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Salud,
mercado
y tecnociencia
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Está sobre
la mesa la reforma a la Ley 100. Es llamativo todo el tiempo
que tuvo que pasar y tanto dolor que tuvo que sentirse para
que finalmente entrara el convencimiento de que sobre ella
algo había que hacer. Por tanto, este tipo de oportunidades
que se ve de cuando en cuando, no pueden despreciarse.
Está al frente la oportunidad de hacer una reforma
de verdad. Pero de verdad verdad; no algo que luego nos desilusione
ni que más allá nos frustre, porque la problemática
es grande, la ocasión es única y la razón
suficiente.
¿Qué debería contener una verdadera reforma?
El Pulso ha venido proponiendo cambios y alternativas sobre
este tópico desde hace varios años. En salud
y en cosas fundamentales, lo ideal y lo mínimo son
iguales. Por tanto debemos hablar de alcanzar la cobertura
universal, y entre tanto lograr una cobertura priorizada:
que a ningún niño menor de 5 años se
le niegue atención completa sin tener que acreditar
nada; que ninguna materna tenga que ir y venir y padecer y
sufrir por su atención. Que los viejos sean respetados
y atendidos como la justicia, como la dignidad y como el honor
mandan. Y en otros ítems tenemos que lograr que se
desarrolle un sistema de identificación pero no de
derechos, puesto que supuestamente la cobertura sería
universal: sería un sistema para poder ordenar la demanda,
para asignar centros de atención y módulos de
servicio e información.
Es indispensable un solo tipo de operador y regido por normas
uniformes y orientadas verdaderamente al paciente.
Como todos los dineros son públicos, el beneficio que
logre el operador es por su eficiencia, pero no por vía
distinta.
Frente a las IPS, sólo habrá un responsable
económico, es decir un pagador único, con un
solo criterio, un solo modo de proceder y de interpretar.
Es indispensable impulsar y desarrollar, como es debido, las
tareas de salud pública, las cuales estarán
obviamente bajo la responsabilidad del Estado y ejecutadas
por él.
Pero lo que sin falta debe contener tanto el espíritu
como el texto de la nueva ley, es la prioridad que debe darse
a la solución de las necesidades del paciente por sobre
todas las cosas. Lo demás es accesorio y son toques
y grecas personales subalternas a lo que debe ser cualquier
consideración del hombre y su dignidad.
La ley debe partir del hombre y llegar al hombre. Cualquier
descuido y desviación de ese norte es fatal y sería
lamentable haber perdido esta ocasión.
Que se sepa, al cierre de esta edición se habían
presentado seis proyectos con reformas a la Ley 100: el 180,
presentado por el senador Germán Vargas Lleras con
la asesoría, especialmente, de la Academia Nacional
de Medicina; el 238 presentado por el senador Jesús
Enrique Piñacué, con propuesta de modificaciones
según los indígenas; el proyecto 138 radicado
por el senador Omar Yepes Alzate y el representante a la Cámara
Juan Martín Hoyos (del departamento de Caldas), proyecto
que pretendía modificar la Ley 715. El 236 presentado
por la Subcomisión Accidental de Salud del Senado,
coordinada por el senador Rafael Pardo Rueda; el 241, de origen
gubernamental y proyecto copia del 236, con algunas
pequeñas modificaciones, en el que se acumulan los
proyectos de ley 238/04, 236/04, 180/04 y 138/03; y el 242,
conocido como el proyecto alternativo, presentado por los
senadores Luis Carlos Avellaneda y Jesús Bernal, con
el apoyo de Assosalud. Aunque todos fueron retirados por la
imposibilidad de ser debatidos en esta legislatura, permanecen
sobre el tapete sus propuestas de ajuste al sistema de salud,
y sus proponentes siguen confiados en forma particular en
tener las mejores ideas, por lo que posiblemente los presentarán
nuevamente después del 20 de julio próximo.
En esta gama hay planteamientos de reorganización bajo
un mismo sistema operativo para todos los regímenes
y modalidades de afiliación, así como ideas
de darle una sólida estructura al Sistema asignando
funciones y competencias para todas las instituciones involucradas.
Igualmente existen propuestas de universalización del
aseguramiento y de desaparición de las ARS.
También se plantea la desaparición del Fosyga
y la creación del Fondo Territorial para la Salud -Focos-;
se propone prohibir la integración vertical; crear
el Fondo de Garantías para la prestación de
servicios de salud, para la protección de los recursos
en caso de quiebra de una EPS; crear un Sistema de vigilancia
y control; manejar el régimen subsidiado por parte
de las Secretarías de Salud de los niveles departamental
y distrital; en fin, en las propuestas hay de todo pero insistimos
que una buena reforma tiene que privilegiar al ser humano
y todos los aderezos deben estar en función de él.
No puede quedar de lado en la nueva ley la oportunidad de
rescatar para entregar nuevamente al médico lo que
se le quitó con el agrado de muchos, pero debe volver
a él como corresponde, su dignidad, y se debe reposicionar
la trascendencia de su criterio y la importancia de su función
y de su tarea.
Tampoco puede olvidarse la necesidad de tener unos hospitales
fuertes y desarrollados conforme con las necesidades de la
gente y la evolución de los servicios de salud.
Por último creemos que tiene que existir la manera
de salir del ambiente que le impone al hombre el mundo actual,
ambiente que lo abraza de manera asfixiante, creado por el
mercado y su temática, y la tecnociencia y la suya.
La nueva ley no puede caer ni en los influjos del mercado
ni en los anhelos de la tecnociencia. Sus fines deben ser
los mismos del hombre, los de la gente común y corriente,
y nunca otros.
El valor del hombre por sí mismo y en sí mismo
es digno de los mejores esfuerzos y parte de estos esfuerzos
deben estar orientados a que el ser humano gane más
y más conciencia sobre su valor y el de las cosas más
humanas, y si se quiere más simples y sencillas. No
por ser ésta una ley de salud se debe desaprovechar
su letra y su espíritu para propiciar un ambiente que
permita fortalecer al hombre como ser social y fomentar en
él valores como la dignidad, la tolerancia, el respeto,
el valor de la vida, y en fin, todo lo que propenda porque
el ser humano sea verdaderamente el centro como el punto de
partida y a la vez el destino de los actos de sus congéneres. |
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