MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 8    NO 98  NOVIEMBRE DEL AÑO 2006    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co
Acerca de la empresa
ideal de salud en Colombia
Luis Alberto Tello Cerón, MD - Cali - elpulso@elhospital.org.co

En este tema, la primera pregunta es: ¿empresa de salud ideal para quién? Y esta pregunta es pertinente, pues el gana-gana tan cacareado por algunas nobles almas, no siempre es posible. Para el caso de las empresas de salud, en las condiciones concretas de Colombia caracterizadas por el subdesarrollo y la pobreza de la gran mayoría, lo que puede ser benéfico para algunos actores del sistema no lo es para otros.

En el caso específico de EPS y ARS, sus administradores están obligados por la misma dinámica económica a producir utilidades explícitas o encubiertas de una sola manera: restando recursos a los pacientes y profesionales de la salud. Para esto se han aprovechado de su posición dominante en el mercado. Las consecuencias después de 13 años de Ley 100 están a la vista: No se cumplió la meta de cobertura para todos en el año 2001, quedan 12 millones de personas sin aseguramiento y los asegurados en el subsidiado tienen un plan incompleto y discriminatorio, la calidad de los
servicios es deficiente en general y la remuneración de la mayoría de los profesionales de la salud cayó por debajo de los límites que permitirían un nivel de vida decoroso -sólo pequeños grupos que ocupan posiciones monopólicas tienen altos ingresos-.
Las diferentes IPS se han visto afectadas en diversos grados por la necesaria integración vertical promovida por las EPS más poderosas. La necesidad es obvia: reducir costos y hacer más eficiente la operación. Esto es bueno para las EPS, pero ha sido mortal para IPS y grupos de profesionales. Se aprovecha la sobreoferta de proveedores y los precios bajan, lo cual sería estupendo para los usuarios -a quienes se debería trasladar estos ahorros en costos en forma de más y mejores servicios-. Pero, la realidad es otra. Las eficiencias logradas se convierten en ganancias explícitas o encubiertas a favor de los accionistas o grupos manejadores de las aseguradoras (EPS y ARS). Este fallo del mercado caracterizado por la sobreoferta de servicios profesionales y la demanda restringida reflejo del estancamiento productivo, ameritaría una intervención estatal ante la progresiva y al parecer inexorable pauperización de los profesionales. Esta acción política no se ha visto y al parecer no hay intención de ella.
El presupuesto anual para comprar salud es la UPC (Unidad de Pago por Capitación): En 2006, con $31.000 mensuales deben pagarse todos los servicios incluidos en el Plan Obligatorio de Salud (POS). Este es un presupuesto escaso para lo que se pretende comprar. Aunque no se pueden negar las ineficiencias que caracterizan al sistema de salud y con cuya corrección los escasos $31.000 podrían rendir más, este dinero no alcanza para ofrecer cantidad y calidad de servicios. Sin embargo, debemos aceptar en gracia de discusión, que esta cantidad refleja la capacidad de pago que tiene la gente para comprar salud: es un indicador económico y de desarrollo social. La UPC no podría ser aumentada significativamente por decreto, sin tener graves repercusiones en las cotizaciones de trabajadores y empresarios. Tenemos la salud que podemos pagar, aparentemente.
Sin embargo, lo observado nos indica que este presupuesto podría utilizarse de manera más racional, si los intereses de los principales actores de la salud (pacientes y profesionales), fueran prioritarios para el sistema. Al referirnos a profesionales de la salud, el concepto se extiende a los técnicos y proveedores que con su trabajo y conocimiento agregan valor a la salud: administradores, ingenieros, informáticos, abogados, etc.
Contexto del sistema de salud
Pregunta pertinente a esta altura de la discusión: ¿Cuál es el valor agregado por las EPS al sistema de salud en estos trece años de Ley 100? ¿Al servicio de quienes se dirigieron los abundantes recursos? La avalancha de tutelas, los “paseos de la muerte”, los informes sobre baja calidad de vida de los profesionales de la salud, los cierres de diferentes IPS, tienen relación directa y causal con este problema.
Pero, ¿tiene culpa el alacrán cuando en el ejercicio de su naturaleza pica? ¿Tiene culpa el inversionista, el clientelista, el politiquero corrupto y sus gerentes cuando trabajan para sus intereses? Tal vez no. Aquí la culpa ha sido histórica de los mismos actores fundamentales. Tanto usuarios como profesionales de la salud tenemos una deuda histórica, puesto que no afrontamos las consecuencias del nuevo sistema, evidentes desde un principio. ¿Dónde estuvieron los sindicatos todo este tiempo? Afortunadamente, para el gremio de la salud se han logrado progresos en unidad organizativa.
¿Vale esperar resultados diferentes de los observados, cuando los ejecutores de la salud no somos los pacientes y los profesionales? Los diferentes inversionistas de la salud tienen contradicciones objetivas e irreconciliables con pacientes y profesionales: Cada peso que ellos ganan, lo perdemos nosotros. No es un problema de buena o mala voluntad. Es un fenómeno económico, independiente de la voluntad de un individuo: la rentabilidad.
Surge entonces otra pregunta obligada: En un mercado restringido, con pobre capacidad de pago, con asimetría de la información, ¿es justo, ético o lógico que la salud genere rentabilidad para actores diferentes a los que participamos en el proceso? ¿Cuál debería ser el modelo para que esta contradicción entre inversionistas usufructuantes y pacientes y profesionales no se diera? Si no hay inversionistas, ¿cómo se construyen las empresas? ¿De dónde saldrían los recursos? ¿Quiénes deben dirigir las empresas de salud? ¿Qué papel deberían jugar pacientes y profesionales en la dirección?
Algunas respuestas
El mejor defensor de los intereses de uno, es... uno mismo. Si los pacientes y profesionales de salud de Colombia aspiran a que sus intereses sean tenidos en cuenta plenamente, solo será en la medida que su participación en la gestión de las organizaciones de salud sea determinante. Esto significa, tener el poder.
Profesionales y pacientes tenemos intereses complementarios. Cada parte tiene una demanda y una oferta que la otra parte suple. Por el contrario, los intereses de estos actores son contradictorios, con inversionistas convencionales. Es posible que en mercados más amplios todos queden contentos: buenas ganancias para los unos, buenos servicios para los pacientes y buena remuneración y oportunidades de desarrollo para los profesionales.
La financiación de las empresas
El capital pagado mínimo para conformar una EPS son $4.000 millones mal contados. Los alcances de los gremios que podrían representar a los pacientes y a los profesionales de la salud sobradamente financiarían esta cifra.
Las actuales EPS realizaron inversiones relativamente insignificantes frente al volumen de ingresos que manejan actualmente. Las cifras son contundentes.
La integración vertical: ¿Quién la necesita?
La actual red de servicios de salud del país provee un alto grado de integralidad, lo que hace innecesario invertir un solo peso en nueva infraestructura. Una EPS en la que estuvieran plenamente representados los intereses de las diferentes IPS -que con grandes esfuerzos han contribuido al desarrollo de las diferentes regiones- defendería la supervivencia de ellas y la discusión se trasladaría a términos de contratación y a reestructuración de procesos para reducir ineficiencias y con ello costos. La atroz tendencia de integración vertical que está dejando una estela de muertes empresariales y pauperización de profesionales, no sería necesaria para una empresa de nuevo tipo con participación democrática de pacientes, profesionales e IPS.
En este modelo, el lucro no sería necesario. Obviamente se deben tener utilidades, pero éstas no deben salir del sistema sino reinvertirse de manera que favorezcan el desarrollo de la empresa y sus integrantes. Las ventajas tributarias -aunque no son el punto fundamental-, también juegan en un modelo sin ánimo de lucro.
El objetivo fundamental sería desarrollar la salud como género, satisfaciendo las necesidades y expectativas de sus actores fundamentales, y no las expectativas utilitaristas de inversionistas. No se trata de satanizar el ánimo de lucro, sino poner de relieve que en las condiciones actuales del país y de los indicadores de salud, no cabe este ánimo de lucro.
La extensión geográfica de las empresas
¿Qué valor agrega la dirección nacional de una cualquiera de las empresas, sobre una sucursal de Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga o Pereira? ¿Los recursos tecnológicos y humanos locales no son suficientes para administrar una empresa de este tipo? Obvio que sí. El afán de crecimiento más allá de los confines regionales, sólo resta recursos de salud a favor de burocracias que detentan el poder central de las empresas.
La posibilidad de atender pacientes en todo el territorio nacional es un problema ya resuelto por la tecnología de comunicaciones, y no justifica los avances hegemónicos y monopólicos de algunas empresas (otro fallo del mercado en el que el Estado no se ha manifestado, como es su obligación). La extensión geográfica racional de una EPS sería la región delimitada por el área de influencia de los centros de alta tecnología; esto daría dimensiones justas a las burocracias centrales de las empresas.
La administración de excelencia
Es un requisito sine qua non. El clientelismo y la mediocridad administrativa se han pagado con un alto costo en empresas de salud públicas y algunas privadas. La contención de este fenómeno se logra con un alto componente democrático. El surgimiento de camarillas y oportunistas son riesgos de cualquier organización. Sólo con mecanismos expeditos de participación y control se pueden atajar tendencias perversas.
Otros elementos estratégicos en el diseño de una empresa de salud son la tecnología informática y la estandarización de procesos. Se calcula que gran parte del recurso de salud, se despilfarra por falta de estos recursos. Errores médicos y administrativos, no coordinación de actividades, tiempos y movimientos desperdiciados, son factores que agravan la difícil situación y pueden ser reducidos con tecnología bien aplicada, al servicio de pacientes y profesionales de la salud.
Propuestas
En resumen, las empresas de salud deberían:
- Tener una composición social que represente los intereses de los profesionales de la salud y de sus empresas (IPS).
- Ser sin ánimo de lucro, de manera que las utilidades se reinviertan y generen desarrollo,
- Abarcar el territorio de influencia de los grandes centros tecnológicos, sin excederse en acaparamientos territoriales.
- Disponer de tecnología administrativa y de telecomunicaciones de punta, como herramienta para reducir ineficiencias.
La tendencia al monopolio que se está dando en la salud no es buena para el público ni para los profesionales. Tratemos de prever el escenario en un futuro inmediato: El riesgo no es sólo para los más débiles. A medida que la integración vertical se acentúe aún los grandes IPS y centros de alta tecnología, deben poner sus barbas en remojo. Sólo es problema de tiempo.
 
 
 
 







 



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