DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 10    No. 125 FEBRERO DEL AÑO 2009    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

Cine y enfermedad

El dolor
humano en luces,
cámara
y
acción
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co

En “El gabinete del Doctor Caligari” (1919), de Robert Wiene, un paciente sonámbulo que durmió de corrido varios años, es despertado mediante hipnosis.
La enfermedad y el cine son tan buenos socios como la guerra y la historia. Así como los clásicos del materialismo histórico decían que la historia de la humanidad es la historia de sus guerras, en cierta medida la del cine es registro y recreación de la enfermedad y las formas de enfrentarla. La “máquina de los sueños” se convierte en el ojo que mira las pesadillas de nuestra vida cotidiana.
La preocupación por el sufrimiento humano está presente desde los comienzos del séptimo arte. Ninguna dolencia escapa al celuloide, pero la mayor parte de esta filmografía lo copan las enfermedades psiquiátricas y las infecciosas, según análisis de expertos de la Revista de Medicina y Cine de la Universidad de Salamanca. Ellos señalan que “en la era pre-antibiótica, numerosas películas mudas y sonoras fueron realizadas acerca de los peligros de la sífilis y cómo evitarla”.
Los clásicos enfermos
Cualquier lista de filmes es incompleta, siempre escapan al registro de la filmografía mundial miles de producciones marginales, underground, y hasta comerciales, ignoradas por uno u otro motivo. Por ello, éste es sólo un panorama aproximativo a una taxonomía cinepatológica.
Bastaría mencionar muchos filmes clásicos para advertir la relación cine-enfermedad. En 1919, en El gabinete del Doctor Caligari, de Robert Wiene, pionera del expresionismo alemán, un paciente sonámbulo que durmió de corrido varios años, es despertado mediante hipnosis. Las tres caras de Eva, de Nunnally Johnson (1957), es el caso real de una joven con 16 personalidades, y la inmortal Psicosis de Alfred Hitchcock (1960), pese a confundir esquizofrenia con trastorno de identidad disociativo, logra un dramatismo sin par en un relato negro donde el suspense gira en torno de la psicopatía. Doctor Zhivago (1965) de David Lean, alude al papel del médico tras el triunfo de la Revolución rusa (en la óptica norteamericana), Persona de Ingmar Bergman (1966) muestra la simbiosis entre una enfermera y una actriz convaleciente, que perdió la voz representando a Electra.
La inolvidable Love Story de Arthur Hiller (1970) es bello ejemplo del amor truncado por la temprana muerte de la novia, Taxi Driver de Martin Scorsese (1976), un caso típico de soledad y personalidad alterada, La fuerza del cariño de James Brooks (1983) está en la lista de filmes sobre enfermedades terminales, Inseparables de David Cronemberg (1988) narra la historia de dos ginecólogos gemelos, Mi pie izquierdo de Jim Sheridan (1989) trata una curiosa discapacidad física, Forrest Gump de Robert Zemeckis (1994) ganó 6 Óscar con su tensa historia de autismo, El paciente inglés de Anthony Minghella (1996) obtuvo 9 estatuillas por contar los padecimientos de una víctima quemada de la II Guerra Mundial. Todo, sin dejar de lado las patologías sociales, presentes en toda la historia del cine: El nacimiento de una Nación (1915), el ultra-racismo del Ku Klux Klan, e Intolerancia (1916), la intolerancia político-social, ambas de David Griffith; Tiempos modernos (1936) de Chaplin, sátira a la sociedad industrial; El crepúsculo de los dioses (1950) de Willy Wilder, mirada ácida al decadente Hollywood; Eva al desnudo (1950) de Joseph Mankievickz, visión mordaz del mundo del espectáculo; Apocalypse Now (1979) de Francis Ford Coppola, metáfora del horror de la guerra y la miseria humana, y Belleza americana (1999) de Sam Mendes, retrato valiente de la hipocresía social, son unos pocos ejemplos.
El cinema como hospital
El cine es un hospital en fotogramas, un museo de las dolencias humanas. Empezando por cualquiera de ellas, el listado es enorme. La amplísima gama de las enfermedades mentales y psicosomáticas la ilustra un número incontable de películas de todas las épocas y países; la patología síquica en el siglo XX, es Imperatrix Mundi. Sobre la esquizofrenia, están entre otras, Esquizofrenia de Larry Elikann, Repulsión de Polanski (1965), Spider de Cronemberg, El Club de la lucha de David Fincher, Una mente maravillosa de Ron Howard, El resplandor de Stanley Kubrick y 1% Esquizofrenia (2006) de Ione Hernández.
Sobre la demencia senil: ¿Y tú quién eres? (2007) de Antonio Mercero, e Iris (2001) de Richard Eyre. La discapacidad intelectual, Síndrome de Down, está bien dicha por El octavo día (1996), ¿Qué tienes debajo del sombrero? (2006) de Lola Barrera e Iñaki Peñafiel, León y olvido (2005) de Xavier Bermúdez, y Te quiero, Eugenio (2002) de Francisco José Fernández. La epilepsia por Buenas noches, madre (1986); la enfermedad neurológica degenerativa por Las alas de la vida de Antoni Cannet (2006); Yo soy Sam (2001) de Jessie Nelson habla de la paternidad en un discapacitado psíquico. El autismo cuenta con valiosos filmes como Rain man (1988) de Barry Levinson y Mercury rising (1998) de Harold Becker; Mr. Jones (1993), de Mike Figgis trata el trastorno bipolar; A propósito de Henry de Mike Nichols, el cambio de personalidad tras grave accidente; Despertares de Penny Marshall, un nuevo tratamiento para la enfermedad neurológica. Alguien voló sobre el nido del cuco de Milos Forman, de gran éxito con el título comercial de Atrapado sin Salida, muestra al hospital siquiátrico como cárcel y a la enfermera Diesel como gendarme; Brazil de Terry Gilian se le asimila por su alusión al terror de ciertos recintos siquiátricas.
Beatriz Vera Posseck en su libro Las imágenes de la locura, critica las películas que confunden la esquizofrenia con el trastorno de identidad disociativo (TID), subraya que habitualmente los esquizofrénicos no son violentos ni sicópatas como pretende el cine. Así, dice, se trata de encuadrar como esquizofrénicos a criminales como los de El escondite de John Polson, The crowded room de Joel Schumacher, Session 9 de Brad Anderson y varios filmes de Brian De Palma, todas alusivas al trastorno de identidad disociativo. Las dobles personalidades se ven en Cómo ser John Malkovich de Spike Jonze (1999) y Las dos caras de la verdad de Gregory Hoblit. Versiones de la clásica obra de Stevenson, Doctor Jekill y Mr. Hyde, confunden esquizofrenia con TID.
Sobre la amnesia orgánica están: Memoria letal (1996), de Renny Harbin; El gran dictador (1940) de Chaplin; El jardín de las delicias (1970), de Carlos Saura; Memento (2000), de Christopher Nolan; The Majestic (2001), de Frank Darabont, y Un hombre sin pasado (2002) de Aki Kaurismäki. En amnesia disociativa y fuga disociativa, Vera Poseck incluye, entre otras, a Recuerda (1945), de Alfred Hitchcock; De repente el último verano (1959), de Mankievicz, El mensajero del miedo, de John Frankenheimer (1962) y de Jonathan Demne (2004); La noche de los cristales rotos (1991) de Wolfgang Petersen; Morir todavía (1991), de Kenneth Branagh, y El maquinista (2004) de Brad Anderson. Beautiful boxer (2004) y Los chicos no lloran (1999), tocan el trastorno de identidad sexual.
La fase terminal reina en el cine. Y es rey el cáncer, asesino sin tiempo ni fronteras: Otoño en Nueva York de Joan Chen; W.I.T. de Mike Nichols; La mariposa azul de Lea Pool; Elegir un amor de Joel Schumacher, Quién amará a mis hijos; Dulce noviembre; Cosas que importan; Mi vida sin mí de Isabel Coixet; Mi vida de Bruce Joel Robin; The doctor; Muriendo joven; El tiempo que queda (leucemia); Quédate a mi lado de Chris Columbus; Planta cuarta (2002) de Antonio Mercero. Sobre cuadros terminales: La suerte de Emma (2006) de Sven Taddicken, Después de la boda (1996) de Sussane Bier, Las invasiones bárbaras (2003) de Denys Arcand y Tierras de penumbra (1993) de Richard Attenborough. Sobre lesiones medulares: Nacido el 4 de julio, The Waterdance, El regreso (1978), Lunas de hiel, Gattaca (1997) de Andrew Niccol, Carne trémula de Agustín Almodóvar, Mar adentro (cuadriplejia), Million dollar baby y El coleccionista de huesos.
Enfermedades “raras”
Entre otras dolencias que inundan la pantalla grande están la lepra (Diarios de motocicleta, 2004), la tuberculosis (Mi vida como un perro -1985- y filmes sobre pacientes famosos como Chopin y La dama de las camelias), sífilis (Duelo silencioso,1949), ceguera (dos versiones de Perfume de mujer), ceguera y sordomudez (Hijos de un dios menor -Randa Haines,1996- y El milagro de Ana Sullivan -Arthur Penn, 1962- y Amante inmortal, la sordera de Beethoven). Insuficiencia renal, trombosis y otros males que minaron a Mozart, caóticamente mezclados con la leyenda del supuesto envenenamiento a manos de Salieri, afloran en Amadeus de Milos Forman. La peste (El húsar en el tejado -Rappeneau, 1985); la diabetes mellitus (Magnolias de Acero, Herbert Ross 1989) y narcolepsia (Moulin Rouge). En Estallido de Wolfgang Petersen, la captura de un mono portador de fiebre hemorrágica conduce a un tratamiento milagroso contra la enfermedad. “¿Qué más quisieran los médicos y los pacientes?”, comenta Beatriz Vera Poseck.
Por el cine cruza toda suerte de “enfermedades raras” como la leontiasis ósea (La máscara, 1985), retinitis pigmentaria (Bailando en la oscuridad), acondroplasia (Vidas cruzadas, 2003), síndrome de Morquio (El inolvidable Simon Birch), porfiria intermitente aguda (La locura del Rey Jorge), adrenoleucodistrofia (El aceite de Lorenzo, George Miller, 1993), xeroderma pigmentoso (Los otros), esclerosis múltiple (Hillary y Jackie de Anand Tucker 1998, y Go Now de Winterbottom 1997), esclerosis lateral amiotrófica (El orgullo de los yanquis), síndrome de Proteo (El hombre elefante, David Lynch, 1980), espina bífida (Amor ciego), síndrome de Tourette (El código tic, 1999), fibrosis quística (Alex: La vida de un niño) y osteogénesis imperfecta (“huesos de cristal”) en Amelie (2001).
Siete cintas patológicas nominadas al Óscar en 2008, reafirman la persistencia de esta temática. El mal de Alzheimer no escapa a la lente del camarógrafo: La escafandra y la mariposa (2007), síndrome de bloqueo interno o de enclaustramiento, que paraliza del todo al paciente, sin poder siquiera respirar, pero con las funciones mentales intactas. El director Julian Schnabel la concibió como “mecanismo de auto-ayuda que nos ayudará a manejar la propia muerte”. En Lejos de ella (2007) de Sara Polley, se narra el sórdido avance e influencia en quienes rodean al paciente de Alzheimer. El hijo de la novia de Juan José Campanella (2001) trata el mismo tema.
La familia Savages explora el drama del cuidador de un enfermo de Parkinson; Tamara Jenkins, guionista y directora, lo vivió con su padre y su abuela. This girl´s life (2003), otra muestra de este mal. Sicko de Michael Moore, muestra el poder del lobby sanitario, las desigualdades de un sistema de salud, los trucos de aseguradoras codiciosas, los pacientes sin seguro. De noche, corto danés de Christian Christiansen, resalta el humor con que tres chicas asumen el cáncer en un hospital oncológico. En Freeheld de Cintia Wade, una policía con cáncer de pulmón lucha para que el esposo herede su pensión. La madre de Sari de James Longley, cuenta la historia de una niña que contrajo el sida en una transfusión de sangre.
Sida: ¿Tema del siglo?
La película ¿El presidente tiene sida? (2006) de Arnold Antonin, fue cofinanciada por la ONU, la Unión Europea y Canadá en la lucha contra el virus en Haití, país del Caribe más afectado (173.000 personas). En el crepúsculo (1997), Christopher Reeve narra las secuelas del sida en fase terminal, en el entorno familiar. En algún lugar (1994) de John Gray, una niña seropositiva es abandonada en el hospital por su madre, adicta a la heroína. En Carandiru (2003) de Héctor Babenco, un oncólogo implanta un programa preventivo en la prisión de Carandiru, Sao Paulo; el hacinamiento de miles de reclusos en horribles condiciones terminó en el famoso motín y masacre del 2 de octubre de 1992.
Otros ejemplos: El jurado (2003) de Gary Fleder, contagio de sida en una turbia trama judicial. América (2002) de Jim Sheridan, un enfermo terminal de sida; En el filo de la duda (1993) de Roger Spottiswoode, evolución de las investigaciones, dramatiza cómo se aisló el virus y el impacto en los recién infectados. Kids (1995) de Larry Clark, La vida alegre (1987) de Fernando Colomo: sida, sífilis y gonococia; Las horas (2002) de Stephen Daldry (2002); Philadelphia (1993) de Jonathan Demme (1993), diatriba a la discriminación por el sida y la homosexualidad. Trainspotting (1996) de Danny Boyle: toxoplasmosis, neumonía y contagio de sida por compartir jeringuillas de heroína; Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar (1999); Postales desde el filo; Que nada nos separe; Un año sin amor de Anahí Berneri; Voces en la noche; y Yesterday.
La relación médico-paciente y diversos enfoques de la vida hospitalaria, se ven en filmes como Las confesiones del Dr. Sachs (1999) de Michael Deville, Doctor Akagi (1998) de Randa Haines y El ángel ebrio (1948) de Akira Kurosawa, un galeno alcohólico.
Por el cine siempre rondará la patología. Y, ¿qué cosa más patológica que el amor, pretexto de la mayoría de las películas? El sabio griego Antífanes asegura que el amor es enfermedad que sólo padecen los débiles, pues un hombre en pleno uso de sus facultades es inmune a ella. Para García Márquez, “el amor es una enfermedad del hígado que ataca a quienes tienen una alimentación deficiente o una dieta rica en proteínas”. Umberto Eco en El nombre de la rosa cita la obra Speculum Amoris, donde Fray Máximo de Bologna describe el amor como enfermedad rebelde muy difícil de combatir, pues quien la sufre rehúsa ser curado. Quizás la razón la tenga Erasmo de Rótterdam, quien señala al amor como clara patología mental en Elogio de la locura; allí, la propia locura dice que los enamorados son los peores locos del mundo. En esta temática, que cada lector aporte ejemplos de sus películas preferidas e incluya su propia vida, esa película en tono de tragicomedia, donde uno es a la vez protagonista y espectador.
 



Arriba

[ Editorial | Debate | Opinión | Monitoreo | Generales | Columna Jurídica | Cultural | Breves ]

COPYRIGHT © 2001 Periódico El PULSO
Prohibida su reproducción total o parcial, así como su traducción a cualquier idioma sin autorización escrita de su titular
. Reproduction in whole or in part, or translation without written permission is prohibited. All rights reserved