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Cine y enfermedad
El
dolor
humano en luces, cámara
y acción
Hernando
Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
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En El gabinete del Doctor Caligari
(1919), de Robert Wiene, un paciente sonámbulo que
durmió de corrido varios años, es despertado
mediante hipnosis.
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La enfermedad y el
cine son tan buenos socios como la guerra y la historia. Así
como los clásicos del materialismo histórico decían
que la historia de la humanidad es la historia de sus guerras,
en cierta medida la del cine es registro y recreación
de la enfermedad y las formas de enfrentarla. La máquina
de los sueños se convierte en el ojo que mira las
pesadillas de nuestra vida cotidiana.
La preocupación por el sufrimiento humano está
presente desde los comienzos del séptimo arte. Ninguna
dolencia escapa al celuloide, pero la mayor parte de esta filmografía
lo copan las enfermedades psiquiátricas y las infecciosas,
según análisis de expertos de la Revista de Medicina
y Cine de la Universidad de Salamanca. Ellos señalan
que en la era pre-antibiótica, numerosas películas
mudas y sonoras fueron realizadas acerca de los peligros de
la sífilis y cómo evitarla.
Los clásicos enfermos
Cualquier lista de filmes es incompleta, siempre escapan al
registro de la filmografía mundial miles de producciones
marginales, underground, y hasta comerciales, ignoradas por
uno u otro motivo. Por ello, éste es sólo un panorama
aproximativo a una taxonomía cinepatológica.
Bastaría mencionar muchos filmes clásicos para
advertir la relación cine-enfermedad. En 1919, en El
gabinete del Doctor Caligari, de Robert Wiene, pionera del expresionismo
alemán, un paciente sonámbulo que durmió
de corrido varios años, es despertado mediante hipnosis.
Las tres caras de Eva, de Nunnally Johnson (1957), es el caso
real de una joven con 16 personalidades, y la inmortal Psicosis
de Alfred Hitchcock (1960), pese a confundir esquizofrenia con
trastorno de identidad disociativo, logra un dramatismo sin
par en un relato negro donde el suspense gira en torno de la
psicopatía. Doctor Zhivago (1965) de David Lean, alude
al papel del médico tras el triunfo de la Revolución
rusa (en la óptica norteamericana), Persona de Ingmar
Bergman (1966) muestra la simbiosis entre una enfermera y una
actriz convaleciente, que perdió la voz representando
a Electra. |
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La inolvidable Love Story de
Arthur Hiller (1970) es bello ejemplo del amor truncado por
la temprana muerte de la novia, Taxi Driver de Martin Scorsese
(1976), un caso típico de soledad y personalidad alterada,
La fuerza del cariño de James Brooks (1983) está
en la lista de filmes sobre enfermedades terminales, Inseparables
de David Cronemberg (1988) narra la historia de dos ginecólogos
gemelos, Mi pie izquierdo de Jim Sheridan (1989) trata una curiosa
discapacidad física, Forrest Gump de Robert Zemeckis
(1994) ganó 6 Óscar con su tensa historia de autismo,
El paciente inglés de Anthony Minghella (1996) obtuvo
9 estatuillas por contar los padecimientos de una víctima
quemada de la II Guerra Mundial. Todo, sin dejar de lado las
patologías sociales, presentes en toda la historia del
cine: El nacimiento de una Nación (1915), el ultra-racismo
del Ku Klux Klan, e Intolerancia (1916), la intolerancia político-social,
ambas de David Griffith; Tiempos modernos (1936) de Chaplin,
sátira a la sociedad industrial; El crepúsculo
de los dioses (1950) de Willy Wilder, mirada ácida al
decadente Hollywood; Eva al desnudo (1950) de Joseph Mankievickz,
visión mordaz del mundo del espectáculo; Apocalypse
Now (1979) de Francis Ford Coppola, metáfora del horror
de la guerra y la miseria humana, y Belleza americana (1999)
de Sam Mendes, retrato valiente de la hipocresía social,
son unos pocos ejemplos.
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El
cinema como hospital
El cine es un hospital en fotogramas, un museo de las
dolencias humanas. Empezando por cualquiera de ellas, el listado
es enorme. La amplísima gama de las enfermedades mentales
y psicosomáticas la ilustra un número incontable
de películas de todas las épocas y países;
la patología síquica en el siglo XX, es Imperatrix
Mundi. Sobre la esquizofrenia, están entre otras, Esquizofrenia
de Larry Elikann, Repulsión de Polanski (1965), Spider
de Cronemberg, El Club de la lucha de David Fincher, Una mente
maravillosa de Ron Howard, El resplandor de Stanley Kubrick
y 1% Esquizofrenia (2006) de Ione Hernández.
Sobre la demencia senil: ¿Y tú quién eres?
(2007) de Antonio Mercero, e Iris (2001) de Richard Eyre. La
discapacidad intelectual, Síndrome de Down, está
bien dicha por El octavo día (1996), ¿Qué
tienes debajo del sombrero? (2006) de Lola Barrera e Iñaki
Peñafiel, León y olvido (2005) de Xavier Bermúdez,
y Te quiero, Eugenio (2002) de Francisco José Fernández.
La epilepsia por Buenas noches, madre (1986); la enfermedad
neurológica degenerativa por Las alas de la vida de Antoni
Cannet (2006); Yo soy Sam (2001) de Jessie Nelson habla de la
paternidad en un discapacitado psíquico. El autismo cuenta
con valiosos filmes como Rain man (1988) de Barry Levinson y
Mercury rising (1998) de Harold Becker; Mr. Jones (1993), de
Mike Figgis trata el trastorno bipolar; A propósito de
Henry de Mike Nichols, el cambio de personalidad tras grave
accidente; Despertares de Penny Marshall, un nuevo tratamiento
para la enfermedad neurológica. Alguien voló sobre
el nido del cuco de Milos Forman, de gran éxito con el
título comercial de Atrapado sin Salida, muestra al hospital
siquiátrico como cárcel y a la enfermera Diesel
como gendarme; Brazil de Terry Gilian se le asimila por su alusión
al terror de ciertos recintos siquiátricas. |
Beatriz Vera Posseck en su libro
Las imágenes de la locura, critica las películas
que confunden la esquizofrenia con el trastorno de identidad
disociativo (TID), subraya que habitualmente los esquizofrénicos
no son violentos ni sicópatas como pretende el cine.
Así, dice, se trata de encuadrar como esquizofrénicos
a criminales como los de El escondite de John Polson, The crowded
room de Joel Schumacher, Session 9 de Brad Anderson y varios
filmes de Brian De Palma, todas alusivas al trastorno de identidad
disociativo. Las dobles personalidades se ven en Cómo
ser John Malkovich de Spike Jonze (1999) y Las dos caras de
la verdad de Gregory Hoblit. Versiones de la clásica
obra de Stevenson, Doctor Jekill y Mr. Hyde, confunden esquizofrenia
con TID.
Sobre la amnesia orgánica están: Memoria letal
(1996), de Renny Harbin; El gran dictador (1940) de Chaplin;
El jardín de las delicias (1970), de Carlos Saura; Memento
(2000), de Christopher Nolan; The Majestic (2001), de Frank
Darabont, y Un hombre sin pasado (2002) de Aki Kaurismäki.
En amnesia disociativa y fuga disociativa, Vera Poseck incluye,
entre otras, a Recuerda (1945), de Alfred Hitchcock; De repente
el último verano (1959), de Mankievicz, El mensajero
del miedo, de John Frankenheimer (1962) y de Jonathan Demne
(2004); La noche de los cristales rotos (1991) de Wolfgang Petersen;
Morir todavía (1991), de Kenneth Branagh, y El maquinista
(2004) de Brad Anderson. Beautiful boxer (2004) y Los chicos
no lloran (1999), tocan el trastorno de identidad sexual.
La fase terminal reina en el cine. Y es rey el cáncer,
asesino sin tiempo ni fronteras: Otoño en Nueva York
de Joan Chen; W.I.T. de Mike Nichols; La mariposa azul de Lea
Pool; Elegir un amor de Joel Schumacher, Quién amará
a mis hijos; Dulce noviembre; Cosas que importan; Mi vida sin
mí de Isabel Coixet; Mi vida de Bruce Joel Robin; The
doctor; Muriendo joven; El tiempo que queda (leucemia); Quédate
a mi lado de Chris Columbus; Planta cuarta (2002) de Antonio
Mercero. Sobre cuadros terminales: La suerte de Emma (2006)
de Sven Taddicken, Después de la boda (1996) de Sussane
Bier, Las invasiones bárbaras (2003) de Denys Arcand
y Tierras de penumbra (1993) de Richard Attenborough. Sobre
lesiones medulares: Nacido el 4 de julio, The Waterdance, El
regreso (1978), Lunas de hiel, Gattaca (1997) de Andrew Niccol,
Carne trémula de Agustín Almodóvar, Mar
adentro (cuadriplejia), Million dollar baby y El coleccionista
de huesos.
Enfermedades raras
Entre otras dolencias que inundan la pantalla grande están
la lepra (Diarios de motocicleta, 2004), la tuberculosis (Mi
vida como un perro -1985- y filmes sobre pacientes famosos como
Chopin y La dama de las camelias), sífilis (Duelo silencioso,1949),
ceguera (dos versiones de Perfume de mujer), ceguera y sordomudez
(Hijos de un dios menor -Randa Haines,1996- y El milagro de
Ana Sullivan -Arthur Penn, 1962- y Amante inmortal, la sordera
de Beethoven). Insuficiencia renal, trombosis y otros males
que minaron a Mozart, caóticamente mezclados con la leyenda
del supuesto envenenamiento a manos de Salieri, afloran en Amadeus
de Milos Forman. La peste (El húsar en el tejado -Rappeneau,
1985); la diabetes mellitus (Magnolias de Acero, Herbert Ross
1989) y narcolepsia (Moulin Rouge). En Estallido de Wolfgang
Petersen, la captura de un mono portador de fiebre hemorrágica
conduce a un tratamiento milagroso contra la enfermedad. ¿Qué
más quisieran los médicos y los pacientes?,
comenta Beatriz Vera Poseck.
Por el cine cruza toda suerte de enfermedades raras
como la leontiasis ósea (La máscara, 1985), retinitis
pigmentaria (Bailando en la oscuridad), acondroplasia (Vidas
cruzadas, 2003), síndrome de Morquio (El inolvidable
Simon Birch), porfiria intermitente aguda (La locura del Rey
Jorge), adrenoleucodistrofia (El aceite de Lorenzo, George Miller,
1993), xeroderma pigmentoso (Los otros), esclerosis múltiple
(Hillary y Jackie de Anand Tucker 1998, y Go Now de Winterbottom
1997), esclerosis lateral amiotrófica (El orgullo de
los yanquis), síndrome de Proteo (El hombre elefante,
David Lynch, 1980), espina bífida (Amor ciego), síndrome
de Tourette (El código tic, 1999), fibrosis quística
(Alex: La vida de un niño) y osteogénesis imperfecta
(huesos de cristal) en Amelie (2001).
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Siete cintas patológicas
nominadas al Óscar en 2008, reafirman la persistencia
de esta temática. El mal de Alzheimer no escapa a la
lente del camarógrafo: La escafandra y la mariposa
(2007), síndrome de bloqueo interno o de enclaustramiento,
que paraliza del todo al paciente, sin poder siquiera respirar,
pero con las funciones mentales intactas. El director Julian
Schnabel la concibió como mecanismo de auto-ayuda
que nos ayudará a manejar la propia muerte. En
Lejos de ella (2007) de Sara Polley, se narra el sórdido
avance e influencia en quienes rodean al paciente de Alzheimer.
El hijo de la novia de Juan José Campanella (2001)
trata el mismo tema.
La familia Savages explora el drama del cuidador de un enfermo
de Parkinson; Tamara Jenkins, guionista y directora, lo vivió
con su padre y su abuela. This girl´s life (2003), otra
muestra de este mal. Sicko de Michael Moore, muestra el poder
del lobby sanitario, las desigualdades de un sistema de salud,
los trucos de aseguradoras codiciosas, los pacientes sin seguro.
De noche, corto danés de Christian Christiansen, resalta
el humor con que tres chicas asumen el cáncer en un
hospital oncológico. En Freeheld de Cintia Wade, una
policía con cáncer de pulmón lucha para
que el esposo herede su pensión. La madre de Sari de
James Longley, cuenta la historia de una niña que contrajo
el sida en una transfusión de sangre.
Sida: ¿Tema del siglo?
La película ¿El presidente tiene sida?
(2006) de Arnold Antonin, fue cofinanciada por la ONU, la
Unión Europea y Canadá en la lucha contra el
virus en Haití, país del Caribe más afectado
(173.000 personas). En el crepúsculo (1997), Christopher
Reeve narra las secuelas del sida en fase terminal, en el
entorno familiar. En algún lugar (1994) de John Gray,
una niña seropositiva es abandonada en el hospital
por su madre, adicta a la heroína. En Carandiru (2003)
de Héctor Babenco, un oncólogo implanta un programa
preventivo en la prisión de Carandiru, Sao Paulo; el
hacinamiento de miles de reclusos en horribles condiciones
terminó en el famoso motín y masacre del 2 de
octubre de 1992.
Otros ejemplos: El jurado (2003) de Gary Fleder, contagio
de sida en una turbia trama judicial. América (2002)
de Jim Sheridan, un enfermo terminal de sida; En el filo de
la duda (1993) de Roger Spottiswoode, evolución de
las investigaciones, dramatiza cómo se aisló
el virus y el impacto en los recién infectados. Kids
(1995) de Larry Clark, La vida alegre (1987) de Fernando Colomo:
sida, sífilis y gonococia; Las horas (2002) de Stephen
Daldry (2002); Philadelphia (1993) de Jonathan Demme (1993),
diatriba a la discriminación por el sida y la homosexualidad.
Trainspotting (1996) de Danny Boyle: toxoplasmosis, neumonía
y contagio de sida por compartir jeringuillas de heroína;
Todo sobre mi madre de Pedro Almodóvar (1999); Postales
desde el filo; Que nada nos separe; Un año sin amor
de Anahí Berneri; Voces en la noche; y Yesterday.
La relación médico-paciente y diversos enfoques
de la vida hospitalaria, se ven en filmes como Las confesiones
del Dr. Sachs (1999) de Michael Deville, Doctor Akagi (1998)
de Randa Haines y El ángel ebrio (1948) de Akira Kurosawa,
un galeno alcohólico.
Por el cine siempre rondará la patología. Y,
¿qué cosa más patológica que el
amor, pretexto de la mayoría de las películas?
El sabio griego Antífanes asegura que el amor es enfermedad
que sólo padecen los débiles, pues un hombre
en pleno uso de sus facultades es inmune a ella. Para García
Márquez, el amor es una enfermedad del hígado
que ataca a quienes tienen una alimentación deficiente
o una dieta rica en proteínas. Umberto Eco en
El nombre de la rosa cita la obra Speculum Amoris, donde Fray
Máximo de Bologna describe el amor como enfermedad
rebelde muy difícil de combatir, pues quien la sufre
rehúsa ser curado. Quizás la razón la
tenga Erasmo de Rótterdam, quien señala al amor
como clara patología mental en Elogio de la locura;
allí, la propia locura dice que los enamorados son
los peores locos del mundo. En esta temática, que cada
lector aporte ejemplos de sus películas preferidas
e incluya su propia vida, esa película en tono de tragicomedia,
donde uno es a la vez protagonista y espectador.
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