MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 5    NO 52   ENERO DEL AÑO 2003    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co
Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Augusto Escobar Mesa, Juan Guillermo Maya Salinas, Javier Ignacio Muñoz. Editora: Albaluz Arroyave Zuluaga. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez.
Decretar para tapar

Cuando los asuntos sociales se manejan con criterios económicos solamente, los valores y los principios terminan siendo económicos. Entonces la solidaridad es una palabra que no cabe, el respeto es un asunto técnico y de interés, el apoyo se factura, la honestidad es un buen negocio, la generosidad es un mal negocio y la constancia es sólo un valor agregado.
El sector asistencial, como componente del sector salud, le brindaba a la gente común y corriente más ayuda antes del año 93 que actualmente. En gracia de discusión pudiéramos aceptar que hoy se atiende más gente, pero también habría que aceptar que el costo unitario, en pesos constantes, se ha aumentado tremendamente. El subsidio que actualmente recibe la gente es muchísimo menor y es claro, porque nadie está dispuesto a subsidiar, usando un término genérico y del medio, a los intermediarios.
El sector de la salud anda mal. El Ministerio del ramo perdió su papel protagónico y hoy es un extra en el reparto de la obra. Eso es lamentable pues hay mucho que hacer y por quien hacerlo. Sin atenuantes, puede decirse que el de la salud, hoy por hoy, es un sector económico como lo es cualquier otro. Sin embargo hay un aspecto de él que pudiera ser rescatado y es el valor humano de sus acciones; es un ejercicio difícil pero factible, eso lo sabemos, pero realizarlo, enriquece y dignifica la labor de todo la legión de trabajadores de la salud.
Ahora bien, expedir tantos decretos, resoluciones y normas como tiene el sector salud, resulta imperativo para cerrar las puertas que quedaron abiertas después de erradicar el sentido humano que tenían los actos humanos. En este contexto nunca se terminará de hacer normas, pues a cada texto siempre habrá quien le encuentre una fisura y entonces habrá que sacar una adicional, a modo de parche para poner sobre el anterior. Decretar para tapar. Ese es uno de los resultados del giro tan brutal que dio la prestación de los servicios de salud en Colombia
Y como consecuencia de esto y desde el punto de vista de negocio, la salud es uno de los más difíciles, regulados, complicados y llenos de vericuetos y del que todos quieren sacar su tajada. Y en ese afán de todos, que brota desde la misma esencia legal, no hay preocupación por lo fundamental y por lo que en realidad lo debería mover y por lo que le debería dar su sentido: el paciente. Es triste, pero es tal cual.
De otro lado, el Ministerio de Trabajo tiene actualmente muchos asuntos que atender y todos ellos de tal complejidad y trascendencia, que comprometen grandes segmentos de la población y en algún sentido al país entero, su estabilidad y su futuro. La reforma pensional y la reforma laboral son dos temas de total importancia que requieren la entera atención del señor ministro Juan Luis Londoño y de todo su equipo. Estos dos temas requieren tanto tiempo, serenidad y ponderación que difícilmente un Ministro puede tener alguna otra cosa en su mente. El país entero, por medio de la televisión, es testigo de que a él no le ha faltado dedicación y actividad y eso está muy bien. Sin embargo, la otra cartera que está a su cargo no puede ser atendida con la diligencia que se debiera.
El sector de la salud y específicamente el sistema de seguridad social en su componente teórico, legal y aplicativo requiere que se le pongan los ojos encima. También en él los temas son amplios y complejos: comprometen la vida de millones de personas y el presente y futuro de cientos de entidades tanto públicas como privadas.
Seamos sinceros, el tema de salud no puede ser marginal, por lo sensible de sus implicaciones y por la misma debilidad del sector. El Ministro está en una carrera tan agitada que corre el riesgo de dejar en su afán cosas sin resolver, asuntos insuficientemente atendidos y aspectos sin el requerido estudio, argumentación y soporte. Superada la obligación que ahora le colma su tiempo veríamos de muy buena forma que con igual empuje atacara los asuntos de la salud que son de inmensa importa.

 




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