DELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 16    No. 207 DICIEMBRE   AÑO 2015    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

 


Las estampillas,
lazarillos de la salud
Hernando Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@sanvicentefundacion.com

Los sellos postales son historiadores y lazarillos de la medicina y la salud. Baste decir que en 1926 una estampilla recordaba a Imhotep, médico famoso que hace 5.000 años embalsamaba cadáveres en el antiguo Egipto. Otros sellos inmortalizaron a Hipócrates, padre de la medicina; a Maimónides, “médico de príncipes y príncipe de médicos”; y a Vesalius, pionero de la anatomía.
La sola colección del médico neumólogo Gustavo Gómez, del Hospital Universitario de San Vicente Fundación, ilustra el entronque entre salud y filatelia: “Tengo -dice y los muestra- sellos referidos al ojo, al oído, al sistema nervioso, y otros de beneficencia, para allegar fondos en la lucha anti-tuberculosa; de Estados Unidos, de Colombia, orientales; conmemorativos como el de Alexander Fleming (penicilina), de Koch (bacilo de tuberculosis), de William Roentgen y su primera radiografía, de la primera anestesia…
Hay estampillas pro-hospitales, algunas sin “valor facial” (el precio de cada una), sólo empleadas como modo de conseguir dinero en beneficencia, pero no para enviar cartas”.
El coleccionista y el científico
En el doctor Gómez se mezclan la afición del coleccionista y la aplicación del científico. Por algo posee un libro de personajes famosos ligados a la medicina o a la salud, honrados en estampillas, recopilación de una revista médica de Estados Unidos. Allí están Isaac Asimov, divulgador científico; Camilo José Cela por su tratado de la ceguera; Molière (“El médico a palos”); Harvey Cushing, neurocirujano; Karl Landsteiner, descubridor de los grupos sanguíneos; Max Teiler (vacuna contra la fiebre amarilla); Héctor Berlioz, compositor y estudiante de medicina; Agatha Christie (escritora, enfermera y farmacéutica); Charles Dickens, escritor y quien describió el síndrome del niño obeso; Walt Disney, cineasta y conductor de ambulancia; el Che Guevara, médico; el Barón de Münchhausen (síndrome de Münchhausen por el maltrato infantil); los norteamericanos Hubert Humprey, político y farmacéutico, y O'Henry, escritor y farmacéutico; los físicos Francois Duvalier, dictador de Haití, y Dante Alighieri, autor de “La Divina Comedia”; Alexander Borodin, músico, químico y físico; Federico Schiller, dramaturgo, poeta y físico, los hermanos Grimm, creadores de varios personajes médicos; el Papa Juan XXI; el aviador Charles Lindberg; y los escritores Gustavo Flaubert, James Joyce, John Keats, Pío Baroja, Anton Chéjov, Francois Mauriac y muchos otros.
“En asuntos médicos y
demás temas, por lo que más me gustan
las estampillas, es por su interés cultural.
Uno aprende mucho de historia,
de personajes, de eventos…
Cada estampilla celebra algo, la
historia detrás de ese algo está
narrada en forma sucinta”
Dr. Gustavo Gómez
Con igual devoción estudia el libro “Un viaje a la oftalmología”, el cual tiene sellos sobre la ceguera, la rehabilitación de pacientes, cataratas, personajes como Goethe relacionado con la fisiología de la visión en color, y Helmholtz, inventor del primer equipo de oftalmoscopia y otros.
La estampilla, sello humanitario
Material muy útil de estudio son las revistas colombianas sobre filatelia médica, entre ellas “Medicina de Laboratorio”, del Laboratorio Clínico Hematológico del doctor Germán Campuzano (Medellín). Expresa el doctor Gómez: “Es muy valioso un número de 1998 que sacó 3 sellos con 3 personas relacionadas con la tuberculosis, entre ellas el doctor Calmette, inventor de un microbio atenuado para la vacuna de la tuberculina y el cubano Carlos Finlay, quien controló la superpoblación del mosquito transmisor de fiebre amarilla durante la construcción del Canal de Panamá.
Tengo también sellos de la lucha contra la poliomielitis (con Franklin D. Roosevelt, quien la padeció, y su esposa); del doctor Hansen por los estudios de lepra; de la Cruz Roja; del microscopio; del sida; del primer parto con cesárea en Latinoamérica con feto vivo -efectuado por el doctor Ignacio Quevedo en el sector La América, Medellín-; de la enfermería; de “Manuelita de La Cruz, mártir del deber - Cruz Roja” (Colombia-1955); del Hospital San José de Bogotá, entre muchos otros”.
La colección del neumólogo incluye un voluminoso álbum de estampillas sólo de hongos: “Con estos sellos uno aprende a reconocer los tóxicos y los no tóxicos; siempre me han parecido los hongos como mágicos, tienen formas muy bonitas, y me mueve además el interés de la micología, de la cual tengo una colección de libros. En mi práctica médica, aprendo mucho a partir de los sellos, la historia de los personajes que figuran en ellos: los 100 años el descubrimiento de los rayos X, de una vacuna, enfermedades, inventos científicos, etc. En asuntos médicos y demás temas, por lo que más me gustan las estampillas, es por su interés cultural. Uno aprende mucho de historia, de personajes, de eventos… Cada estampilla celebra algo, la historia detrás de ese algo está narrada en forma sucinta. Además de tener el coleccionismo como un interés, valoro mucho el aprendizaje adquirido. Los temas más recurrentes en los sellos son lo conmemorativo: el aniversario de un hospital, de un suceso, de un presidente, un congreso o evento internacional, visitas de Papas o personajes famosos...”.
El doctor Gustavo Gómez ha estado a punto de ser desalojado de su casa por su biblioteca y por sus estampillas. Pero éstas se irían adheridas a él.
 
Las estampillas, o de cuando
sellaron la historia del mundo
Cuando no había estampillas, un cartero entregó una carta a una pobre posadera de Escocia. Era un sobre sin texto, apenas con la dirección, curiosamente escrita por varias manos. Era la forma en que sus familiares decían que todos estaban bien. Cada vez, la señora devolvía el envío alegando que no tenía dinero para pagarlo: se cobraba por kilometraje. En 1835 el profesor inglés Rowland Hill vio esta escena, se apiadó de la mujer y pagó el importe. Ideó un sello para un correo pre-pago y con tarifa unificada. Según otra versión, en 1839 el Ministerio del Tesoro inglés convocó un concurso de sellos postales adhesivos; entre 2.700 propuestas ganó Hill y el 6 de mayo de 1840 circularon más de 68 millones del “Penique Negro”, primer sello postal adhesivo del mundo, con la efigie de la reina Victoria. Así se acabó el problema de los destinatarios que se negaban a pagar por la carta y muchos carteros dejaron de robar los dineros del servicio postal.
Basta mirar las estampillas para conocer la historia del mundo y del hombre. En América, Brasil fue país pionero en estampillas, en 1843. Colombia y Venezuela hicieron sus primeras emisiones de sellos postales en 1859.
Los nuestros -impresos por los hermanos Celestino y Jerónimo Martínez- medían 16 x 21 milímetros, valían 2, 5, 10 y 20 centavos, y traían el escudo de la Confederación Granadina. Estos sellos son notarios de nuestra historia, vehículos de la comunicación humana e impulsores de causas humanitarias.
A más de un motor del correo, hay una enorme pasión de coleccionismo: la filatelia, del Griego philos = amor (afición), y ateles = pagado previamente. Pasión de plebeyos y de reyes y estadistas, la tuvieron Jorge VI de Inglaterra, heredada de Eduardo VII; Víctor Manuel de Italia, el Zar Nicolás de Rusia y Franklin Delano Roosevelt en Estados Unidos.
Sucesos, animales, árboles,
joyas, inventos, autos, aviones, cohetes, la tierra y los mundos por conocer, quedaron sellados sobre cartas de amor y sobre declaraciones
de guerra, adheridos al papel pero sobre todo, al alma colectiva.
Doctor Gustavo Gómez,
coleccionista de sellos y de sueños
“De chiquito, con 8 o 10 años, me nació el amor a las estampillas”, cuenta el doctor Gustavo Gómez, médico neumólogo del Hospital Universitario de San Vicente Fundación y gran coleccionista de sellos.
Y añadió: “En Armenia, de donde es mi mamá, íbamos a la casa de una persona que coleccionaba sellos, me pareció muy bonito y empecé a coleccionarlos por países: de Costa Rica, El Salvador, Asia, África, Oceanía, América. Así conocí los 'sobres de primera emisión', que salen al emitirse un sello por primera vez; constan de la figura alusiva, los sellos pegados del sobre y el matasellos que certifica que la estampilla circuló”.
En vez de perro que ladre o gato que maúlle, Gómez tiene en su casa una colección de centenares de estampillas de estos animales: “Soy muy aficionado a las mascotas, desde pequeño en la casa de mis padres tuvimos perros y gatos, y me pareció bonito como tema de colección; así amplío mi conocimiento sobre las razas de estos animales”.
Basta mirar las estampillas para conocer
la historia del mundo y del hombre. El mundo está pintado
en millones de estampitas dentadas y adhesivas.

La filatelia es un hobby costoso, que lo diga Gómez: “Cuando fui a estudiar a Argentina, hice contacto con coleccionistas de todo el material mundial que sale de cualquier tema; cuando alguien viaja allá le pido el favor de traerme esos sellos. Es un gusto costosito, tengo unas 10.000 estampillas; de todo, porque todo lo cubre la filatelia. Multipliquemos el número de sellos anuales de un país -no menos de 60 u 80- por el número de países y de años que lleva la filatelia, y vemos que es imposible tener la colección completa. Del primer sello del mundo sólo se conocen dos ejemplares, es un sello inglés de 1840, el famoso 'Penique negro', con la imagen de la reina Victoria”.
Sellos de todo y para todos
El mundo está pintado en millones de estampitas dentadas y adhesivas. Estados Unidos y otros países registraron así el primer alunizaje, natalicios de personajes, exposiciones mundiales; nuestra primera Miss Universo, Luz Marina Zuluaga, adquirió un seguro perenne de belleza por cada sello de 10 centavos comprado desde 1959; los Juegos Panamericanos de Cali 1971 se recordarán siempre. Resaltó el neumólogo: “Es colombiana una de las estampillas más pequeñas del mundo (1 por 1.5 cms.), valía 5 centavos, figuraba el Palacio de Comunicaciones en Bogotá. Hay estampillas tamaño carta y aún mayores. Hay sellos de Santa Teresa de Jesús, conmemorativos de la muerte de Carlos Gardel, de la visita del Papa Juan Pablo II a Colombia, del Santuario de Las Lajas, de 'El renacuajo paseador' de Rafael Pombo, etc. Así como yo con los perros y los hongos, hay cole ccionistas de personajes de Walt Disney (yo sólo tengo algunos sellos), del primer perro en un vuelo espacial ('Laika'), tengo sellos del Hombre increíble, submarinas, de Javier Pereira quien vivió 167 años (5 centavos, Colombia), de la Navidad en todo el mundo; como también estampillas exóticas, de formas raras como las tridimensionales, de madera, redondas, troqueladas y metalizadas, en forma de hongo…”.
Hoy es gratuito escribir por e-mail, enviar una carta vale $10.000, pero el manuscrito y la estampilla son una magia sin precio. El médico filatelista deplora su pérdida: “Con la entrada de los correos electrónicos, ya nadie tiene que pagar por enviar una carta; por eso, la estampilla no cumple su cometido de comprobante de pago. Se pierde todo ese peso cultural, y aunque Colombia sigue sacando sellos, el número es mucho más reducido. Aquí se hizo una serie muy bonita de todos los presidentes, y se impulsó todo el patrimonio cultural y artístico”.
Otrora, la Caja Colombiana de Ahorros enseñó a los niños el valor de la previsión y por ahí derecho historia y geografía, con un precioso álbum de estampillas. En sellos se congeló la voz del rey Elvis Presley y de todos los héroes del blues, Argentina grabó el eterno concierto de Gustavo Cerati, Gardel renació de las llamas, los campeones de ciclismo rubricaron sus hazañas y los santos ratificaron sus milagros. Sucesos, animales, árboles, joyas, inventos, autos, aviones, cohetes, la tierra y los mundos por conocer, quedaron sellados sobre cartas de amor y sobre declaraciones de guerra, adheridos al papel pero sobre todo, al alma colectiva.

 
Ocioso lector
Pegue la estampilla
en el ángulo superior derecho del sobre
Julio Cortázar
Un fama y un cronopio son muy amigos y van juntos al correo a despachar unas cartas a sus esposas que viajan por Noruega gracias a la diligencia de Thos. Cook & Son. El fama pega sus estampillas con prolijidad, dándoles golpecitos para que se fijen bien, pero el cronopio lanza un grito terrible sobresaltando a los empleados, y con inmensa cólera declara que las imágenes de los sellos son repugnantes de mal gusto y que jamás podrán obligarlo a prostituir sus cartas de amor conyugal con semejantes tristezas.
El fama se siente muy incómodo porque ya ha pegado sus estampillas, pero como es muy amigo del cronopio, quisiera solidarizarse y aventura que en efecto la vista de la estampilla de veinte centavos es más bien vulgar y repetida, pero que la de un peso tiene un color borra de vino sentador. Nada de esto calma al cronopio, que agita su carta y apostrofa a los empleados que lo contemplan estupefactos. Acude el jefe de correos, y apenas veinte segundos más tarde el cronopio está en la calle, con la carta en la mano y una gran pesadumbre. El fama, que furtivamente ha puesto la suya en el buzón, acude a consolarlo y le dice:
- Por suerte nuestras esposas viajan juntas, y en mi carta anuncié que estabas bien, de modo que tu señora se enterará por la mía.
(De “Historias de cronopios y de famas”).
 
Medicina en la pintura

“Lección clínica en La Salpêtrière”
Isabel Cristina Rueda Calle Comunicadora Corporativa - elpulso@elhospital.org.co
La obra “Lección clínica en La Salpêtrière” es altamente reconocida en el mundo de la salud mental. Fue pintada a sus 30 años por Aristide Pierre André Brouillet, afamado retratista francés (1857-1914) y es una de las más significativas de su carrera.
Con 425 cm de ancho y 300 cm de alto, se ve casi en tamaño real al afamado doctor Jean-Martin Charcot, jefe del grupo de médicos del área neurológica del Hospital (que influyó en el interés de Freud por la histeria), junto a colegas y estudiantes en una escena imaginaria de una de sus demostraciones científicas con la paciente Blanche Wittman, hipnotizada antes de ingresar al salón de estudio para representar las 4 etapas de un ataque de histeria: convulsión, contorsiones acrobáticas, verbalización y delirio.

La mujer representa la contorsión en arco relacionado con el segundo momento; tras ella, tres personas la observan con el mayor cuidado: el Chief House Officer, especie de administrador del servicio, y dos enfermeras prestas a recibirla y llevarla a la camilla.
Se observa entonces a uno de los padres de la neurología moderna, el doctor Charcot, en una de sus sesiones clínicas de los martes con sus alumnos. Se identifican futuros ilustres neurólogos como el doctor Babinski (sujetando a la paciente), al doctor Parineaud (en la fila de abajo, detrás del señor del bigote) y al doctor Gilles de La Tourette (el primero de la fila de abajo por la derecha). Entre los hombres que prestan atención al frente, está el estudiante Pierre Marie, tercer hombre sentado a la derecha de Charcot, quien se convirtió después en el primer secretario general de la Sociedad Francesa de Neurología. Hay al menos 3 hombres que toman nota o dibujan; uno de ellos es Paul Richer (primero a la derecha de Charcot), médico artista que dibujaba muy bien la anatomía y autor del dibujo al carbón del arco típico de la histeria, exhibido en el mismo salón y que seguramente sería refuerzo en la ilustración de la etapa acrobática durante la clase.
Se ve una mesa con implementos clínicos, sillas para los 26 asistentes de la charla, entre los que se encuentran estudiantes, historiadores, psiquiatras, profesores de anatomía, patólogos y políticos. Cada uno tiene diferenciado su nombre y cada uno tiene su historia. En la esquina inferior izquierda, por ejemplo, está Albert Londe, médico fotógrafo.
Brouillet a través del realismo en las figuras, el buen manejo de la luz que entra por las ventanas, el uso de las sombras y el oscurecimiento en las tonalidades de las personas y objetos mientras se distancian de ellas, logró ambientar lo que sucedía en ese momento.

 



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