MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 14    No. 166  JULIO DEL AÑO 2012    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

 

Reflexión del mes
“Elegancia debía ser el nombre que diéramos a lo que torpemente llamamos Ética, ya que es ésta el arte de elegir la mejor conducta, la ciencia del

quehacer. El hecho de que la voz ‘elegancia’ sea una de las que más irritan hoy en el planeta, es su mejor recomendación. Elegante es el hombre que ni hace ni dice cualquier cosa, sino que hace lo que hay que hacer y dice lo que hay que decir”.

José Ortega y Gasset, en: "Epílogo" de la "Historia de la Filosofía", de Julián Marías.
“El primer elemento del
medio ambiente se llama felicidad humana”
Por su fuerza, por su honestidad, por su valentía para recordarle a la humanidad su esencia y su razón de existir, reproducimos el discurso del presidente de Uruguay, José Mujica, en la Cumbre de la Tierra Río+20 -Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sustentable- en Río de Janeiro, el pasado 23 de junio.
José Mujica, presidente de Uruguay, quién no vive en el palacio presidencial sino en una chacra dedicada al cultivo de flores en las afueras de Montevideo y dona el 90% de su sueldo a personas e instituciones necesitadas. “Autoridades presentes de todas las latitudes y organismos, muchas gracias. Muchas gracias al pueblo de Brasil y a su Sra. Presidenta, Dilma Rousseff. Muchas gracias a la buena fe que, seguramente, han manifestado todos los oradores que me precedieron. Expresamos la íntima voluntad como gobernantes de acompañar todos los acuerdos que, ésta nuestra pobre humanidad, pueda suscribir.
Sin embargo, permítasenos hacer algunas preguntas en voz alta. Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable. De sacar las inmensas masas de la pobreza. ¿Qué es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de desarrollo y de consumo, que es el actual de las sociedades ricas? Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto oxígeno nos quedaría para poder respirar? Más claro: ¿Tiene el mundo hoy los elementos materiales como para hacer posible que 7.000 u 8.000 millones de personas puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que tienen las más opulentas sociedades occidentales?
¿Será eso posible? ¿O tendremos que darnos algún día, otro tipo de discusión? Porque hemos creado esta civilización en la que estamos: hija del mercado, hija de la competencia y que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo. Pero la economía de mercado ha creado sociedades de mercado. Y nos ha deparado esta globalización, que significa mirar por todo el planeta.
¿Estamos gobernando la globalización o la globalización nos gobierna a nosotros? ¿Es posible hablar de solidaridad y de que “estamos todos juntos” en una economía basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde llega nuestra fraternidad? No digo nada de esto para negar la importancia de este evento. Por el contrario: el desafío que tenemos por delante es de una magnitud de carácter colosal y la gran crisis no es ecológica, es política.
El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre. Y a la vida. Porque no venimos al planeta para desarrollarnos solamente, así, en general. Venimos al planeta para ser felices. Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien vale como la vida y esto es lo elemental.
Pero si la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando para consumir un “plus”, y la sociedad de consumo es el motor porque, en definitiva, si se paraliza el consumo, se detiene la economía, y si se detiene la economía, aparece el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros, pero ese hiper-consumo es el que está agrediendo al planeta. Y tienen que generar ese hiper-consumo, cosa de que las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita eléctrica, entonces, no puede durar más de 1.000 horas encendida. ¡Pero hay lamparitas que pueden durar 100.000 horas encendidas! Pero esas no se pueden hacer porque el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos que sostener una civilización del “úselo y tírelo”, y así estamos en un círculo vicioso. Estos son problemas de carácter político que nos están indicando que es hora de empezar a luchar por otra cultura.
No se trata de volver al hombre de las cavernas, ni de tener un “monumento al atraso”. Pero no podemos seguir, indefinidamente, gobernados por el mercado, sino que tenemos que gobernar al mercado. Por ello digo, en mi humilde manera de pensar, que el problema que tenemos es de carácter político. Los viejos pensadores -Epicúreo, Séneca, los Aymaras- definían: “Pobre no es el que tiene poco sino el que necesita infinitamente mucho, y desea más y más”. Ésta es una clave de carácter cultural.
Entonces, voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se hacen. Y los voy acompañar, como gobernante. Sé que algunas cosas de las que estoy diciendo, “rechinan”. Pero tenemos que darnos cuenta que la crisis del agua y de la agresión al medio ambiente no es la causa. La causa es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.
¿Por qué? Pertenezco a un pequeño país muy bien dotado de recursos naturales para vivir. En mi país hay poco más de 3 millones de habitantes. Pero hay unos 13 millones de vacas, de las mejores del mundo. Y unos 8 o 10 millones de estupendas ovejas. Mi país es exportador de comida, de lácteos, de carne. Es una penillanura y casi el 90% de su territorio es aprovechable. Mis compañeros trabajadores, lucharon mucho por las 8 horas de trabajo. Y ahora están consiguiendo las 6 horas. Pero el que tiene 6 horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más que antes. ¿Por qué? Porque tiene que pagar una cantidad de cuotas: la moto, el auto, y pague cuotas y cuotas y cuando se quiere acordar, es un viejo reumático -como yo- al que se le fue la vida.
Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de la vida humana? Estas cosas que digo son muy elementales: el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene que ser a favor de la felicidad humana; del amor arriba de la Tierra, de las relaciones humanas, del cuidado a los hijos, de tener amigos, de tener lo elemental.
Precisamente, porque ese es el tesoro más importante que tenemos, la felicidad. Cuando luchamos por el medio ambiente, tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente se llama felicidad humana”.
 
  Bioética
Sexo y género
Ramón Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co
No es cuestión baladí el conocer y emplear correctamente el significado de los vocablos “sexo” y “género” que se ha hecho tan común, que despiertan acaloradas controversias y que demuestran, en la mayoría de los casos, una supina ignorancia o una pasión por proclamar un error.
Como es nuestra costumbre, acudamos a las definiciones de la Real Academia de la Lengua, por ser ésta la primera fuente autorizada del buen uso del idioma español o castellano: «sexo. (Del lat. sexus). 1. m. Condición orgánica, masculina o femenina, de los animales y las plantas. 2. m. Conjunto de seres pertenecientes a un mismo sexo. Sexo masculino, femenino»; «género. (del lat. genus, genêris). 1. m. Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes… 6. m. Biol. Taxón que agrupa a especies que comparten ciertos caracteres». Es muy clara la diferencia entre uno y otro vocablo en el lenguaje común, pero antropológicamente -como lo veremos más adelante- existen elementos de importancia para distinguir sin lugar a dudas sexo y género tratándose, como es obvio, de seres humanos.
En los seres humanos como en todos aquellos cuya reproducción es sexuada, es decir, por conjunción de un óvulo y un espermatozoide, el poseer un sexo implica no solo tener genitales femeninos o masculinos -que en última instancia pueden ser modificados quirúrgicamente- sino que cada una de las células de su cuerpo, exceptuando precisamente los óvulos y los espermatozoides, están dotados de unos elementos llamados cromosomas cuya fórmula inmodificable indica que su ADN es XY, es decir masculino, o XX femenino. Sólo hay una excepción a esta realidad científica, y es cuando estamos frente a la llamada quimera humana o quimerismo, en el cual las células pueden tener dotaciones XX/XY, o XX/XX, o XY/XY (Cfr. Lacadena Calero, Juan- Ramón. Genética y Bioética. Madrid. Comillas. 2002. p. 63).
Somos, pues, desde la concepción, seres con sexo masculino o femenino, pertenecientes al género humano, al género masculino o al género femenino, género determinado no sólo como lo vimos antes por los órganos genitales, sino por el ADN de cada una de las células no germinales de nuestro cuerpo. Y no es cuestión de gusto, de deseo, el elegir a qué sexo y a qué género pertenecemos.
Ni las manifestaciones ruidosas, ni las leyes positivas cualesquiera sean las razones para justificarlas cambiarán esta realidad antropológica, realidad científica.
NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.
 

Maestro, ¿qué es eterno?

Los elevados y distraídos en Colombia. Viven tan despistados que se les entra el elefante a la casa y les quiebra las porcelanas y no se dan cuenta, les meten plata y dicen que entró a sus espaldas (por el bolsillo de atrás), les dicen que va a estallar el volcán y creen que están hablando del Vesubio, su guardaespaldas se convierte en próspero exportador de productos químicos de alta calidad y ni siquiera huelen la cosa. Viven más elevados, pequeño saltamontes, que las sagradas cumbres del Himalaya.

 
 











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