MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 204  SEPTIEMBRE DEL AÑO 2015    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co
Colombia no cumple meta
de reducción de mortalidad materna:
crónica de una incoherencia

Juan Guillermo Londoño Cardona - Gineco-obstetra - Profesor titular jubilado de la Universidad de Antioquia
“Bienvenidos al negocio de la salud”… fueron las palabras del ministro de esta cartera, Juan Luis Londoño (QEPD) hace 22 años, al aprobarse la Ley 100/93 que dio nacimiento al sistema de salud que hoy padecemos los colombianos. Hoy el Ministerio de Salud y los políticos se rasgan las vestiduras porque, en reducción de mortalidad materna, no se cumplió el Objetivo de Desarrollo del Milenio (ODM). Miremos por qué:
El compromiso de Colombia empezó mal: la meta establecida era la reducción de la mortalidad materna en tres cuartas partes (75%), tomando como línea de base la mortalidad materna de 1990, que para ese entonces era de 104 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos. Si a esta cifra le aplicamos una reducción de 75% para 2015, una simple operación matemática nos muestra que la meta correcta sería 26 muertes maternas por cada 100.000 nacidos vivos en 2015 y no 45 como lo determinó el Ministerio de Salud cuando se “comprometió” con los ODM.
Es decir: “Firmado el compromiso, hecha la trampa”. De antemano, no hubo un compromiso serio. Hoy, la razón de mortalidad materna es de 64,6 por cada 100.000 nacidos vivos y lamentablemente no existe la más remota posibilidad de lograr la meta propuesta, aunque sea indiscutible que hay una reducción significativa en estos últimos 20 años.
En los ODM se fijaron metas con plazos determinados para medir los progresos en lo relacionado con reducción de la pobreza extrema, el hambre, la enfermedad, la falta de vivienda adecuada y la exclusión, al tiempo que se promueven la igualdad entre los sexos, la salud, la educación y la sostenibilidad ambiental. Dichos Objetivos también encarnan derechos humanos básicos como el derecho a la salud, la vivienda, la seguridad y la educación. Uno se pregunta: ¿Qué pasó en 15 años con la medición del progreso? ¿Nadie se percató que no estábamos cumpliendo? ¿Nadie se dio cuenta que La Guajira, Córdoba, Chocó, Guainía y Vaupés no mostraban mejoras y en cambio empeoraban?
En nuestro país lo importante no es la
salud pública y mucho menos la salud y la vida
de las mujeres y los niños: en pleno siglo XXI los
niños de La Guajira mueren de hambre y sed.
Reducir la mortalidad materna no es asunto de alta tecnología ni de grandes inversiones en salud; es un asunto de compromiso político de largo aliento y eso es precisamente lo que faltó y sigue faltando en Colombia. ¡Los hechos lo demuestran hasta la saciedad! En nuestro país lo importante no es la salud pública y mucho menos la salud y la vida de las mujeres y los niños: en pleno siglo XXI los niños de La Guajira mueren de hambre y sed. Importa el negocio de la salud como se determinó en 1993 con el nacimiento de la Ley 100. No se puede lograr una reducción significativa de la mortalidad materna si no se abordan con compromiso serio los determinantes sociales que la promueven. El indicador es altamente sensible a condiciones de inequidad y falta de transparencia en la administración pública. Basta observar los departamentos con mayores razones de mortalidad materna -Chocó, Guainía, Sucre, Vichada y Vaupés- para comprobarlo, y conocer que SaludCoop y Caprecom son las EPS con mayores razones de mortalidad materna en Colombia. No se requiere ser un genio para saber por qué.
Colombia es un magnífico ejemplo de la falta de coherencia de los administradores, los políticos y los entes rectores del ramo en relación con la salud pública. Miremos solo lo concerniente a salud sexual y reproductiva. No hubo reacción al cierre sistemático de camas en prácticamente todas las Maternidades de Colombia para reemplazarlas por Unidades de Cuidados Intensivos (UCI), exclusivamente por razones económicas. Para las Instituciones Prestadoras de Servicios de Salud (IPS) no es rentable económicamente la atención con calidad a la maternidad, pero sí lo es internar enfermos terminales en UCI para facturar. No hay futuro para la salud de los colombianos cuando los dineros se invierten en los últimos días de vida de las personas, en vez de hacerlo en programas de prevención de la enfermedad y promoción de la salud de mujeres, niños y adolescentes.
Un modelo de salud morbi-céntrico como el colombiano está condenado al fracaso. Para nuestro modelo de salud la preocupación ha sido siempre el por qué nos enfermamos, y no cómo mantenernos sanos.
El panorama de la salud sexual y reproductiva de los colombianos es preocupante: altas tasas de embarazo adolescente con aumento significativo en este indicador a pesar de décadas de intervención y millones de pesos invertidos, altas tasas de sífilis gestacional y congénita, y aborto inseguro, por mencionar solo unas pocas situaciones. La mortalidad materna es un indicador sensible del grado de desarrollo de un país: por ello fue incluido en los ODM, pues mide la importancia que un país le da a la salud de las madres y los niños, y al parecer en Colombia esa no es la prioridad.
La erradicación de la pobreza extrema y el hambre es uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo y un compromiso adquirido por Colombia en el año 2000 con los ODM. La salud sexual y reproductiva va de la mano del desarrollo, y para lograrlo se requieren esfuerzos y compromiso serio de gobiernos, sector privado y organizaciones de la sociedad civil. La frase de Kofi Annan resume lo que debe hacerse para impactar esta grave problemática: “No se pueden alcanzar los Objetivos de Desarrollo del Milenio, particularmente la erradicación de la pobreza extrema y el hambre, a menos que se aborden decididamente las cuestiones de población y salud reproductiva; y para eso es preciso intensificar esfuerzos por promover los derechos de la mujer y aumentar las inversiones en educación y salud, inclusive en salud reproductiva y planificación de la familia”.
Colombia, y en especial los departamentos con mayores razones de mortalidad materna, solo lograrán cifras decentes en este indicador, cuando de manera seria se comprometan a combatir la inequidad, la corrupción, el analfabetismo, la violencia y la baja calidad de la educación, determinantes sociales de las vergonzosas cifras en los indicadores de salud sexual y reproductiva del país.
 
¿Será que ahora sí cumplen las
EPS y dejan radicar las facturas y pagan?

Ulahy Beltrán López, MD - Asesor y consultor de salud y seguridad social
Artículo reproducido con autorización del autor, del blog: http://ulahybeltranlopez. blogspot.com/2015/09

El pasado 27 agosto, Supersalud expidió la Circular Externa 016 de 2015, dirigida a EPS y prestadores de servicios de salud públicos y privados, y que caracteriza las prácticas indebidas relacionadas con el flujo de recursos por EPS de ambos regímenes y las IPS.
Si bien lo mencionado en esta Circular no es novedoso, pues está fundamentado en normatividad vigente previamente expedida (leyes 100/93 y 1122/07, decreto 4747/07, resolución 3047/08, Ley 1438/11, decreto 1095/13, decreto 2702/14), resulta ser una consolidación de los deberes que deben observar y cumplir en lo referente al flujo de recursos los aseguradores del régimen contributivo y del subsidiado, principalmente.
Para las EPS, la Circular resalta e identifica con claridad las llamadas prácticas indebidas relacionadas con restricción injustificada a la radicación de facturación o no pago oportuno a las IPS (cuando las entidades responsables del pago niegan e impiden la recepción de las facturas emitidas por prestadores de servicios con los que tengan acuerdos y que hayan sido radicadas en los plazos previstos, y la negación de radicación de la facturación de los prestadores con quienes no exista acuerdos de voluntades y que hayan prestado atención de urgencias o autorizadas para prestar servicios adicionales, cuando la facturación
se haya radicado en los horarios de atención establecidos por las entidades encargadas del pago); la devolución injustificada de la facturación individual o general (cuando las EPS devuelven facturas individualmente o la totalidad, radicada en un mismo envío); la negación o dilación injustificada de la entrega de soportes físicos exigibles a los prestadores para la radicación de la facturación con previa autorización de la EPS.
La Circular define para las IPS la práctica indebida, cuando no actualizan oportuna y permanentemente la información contable (cuando no hacen depuración de sus estados financieros, respecto de cuentas por cobrar que no tienen los soportes correspondientes).
La Circular 016 contempla la aplicación de las sanciones pecuniarias definidas en los artículos 130 y 131 de la Ley 1438/11, tanto a los actores institucionales como a sus representantes legales, así como a los directores o secretarios de salud o quienes hagan sus veces y demás funcionarios responsables de la administración y manejo de los recursos del sector salud, y puede llegar a la revocatoria del certificado de habilitación de las entidades que infrinjan la normatividad. Inició su vigencia a partir de su publicación.
 
  Bioética
Sin rostro
Ramón Córdoba Palacio, MD
Motivo de reflexión ha sido la preferencia actual de los almacenes por exhibir maniquíes sin rostro: sólo el bosquejo de la cara pero sin color en los ojos, en los labios, en el cabello, sin nada que permita identificar uno de otro; son maniquíes sin rostro. Y, ¿qué importancia tiene el rostro en la convivencia humana?

Enseña el Diccionario de la Real Academia Española que “rostro”, en su tercera acepción es: «m. Cara de las personas». Lévinas (1), afirma: «El rostro está expuesto, amenazado, como invitándonos a un acto de violencia. Al mismo tiempo, el rostro es lo que nos prohíbe matar», y en nota de página, agrega: «Esta tentación de asesinar y esta imposibilidad de asesinar constituyen la visión misma del rostro» (DL, p. 21), imposibilidad «no real», sino «moral» (loc. cit., p. 23): «extraña autoridad desarmada» (HS, p. 12) (N. del T.)
Unas páginas más adelante cita a Dostoievski: «Todos nosotros somos culpables de todo y de todos, y yo más que los otros», y en el comentario a esta cita nos enseña: « […] Mi responsabilidad es intransferible, nadie podría remplazarme… La responsabilidad es lo que, de manera exclusiva, me incumbe y que, humanamente, no puedo rechazar. Esa carga es una suprema dignidad del único. Yo no soy intercambiable, soy yo en la sola medida que soy responsable. Yo puedo sustituir a todos, pero nadie puede sustituirme a mí. Tal es mi identidad inalienable de sujeto» (2).
Con meridiana claridad, Lévinas nos enseña la responsabilidad, querámoslo o no, por nuestra conducta en cada instante de nuestra existencia y cómo esa responsabilidad es «identidad inalienable de sujeto»: característica inalienable, intrínseca, propia, exclusiva y esencial del ser persona.
Sí, la verdad es que hemos borrado el rostro del ser humano no sólo en los maniquíes, sino en la realidad de nuestra diaria existencia. El rostro, esa «identidad inalienable de sujeto», ha desaparecido porque conscientemente despreciamos la dignidad intrínseca del prójimo, del otro ser humano cualquiera sea su edad, su sexo, su raza, el origen de su existencia, sus creencias religiosas, su filiación política, el estado de su salud, Etc., y lo hemos convertido en simple objeto sin valor antropológico pero con precio económico, manipulable para nuestro exclusivo provecho, que se vende al mejor postor, cualquiera sea la finalidad de la venta: desde la explotación egoísta de su persona o de su patrimonio, hasta el asesinato por sicarios. Los noticieros dan testimonio de esto.
Hemos olvidado la solidaridad que permite una convivencia verdaderamente humana: a quien sufre no le ofrecemos la mano que lo alivie sin prolongar sus sufrimientos ni acortar su vida, como lo indica la orto-tanasia, sino la muerte, la eutanasia; el concebido aún en el vientre de su madre es asesinado por motivos en los cuales obviamente no pudo participar, y en vez del refugio vital del seno de su madre encuentra una trampa fatal, inevitable, para su vida. Y etc.
1. Lévinas, Emmanuel. Ética e infinito. Madrid. Gráficas Royar, SA. 1991. p. 80.
2. Ibíd. P. 93, 95, 96.

NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.
 

Maestro, ¿qué es eterno?

La represión de marchas pacíficas, la penalización de la protesta social, la brutalidad policial, el gas lacrimógeno, los antimotines, la policía montada, los cascos y escudos, el calabozo, el bolillo…

 
 











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