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Silencio: tu cuerpo está tratando de hablarte

“La salud es la vida en el silencio de los órganos” (René Leriche)

Por: Julián H. Ramírez Urrea, MD, MSc. Médico internista, Hospital Universitario San Vicente Fundación. Jefe del Departamento de Medicina Interna, Universidad de Antioquia.
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Mi madre me recordó que solo me había sucedido una vez por allá cuando tenía tres años. Perdí la voz durante tres días y ella tuvo que ingeniárselas para entretenerme con distintos juegos y actividades para que mi aburrición por abandonar las alegrías de mi infancia - que siempre estuvieron ambientadas por risas sonoras y gritos entusiastas - no me llevara a la tristeza.

Había olvidado el desconcierto de la disfonía. Después de muchas décadas y ya convertido en médico, al finalizar la última consulta de la tarde, pronuncié la última palabra entendible. No recuerdo cuál fue. Sería el principio de una incapacidad de tres días - no creo en la numerología pero es una coincidencia especial - la que me llevaría al recuerdo del silencio. Esta vez tenía muchos otros juegos y juguetes a disposición, amén de los avances tecnológicos que nos provee de celulares, televisión, computador, internet, entre otros.

Ahí comenzó el verdadero reto que hace poco llamé en mis redes sociales el reto del silencio. Durante esos tres días procuré pensar si había algo en mi vida que reclamaba más detenimiento y reflexión. Efectivamente caí en cuenta de muchas cosas que ameritaban silencio y que yo respondí con palabras - imagine usted el ridículo de un músico percusionista en una orquesta sinfónica que al momento del silencio de las cuerdas y metales, interrumpe el instante cuasi-sagrado con un estridente platillo: así me vi muchas veces -. También consideré sí el silencio era la medicina que estaba necesitando por aquellos días.

Recordé que el silencio es necesario para distinguir la música: sin las pequeñas pausas entre nota y nota existiría un enorme ruido incoherente. También el silencio es útil para escuchar: cuando dos personas hablan al mismo tiempo es poco probable que ambas se entiendan. Tuve en cuenta que hoy en día es más difícil practicar las pausas por la cantidad de distracciones que tenemos. Podemos permanecer sin modular una palabra pero al mismo tiempo, la estridencia de los medios de comunicación nos hace sentir como testigos del despegue simultáneo de varios aviones desde un gran aeropuerto.

No puedo negarles que fue una experiencia interesante pero difícil. He sentido como muchos médicos que enferman - he aquí un interesante tema de reflexión pues estas vivencias son muy peculiares – enfrentan la posibilidad de una curación incompleta o de un padecimiento prolongado. En algunas noches llegué a temer que mi voz no regresara. Me sentía con gran impaciencia de hablar, de comunicar, de expresar cómo me sentía. Pero descubrí otra cosa fundamental: casi siempre, las personas que más nos aman son capaces de entendernos en el silencio. En los momentos de mayor desesperación las personas que más amo en mi vida comprendieron muchas cosas que necesitaba sin que yo mismo las dijera. También eso es el amor: la capacidad de comprender sin palabras.

Y otra lección ilustrativa fue ver cómo al poner una foto pública disculpándome por no poder hablar a aquellos que trato de inspirar semana a semana con mis cortos vídeos, noté el impacto que eso generó. Muchas personas deseándome salud y bienestar pero otras cayendo en cuenta de la necesidad de guardar silencio en sus propias vidas. Eso quiere decir que no siempre las palabras son necesarias para inspirar y que los silencios también tienen sus propios propósitos y cometidos.

El silencio también es música. En silencio también se forma la vida. Las grandes transformaciones del espíritu ocurren en el silencio. El silencio puede convertirse en el recinto donde se da citan la mente y el espíritu y quizá esa sea su forma preferida de comunicación. La enfermedad nos impone guardarlo. La salud nos exige cultivarlo.

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