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¿Será
cierto que entre los médicos se tapan errores
fatales con sus pacientes, así como entre bomberos no
se pisan las mangueras? ¿Qué tanta responsabilidad
atañe a los hospitales por las infecciones nosocomiales?
Lo único innegable son los muertos que resultan. A estas
y otras preguntas eternas de nuestra medicina contesta un veterano
de muchas guerras en la medicina legal, el doctor César
Augusto Giraldo Giraldo, ratón científico de anfiteatro,
el legista que hubiera querido tener Sherlock Holmes para descifrar
sus enigmas, uno |
de
los magos que llevaron las ciencias forenses en Colombia de
su postración medieval a la altura científica
y tecnológica de hoy.
Médico patólogo y profesor de la Facultad de Medicina
de la Universidad de Antioquia, Jefe del Departamento de Patología
del Hospital San Vicente de Paúl, director seccional
del Instituto de Medicina Legal y Ciencias Forenses, hoy alejado
de morgues y necropsias, distante del mundo de los muertos y
más cercano a los daños corporales y mentales
de los vivos, puede hablar con plena autoridad: Hemos
podido desmitificar eso de que 'los médicos se tapan'
cuando hay error médico, lo decimos con toda claridad,
ello nos ha valido demandas de médicos que no les gusta
el dictamen, pero somos inmunes a todo tipo de presión.
Las fallas de la actividad médica como tal no son tan
frecuentes: son más las fallas del sistema, la falta
de oportunidad en la atención, el largo trámite
de las autorizaciones con las EPS; al médico le dan muy
poquitico tiempo para atender al paciente, la ley pone limitaciones,
demoran horrible las interconsultas con especialistas.
Dijo que con la salud como derecho fundamental, subieron mucho
las demandas por supuestos errores en el ejercicio médico
(daños en la salud, por acción u omisión
de un diagnóstico), sobre los cuales dictamina con autoridad
la Universidad CES donde labora.
Agregó que los programas de medicina en Colombia siempre
han enfocado la docencia de la medicina legal a lo penal y con
la judicialización de la salud por la Constitución
del 91, los médicos salen sin una visión de su
responsabilidad civil, el gerente del hospital y el médico
recién egresado no se saben defender de demandas, en
principio por $25 o 30 millones en fallos de primera instancia,
a los 6 o 7 años el monto llega a $400 o $500 millones,
y si va al Consejo de Estado a otros tantos miles de millones
de pesos que hacen cerrar el hospital. |
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César Augusto
Giraldo es uno de los
grandes de la medicina forense en Latinoamérica.
Tantos años en contacto científico con la muerte,
son a la vez un gran testimonio de vida.
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Aseveró
el facultativo: La gran diferencia es que las IPS privadas
se defienden como 'gatos patas arriba' con su 'pool' de abogados
hábiles, el sector público no los tiene (en la
IPS del Seguro Social ni siquiera contestaban las demandas).
Algunas demandas son contra hospitales retiradísimos
como el de Ituango (Antioquia), por no hacer lo que hace la
Clínica Harvard; citan bibliografías sofisticadas,
hacen ver al pobre médico del pueblo como un ignorante.
Eso es muy bonito en Harvard, en Boston, pero en Ituango a media
noche y con las uñas, el médico hace lo que puede
hacer.
Infección intrahospitalaria
El científico señaló que abunda
la literatura de infecciones intrahospitalarias en materia de
costos y morbi-mortalidad, pero apenas se escriben los primeros
capítulos sobre responsabilidad médico-legal:
Algunas veces en transmisión de hepatitis B o C
por transfusiones, cabe toda la culpa al hospital por usar instrumental
contaminado, pero otras veces la infección es inevitable.
A pacientes con quemaduras extensas y a otros en cuidados intensivos,
posiblemente la intubación les genere una infección
pulmonar, pero les puede evitar la muerte. Infortunadamente,
se cree que si se infecta es culpa del médico. Hay abogados
hábiles que arman tempestades en un vaso de agua por
cosas ínfimas, como una aguja que se parte y radiológicamente
se ve un pedacito en el músculo. Hay que explicar a los
jueces que la mayoría de los instrumentos, los 'stents'
que dilatan arterias del cerebro o del corazón son metálicos
y los metales en general son bien tolerados por el cuerpo, y
trocitos de broca ortopédica o de aguja son casi normales,
pasa millones de veces en el mundo; muy distinto de quedar adentro
del cuerpo una gasa: ya hay jurisprudencia de las altas Cortes
diciendo que es culpa del médico.
Anotó que la mayoría de los jueces son juiciosos
para condenar, no así la mayoría de los demandantes,
y mientras en otros países el demandante temerario recibe
graves consecuencias, en Colombia sólo por excepción
el juez recurre a las costas del juicio y a sancionarlo en estos
casos. |
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Pionero en Criminalística
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En
la Medellín de 1973-74, cuando no había necropsias
los fines de semana, y las de los viernes había que aplazarlas
hasta el lunes, empezó la odisea del doctor César
Augusto Giraldo como legista: Eso se había vuelto
un problema grave, aunque Medellín no era tan violenta.
Era alcalde el médico Ignacio Vélez Escobar, quien
fue decano, profesor y rector en la Universidad de Antioquia,
y siempre quiso que la medicina legal tuviera la visión
de un patólogo. Me vinculó como médico
legista del municipio para hacer autopsias los sábados
y domingos; así, gradualmente fue creciendo mi interés
por la práctica medico-legal.
Autor de Medicina forense, libro de obligatoria
consulta que lleva 12 ediciones, de 18 volúmenes de Casos
forenses en Medicina Legal, y de múltiples artículos
humanísticos, históricos y científicos
en periódicos y revistas, compiló, como
simple gomoso, una amena Antología forense
con relatos policíacos de grandes literatos: |
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| Al
principio era como en las obras de García Márquez
-recordando la necropsia de Santiago Nassar (Crónica
de una muerte anunciada), esa masacre de vísceras consumada
en una escuela por el cura, el boticario y un estudiante de
primer año de medicina, y cuya visión volvió
vegetariano y espiritista a un coronel represor-. Una vez en
la iglesia de Santa Teresita del barrio Laureles en Medellín
murió una señora, y un médico legista dijo
que murió del corazón, sin más ni más.
Al tiempo, por remordimiento, la nuera de la señora confesó
que no se podía ver con la suegra, le echó unas
goticas de Folidol antes de irse para misa se vino a saber uno
o dos años después, y creyeron que exhumando el
cadáver podían saber la causa de la muerte, pero
el cadáver ya estaba muy podrido y el médico que
había hecho la necropsia inicial, que era como del tiempo
de Cien años de soledad, contestó con una frase
ingeniosa pero cínica: Señor juez: se muere una
persona normal con Folidol, ¿qué no le pasará
a un cardiópata?. |
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El
Dr. Giraldo es testigo de excepción del
avance tecnológico del Instituto de Medicina Legal,
presente hoy en más de 100 sitios críticos del
país,
y que sitúa a nuestra medicina legal entre
las mejores de América Latina.
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| Y
cuenta por ejemplo, que al laboratorio de otra ciudad de Colombia
llegó un foto-colorímetro, el médico no
sabía para qué era ese aparato y lo alquilaron
a una clínica. El doctor Giraldo es testigo de excepción
del avance tecnológico del Instituto de Medicina Legal,
presente hoy en más de 100 sitios críticos del
país, con laboratorios de referencia en las capitales
y situando a nuestra medicina legal entre las mejores de América
Latina: A mí me ayudó mucho ser patólogo,
ver que uno tenía que untarse de muertos, y el apoyo
del Departamento de Patología, siendo jefe el doctor
Emilio Bojanini; muchos casos difíciles los guardaba
para revisarlos con patólogos, como los doctores Óscar
Duque y Mario Robledo. |
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El thriller: literatura,
historia y medicina legal
Hernando
Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
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Desde sus inicios
en la medicina forense, el doctor César Augusto Giraldo
alternaba el bisturí con sus lecturas de thriller
literarios como El albergue de las mujeres tristes
de Marcela Serrano. Refiere: Hay un caso increíble
de psicología criminal: a una señora de la alta
sociedad maltratada por su marido, su mejor amiga le dijo: '¡Cásquele
usted también!', ella lo mató y la metieron a
la cárcel.
La amiga fue a visitarla y le preguntó: '¿Qué
has aprendido en la cárcel?' Y contestó: 'Que
las mujeres nunca matamos si no es por amor, en cambio un hombre
mata por cualquier cosa, por un partido de billar, por una apuesta'.
Me gustó mucho Crimen y castigo de Dostoievsky,
sus cargos de conciencia. |
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Mucho antes de nuestro
Código Penal, García Márquez en El general
en su laberinto, relata algo que llegó a ser figura del
actual Código: el traslado por grave enfermedad de un
general sindicado de homicidio, de un sitio malsano, por intercesión
de su esposa, amiga de Bolívar. José María
Córdoba, ascendido a general por Bolívar tras
la Batalla de Ayacucho, una vez se paró ante el espejo
y dijo: Córdoba, eres el general más joven
de la Nueva Granada y el más bien parecido, ¿qué
te falta?. |
Su edecán le
contestó: Juicio, mi general. Córdoba
lo mandó a fusilar. El Libertador le dictó Consejo
de Guerra, el cual dictaminó que tenía un síndrome
llamado de lóbulo frontal por la caída de un caballo,
era exasperado y primario.
Para el doctor César Augusto, es fascinante su mezcla
de literatura, historia y medicina legal, y lamenta haber dejado
en el tintero de su libro Antología forense,
un montón de piezas literario-médico-legales:
Está por aparecer la revisión de un libro
fabuloso: Meditaciones biológicas sobre la muerte, que
escribió en 1944 el médico Alonso Restrepo Moreno,
de una visión humanística extraordinaria y con
toquecitos de excentricidad; él se iba para el cementerio
de San Pedro en Medellín poco antes del cierre, pasó
varios meses vagando y meditando sobre la muerte. Anticipándose
al saber sobre la putrefacción cadavérica, hizo
notables descripciones de cómo llegan los insectos, cómo
muere la gente súbitamente y de muertes que no eran por
lo que se pensaba. |
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Está
por aparecer la revisión
de unlibro fabuloso: 'Meditaciones biológicas
sobre la muerte', que escribió en 1944 el
médico Alonso Restrepo Moreno, de una visión
humanística extraordinaria y con
toquecitos de excentricidad.
Dr. César Giraldo
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Y aseveró:
Leyendo expedientes hubieran escrito obras fabulosas Gabriel
García Márquez o Fernando Vallejo, el gran iconoclasta.
Uno encuentra novelas increíbles en la vida real. En
una sentencia de la Corte Suprema de Justicia supe de una señora
secretaria en una fábrica cuyo dueño murió
y ella le contó al marido desempleado: 'Qué vamos
a hacer, el hijo mayor de nosotros no es hijo suyo sino del
dueño de la fábrica y estamos tan fregados que
debemos demandar la herencia'. Demandaron y las pruebas de patología
demostraron que no era hijo de ninguno de los dos.
El legista detectó cosas tan formidables como que el
proceso oral estaba desde la época de Don Quijote: Una
mujer violada arma un escándalo, el juez le pregunta:
'¿Y qué hiciste tus monedas?' Ella contesta: 'Aquí
las tuve guardadas'. Entonces, el juez replicó: 'Si hubieses
guardado tu virtud como guardaste tus monedas, no te hubieran
violado' y absolvió al hombre. A un sastre que le mandan
hacer un traje no le quieren pagar, ante una demanda el juez
sentenció: 'Esto, ni para usted ni para usted: para los
presos de la cárcel'. San Jerónimo hizo un diagnóstico
genial: La perpetua virginidad de María, tema inquietante
para el compilador, pues en su Antología incluyó,
'De cómo saber si una virgen estaba mintiendo' (Joyce
Salisbury), donde San Ambrosio lo descubre por el embarazo,
pues la sexualidad crea hábito y 'una indiscreción
conduciría a la siguiente, hasta llegar al fin a la condenada
preñez.
El doctor Giraldo expresó: Yo asocio estas piezas
literarias, sólo como gomoso, de forma anecdótica,
por su visión deslumbrante del alma humana. Aludió
también a un interesante texto de Piedad del Valle Montoya,
sobre la medicalización de la justicia en Antioquia,
con prólogo de fines del siglo XIX y principios del XX,
que dice cómo empieza a cambiar el empirismo del perito.
Y recuerda a Don Upo, el cronista judicial del periódico
El Colombiano: Sus titulares solo eran comparables a los
editoriales de Juan Zuleta Ferrer. Su crónica roja en
los 50's y 60's sería para una antología sin igual,
por su poder de síntesis y de ironía. |
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Ocioso lector
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| Una antología negra |
El médico
forense César Augusto Giraldo se sumergiría gustoso
en las tinieblas de Historias para leer a plena luz
que compiló Alfred Hitchcock, no le estaría vedado
su volumen Prohibido a los nerviosos, penetraría
sin cautela en las Historias para leer con precaución,
aceptaría la gentil invitación de Hablemos
con el diablo, y participaría como miembro de número
en su Sesión de calaveras. Admiraría
la glamorosa pasarela de Velos y mortajas y saludaría
de mano uno por uno a Los dieciséis esqueletos
de mi armario y desearles a posteriori Feliz funeral.
Cualquiera imagina que tiene entronizada en su biblioteca la
santísima trinidad pionera del relato policíaco:
Los crímenes de la calle Morgue, El
misterio de Marie Roget y La carta robada.
Hombres de la agudeza analítica y de la finura intelectual
del doctor Giraldo, serían contertulios de honor del
buen Hércules Poirot y de Agatha Christie, de Truman
Capote, Dashiell Hammett y demás oficiantes de la novela
negra. |
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Hobbies como el suyo
demues-tran que las personalidades más humanistas y ajenas
a las empresas del mal son capaces de este sibaritismo literario,
donde se igualan mártires del santoral y gangsters del
bajo mundo, en el crisol de la ficción. Y recuerdan un
comentario a los relatos recogidos por Hitchcock: El crimen
perfecto no es el que asegura la impunidad del culpable, sino
aquel que resuena en los oídos del buen conocedor como
un acorde sinfónico de sangre y muerte. |
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La Antología forense
del doctor César Augusto Giraldo nos hace sentir en Guayabo
negro de Efe Gómez, el infierno mental de Pedro
Zabala cuando intenta aniquilar su propio corazón (Ha
poco dulce y caliente nido de ilusiones y ventura, y ahora ventregada
de víbora voraces), es el viaje a los recintos
góticos de El nombre de la rosa con sus enigmáticas
muertes de frailes, en olor de santidad y con el mal sabor de
una tinta ponzoñosa: El universo de los venenos
es tan variado como variados son los misterios de la naturaleza.
Transmite el horror de un joven destrozado por varios lobos
(Mazurca para dos muertos de Camilo José
Cela), notifica la demanda de un rabino contra Dios, nos arroja
a la pesadilla de los campos de concentración nazis con
su radiografía del verdugo y la pena de muerte como anticipación
parcial del juicio final (No matarás
- Josef Janker).
Y relata los repulsivos experimentos de venenos con animales
domésticos en Un acto de justicia de Sergio
Ramírez, revela que una tía puede matar a su esposo
para casarse con el sobrino (Piel de naranja - Oscar
Wilde) y que 19 siglos después se repite el asesinato
del emperador Julio César en plena pampa argentina, para
que se repita una escena. |
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