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Por solidaridad, por mera precaución para evitar
el estallido de una crisis social y del sistema de salud,
por ética, por obligación constitucional,
por responsabilidad moral e histórica, el Estado
colombiano tiene que encontrar mecanismos de apoyo al pago
de deudas de EPS liquidadas con clínicas, hospitales
y proveedores en todo el país.
Infaustos recuerdos traen al sector salud nombres de EPS
liquidadas como Bonsalud, Unimec, Barranquilla Sana, EPS
Risaralda, Comcaja, EPS Caldas, EPS Corporanónimas,
Red Salud, Cajanal, Seguro Social (ISS), Salud Cóndor,
Selvasalud, Calisalud, SaludColombia, Comfenalco Antioquia,
Solsalud, Salud Cóndor, Golden Group... Con estos
y otros antecedentes, más grande es la preocupación
por la cesación de pagos y no reconocimiento de deudas
billonarias de mega-liquidaciones de las grandes EPS: SaludCoop
en el régimen contributivo y Caprecom en el subsidiado.
La salud es un servicio público bajo dirección
y responsabilidad del Estado, y es un derecho fundamental.
Esas dos premisas han reglado la salud los últimos
25 años. El Estado no es por tanto, un simple observador
frente a la salud como derecho, porque está bajo
su tutela y directa responsabilidad. Para cumplir su objetivo,
el Estado se sirve de organizaciones, contratistas e intermediarios,
como son las EPS para administración de recursos
o aseguramiento, y de IPS para prestación de servicios
de salud. Sin embargo, el encargo en particulares o entes
públicos no releva al Estado de su responsabilidad,
mucho más si entrega cuantiosos recursos vía
Unidad de Pago por Capitación.
Por estas razones, sorprende el gran número de EPS
que reciben cada mes recursos tan grandes y están
autorizadas para funcionar en condiciones precarias, pudiendo
liquidarse o seguir funcionando en un estado alarmante de
endeudamiento e incumplimiento. Hay 19 EPS bajo medidas
especiales de Supersalud: 7 en Vigilancia Especial, 4 en
Programa de Recuperación, 7 intervenidas para liquidar
y 1 para suprimir y liquidar.
Muchas veces el ministro Alejandro Gaviria y expertos hablan
de confianza; incluso está en el Plan Nacional de
Desarrollo la recuperación de la confianza en el
sistema de salud. Pero la confianza parte de la seriedad
y de un acto muy sencillo que es responder por lo que se
debe y por los servicios que se consumen. También
proporcionar medidas que blinden la confianza: garantías.
¿Cómo puede haber confianza si existe un número
tan grande de EPS liquidadas o en vías de liquidación
o fusión, si nadie va a responder por las deudas
que contraigan? ¿Cuáles son las garantías
que pueden tener trabajadores, proveedores y hospitales
al atender afiliados de determinada EPS, sabiendo que va
a desaparecer y que nadie va a responder? No es una pregunta
retórica: la amarga experiencia de las EPS liquidadas
es la pérdida de empresas constituidas por muchos
años, que afectan la población que no puede
ser atendida.
Conociendo la situación tan precaria de muchas EPS,
el Estado expidió normas de habilitación en
el decreto 2702/14, que les amplía a 7 años
el plazo para cumplir condiciones confiables, plazo que
se extendería varios años más para
EPS que recibieron grandes poblaciones de EPS liquidadas
como Caprecom. ¿Qué sentido tiene darles 7
años más a las EPS sabiendo que están
quebradas técnicamente y que seguirán estando
quebradas, que no van a cumplir patrimonio mínimo
(solvencia) ni reservas técnicas? Es darles 7 años
más funcionando, sin tener con qué responder.
Por eso el Estado tiene la obligación de crear un
mecanismo para responder por las deudas insolutas que ya
dejaron y dejarán otras EPS que inevitablemente se
liquidarán.
Además, el Estado debe responder por estas deudas,
porque ninguna EPS se quebró de un día para
otro. Desde principios del siglo XXI se advirtió
al gobierno de entidades que representaban un riesgo para
los hospitales en caso de ser liquidadas y de que sus deudas
jamás fueran saldadas. Eso que era una eventualidad
se convirtió en una realidad. Y hoy, entidades que
están entre irse o recuperarse son un riesgo, porque
la historia y la experiencia demuestran que las que se van
a liquidación dejan sus deudas perdidas y nadie responde.
Este panorama es conocido por las autoridades: entonces
no habrá argumentos que justifiquen que el Estado
no responda por esas deudas.
Por ejemplo: ¿Por qué se dilató tanto
la liquidación de Caprecom, una EPS pública
con problemas, en cuya junta directiva hacían presencia
3 ministros (Salud, Trabajo y Comunicaciones)? Cuando en
la última década se hablaba de corrupción
y malos manejos en esa EPS, ¿dónde estaban
los ministros? ¿Dónde estaban cuando le entregaron
multimillonarios recursos y la dejaron languidecer?
Medidas como la creación de la Subcuenta de Garantías
para la Salud del Fosyga y el Fonsaet, entre otras, son
insuficientes frente a la cruda realidad de EPS en liquidación
cuando son privadas, porque el gobierno en estos casos argumentará
que no tiene por qué atender deudas de particulares.
Esa postura debe cambiar, el gobierno debe ofrecer garantías
reales frente a las deudas consolidadas con las EPS y frente
a las deudas que a futuro se adquieran. Alguien tiene que
responder. Y ese responsable es el Estado, porque desde
la Constitución y las leyes, sin ninguna discusión,
el Estado tiene bajo su rectoría y regulación
la salud y su protección como derecho.
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