MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 11    No. 143 AGOSTO DEL AÑO 2010    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

Reflexión del mes

“Si alguien busca la salud, pregúntale si está dispuesto a evitar en el futuro las causas de la enfermedad; en caso contrario, abstente de ayudarle”.
Sócrates (470 AC-399 AC). Filósofo ateniense. No escribió nada y no creó una escuela filosófica: las escuelas socráticas las crearon sus seguidores. Por no colaborar con el régimen de los 30 Tiranos, lo acusaron de "no honrar a los dioses que honra la ciudad" y "corromper a la juventud". Condenado a muerte se negó a ir al destierro o aceptar la evasión que le ofrecían sus amigos, por ser contrario a sus principios, y bebió la cicuta.

 

La culpa es... ¡de la vaca!
Tomando prestado el título del libro de J. Lopera y M. Bernal, “La culpa es de la vaca”, quiero señalar que la crisis de nuestro sistema de salud tiene raíces profundas que subyacen al comportamiento de sus agentes, y que son ésas causas las verdaderas responsables del problema, pues promovieron el actuar de todos y cada uno de ellos. Culpar en particular sólo a los actores del sistema por sus actuaciones de mercado, es una parodia similar a la descrita en un capítulo del libro, escrito por Fernando Cepeda.

Resulta que hace tiempo se quiso saber por qué nuestro país no exportaba cueros y manufacturas: se contrató a un 'experto' para que lo averiguara e indicara causas y responsables. Éste, primero encuestó a 2.000 representantes de almacenes de cuero en Colombia, resultando que los productos eran de baja calidad y precios muy altos; luego preguntó a los fabricantes, quienes respondieron que los cueros no eran aptos y que no podían comprar mejores porque tenían aranceles del 15%; consultó entonces a dueños de curtimbres, que argumentaron que los cueros tenían defectos por mal manejo en los mataderos, imposible dar buenos acabados; el investigador fue con los matarifes, quienes le señalaron que los ganaderos marcaban las reses por todas partes y no las trataban contra garrapatas, lo que dañaba las pieles; y al hablar con los dueños de las fincas, éstos señalaron que la culpa tampoco era de ellos, sino de las estúpidas vacas que se arrimaban a los alambrados de púas para rascarse, razón por la que se rayaban. Por tanto quedó claro, si desde la fuente misma el cuero se estropeaba, no podían hacerse buenos productos. La conclusión final del 'experto' para explicar por qué en nuestro país no se exportaban cuero y sus productos, fue sin duda: la culpa era… ¡de la vaca!
¿Se les parece esto en algo a lo que viene sucediendo en el último período en el sistema de salud? 'No, la culpa es de los precios de medicamentos; no, que es de la propiedad intelectual y los TLC; no, que el gobierno impone restricciones a los registros de medicamentos; es que hay que hacer importaciones paralelas; no, que la culpa es de la política de control de precios; es que nos les pagan a las EPS, que tampoco a las IPS; que los culpables son las EPS, no, los hospitales, no, las farmacéuticas; es que los médicos prescriben por fuera del POS; que los jueces y las tutelas acabaron al Fosyga; que los que ponen tutelas son abusivos; que los entes territoriales se van a quebrar…'. En fin, una miríada de dedos acusadores señalando para todos lados, menos a donde es.
Por supuesto que al actuar de cada agente del sistema le cabe una porción de responsabilidad por lo que sucede. Negar eso sería una necedad, pero de ahí a que se le pueda endilgar la carga de toda la crisis en salud a uno en particular, es tan necio como creer que no hay co-responsabilidades. Y por desgracia, parece que hay muchos necios tratando de despistar a todos, concitando que la culpa es… ¡de la vaca!
La crisis del sistema de salud ha venido construyéndose paso a paso durante todos estos años, y cada vez que ha querido saberse qué pasa, aparecen docenas de diagnósticos y recomendaciones, las cuales usualmente también hay que decirlo, se han desechado una y otra vez. Entre muchas cosas, se dijo que para asegurar la viabilidad del Sistema de Seguridad Social en Salud (SGSSS) había que actualizar el Plan Obligatorio de Salud (POS) periódicamente, asegurar fuentes estables de financiación, aplicar los recursos eficientemente y desarrollar mecanismos técnicos para la toma de decisiones correctas. En resumen, cuatro columnas para sostener el sistema de salud. Simple.
Mecanismos técnicos para toma de decisiones: Pues nada. ¿Y la Agencia de Evaluación de Tecnología de salud? O, ¿el Sistema Integrado de Información con estadísticas financieras y epidemiológicas? ¿Y el Observatorio del Sistema? ¿Y el Defensor del Usuario de salud? ¿O dónde están las series del estudio anual de frecuencias de uso y cálculos actuariales? No tener información confiable y veraz en el SGSSS es una pesadilla: todos tienen 'su información', contradictoria y parcial, lo que impide tomar decisiones certeras y técnicas. Y claro, las que se tomaron parece que no fueron siempre las más adecuadas, pues de otro modo no estaríamos en semejante crisis.
Asegurar fuentes de financiación estables: Sobre los líos de financiación talvez no deba extenderme; hay tantos otros más conocedores del asunto. Pero no hay que olvidar que el SGSSS se proyectó con supuestos macroeconómicos que no se dieron: no creció la economía por encima del 5% anual en todo este tiempo, no se generaron los niveles de empleo que soportarían los aportes al régimen contributivo, y de 1994 a 2007 a todos los gobiernos 'se les olvidó' aportar el paripassu -la cuenta asciende a más de $5 billones-. Además, al no contar con mecanismos suficientes de control de una parte, y al instaurarse en la economía la informalidad y el subempleo de la otra, la evasión y la elusión fueron 'des-financiadoras' protagónicas del sistema. Hubo así una larga cadena de 'atentados' contra la viabilidad financiera del SGSSS al irle quitando recursos, y montándole cargas.
Aplicación eficiente de los recursos: Para nadie es secreto que la corrupción y la politiquería siempre han asediado a los recursos de salud: incluso parece que han terminado financiando el conflicto, de acuerdo con noticias frecuentes que al respecto publican los medios. Recordando al finado senador, Luis Guillermo Vélez, quién siempre preguntó: ¿Dónde están los recursos de la salud?, habría que decir después de 3 lustros de 'Ley 100', que enredados en interminables cadenas de intermediación, en carteras infinitas y deudas impagables, en quiebras, o algunos sepultados en ladrillos. Todo indica que el sistema está estructurado de manera tal, que el flujo de recursos es ineficiente por definición y que genera inmensas fugas de capital, sobre-costos que nadie tiene idea cuánto valen. Los últimos cálculos del valor total de los recursos que mueve el sistema de salud indican, que no sólo hay recursos para los 45 millones de colombianos, sino que además, podríamos incrementar el valor de la UPC en unos 15 puntos.
Finalmente, hay que concentrarse en un 'problema' del que pocos hablan, pero que terminó siendo la hidra de mil cabezas, el gran generador de la crisis: mantener desactualizados los contenidos del POS por más de 16 años propició las formas de comportamiento de todos los agentes y participantes en el sistema; es lo que invitó a que jueces y tutelas terminen intentando resolver lo que no hizo el Consejo de Seguridad Social de Salud, ni el Ministerio de la Protección Social, ni la Comisión de Regulación en Salud (CRES); fue lo que al final disparó los reclamos por Comités Técnico-Científicos (CTC) y tutelas, los recobros; y lo que terminó incitando a la Corte para que mediante sentencias tratara de organizar la atención de servicios de salud.
No se olvide que los listados de procedimientos, servicios y medicamentos del POS se construyeron con información del Seguro Social (ISS) de 1986, asimismo las frecuencias de uso y los manuales, y que los cálculos actuariales se adaptaron de un estudio de Carga de la Enfermedad de Méjico de 1989. Considerando todo eso con los perfiles epidemiológicos que se tenían del país de la época, se construyeron los planes de beneficios del POS y sus notas técnicas. Aunque los planes eran bastante acabados, ya en 1994 cuando se establecieron, había muchos 'beneficios' desactualizados o que la evidencia científica no ratificaba: no se incluían cirugías laparoscópicas casi de ningún tipo, ni stents; se incluían medicamentos cuyas indicaciones incluso se contraindicaban, como Hidralazina tabs. de 20 mg para tratamiento de hipertensión, o medicamentos desactualizados como Lovastatina para la hipercolesterolemia, que tenían alternativas tan baratas como Atorvastatina; o se autorizaban estudios diagnósticos pero no los insumos para hacerlos. Pero bueno, había la oportunidad de actualizar esos listados: la Ley 100 ordenaba hacerlo cada 2 años; y lo ordenó también la Ley 1122 de 2007; y las sentencias de la Corte... y el sentido común. Fuera de hacerle algunas incorporaciones específicas que no daban espera, pasaba el tiempo e increíblemente nunca se actualizó el POS.
Además, pronto se vio que los listados ofrecían posibilidades de interpretación: lo que para IPS, médicos y pacientes estaba incluido, para EPS y entes territoriales no; lo que para el Ministerio de Salud (luego de la Protección Social) y la Supersalud era obvio, para el de Hacienda no. Así nacieron las 'zonas grises', porciones en conflicto de los listados o beneficios, que con el tiempo se volvieron tierra de nadie y cada vez eran más anchas; tierra abonada para pleitos, glosas, CTC, tutelas, en resumen, para los recobros.
Con listados de insumos, dispositivos, procedimientos y medicamentos del POS desactualizados, miles de médicos estuvieron estos años en medio de una prensa de intereses, en la que primaba 'la salud' del sistema o de sus agentes sobre la de sus pacientes, como se vio de forma patética en disposiciones de la caída emergencia social.
En el sistema, todo y todos terminaron yendo en contra del mismo ante la abulia sin parangón de sus rectores. Así que ante el requerimiento de un tratamiento ubicado en la 'zona gris' el recobro se volvió la solución, mediado por CTC o tutela; igualmente el tratamiento o insumos y medicamentos para enfermedades por fuera del POS; y de allí a los abusos de quienes exigían cirugías sólo en el exterior o de la inconsciencia de jueces que ordenaban trasplantes de corazón en 48 horas, no había sino un paso… que se dio.
La verdadera causa de la hemorragia de los recobros fue no haber actualizado nunca técnicamente el POS. En el último año, el Ministerio de la Protección Social expidió y aplicó unas 30 normas -buena parte empujadas por la premura o algunos 'visionarios' que las aconsejaron-, y el resultado no ha sido más magro: de $1,8 billones en 2009 pagados por recobros No-POS, para este año se proyectan pagos entre $2,4 y $3 billones.
La crisis del sistema de salud es multi-causal, y dentro de la misma, el incremento de los recobros se debe a la no actualización del POS. Sin embargo y a pesar de todo, pareciera que algunos siguen pensado que la culpa... ¡es de la vaca!.

 
  Bioética
En los tiempos que vivimos la libertad se convirtió en bandera de miles de programas políticos, religiosos, etc., constructivos unos, destructivos otros, y hasta de absurdos reclamos como la libertad de escoger el “género” al que se desea pertenecer, haciendo caso omiso del sexo que es lo que caracteriza -por su constitución biológica, quiérase o no-, al ser humano y a otras criaturas del reino animal y vegetal como machos o hembras.

El concepto de libertad tiene un significado más profundo y es el que Jesús de Nazaret le confiere cuando según Marcos 2, 27 y 28, proclama: «El sábado se ha hecho para el hombre y no el hombre para el sábado». Él, el Hijo de Dios, enseña, en una cultura esencialmente teocrática, que el hombre por su condición de ser libre y dignidad intrínseca, puede y debe decidir cuál conducta llevará a cabo frente a una o más opciones, y luego debe responder por su libre elección, aún en cuestiones religiosas.
Hoy en día, por la cultura predominante tolerada y difundida inclusive por quienes debido a su autoridad natural, como los padres de familia, o por autoridad delegada a su misión u oficio, como los maestros y diferentes ministerios que deben ocuparse de la auténtica formación del ser humano, se contribuye a su deshumanización al basar dicho proceder en el equívoco concepto de “libre desarrollo de la personalidad”, de que los derechos del niño son primordiales pero olvidando que los derechos emanan de deberes o que al menos deben corresponderse para no crear desequilibrios destructores y peligrosos para la supervivencia de la misma sociedad.
Debido a esa peculiaridad cultural, muchos de nuestros jóvenes consideran que la historia se inicia con ellos, que todo pasado es desechable, que las tradiciones de sus antepasados carecen de valor y que sólo el hedonismo, el éxito económico y social conseguido pronto y a cualquier precio es lo que le imprime sentido a la vida. El estudio o el trabajo honesto se constituye según su concepto en una nimiedad que solamente tiene sentido para quienes tienen como lema aquello de que “papaya dada -o papaya pelada-, papaya comida”. Como consecuencia crecen los delitos, la injusticia o mejor de la justicia venal, la compra y venta de conciencias, porque cuando todo vale nada vale.
Esta cultura de la destrucción no es exclusiva de los tiempos modernos, ha surgido con mayor o menor ímpetu desde cuando el ser humano existe y sería provechoso para quienes adhieren a ella, el reflexionar que están recorriendo los senderos que han traído a la humanidad vergonzosos episodios de crueldad desde los más antiguos tiempos hasta años recientes: Nabucodonosor, Atila, Nerón, Stalin, Hitler, etc.
NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.

 

 
 











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