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En la Colombia de 2016, con entorno económico sombrío
y difícil, reducción presupuestal en todos
los sectores, reducción de expectativas de crecimiento
económico, caída de los precios del petróleo,
inflación al alza y ad portas de emprender un intrincado
proceso de post-conflicto, el gobierno está urgido
de nuevos recursos para cubrir sus gastos.
En este contexto, afloran nuevamente los argumentos y estudios
de quienes defienden la necesidad de aumentar los recursos
para financiar el sistema de salud en sus diversos componentes
de aseguramiento, prestación de servicios y salud
pública.
En primer lugar, se hace un llamado a los actores del sistema
a aumentar los ahorros y eficiencias en el manejo de recursos
disponibles, porque ante la dificultad para conseguir nuevos
recursos, es urgente optimizar la utilización y gestión
de los ya existentes. Esta es una directriz fundamental
para todos los actores en estos tiempos de austeridad.
En segundo lugar, evaluar concienzudamente -cuantitativa
y cualitativamente-, los resultados obtenidos en salud tras
la aplicación de los recursos disponibles, para luego
revaluar esa destinación contra dichos resultados
y hacer los cambios pertinentes.
En tercer lugar, identificar puntos y aspectos que demandan
más aumento de recursos, dónde está
el déficit estructural, y proyectar y presupuestar
los nuevos gastos que generaría la implementación
de la Ley Estatutaria en Salud considerando las inclusiones
al Plan de Beneficios, para proceder a determinar las fuentes
de financiamiento necesarias para cubrir las sobre-demandas
en lo que hay y los nuevos requerimientos.
Con esta información y cálculos preliminares
de los recursos adicionales que se necesitan en el sistema,
proceder a explorar posibles nuevas fuentes y expectativa
de recursos frescos en cada una, para establecer los aportes
de estas nuevas fuentes y destinación. Las proyecciones
financieras deben considerar los déficits actuales
del sistema a corto, mediano y largo plazo; déficits
en el régimen contributivo y subsidiado; la suficiencia
de cotizaciones e impuestos (como el CREE) para mantener
el equilibrio financiero; el aumento del gasto en salud
como proporción del Producto Interno Bruto (PIB);
costos de inclusiones al Plan de Beneficios dentro de la
Ley Estatutaria, entre otros aspectos.
También deben considerarse: la necesidad de más
recursos en virtud del cambio de la pirámide poblacional
y el envejecimiento de la población colombiana; las
variables demográficas y de calidad de vida; la presión
de las nuevas tecnologías en salud; y la real rectoría
del gobierno en el desenvolvimiento del sistema de salud.
Además debe tenerse muy claro que para conservar
el equilibrio y la sostenibilidad financiera del sistema
de salud a largo plazo, hay que procurar que los recursos
se distribuyan de manera armónica a lo largo de la
cadena de actores del sistema, evitando el desbalance a
favor de unos u otros en términos financieros, en
detrimento de los demás actores. Es necesario garantizar
a todos ellos su sostenibilidad en el tiempo, porque el
desequilibrio financiero de alguno de los agentes del sistema
se convierte a la larga en un problema financiero para todos
los demás y para el sistema mismo.
El caso es que para resolver los déficits que se
detectan y se van acumulando dentro del sistema de salud,
los expertos, los actores, la academia y centros de pensamiento
han presentado varias propuestas de posibles nuevas fuentes
para cubrir los requerimientos del sistema. En principio,
la búsqueda de nuevas fuentes debe darse dentro de
los proyectos fiscales como la nueva reforma tributaria
que el gobierno tramitaría en el segundo semestre
de este año, con nuevos tributos y aumento del IVA:
el sector salud deberá hacer un pulso muy fuerte
para lograr varios puntos de ese IVA con sentido social
y destinación a salud. También se insiste
en que se destinen puntos del gravamen financiero del 4
x 1.000, del CREE y se creen nuevos impuestos, como el promovido
para las bebidas azucaradas o aumento a impuestos al tabaco,
entre otros.
Así las cosas, todo el sector salud tendrá
que librar un fuerte pulso en el debate de la nueva reforma
tributaria, si quiere asegurar nuevas fuentes y acopiar
los recursos que necesita para respaldar las necesidades
crecientes del gasto en salud. Pero primero, tiene que ordenar
el gasto dentro del sistema, hacer rendir los recursos disponibles
y aplicar una política de austeridad para meter los
gastos en cintura, mientras soplan mejores vientos en la
economía.
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