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| Reflexión
del mes |
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Elegancia
debía ser el nombre que diéramos a lo que torpemente
llamamos Ética, ya que es ésta el arte de elegir la
mejor conducta, la ciencia del
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quehacer.
El
hecho de que la voz elegancia sea una
de las que más irritan hoy en el planeta, es su
mejor recomendación. Elegante
es el hombre que ni hace ni dice cualquier cosa, sino que hace
lo que hay que hacer y dice lo que hay que decir.
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| José
Ortega y Gasset, en: "Epílogo" de la "Historia
de la Filosofía", de Julián Marías.
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El
primer elemento del
medio ambiente se llama felicidad humana |
| Por su fuerza,
por su honestidad, por su valentía para recordarle
a la humanidad su esencia y su razón de existir, reproducimos
el discurso del presidente de Uruguay, José Mujica,
en la Cumbre de la Tierra Río+20 -Conferencia de Naciones
Unidas sobre Desarrollo Sustentable- en Río de Janeiro,
el pasado 23 de junio. |
José Mujica, presidente de
Uruguay, quién no vive en el palacio presidencial sino
en una chacra dedicada al cultivo de flores en las afueras
de Montevideo y dona el 90% de su sueldo a personas e instituciones
necesitadas. |
Autoridades
presentes de todas las latitudes y organismos, muchas gracias.
Muchas gracias al pueblo de Brasil y a su Sra. Presidenta,
Dilma Rousseff. Muchas gracias a la buena fe que, seguramente,
han manifestado todos los oradores que me precedieron. Expresamos
la íntima voluntad como gobernantes de acompañar
todos los acuerdos que, ésta nuestra pobre humanidad,
pueda suscribir.
Sin embargo, permítasenos hacer algunas preguntas en
voz alta. Toda la tarde se ha hablado del desarrollo sustentable.
De sacar las inmensas masas de la pobreza. ¿Qué
es lo que aletea en nuestras cabezas? ¿El modelo de
desarrollo y de consumo, que es el actual de las sociedades
ricas? Me hago esta pregunta: ¿qué le pasaría
a este planeta si los hindúes tuvieran la misma proporción
de autos por familia que tienen los alemanes? ¿Cuánto
oxígeno nos quedaría para poder respirar? Más
claro: ¿Tiene el mundo hoy los elementos materiales
como para hacer posible que 7.000 u 8.000 millones de personas
puedan tener el mismo grado de consumo y de despilfarro que
tienen las más opulentas sociedades occidentales? |
¿Será
eso posible? ¿O tendremos que darnos algún día,
otro tipo de discusión? Porque hemos creado esta civilización
en la que estamos: hija del mercado, hija de la competencia
y que ha deparado un progreso material portentoso y explosivo.
Pero la economía de mercado ha creado sociedades de
mercado. Y nos ha deparado esta globalización, que
significa mirar por todo el planeta.
¿Estamos gobernando la globalización o la globalización
nos gobierna a nosotros? ¿Es posible hablar de solidaridad
y de que estamos todos juntos en una economía
basada en la competencia despiadada? ¿Hasta dónde
llega nuestra fraternidad? No digo nada de esto para negar
la importancia de este evento. Por el contrario: el desafío
que tenemos por delante es de una magnitud de carácter
colosal y la gran crisis no es ecológica, es política.
El hombre no gobierna hoy a las fuerzas que ha desatado, sino
que las fuerzas que ha desatado gobiernan al hombre. Y a la
vida. Porque no venimos al planeta para desarrollarnos solamente,
así, en general. Venimos al planeta para ser felices.
Porque la vida es corta y se nos va. Y ningún bien
vale como la vida y esto es lo elemental.
Pero si la vida se me va a escapar, trabajando y trabajando
para consumir un plus, y la sociedad de consumo
es el motor porque, en definitiva, si se paraliza el consumo,
se detiene la economía, y si se detiene la economía,
aparece el fantasma del estancamiento para cada uno de nosotros,
pero ese hiper-consumo es el que está agrediendo al
planeta. Y tienen que generar ese hiper-consumo, cosa de que
las cosas duren poco, porque hay que vender mucho. Y una lamparita
eléctrica, entonces, no puede durar más de 1.000
horas encendida. ¡Pero hay lamparitas que pueden durar
100.000 horas encendidas! Pero esas no se pueden hacer porque
el problema es el mercado, porque tenemos que trabajar y tenemos
que sostener una civilización del úselo
y tírelo, y así estamos en un círculo
vicioso. Estos son problemas de carácter político
que nos están indicando que es hora de empezar a luchar
por otra cultura.
No se trata de volver al hombre de las cavernas, ni de tener
un monumento al atraso. Pero no podemos seguir,
indefinidamente, gobernados por el mercado, sino que tenemos
que gobernar al mercado. Por ello digo, en mi humilde manera
de pensar, que el problema que tenemos es de carácter
político. Los viejos pensadores -Epicúreo, Séneca,
los Aymaras- definían: Pobre no es el que tiene
poco sino el que necesita infinitamente mucho, y desea más
y más. Ésta es una clave de carácter
cultural.
Entonces, voy a saludar el esfuerzo y los acuerdos que se
hacen. Y los voy acompañar, como gobernante. Sé
que algunas cosas de las que estoy diciendo, rechinan.
Pero tenemos que darnos cuenta que la crisis del agua y de
la agresión al medio ambiente no es la causa. La causa
es el modelo de civilización que hemos montado. Y lo
que tenemos que revisar es nuestra forma de vivir.
¿Por qué? Pertenezco a un pequeño país
muy bien dotado de recursos naturales para vivir. En mi país
hay poco más de 3 millones de habitantes. Pero hay
unos 13 millones de vacas, de las mejores del mundo. Y unos
8 o 10 millones de estupendas ovejas. Mi país es exportador
de comida, de lácteos, de carne. Es una penillanura
y casi el 90% de su territorio es aprovechable. Mis compañeros
trabajadores, lucharon mucho por las 8 horas de trabajo. Y
ahora están consiguiendo las 6 horas. Pero el que tiene
6 horas, se consigue dos trabajos; por lo tanto, trabaja más
que antes. ¿Por qué? Porque tiene que pagar
una cantidad de cuotas: la moto, el auto, y pague cuotas y
cuotas y cuando se quiere acordar, es un viejo reumático
-como yo- al que se le fue la vida.
Y uno se hace esta pregunta: ¿ese es el destino de
la vida humana? Estas cosas que digo son muy elementales:
el desarrollo no puede ser en contra de la felicidad. Tiene
que ser a favor de la felicidad humana; del amor arriba de
la Tierra, de las relaciones humanas, del cuidado a los hijos,
de tener amigos, de tener lo elemental.
Precisamente, porque ese es el tesoro más importante
que tenemos, la felicidad. Cuando luchamos por el medio ambiente,
tenemos que recordar que el primer elemento del medio ambiente
se llama felicidad humana. |
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Bioética
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Sexo y género
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Ramón
Córdoba Palacio, MD - elpulso@elhospital.org.co
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| No
es cuestión baladí el conocer y emplear correctamente
el significado de los vocablos sexo y género
que se ha hecho tan común, que despiertan acaloradas
controversias y que demuestran, en la mayoría de los
casos, una supina ignorancia o una pasión por proclamar
un error. |
Como es nuestra costumbre, acudamos a las definiciones de la
Real Academia de la Lengua, por ser ésta la primera fuente
autorizada del buen uso del idioma español o castellano:
«sexo. (Del lat. sexus). 1. m. Condición orgánica,
masculina o femenina, de los animales y las plantas. 2. m. Conjunto
de seres pertenecientes a un mismo sexo. Sexo masculino, femenino»;
«género. (del lat. genus, genêris). 1. m.
Conjunto de seres que tienen uno o varios caracteres comunes
6. m. Biol. Taxón que agrupa a especies que comparten
ciertos caracteres». Es muy clara la diferencia entre
uno y otro vocablo en el lenguaje común, pero antropológicamente
-como lo veremos más adelante- existen elementos de importancia
para distinguir sin lugar a dudas sexo y género tratándose,
como es obvio, de seres humanos.
En los seres humanos como en todos aquellos cuya reproducción
es sexuada, es decir, por conjunción de un óvulo
y un espermatozoide, el poseer un sexo implica no solo tener
genitales femeninos o masculinos -que en última instancia
pueden ser modificados quirúrgicamente- sino que cada
una de las células de su cuerpo, exceptuando precisamente
los óvulos y los espermatozoides, están dotados
de unos elementos llamados cromosomas cuya fórmula inmodificable
indica que su ADN es XY, es decir masculino, o XX femenino.
Sólo hay una excepción a esta realidad científica,
y es cuando estamos frente a la llamada quimera humana o quimerismo,
en el cual las células pueden tener dotaciones XX/XY,
o XX/XX, o XY/XY (Cfr. Lacadena Calero, Juan- Ramón.
Genética y Bioética. Madrid. Comillas. 2002. p.
63).
Somos, pues, desde la concepción, seres con sexo masculino
o femenino, pertenecientes al género humano, al género
masculino o al género femenino, género determinado
no sólo como lo vimos antes por los órganos genitales,
sino por el ADN de cada una de las células no germinales
de nuestro cuerpo. Y no es cuestión de gusto, de deseo,
el elegir a qué sexo y a qué género pertenecemos.
Ni las manifestaciones ruidosas, ni las leyes positivas cualesquiera
sean las razones para justificarlas cambiarán esta realidad
antropológica, realidad científica. |
| NOTA:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética
-Cecolbe-. |
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Maestro, ¿qué es eterno?
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Los
elevados y distraídos en Colombia. Viven tan despistados
que se les entra el elefante a la casa y les quiebra las porcelanas
y no se dan cuenta, les meten plata y dicen que entró
a sus espaldas (por el bolsillo de atrás), les dicen
que va a estallar el volcán y creen que están
hablando del Vesubio, su guardaespaldas se convierte en próspero
exportador de productos químicos de alta calidad y
ni siquiera huelen la cosa. Viven más elevados, pequeño
saltamontes, que las sagradas cumbres del Himalaya.
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