Todos supusimos que el sistema de seguridad social, particularmente
en el componente de salud, iba a ser eso, un sistema; y también
creímos que el ciudadano se incorporaba a él y obtendría
unos beneficios que eran iguales en cualquier EPS. Pero no ha
ocurrido así. Después de haber conocido los vericuetos,
excepciones, cortapisas y sobresaltos que viven los enfermos,
está supremamente claro que la gente se afilia es a una
EPS y no al sistema; que la libre escogencia, aun para seleccionar
la EPS, no es tan libre, que el Plan Obligatorio de Salud es insuficiente,
y que los hospitales y clínicas cargan con más de
lo que en justa ley les corresponde y de lo que se pensó
inicialmente.
Con frecuencia a la IPS le toca obrar como único doliente,
ser quien lleve sobre sí todo lo que de solidaridad propone
la ley y abrogarse la responsabilidad, no sólo de la atención,
sino de los costos por lo que requiere el enfermo, porque del
otro lado se vocifera que no tiene derecho. ¿Qué
hace una entidad asistencial con un paciente "del sistema",
que requiere determinado tratamiento o prueba diagnóstica,
y su responsable económico -EPS, ARS- no responde por el
costo? ¿qué hace un hospital con un paciente que
ingresó, que ya ingresó, y no tiene para el copago?
¿ y qué hace si no tiene dinero para pagar la cuota
moderadora? ¿da de alta al enfermo? ¿le cambia la
orden del médico para acercarse a lo que sí pagan?
¿por qué una EPS o ARS sí cubre los costos
y otra no lo hace por idéntico requerimiento? ¿
por qué hay que asumir la caprichosa glosa como un menor
costo de un tratamiento que en efecto se prestó y que sí
mejoró al paciente? ¿por qué hay que aceptar
sin apelación, y so pena de perder "el cliente",
lo que el auditor pontifique, aún en contravía de
la ciencia y de lo humano?
El progreso de la tutela en el campo de la salud y del fallo a
favor del paciente es realmente creciente: esto lo pueden asegurar
absolutamente todos los llamados prestadores, y esta situación
es sin dudas un hecho sintomático que señala que
algo no anda como debiera.
Por imprevisión o inadvertencia en la ley y sus decretos,
en este campo y por esta vía les cayó a las IPS
un sobrecosto con el que no contaban y sobre el cual han hecho
un aporte real, por el cual ni siquiera han recibido el Dioslepague.
De otro lado, el conocimiento médico, la aplicación
de investigaciones a la realidad de la gente, el entusiasmo por
ofrecer alternativas terapéuticas o diagnósticas,
el afán por escudriñar posibilidades y el interés
por vislumbrar en otra opinión o en otra opción
una esperanza, están a cuenta y riesgo, a íntegro
cargo de las IPS. Sólo la generosidad y el afán
científico de los profesionales y el bolsillo de las IPS,
han servido, particularmente en este campo, para atoar ese buque
inmenso y un poco desbarajustado de nuestra seguridad social.
Quedó corta la ley en estos aspectos que tratamos. Bajo
su manto no están las herramientas para propender el desarrollo
de una medicina cambiante y de avanzada, por el contrario, su
quehacer perpetúa en rigurosos esquemas y protocolos que
pronto se tornan anacrónicos, las mismas terapias y el
mismo alcance de pruebas que el progreso por sí solo va
venciendo.
La innovación y la ciencia están a cargo de las
IPS, en realidad siempre han estado en ellas. Hablando de ciencia,
de investigación y progreso, el desarrollo, el nombre y
la categoría de la medicina colombiana, de aquella que
nos enorgullece a todos, es ineludible mencionar a los hospitales
y clínicas del país y darles su justo mérito
.
Todos los hospitales y todas las clínicas, incluidas las
mismísimas clínicas de las EPS, han sentido la necesidad
y han comunicado su afán por el progreso, por el desarrollo
y el avance médico y en todas, también, sus profesionales
han vivido el vacío agobiante de no poder alcanzar todo
lo que requiere un enfermo, que por esas cosas de la vida, puso
la posibilidad de su existencia en su saber, en su criterio, en
su profesionalismo, en una palabra, en sus manos. Con muchísima
frecuencia los enfermos requieren más de lo que se autoriza
y sólo en los prestadores es donde ellos han encontrado
apoyo.
Todos nos ufanamos de lo que la medicina ha logrado, pero es vanagloria
de unos cuando creen que la faena es de todos, porque en realidad
los trofeos y las palmas corresponden a las clínicas y
hospitales, y a los demás... el silencio.