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Esta pregunta va en dos sentidos: ¿a quién
le duele el Instituto y lo defiende? Y, ¿quién
estaría interesado en adquirirlo y hacerlo parte
de su propiedad? El interrogante viene al caso, una vez
confirmada la premonición de que en algún
momento el gobierno entraría a acabar la entidad,
porque no basta con ver el estado de postración al
cual llegó, sino que también debe recordarse
que el Instituto de los Seguros Sociales nunca fue de los
afectos del gobierno: los 60 años de la institución
tienen innumerables pruebas de ello.
Recordando a Kundera cuando dice que la lucha del
hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra
el olvido, habría que empezar por decir que
el gobierno fue uno de los padres de la creación
del Instituto, pero desde sus inicios incumplió sus
obligaciones para con él, cuando de entrada nunca
pagó la cuota tripartita que le correspondía
al lado del aporte de empresarios y trabajadores; y para
oficializar el incumplimiento del aporte, en 1973 el gobierno
convirtió el aporte al ISS en bipartito y se auto-eximió
de la deuda adquirida hasta esa fecha, pero conservando
todo su poder dentro del organismo. No en balde, el Seguro
le sirvió siempre de fortín político.
Con la llegada de la Ley 100 en 1993, el gobierno desmonta
el monopolio público en seguridad social que estaba
en manos del ISS, y lo pone a competir en el recién
creado mercado de la salud; dadas las cargas que traía,
con gastos insostenibles, insuficiencia en los sistemas
de información y control, deficiencias en el servicio
y corrupción, el ISS empieza a perder terreno, más
cuando las entidades privadas de aseguramiento en salud,
pensiones y riesgos profesionales sólo podían
crecer a expensas de 'sonsacar' los afiliados del Instituto,
y el gobierno nunca preparó al Instituto para la
competencia, al no fortalecerlo ni económica ni administrativa
ni operativamente.
Para 1996, al lado de las otras EPS públicas, el
Seguro tenía 62% del total de afiliados y las privadas
el 38%. En 1998, la Supersalud sancionó al Instituto
y le impidió hacer nuevas afiliaciones y acciones
de mercadeo e inversiones, con lo que salen usuarios pero
no se reponen, envejecen los afiliados pero no hay recambio
con nuevas generaciones: de 10,2 millones de afiliados compensados
en el ISS en 1996, se pasó a 7,5 millones en 1998
y a 2,8 millones en 2003, en un verdadero desplome; en 2003,
ya 75% de los afiliados estaban en las EPS privadas y sólo
25% en las públicas. Ese mismo año, el gobierno
lanza el Plan de Modernización del ISS,
argumentando que el estado de postración del Instituto
obedecía a su incapacidad para adaptarse a la Ley
100, la carga prestacional, los efectos de la sanción
y los problemas de gestión; esta caracterización
del problema era parcialmente cierta, pero el gobierno no
dijo que también faltó voluntad política
de los administradores que había puesto en el Seguro,
para resolver los problemas estructurales de la entidad
y convertirla en modelo de seguridad social. Se cerraron
clínicas y despidieron trabajadores, se recortó
la convención colectiva y se hace separación
funcional de la EPS y las IPS, pero estas medidas agravaron
los problemas.
En 2003, el gobierno del presidente Uribe y su ministro
de la Protección Social, Diego Palacio, implantan
una nueva reforma salvadora del ISS, que escinde
al ISS y crea 7 Empresas Sociales del Estado ESE-, para
separar los servicios de aseguramiento de los de prestación;
el propio ministro acaba de reconocer el fracaso de la fórmula
de crear las ESE. Ahora, ante la incapacidad y la falta
de voluntad política del gobierno para resolver los
graves problemas del Seguro, se opta entonces por la liquidación,
argumentando insostenibilidad: según cuentas del
gobierno, el ISS incurre en gastos equivalentes al 135%
de sus ingresos (calculados en $1,2 billones mensuales),
discriminados así: 94% en salud, 16% en administración
y 25% en convención colectiva y pensiones. Y se afirma
que de cada $100 que invierte el ISS, cerca de 30% se va
en gastos administrativos o pensionales que no tienen otras
EPS, lo que le resta competitividad al ISS.
Por su parte, Sintraseguridadsocial reitera que la solución
la tiene el gobierno, que debe cerca de $60 billones al
ISS y nunca redistribuyó los pacientes de alto costo
en todo el sistema asegurador, para quitarle esa carga al
ISS de tener el 90% de estos pacientes que generan sobrecostos
por $300.000 millones mensuales. Pero desde la administración
del Instituto, tampoco se emprendieron acciones efectivas
para solucionar los problemas.
Cóndores no entierran todos los días,
escribimos hace unos años en este periódico,
haciendo referencia a que no sería fácil acabar
con el ISS, por lo grande de la institución y de
sus problemas, pero ya se ve que los cóndores si
se pueden dejar morir poco a poco.
Ahora, el gobierno no puede renunciar a su obligación
constitucional de brindar seguridad social a los colombianos;
y aunque los gobiernos de las últimas décadas
hayan mostrado poco apego y solidaridad con el Seguro Social,
deberá mantenerse, defenderse y fortalecerse una
adecuada oferta pública en aseguramiento y prestación
de servicios de seguridad social, especialmente en salud,
sea cual sea que vaya a reemplazar la del Seguro Social.
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