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Don Rufino José Cuervo (Bogotá 1844-París
1911)
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Rufino José Cuervo,.Bogotá 1844-París
1911. Según Menéndez y Pelayo, en el filólogo
más grande de la lengua española que produjo
el siglo XIX.
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La primera fábrica de cerveza en Bogotá -la
segunda para otros-, nace hacia 1860 gracias a dos hermanos,
Ángel y Rufino José Cuervo, un joven de 16 años
que a los 19 ya habla y escribe las lenguas clásicas,
conoce el árabe, el hebreo, el sánscrito
Rufino José será con los años polígloto
en 32 idiomas, en lenguas y dialectos como el asturiano, el
caldeo, el sardo y profundizará en los misterios de
su propia lengua con una disciplina autodi-dacta y una inteligencia
que lo convertirán, al decir de Menéndez y Pelayo,
en el filólogo más grande de la lengua
española que produjo el siglo XIX.
Este joven pálido, de calvicie prematura que, tiempo
después, en la cumbre de su vida, recibirá a
sus amigos en un domicilio austero de París con una
copita de Málaga, asiste silencioso en su niñez,
cada noche de sábado a las siete y hasta las 8 y media,
a las tertulias con chocolate que anima en la casa su padre,
el doctor Rufino Cuervo Barreto -hombre de Estado y presidente
encargado de Colombia en 1847-, tertulias de fama como las
de sus amigos, los Caro, que invitan a su helada casa bogotana
impregnada de un fuerte olor a libros y a rapé.
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El padre de Rufino
José, hombre sencillo, que desdeña las banales
pompas y los estiramientos, pone en primer lugar el hábito
del estudio y enseña a Rufino geografía y gramática.
A las seis de la mañana estaba ya en pie aguardando
que comenzásemos a estudiar. Fueron 7 hijos,
el menor de ellos Rufino José. Este, con su hermano
Ángel, escribiría en 1892 una bella biografía
de su padre. El ambiente de estudio en la casa era permanente
y hasta los trabajadores, en sus horas libres, aprendían
con los jóvenes Cuervo a escribir, a leer y a contar.
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La patria no necesita más
médicos y abogados
En carta de 1835, el padre subraya a su esposa, Doña
María Francisca Urisarri y Tordesillas de Cuervo: Si
yo muriere, tú tienes el deber de educarlos
no tengo
la vana pretensión de que mis hijos ocupen puestos elevados
en la sociedad, ni tampoco quiero que sigan por la carrera de
la medicina o del foro, como lo están haciendo casi todos
nuestros jóvenes. La patria no necesita de muchos médicos
y abogados, sino de ciudadanos laboriosos que cultiven los campos,
mejoren la industria y transporten nuestros frutos a los mercados
extranjeros. No economices gasto ni sacrificio alguno para educar
a nuestros hijos: vende lo más precioso que tengas, porque
aún cuando no les dejes bienes de fortuna, ellos tendrán
siempre lo bastante con la buena educación. |
Rufino José Cuervo dejó
buena parte de sus bienes al Hospital San Juan de Dios en Bogotá
y a la Sociedad San Vicente de Paúl. |
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Las penurias económicas, llevaron
a estos hermanos eruditos a buscar sustento en la fabricación
de cerveza y a tomar las riendas de un hogar sostenido, en
ocasiones, apenas por la venta de botellas de vinagre hecho
por su madre.
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A los 16 años
de Rufino José, la adversidad económica de la
familia -acentuada por la ausencia del padre fallecido en 1853,
la miseria dejada por revoluciones políticas como la
del general Mosquera en 1860, la venta de las minas familiares
de sal y de carbón de Sesquilé
- llevó
a estos hermanos eruditos a buscar sustento en la fabricación
de cerveza y a tomar las riendas de un hogar sostenido, en ocasiones,
apenas por la venta de botellas de vinagre hecho por su madre.
Cuenta Rufino José que su hermano Ángel, imposibilitado
incluso para salir con ropa decente y acorralado por las necesidades
de toda índole, decide aventurarse en 1860 con su fábrica:
Cerveza de Cuervo. Tales fatigas no consentían
descanso, pues cabalmente los días en que todos o los
más huelgan, eran los que más actividad nos demandaban.
Sin experiencia y con la información incompleta de algunos
libros, el proceso se hace en extremo complejo, un día
sale bien la producción y al otro resulta mala
la fermentación en las botellas, era preciso recoger
la cerveza de noche
y al mismo tiempo hacer comprar en
otras partes de la buena que quedaba, para no perder los otros
parroquianos. La escasez de recursos no permitía
tener empleados ni obreros suficientes, y Ángel mismo
lavaba botellas y barriles y ejecutaba todas las demás
faenas sin descanso días tras de días
No
necesitábamos menos fortaleza corporal para esta ruda
labor que filosofía para desdeñar a los que decían:
Vean en lo que han parado los hijos del doctor Cuervo, y para
ocuparnos nosotros mismos en el cobro de las cuentas, yendo
por las fondas y tabernas, aguardando y volviendo una y más
veces, como toca a cualquier vendedor de la plaza. |
Casa de los Cuervo en Bogotá |
Con la fábrica de cerveza, los
días en que todos o los más huelgan, eran los
que más actividad nos demandaban.
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A los 19 años, empieza a perfilarse el amor de Rufino
José por el estudio de la lengua y concibe, con su amigo
Venancio González Manrique, los rudimentos de un diccionario
de castellano que juzgan inexistente para fines prácticos.
Manrique escogió la letra L y Cuervo la O. Tiempo después,
en 1872, a los 28 años y con gran conocimiento filológico
y sentido crítico, inicia formalmente la obra |
que lo haría célebre
y en la que invertiría toda su vida: el Diccionario de
Construcción y Régimen de la Lengua Castellana,
empresa ambiciosa que Cuervo, por motivos de salud, deja inconclusa
y que sólo más de cien años después,
en 1995, lograría completarse para su publicación
gracias al Instituto Caro y Cuervo. El primer tomo aparece en
1886, en París. Las dos letras iniciales, la A y la B,
ocupan en esta edición 900 páginas, resultado
de 14 años de investigación. El segundo volumen,
que comprende la C y la D, aparece siete años después,
en 1893, con 1348 páginas. A los 23 años, Cuervo
había publicado en Bogotá la primera edición
de Apuntaciones Críticas del Lenguaje Bogotano; a los
25 años la famosa Gramática Latina, escrita en
colaboración con su amigo, Don Miguel Antonio Caro y,
a los 30, sus Notas a la Gramática de Andrés Bello
y varios ensa-yos que contribuirían a su elección
como miembro de la Real Academia Española, en 1875, con
sólo 31 años de edad.
Venta de la cervecería y domicilio en París
La vida de estudio y el amor decidido por las letras, no excluyen
sus actividades varias en la fábrica de cerveza, que
da cada vez mejores rendimientos. En 1878 viaja con su hermano
Ángel a la Exposición de París, se actualizan
en asuntos de producción y visitan varias cervecerías
europeas. La correría, que era también de descanso,
dura alrededor de un año. El diario de viaje de su hermano
Ángel, comerciante y también escritor, fue publicado
por el Instituto Caro y Cuervo. Aquella libreta de tapas duras
forradas en cuero café, obsequiada el día de la
partida por Don Manuel Pombo, se conserva en la Biblioteca Nacional
de Colombia y es una maravillosa colección de impresiones
de viaje, comentarios sobre gentes, artes, lugares, comidas
Notas
agraciadas con flores recogidas en diferentes lugares, hojas
y ramas diminutas con inscripciones cuidadosas: Flor de las
canteras del Pentélico, Catedral de Toledo, Patio de
las 100 doncellas, Cementerio de Crimea
A primera
vista los ingleses son estirados, pero tratándolos, se
encanta uno con ellos
En el Royal Hotel donde nos hospedamos
nos han servido como a príncipes, aunque nos comieron
más de medio lado. Y, entre los párrafos,
las mujeres encontradas desde su partida en Colombia: de hermosura
despilfarrada como las de Guaduas, sucias y hermosas como las
obreras de Manchester, o casi todas con bigotito y patillas
como las españolas. A propósito del asunto, la
reconocida escritora Emilia Pardo Bazán -mi bigotudita,
mi cielo feo le escribía Pérez Galdós-
sería en su momento una de las entusiastas comentaristas
del trabajo del filólogo colombiano: Cuervo nos
pertenece, a pesar de su ardiente patriotismo bogotano, y su
obra es, en suma, cosa de España. |
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El primer tomo del gran diccionario de Cuervo
aparece en 1886, en París. Las dos letras iniciales,
la A y la B, ocupan en esta edición 900 páginas,
resultado de 14 años de investigación.
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| Maravillados por lo encontrado
en Europa, los hermanos Cuervo regresan a Bogotá a mediados
de 1879 y trabajan en la cervecería hasta 1882, año
en el cual la venden para cumplir el sueño de radicarse
definitivamente en París y dedicarse al estudio. Su amigo,
Rafael Pombo, dolido por la partida de los hermanos Cuervo,
compone esta décima, al parecer en Facatativá:
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!Ángel! !Rufino!
Medio yo de aquí me alejo,
Y es la otra mitad que dejo
La única que dice adiós.
Mi buen yo va con los dos,
Quédase aquí el condenado;
Y aunque es grande su pecado
Y justa su penitencia,
!Quiera el cielo su clemencia
reintegrarme a vuestro lado!
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Angel Cuervo, hermano de Rufino José,
con quien fundó la cervecería en Bogotá
y con quien vivió en París por casi tres décadas.
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En su apartamento
de París, modesto como lo exigen su sentido religioso
y la sensatez y finura de su alma, Rufino José Cuervo
lleva una vida recogida y sencilla. Su fiel empleada doméstica,
Leocadie, a quien dejará buena parte de sus bienes, lo
cuida hasta su muerte, le pone sin falta su ruana cada atardecer
y salva de interferencias su trabajo solitario, consagrado a
la investigación, la escritura y la lectura.  |
Nadie había leído
tantos libros españoles como él, si se exceptúa
a Menéndez y Pelayo, comentó el escritor
Pedro Henríquez Ureña. Cuervo escribe también
para varias revistas y publicaciones periódicas, como
la Revue Hispanique, Romania, el Bulletin Hispanique; sostiene
correspondencia con los más prestigiosos filólogos
de Europa y América -como dan cuenta los gigantescos
tomos de su epistolario- y adelanta la escritura de las minuciosas
papeletas que edificaron su diccionario.
Dona sus bienes al Hospital San Juan de Dios
La muerte inesperada de su hermano Ángel en París,
el 24 de abril de 1896, debido a una fulminante pulmonía,
lo afecta de manera grave. Palabras me faltan para decir
lo que fue Ángel para mí. Eran de padre los ejemplos
y consejos de discreción y prudencia; de madre, la solicitud
con que posponía siempre su comodidad a la mía
Su menguado ánimo, la vieja fragilidad de su salud, y
los años de soledad, lo deterioran progresivamente. Rufino
José Cuervo muere el 17 de julio de 1911 en París,
la ciudad donde vivió 29 años. Es enterrado en
el legendario cementerio Pere Lachaise, cuyas tumbas célebres
tanto había visitado. Hombre soltero, Cuervo deja parte
importante de sus bienes al Hospital San Juan de Dios y a la
Sociedad San Vicente de Paúl, protegida también
por su hermano Ángel. Deja a su empleada doméstica
francesa, parte importante de sus posesiones y tiene en cuenta
que una de las donaciones llegue con justicia a un desconocido:
un obrero tipógrafo, bogotano de nacimiento, reconocidamente
pobre, padre o cabeza de familia
Todo ello retrata
muy bien el talante de Rufino José Cuervo. En su monumental
diccionario, dedica a la palabra Amor 15 columnas
de texto. |
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No
tengo la vana pretensión de que mis hijos ocupen puestos
elevados en la sociedad, ni tampoco quiero que sigan por la
carrera de la medicina o del foro, como lo están haciendo
casi todos nuestros jóvenes. La patria no necesita de
muchos médicos y abogados, sino de ciudadanos laboriosos
que cultiven los campos, mejoren la industria y transporten
nuestros frutos a los mercados extranjeros.
Carta del padre de Rufino José Cuervo a su esposa en
1835 |
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