EDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 11    No. 144 SEPTIEMBRE DEL AÑO 2010    ISSN 0124-4388    elpulso@elhospital.org.co

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Un milagro para la salud
confiado a Santos y Santa María

A la hora de evaluar un sistema de salud, hay que revisar si fue efectivo para recuperar o mantener los niveles de salud de la población. Esa es su esencia, su razón de ser.
Y al mirar retrospectivamente el sistema de salud en Colombia, hay que reconocer que aumentó la cobertura del aseguramiento, pero que tener un carnet no significa acceso al servicio; que aumentó las coberturas útiles de vacunación, pero cayeron otros indicadores importantes de salud pública; que población que antes ni soñaba con acceder a consulta con especialistas y servicios de alta complejidad, ha podido beneficiarse de los últimos avances en conocimiento de la ciencia médica y la tecnología; que población de lugares apartados del país logró acceder a un mejor servicio de salud. E indiscutiblemente, que alrededor del mundo de la salud se creó toda una estructura financiera que en 2009 movió más de $30 billones de pesos, con base en la destinación de alrededor del 8 por ciento del PIB, convirtiéndolo en uno de los sectores más dinámicos de la economía colombiana. Todos esos fueron logros importantes que no hay que desconocer.
Pero igualmente, hay que reconocer las enormes grietas del sistema luego de casi 17 años de su creación. Sí: tenemos muy presente que el Sistema General de Seguridad Social se construyó sobre unos supuestos y presupuestos que no se cumplieron. Pero hay que reconocer que se propuso alcanzar la universalización de la cobertura y la igualación de planes de beneficios antes de 2001, y no alcanzó ninguna de las dos metas. Que el gobierno no aportó el “pari passu” que le correspondía y hoy esa cuenta asciende a más de $5 billones (cuya falta contribuyó a la desfinanciación del sistema). Que se invirtió el objetivo del 70-30, con más afiliados en el subsidiado que en el contributivo, cuando la expectativa era la contraria. Que no existe la suficiente inspección, vigilancia y control, y esto provocó que cada actor incumpliera muchas de sus responsabilidades con el sistema y que algunos incurrieran en abuso de posición dominante y descarados casos de corrupción que llevaron al sistema al borde del colapso, y que luego cínicamente quisieron echar la culpa del hueco financiero que ellos causaron con incumplimiento de pagos y de la normatividad legal, a los usuarios y a los médicos.
Por eso ante la llegada del nuevo gobierno, todos los actores y espectadores del sistema de salud no han faltado con propuestas que buscan aportar a la resolución de la grave crisis del sistema. Pero adviértase que la Corte Constitucional en la sentencia que tumbó la emergencia social, alertó no llamarse a engaños y reconocer que la crisis no era sobreviniente sino estructural y de tiempo atrás (más de una década). Entonces como los problemas son viejos, las soluciones también se han planteado de tiempo atrás y no tienen mucho de novedad.
Los objetivos que se plantean no son simples ni fáciles de alcanzar, empezando por lograr las metas propuestas desde el inicio del sistema, como la cobertura universal y la unificación de planes de beneficios, pasando por asegurar la sostenibilidad financiera del sistema, la accesibilidad y la garantía de calidad en el servicio de salud. Y lo más importante, como decíamos al principio: recuperar o mantener los niveles de salud de la población, teniendo siempre en el centro del foco a los usuarios. Recuperar ¡por fin!, la salud pública.
Semejante tarea no puede hacerla una fuerza única: tal y como lo propuso la Corte en la sentencia que declaró inexequible la emergencia social, ésta debe ser una labor profunda, de cara al país, con participación de todos los competentes -Legislativo, Ejecutivo, Judicial-, escuchando conceptos de los técnicos y gobernando con fortaleza.
Los recursos escasean, la atención a los pacientes deja que desear, la prevención de la enfermedad brilla por su ausencia, el precio de los medicamentos es inalcanzable y la corrupción campea entre muchos agentes del sistema de salud. Por eso las soluciones también se reclaman con carácter de urgencia: y ahí estamos todos a una.
Así las cosas, es entonces mucha la fe pero también el temor, en la gestión del nuevo gobierno para enderezar el rumbo de un sistema de salud en jaque por las grandes presiones económicas, la corrupción y el juego de intereses de los actores del sistema. Pero lo fundamental es no olvidar el norte: un sistema que mejore la salud de los colombianos.

 




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