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El
Vigía
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El periódico EL
PULSO en marzo de 2014 en su artículo Chikungunya:
¿una nueva historieta, un baile o una canción?
ya advertía: Toda la región de las Américas
es susceptible a la diseminación del virus; esto llevó
a generar la alerta epidemiológica respecto de la posible
aparición y diseminación en Colombia, lo cual
sumado a las epidemias de dengue a las que nos enfrentamos
cada 3 o 4 años, sería un reto muy grande para
los servicios de salud y representaría altos costos
al sistema de salud. Las medidas de prevención son
las mismas que para dengue.
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Hoy se discute entre diferentes organismos
del Estado si Colombia estaba preparada o no para la llegada
de la infección por el virus del Chikungunya, que desde
hace rato bordeaba nuestras fronteras; y mientras esa discusión
bizantina se da, los casos siguen en aumento. Desde la aparición
de los primeros casos autóctonos en Mahates (Bolívar)
hasta mediados de enero pasado, el Instituto Nacional de Salud
reportaba más de 100.000 casos confirmados de la enfermedad
y en general incluyendo los sospechosos cerca de 115.000,
siendo los departamentos más afectados Bolívar
y Norte de Santander.
Es claro que esta infección tiene una baja mortalidad,
pero sí puede tener una alta morbilidad y comportarse
en forma epidémica como de hecho está ocurriendo
en el país.
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Esto conlleva a una congestión
de los servicios de salud tanto ambulatorios como hospitalarios,
además de la confusión que genera en primer lugar
en la comunidad que ve cómo familias y hasta barrios
enteros resultan afectados, y en el personal de salud que apenas
empieza a conocer la enfermedad.
Cómo fenómeno paralelo, real o ficticio, se empieza
a presentar escasez de productos y medicamentos esenciales tales
como el repelente de mosquitos y el acetaminofén en algunas
regiones, lo que acrecienta esa sensación de falta de
compromiso del Estado y de la industria frente al problema. |
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En relación
con la pregunta de si Colombia estaba preparada o no ante el
Chikungunya, el número de casos presentados en tan corto
período de tiempo está indicando que no, y talvez
un hecho más contundente es que los casos de dengue se
siguen presentando en una proporción importante, y el
vector y el mecanismo de transmisión es el mismo. Lo
que sí podemos decir es que estábamos informados
de la potencial llegada del virus y de su mecanismo de transmisión,
pero está claramente demostrado que la información
no es igual a la acción, y que por naturaleza somos más
reactivos que proactivos.
Vale anotar que el periódico EL PULSO en su edición
No. 186 de marzo de 2014 en su artículo Chikungunya:
¿una nueva historieta, un baile o una canción?
(sección El vigía), ya advertía:
Indudablemente toda la región de las Américas
es susceptible a la diseminación del virus, tal como
sucede con otras infecciones transmitidas por vectores; esto
llevó a las autoridades de salud a generar la alerta
epidemiológica respecto de la posible aparición
y diseminación de este virus en Colombia, lo cual sumado
a las epidemias de dengue a las que nos enfrentamos cada 3 o
4 años, sería un reto muy grande para los servicios
de salud y representaría unos altos costos para el sistema
de salud. / Las medidas de prevención son exactamente
las mismas que se utilizan para el dengue y que consisten principalmente
en eliminar los criaderos domésticos o peri-domésticos
de los mosquitos, y evitar su picadura. Ahora tenemos un doble
motivo para implementarlas: evitar el dengue y evitar el Chikungunya.
Hoy, cuando se registran altos picos de la enfermedad por ese
virus, Colombia tiene una excelente oportunidad para iniciar
o continuar actividades educativas en la comunidad acerca de
la prevención de enfermedades transmitidas por vectores;
tradicionalmente ha sido muy difícil lograr que las personas
entiendan que a través de la picadura de un mosquito,
con lo cual ha convivido siempre, sea la causa de una enfermedad
sistémica. De igual manera tampoco es fácil comprender
el ciclo de vida del mosquito y adquirir la cultura permanente
de eliminar sus criaderos, muchos de los cuales no están
siquiera a su alcance o son responsabilidad de los organismos
del Estado.
Por otro lado debe hacerse especial énfasis en la no
auto-medicación, situación que pueda llevar a
que se presenten complicaciones indeseables o a que se incurra
en costos innecesarios, pues el manejo es esencialmente sintomático.
Por ejemplo se ha asumido que el acetaminofén es inofensivo,
y aunque es cierto que es muy bien tolerado, no está
exento de eventos secundarios como la toxicidad hepática.
Es claro que no hemos podido comprender que una cosa es el conocimiento,
otra la actitud y otra la práctica, lo cual se hace evidente
en este tipo de eventos. Más que conocer la enfermedad,
tenemos que aprender más del comportamiento de las personas,
es decir de nosotros mismos.
soxx@elhospital.org.co |
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