Dentro
de una propuesta no argumentada, que no ofrece valor agregado
ni ahorro fiscal, el gobierno concibió un proyecto de
decreto que fusiona el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos
y Alimentos (Invima), con la Superintendencia Nacional de Salud
y la Superintendencia de Subsidio Familiar en la Superintendencia
de Protección Social.
Esta propuesta que prácticamente cierra el
Invima, despertó toda clase de inquietudes, pues implicaría
un retroceso de más de 10 años en un área
vital para el país: la vigilancia sanitaria y el control
de calidad de los productos de consumo que pueden tener impacto
en la salud de los colombianos, lo mismo que de algunos servicios
relacionados. Significaría un proceso con pérdidas
incuantificables y no dimensionadas por el gobierno, que podría
incluso entorpecer acuerdos sobre importaciones y exportaciones,
patentes y propiedad intelectual en la negociación del
Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos, dada la experiencia
y reconocimiento internacional del Invima en estos procesos.
Del Invima dependen actividades que buscan proteger la población
de riesgos derivados de la mala calidad en la producción,
distribución y almacenamiento de alimentos, bebidas,
medicamentos, cosméticos, dispositivos y elementos médico-
quirúrgicos, productos naturales homeopáticos
o biotecnológicos. El universo de productos abarca alrededor
de 12.000 medicamentos y más de 80.000 productos susceptibles
de afectar la salud.
El Invima se creó al amparo de la Ley 100 y empezó
a funcionar en 1995, concentrando las funciones de control y
vigilancia sanitaria que estaban dispersas en el Ministerio
de Salud y otras dependencias. En estos 10 años ha acopiado
toda una experticia técnica.
No hay argumentos para el cierre
Quienes promuevan el cierre del Invima no pueden argumentar
que es una carga fiscal, porque el año anterior transfirió
excedentes a la Nación por casi $11.000 millones (de
pago por trámites y derechos sanitarios); tampoco necesita
reestructurarse, porque el año anterior eliminó
unos 100 cargos; y la dilución de sus funciones en varias
entidades, antes que facilitar entorpecería la buena
marcha de los procesos productivos.
Por eso, la propuesta generalizada en el país, en vez
de cerrar es fortalecer el Instituto, permitiéndole
conservar sus recursos y aumentando su capacidad de gestión
con ajustes necesarios para atender en forma eficiente la demanda
de servicios de todos los sectores.
Inconveniencias de cerrar el Invima
El Pulso consultó los argumentos de quienes cuestionan
el cierre del Invima.
El ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, indicó
que escuchará propuestas, pero que fusionar el Invima
busca hacer más eficiente la revisión de las normas
de salubridad, para estar en línea con la competitividad
internacional, porque a su juicio, hay grandes y serias quejas
de los empresarios porque el Instituto no funciona: "No
estamos proponiendo alargar los trámites y licencias
sanitarias, sino hacerlos más transparentes".
El presidente de la Asociación Nacional de Industriales
-Andi- Luis Carlos Villegas, dijo que la opinión del
sector privado es contraria a esa posibilidad de fusionar el
Invima con la Supersalud y así prácticamente desaparecer
la primera entidad: "El mundo va hacia un fortalecimiento
de las instituciones que tienen que ver con el control de alimentos
agroquímicos y farmacéuticos, no con su debilitamiento
y fusión con otras instituciones".
El presidente saliente de la Junta Directiva de la Andi, también
presidente de Inveralimenticias Noel, Carlos Mario Moreno, aseveró
que la posición de la Andi es por el mantenimiento del
Invima y su fortalecimiento técnico. Considera inconveniente
su cierre.
La directora de Afidro (gremio de las farmacéuticas multinacionales),
María Claudia García, afirma que para su sector
el cierre del Invima sería gravísimo y significaría
un gran retroceso y demoras en el trámite del registro
sanitario de medicamentos, lo que implicaría a los colombianos
el no oportuno acceso a los mismos.
Para Alberto Bravo, director Asinfar (gremio de los laboratorios
nacionales), la propuesta de fusionar el Invima es equivocada,
inconveniente e inoportuna: "Todo el sector privado ha
demostrado unánimemente que el Invima es susceptible
de mejorar y que su estructura y orientación es satisfactoria.
Para el sector de medicamentos es muy importante el Invima.
Países como Estados Unidos, la Unión Europea y
los asiáticos tienen un sistema idéntico. Lo que
debemos hacer es perfeccionarlo". Y agrega: "Es como
pretender acabar con la FDA en Estados Unidos: protestarían
los usuarios más que la industria. Estamos seguros que
el presidente Uribe va a echar la medida para atrás".
El director de la Cámara Farmacéutica de la Andi,
Juan Manuel Gutiérrez Lacourture, afirma que la fusión
del Invima obligaría a tramitar los registros sanitarios
con tres entidades en vez de una, mediante una articulación
que no es clara. También afectaría el reconocimiento
internacional a la eficiencia ganado por el Invima, y los trámites,
procesos y registros se volverían más engorrosos,
multiplicando costos que podrían trasladarse a los usuarios.
Para Juan Carlos Madriñán Padilla, director de
la Cámara de Proveedores de la Salud, el Invima ejerce
un control en salud pública eficiente y expedito, con
trámites de 5 días a una semana tanto para proveedores
de la salud como para la industria de dispositivos médicos.
Con la fusión se perdería la experiencia de sus
profesionales, se devolvería dos años el desarrollo
de la entidad y los trámites tardarían hasta dos
meses, con un delicado impacto en la salud pública. Además,
reestructurar el Invima impactaría negativamente los
hospitales y su gestión en los procesos permanentes de
importación, desarrollo de tecnologías y licencias
en laboratorios, radiología y medicina nuclear, entre
otras áreas.
Para la directora de la Cámara de Sabores y Fragancias,
y de la Cámara de Restaurantes y Servicios Alimenticios,
Claudia Boffuzi, fusionar el Invima sería un retroceso
porque se perderían excelentes profesionales y avances
en vigilancia sanitaria y en agilidad en trámites nacionales.
Se generaría un caos en importaciones y exportaciones
de insumos y materias primas para medicamentos, cosméticos
y alimentos.
El director de la Cámara de la Industria Pesquera, Armando
Hernández, afirma que el Estado no puede estar cerrando
cada cinco años instituciones, resintiendo al sector
productivo, más cuando en este último se mueven
productos perecederos (como atún y camarón) que
requieren gran agilidad en trámites de exportación
y certificados sanitarios válidos en Europa, cosa que
con éxito alcanzó el Invima, puesto que allí
se le reconoce como una autoridad, seria, ágil y oportuna.
Octavio Campo, director de la Cámara de la Industria
de Alimentos, no le ve a la propuesta del gobierno ningún
valor agregado, ni beneficio para la industria, más cuando
antes del Invima los registros sanitarios con el Ministerio
de Salud se demoraban hasta dos años, con grandes retrasos
y sobrecostos que frenaban la innovación productiva:
Ahora no se hace con base en papeleos sino en vigilancia
y control del mercado, y el registro es automático. Iríamos
en contravía de las recomendaciones mundiales. Además,
la fusión pone en alto riesgo la competitividad del sector,
justo cuando se negocia TLC con Estados Unidos, lo cual resulta
antagónico a los intereses de la industria nacional.
Alimentos exporta cerca de US$1.000 millones al año y
cada trámite de exportación requiere de un certificado
de libre venta que expide el Invima, que ha funcionado bien.
Francisco de Paula Gómez, director de la Cámara
de la Salud, asegura que la propuesta de fusión del Invima
va contra las recomendaciones de la OMS y FAO, y sería
muy grave para el país que el Invima desaparezca, más
cuando hoy es modelo en Latinoamérica: En eso están
de acuerdo todos los gremios, no solo el sector salud.
Jaime Concha, director de la Cámara de Cosméticos
y Productos de Aseo, afirma que el Invima tiene un gran impacto
en la economía. Por la entidad pasa el 40% de la producción
industrial, el 22% de exportaciones industriales y el 66% de
las ventas de supermercados de grandes superficies. El Invima
vigila en el ámbito sanitario desde su producción
hasta su comercialización y certifica condiciones de
calidad e higiene técnico-locativas de más de
50.000 establecimientos en Colombia. El 20% de los trámites
del Invima son sobre medicamentos, "y se está tomando
una decisión sobre el 80 % de los otros sectores con
base en uno sólo, que puede ser muy importante pero que
ni siquiera está de acuerdo". El directivo recordó
que un año atrás se definió que lo mejor
para el Invima era un ajuste estructural según exigencias
de 1995, por lo que abortar el proceso tendría un alto
costo. Muchas quejas del Invima son por problemas de legislación
y solucionarlos sería la oportunidad de fortalecerlo.
La OMS y la FAO dicen que organismos tipo Invima son los que
deben tener los países, así como Estados Unidos
tienen la FDA, una entidad básica en las negociaciones
del TLC: por eso no puede desaparecer su par en Colombia: el
Invima. Eliminarlo es perder celeridad, facilidades y vigilancia
de la competencia desleal.
El papel del Invima en el TLC es clave: es una entidad sanitaria
independiente, autónoma, avalada internacionalmente,
necesaria para el sector productivo exportador e importador,
que cumple cabalmente sus funciones de vigilancia y control.
Eliminarlo en el marco del TLC podría hasta reversar
la negociación, además porque tiene un gran impacto
en dispositivos médicos e insumos de salud que requiere
el país. Gracias al Invima, el 73% de los productos que
pasan por su control real tienen o registro automático
o notificación, acogiéndose a una tendencia del
mercado mundial en cosméticos, aseo y alimentos. Las
decisiones del Invima son reconocidas en América Latina
y abren paso al mercado de la Comunidad Andina en los cinco
continentes, lo que ha permitido en el área de cosméticos
duplicar las exportaciones en cinco años. Tan solo con
el aval del Invima, muchos productos pueden circular en varios
países libremente. |