso, este material fue revisado para la implementación del PNSP. En este período, al tiempo, se han propuesto unas guías de promoción de la salud de las que se espera mucho (aquí se ha insistido con base teórica y práctica sólidas, que esa debe ser una función esencial del Estado en el nivel nacional y territorial). Pero deberían considerarse también guías y manuales de carácter vinculante para los municipios y departamentos, en temas como inspección, vigilancia y control (contratación, interventoría y vigilancia en salud en el ámbito territorial, entre otros), atención a población pobre no asegurada, Seguridad Alimentaria y Nutricional, salud familiar o salud mental. Incluso podrían establecerse para los prestadores, en estrategias de atención altamente costo-efectivas, como son Atención Integral de las Enfermedades Prevalentes de la Infancia -AIEPI-, Instituciones Amigas de la Mujer y la Infancia -IAMI- e Instituciones Amigas de la Familia Gestante y la Infancia -IAFI-, todas bajo la misma estructura básica que de las normas y guías actuales, y en concurrencia con los municipios en el componente comunitario y colectivo de cada estrategia.
 

Aunque en esta etapa, posterior a la sanción del PNSP, estas sugerencias no tienen mucho lugar, se insiste en las disfunciones aparentemente insalvables en las acciones que la Ley 1122 de 2007 le retornan del todo a las EPS-S, subrogando implícitamente el artículo 46 de la Ley 715 de 2001, cuyo propósito podría ser dado por muy bien cumplido según la investigación en campo, “Diseño y aplicación de una encuesta para la evaluación de las acciones de prevención y promoción del Plan Obligatorio de Salud de los regímenes contributivo y subsidiado, y del logro de las metas del Plan de Atención Básica -PAB- departamental y distrital” (diciembre de 2004), dirigido por el doctor Francisco José Yepes y auspiciado por la Unión Temporal CCRP (Corporación Centro Regional de Estudios de Población) y Assalud -BDO (miembro de BDO consultores internacionales). Este estudio explica que “el gasto territorial de los recursos del 4,01% [de la Unidad de Pago por Capitación del régimen Subsidiado UPC-S, a cargo de los municipios] y la vacunación caminaron en el mismo sentido y en forma altamente asociada, con una relación casi de uno a uno entre los incrementos de gasto y el impacto en coberturas, es decir, con una eficiencia muy semejante entre los diversos municipios. Como conclusión, en forma global se observa que en la medida que los recursos descontados y ejecutados del 4,01 % de la UPC-S crecieron, entre 2002 y 2003, las coberturas de vacunación también subieron en forma correlativa”. Tal vez el problema del desaparecido 4,01% fue la falta de reporte por parte de los municipios, no la falta de resultados.
En fin, aunque esta hipótesis no sea concluyente, es importante revisarla más juiciosamente según lo que se ha hecho hasta ahora, para tomar decisiones a futuro: La prevención de la enfermedad y la promoción de la salud son provistas con mejores resultados desde las diferentes instancias del Estado.

Fe de erratas: En el artículo de enero de 2008 de esta serie, incurrí en un error de cálculo. Según el informe del Ministerio al Congreso, en 2006 había 16'029.505 afiliados al régimen contributivo (aún no hay cifras oficiales de 2007), y el valor anual que Fosyga reconoce por cada afiliado a las EPS-C para el desarrollo de actividades de promoción y prevención para 2007 fue de $15.901,20. Eso da un valor que supera los $250.000 millones al año (no $90.000 millones como escribí entonces) para la salud pública a los aseguradores del régimen contributivo, algo que ni siquiera está contemplado en la legislación y que tampoco parece estar cumpliendo su función, como se explicó entonces. La cifra a la sazón, es más que preocupante, y da idea de la necesidad de suprimir esa figura y destinar esos recursos a promoción de la salud, estrictamente a cargo del Estado.

 
 
 







 



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