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Héctor Abad Gómez,
una lección
de salud y bienestar,
en libertad y en paz
Hernando
Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@sanvicentefundacion.com
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Abad Gómez
en su libro Teoría y práctica de la salud
pública termina enunciando la poliatría,
que se encarga
de estudiar y aplicar leyes del bienestar, de, para y en los
grupos humanos, es la ciencia del bienestar humano. |
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Si cada ser humano pudiera
dedicarse, siquiera, a hacer feliz a otro ser humano, toda
la humanidad sería feliz. Esta frase resume el
ideal de vida de Héctor Abad Gómez, quien vivió
en función de los derechos humanos y cayó asesinado
en 1987, soñando con un país justo y en paz.
El hombre era su credo y lo amó sobre todas las cosas.
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Fue grande en todo.
Médico salubrista, investigador en ciencias de la salud,
político, escritor, ensayista, profesor, periodista.
Muchas facetas, una sola misión: defensor de los derechos
humanos. A la salud pública en Colombia le abrió
caminos. Tras un largo trasiego, decidió desaprender
lo aprendido. Vio que la salud pública era necesaria
pero no suficiente, un eslabón en la cadena de la felicidad.
En las charlas decía que entre más estudiaba,
se sentía más ignorante.
En sus Cartas desde Asia (1976), escritas desde
Filipinas a familiares, amigos, colegas y hasta enemigos, recalcaba:
Lo que deberíamos hacer los que fuimos alguna vez
maestros sin ser sabios, es pedirles humildemente perdón
a nuestros discípulos por el mal que les hicimos.
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En el Manual
de tolerancia (1988), reiteró: El mero conocimiento
no es sabiduría. La sabiduría sola tampoco basta.
Son necesarias la sabiduría y la bondad para enseñar
y gobernar a los hombres. Señal de evolución
de su pensamiento y de la salud pública. Se abría
campo la salud social o sociatría, el salubrista pasaba
a mejor vida y emergía el poliatra, científico
del bienestar integral. A un discípulo, expresaba: Hace
15 años estoy tratando de enseñar. Creo que he
enseñado muy poco, aunque creo que una cosa sí
he logrado: Hacer pensar libremente (Cartas desde Asia).
Salud pública y salud social
La salud pública moderna con la que soñaba
mi padre ya no existe, dice la médica Sol Beatriz
Abad Faciolince, hija del maestro, en el prólogo de Fundamentos
éticos de la salud pública (Selección
de textos de Héctor Abad Gómez, Universidad de
Antioquia, 2012). Precisó: Buena parte de las nuevas
generaciones médicas, no introyectaron ya ese asunto.
Ellos a veces parece que estuvieran convencidos de que lo que
les intentan enseñar los médicos mayores son concepciones
del siglo pasado que no tienen que ver con las concepciones
actuales, ni con los conceptos supuestamente modernos de UPC,
IPS, EPS, copago, cuota moderadora e integración vertical.
Si Héctor Abad viviera, sería el primer contradictor
de este sistema de cifras, rentabilidad, cobertura universal,
mortalidad, morbilidad, alta expectativa de vida y tecnologías
de punta. Pensaba que el ser humano debe ser sagrado para el
médico desde su concepción, pero no debemos
seguir creyendo que nuestra misión es salvar vidas (
)
¿Tiene la vida un valor en sí misma o depende
dicho valor de la clase de vida que logremos vivir?. Su
meta fue: La conservación de su vida, pero no de
una vida cualquiera, sino de la mejor vida posible para él,
es la empresa más importante a que una sociedad debe
dedicarse. Esto significa que toda sociedad debe asegurarles
a todos sus individuos salud, alimentación, dignidad,
decoro, en una palabra, bienestar físico, mental y social.
Como Secretario de Salud de Antioquia y asesor de la Oficina
Sanitaria Panamericana y de la OMS en varios países,
constató que en muchos hospitales, los niños
desde antes de nacer, en relación con la comida que consumen
sus madres, ya empiezan su vida intra-uterina en condiciones
de inferioridad, con inequidades de peso y talla.
Vivir mucho o vivir bien
Apóstol de los determinantes sociales de la salud,
apoyado en el concepto ecológico de enfermedad
y tan enemigo del latifundio excluyente como del minifundio
empobrecedor, propuso unidades agrícolas familiares,
los mesofundios, para todas las familias campesinas. Puntualizaba:
Tienen que dividirse mejor los 27 millones de hectáreas
tituladas que tiene el país. Entonces, apenas 10.000
familias concentraban 20.000 haciendas de más de 200
hectáreas, en un total de 15 millones de hectáreas.
Ecuánime, no sectario ni dogmático, decía:
Ni la Edad Media, ni el capitalismo predatorio, ni el
socialismo totalitario, parece que hayan podido, en la práctica,
hacer felices a todos los humanos. Proponía una
nueva ética, un socialismo democrático
no confesional. |
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Si no contribuimos
a ayudar a
organizar a nuestro pueblo para la salud
y el bienestar, en libertad y en paz, otros lo harán
probablemente con violencia y tiranía.
Dr. Héctor Abad Gómez
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Preconizó la
atención básica en salud, criticó la desproporción
entre tantos médicos y tan pocas enfermeras, auxiliares
y ayudantes de enfermería y promotoras rurales de salud.
Indicaba: Por cada médico, debería haber,
siquiera, 60 personas auxiliares. Mostró con estudios
que, con ellos y sin tantos especialistas, habría menor
mortalidad infantil y más sanidad en las viviendas, vacunación,
ocupación hospitalaria y atención médica
oportuna.
Propuso regionalizar la atención en salud y aumentar
los promotores urbanos y rurales. Señaló a los
médicos y profesores de medicina el reto de una subcultura
médica latinoamericana (
) una cultura humanística,
que tenga en gran aprecio y por encima de todo, los auténticos
valores humanos: el valor de la vida, el valor de la salud,
el valor del servicio a los demás, el valor de la felicidad,
el valor del pensamiento científico, el valor del goce
artístico.
Hace 20 años, como si le hubieran tocado las EPS, el
maestro aseveraba: Nuestra sociedad le da más importancia
a la enfermedad que a la salud, más importancia al lucro
que al servicio. Señalaba a unos pocos privilegiados
que se enriquecen a costa de la dura ley del mercado de la oferta
y la demanda, y deducía que los seres más
patógenos para la gente no eran los microbios ni los
parásitos sino los mismos seres humanos.
La poliatría, ciencia del bienestar
Su libro Teoría y práctica de la
salud pública termina enunciando la poliatría,
la teoría mesopanómica y el mesoísmo. La
poliatría, hija de la salud pública y nieta de
la medicina, se encarga de estudiar y aplicar leyes del
bienestar, de, para y en los grupos humanos, es la ciencia
del bienestar humano. La gran tarea de la Universidad es formar
poliatras, que sean conductores, no jefes de nadie, sino
que sean la levadura que humanice más a la humanidad.
Acorde con el enfoque poliátrico, Abad Gómez propuso
un programa de salud pública para Colombia que incluía
entre otros puntos: agua potable para todos; disposición
final de excretas y de basuras; vivienda ventilada, iluminada
y espaciosa; manejo higiénico de alimentos, hospitales
y otros centros médicos suficientes; alimentación
nutritiva para gestantes, maternas, niños, adultos y
ancianos; inmunización general contra enfermedades prevenibles;
tratamientos médicos, quirúrgicos y odontológicos
masivos; prevención de accidentes, intoxicaciones, hechos
violentos, de enfermedades laborales, congénitas, dentales,
sexuales y mentales; control y estandarización de hospitales,
clínicas y laboratorios clínicos y de salud pública;
notificación estadística oportuna de enfermedades,
accidentes y violencia; y rehabilitación física,
mental, laboral y social de las personas afectadas por distintos
males.
Parece que el doctor Héctor Abad Gómez nos siguiera
saludando como en su programa de radio dominical: ¡Salud,
amigos!, y repitiendo la frase que hoy cobra vigencia:
Si no contribuimos a ayudar a organizar a nuestro pueblo
para la salud y el bienestar, en libertad y en paz, otros lo
harán probablemente con violencia y tiranía.
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Vida y obra
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Héctor Abad Gómez,
(Jericó 1921-Medellín 1987). Médico de
la Universidad de Antioquia (1947), profesor de la misma, Master
en Salud Pública (Universidad de Minnesota, EU), impulsor
del año rural obligatorio, de las promotoras rurales
de salud y de las primeras campañas anti-polio.
Fundador de la Escuela Nacional de Salud Pública de la
U. de A. Secretario de Salud de Antioquia y de Medellín,
oficial médico de la Oficina Sanitaria Panamericana en
Washington, asesor de la OMS en Perú, Méjico,
Cuba, Haití y República Dominicana, y de los Ministerios
de Salud de Indonesia y Filipinas. Militante del Movimiento
Revolucionario Liberal (MRL), Diputado a la Asamblea de Antioquia,
Representante a la Cámara, presidente de los Comités
Permanentes para la Defensa de los Derechos Humanos de Antioquia
y Colombia.
Autor de los libros Teoría y práctica de
la salud pública, Manual de tolerancia,
Cartas desde Asia, y de numerosos ensayos y columnas
periodísticas en medios nacionales y foráneos.
Asesinado el 25 de agosto de 1987 en Medellín por un
grupo paramilitar. |
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Creo en el hombre y
en su capacidad de ser feliz: Héctor Abad Gómez |
No es matando guerrilleros,
o policías, o soldados, como parecen
creer algunos, como vamos a salvar a Colombia. Es matando
el hambre,
la pobreza, la ignorancia, el fanatismo político o
ideológico, como se puede mejorar este país.
Dr. Héctor Abad Gómez |
| En vez de maldecir la
oscuridad, prende, aunque sea, una pequeña luz,
dice el proverbio oriental que hizo suyo el doctor Héctor
Abad Gómez. Toda su vida prendió no una sino
muchas luces, aún vivas en sus escritos y en la memoria
de todos los que con ellas siguen caminando. |
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Su hijo Héctor Abad
Faciolince le ayudó a preservar las lecciones de tolerancia.
Un día llevó de la Morgue a su casa las ropas
ensangrentadas -aún albergaban una bala- y las quemó.
Pero guardó muchos años la camisa con las manchas
ennegrecidas para no olvidar el crimen y vengar a su padre.
Cuenta el escritor: Al escribir este libro la quemé
también, pues entendí que la única venganza,
el único recuerdo y también la única
posibilidad de olvido y de perdón, consistía
en contar lo que pasó, y nada más. Ese
fue el origen de su libro El olvido que seremos.
Y el del Manual de Tolerancia de su padre arrancó
de un legajo de manuscritos, a modo de diario, que ordenó
y editó Abad Faciolince. |
En el prólogo
de este testamento espiritual publicado en 1988, a un año
de su muerte, el constitucionalista y compañero de
lides humanitarias del maestro, Carlos Gaviria Díaz,
dijo: Pienso que la tolerancia sintetiza un impulso
vital y un sentimiento posibles de contradecirse, pero que
en el médico humanista ni siquiera virtualmente se
podían escindir: la libertad y el altruismo.
Contra el fanatismo
Dice Abad Gómez al principio del libro: El
fanatismo y los fanáticos han sido el instrumento de
los más grandes desastres humanos. Su hijo, Héctor
Abad Faciolince, rememora: Mi papá fue un profesor,
un buen profesor, como muchos de ustedes aquí en la
Universidad de Antioquia lo pueden atestiguar. Como tal, luchó
contra la ignorancia, contra el fanatismo, contra la estupidez.
Porque en general la ignorancia, el fanatismo y la estupidez
no producen sino sufrimiento. Y mi papá era un enemigo
del sufrimiento. Yo sé que él, si pudiera, nos
diría que ya no suframos más por su muerte,
que ya no pensemos más en su sangre derramada. Que
envejezcamos como él, gozando con la belleza del campo,
con la compañía amena de los amigos, con la
compañía de la buena música y los mejores
libros (Acuérdate de olvidar, El
Espectador, 25 de agosto de 2012). |
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¿La
paz? Los que hacen imposibles
los cambios pacíficos, hacen inevitables
los cambios violentos (
) Se equivocan los que
creen que pueden acallar el clamor de paz y justicia
del pueblo colombiano.
Dr. Héctor Abad
Gómez
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Don Héctor fue abierto
y pluralista, sin renunciar a sus postulados ideológicos:
Mis sentimientos están como mi corazón,
a la izquierda; mi razón, como mi cerebro, al centro;
mis odios y resentimientos en mi pequeña vesícula
biliar, a la derecha. Pacifista convencido, decía:
No es matando guerrilleros, o policías, o soldados,
como parecen creer algunos, como vamos a salvar a Colombia.
Es matando el hambre, la pobreza, la ignorancia, el fanatismo
político o ideológico, como se puede mejorar
este país.
Creía en una cultura humana única, en
que las nociones de convivencia, de igualdad, de fraternidad
entre toda la especie humana, sean aceptadas como cosas naturales
y corrientes.
Ojalá no me maten
A quien ame y respete la vida, tienen que estremecer
estas palabras de quien lloró a otros mártires:
Pedro Luis Valencia, Luis Felipe Vélez
: Creo
que he vivido plenamente, intensamente, suficientemente [
].
Aunque no le temo a la muerte tampoco quiero que me maten,
ojalá no me maten: quiero morir rodeado de mis hijos
y mis nietos, tranquilamente, una muerte violenta debe ser
aterradora. En su Manual de tolerancia afirmó:
Hay un solo medio de transporte en el que acepto que
me saquen de la Universidad: el ataúd. Lo mataron.
A pocos metros y a pocos minutos cayó su discípulo
amado Leonardo Betancur, a manos de los mismos sicarios, y
seguieron en la lista Luis Fernando Vélez, Jesús
María Valle, Carlos Gónima
Se fue a la eternidad, pero legó su credo: Creo
en el hombre y en su capacidad de ser feliz. En su capacidad
de disfrutar esta vida aquí en la tierra; en su capacidad
de entender las leyes naturales y ponerlas a su servicio;
en su capacidad de convivencia, en su capacidad de altruismo,
de abstracción, (
) creo en su capacidad de trascender
los goces y bienes inmediatos hacia bienes superiores, (
)
en su capacidad de sacrificio por ideales superiores
(Manual de tolerancia). El 18 de septiembre de 1984, como
hablando a los profetas actuales del desastre, el maestro
Abad Gómez sentenció: ¿La paz?
Los que hacen imposibles los cambios pacíficos, hacen
inevitables los cambios violentos (op. cit). Lo escrito
hace más de 25 años parece de hoy: Se
equivocan los que creen que pueden acallar el clamor de paz
y justicia del pueblo colombiano. |
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| Medicina
en la pintura |
La extracción de
la piedra de
la locura, de El Bosco
Hernando
Guzmán Paniagua, Periodista - elpulso@sanvicentefundacion.com |
| La extracción
de la piedra de la locura, óleo sobre tabla de
48 x 35 cm. de la primera etapa del pintor holandés
Hieronymus Van Aeken Bosch - El Bosco (1450-1516),
pintada entre 1475-1480, integra grabados satíricos
y burlescos de la época en los Países Bajos. |
Plasma una rudimentaria
operación quirúrgica usual en la Edad Media:
la extirpación de una piedra causante de la necedad
del hombre, según la creencia. Un falso doctor, que
en vez de birrete lleva un embudo en la cabeza (símbolo
de la estupidez), extrae o finge extraer dicha piedra de la
cabeza de un enfermo. En realidad saca un tulipán,
alusión a la ingenuidad; en Holandés se le llama
al necio 'cabeza de tulipán'. El puñal en la
bolsa de dinero simboliza la estafa. Así los artistas
satirizaban a quienes creían poseer el saber, siendo
más ignorantes que sus pacientes.
Un fraile con un cántaro de vino y una monja con un
libro sobre la cabeza, alegoría de la borrachera, la
superstición y la ignorancia clericales, revelan el
anticlericalismo de El Bosco, propio de la devotio moderna
y otras doctrinas previas a la reforma protestante en Flandes.
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El formato de espejo del cuadro parece mostrar al mundo
la imagen de su propia estupidez. La leyenda Meester snyt
die Keye ras, myne name is Lubbert Das (Maestro, extráigame
la piedra, mi nombre es Lubber Das), alude a este
personaje satírico de la literatura holandesa, símbolo
de la estupidez.
Irene González, de la U. Complutense de Madrid, dice
que podría haber tres manos en la obra: una en la
inscripción, otra en la escena -la de El Bosco- y
otra en el paisaje, aunque la línea elevada del horizonte
es típica de El Bosco. Ante las teorías que
dudan sobre su autoría en La mesa de los pecados
capitales, Las tentaciones de San Antonio y La extracción
de la piedra de la locura, Jesusa Vega expresa: En
ese tiempo la cuestión de autoría ni existía.
El 'yo' del artista es una construcción cultural
del Renacimiento italiano.
La obra remite a fines de la Edad Media y principios del
Renacimiento, con el cisma entre la cirugía y la
medicina. Los cirujanos -casi siempre barberos, curanderos
y charlatanes- oficiaban en campos de batalla, ferias y
mercados, en tiendas de campaña, alternando a veces
con malabaristas y otras diversiones. Algunos pretendían
curar la epilepsia con una incisión en la frente,
fingiendo sacar una piedra que llevaban escondida en la
mano. Era una cirugía placebo, que hacía
creer al enfermo y a su familia, que había curado,
como antes les hacían creer que estaba loco. Estos
seres entraron en pugna con los médicos formados
en universidades y acreditados con diplomas.
Referencias:
www.museodelprado.es/coleccion/obra
-de-arte/la-extraccion-de-la-piedra-de-la-locura.
https://es.wikipedia.org/wiki/Extracci%C3%B3n_ de_la_piedra_de_la_locura
www.ucm.es/data/cont/docs/621-2013-11-21-PIEDRA%20DE%20LA%20LOCU
RA
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