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Tres
mil años antes de Cristo (3000 A.C.), artistas del Paleolítico
Superior plasmaron los primeros balbuceos artísticos
de la humanidad: los grabados arañados en
una caverna del suroeste de Francia y las Venus prehistóricas.
En común estas obras expresaban el culto a la fertilidad.
Desde esas primeras expresiones hasta las vanguardistas imágenes
virtuales sobre realidades médicas igualmente fantásticas
del siglo XXI (cibercirugía, telemedicina) pasando por
las estampas de la alquimia y la astrología medievales,
los geniales pintores-anatomistas del Renacimiento y las pinturas
de varios siglos, sobrevive el eterno nexo arte-salud-medicina.
De la Venus arcaica a la Venus de Milo
La Venus de Willendorf (Museo de Viena, 30.000-25.000 A.C.)
es la primera escultura prehistórica conocida sobre ese
ser misterioso, como llamaba el hombre primitivo
a la mujer, imagen de la fecundidad; ello explica la exuberancia
de los atributos sexuales en estas figuras. En el Medioevo,
los médicos para sus diagnósticos utilizaban complejas
cartas astrológicas; sus autores, más que ilustradores,
eran artistas del dibujo y la pintura con gran conocimiento
de la medicina de su tiempo. De 1399 es un pintoresco almanaque
que señala la influencia de los astros en cada parte
del cuerpo. Los antiguos tratados de astrología, bellamente
ilustrados, fueron traducidos del Árabe el Latín
en los siglos XII y XIII y pronto se volvieron textos guías
de los consultorios europeos donde los médicos combinaban
la medicina galénica con la astrología. |
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Según
el tratadista Maisterrena y otros autores, en la América
precolombina, antes del siglo XV era conocida la enfermedad
del bocio, más conocida como coto (vocablo quechua):
el Lienzo de Tlaxcala, documento jeroglífico elaborado
por aztecas sobrevivientes de la Conquista, muestra indios con
gruesos cuellos que sufrían esa dolencia. Valiosas estatuillas
coloniales de la escuela quiteña testimonian la misma
enfermedad.
Marcus Vitruvius, arquitecto, científico y artista romano
del siglo I antes de Cristo, descubrió en el agua de
algunas regiones de Italia y Los Alpes la causa del coto que
padecían sus habitantes e intuyó la coincidencia
estructural entre la arquitectura del cuerpo y la de un edificio,
en tres atributos: fuerza (firmitas), funcionalidad (utilitas)
y belleza (venustas). De 1521 data la famosa ilustración
artística de El Hombre de Vitruvio, con la cual ilustró
D' Vinci su concepto del hombre como centro del universo.
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En los
siglos 15 y 16 es ya clara y definida la relación entre
el arte y la ciencia médica por nutrirse de una esencia
común: el Humanismo. La periodista científica
Mayte Suárez Santos, experta en medicina, explica: La
pintura quizás sea por su inmediatez la actividad artística
que ha dejado testimonios más impresionantes de esa cara
oscura del devenir de los hombres, mostrándola unas veces
y atenuándola otras, con la viveza de la luz y el color.
Obras de arte que registran la historia médica fueron
realizados tanto por artistas como por médicos, vocaciones
que muchas veces se aunaban en una misma persona. Caso proverbial
y sin parangón es Leonardo D´ Vinci, que además
de pintor y escultor era anatomista, biólogo, escritor,
músico, cocinero, inventor, filósofo, botánico,
artesano, humorista, ingeniero, arquitecto, físico, geógrafo,
cartógrafo e inventor de muy diversas cosas, incluso
máquinas de guerra como tanques, cañones y fusiles,
algo increíble para nuestra visión del humanismo.
Leonardo D´ Vinci es caso aparte en la historia común
del arte y la medicina. Desde joven se distinguió como
anatomista, soñó con una obra sobre el cuerpo
humano, que incluyera estudios de anatomía comparada
y fisiología. Enunció las primeras teorías
sobre los espasmos musculares de las válvulas cardíacas,
practicó disecciones de cadáveres en un hospital
y estudió la circulación sanguínea. En
sus escritos didácticos, habló de la necesidad
de conocer el interior del hombre, sus nervios, tendones y demás
partes para pintar con sabiduría el cuerpo. |
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Vesalio, eminente
anatomista belga del siglo XVI, es otro genio del Renacimiento.
Su tratado De Humanis Corporis Fabrica, libro de inmenso valor
médico, es señalado como maravilloso ejemplo
del arte renacentista Con D' Vinci y otros precursores
de la investigación médica en el siglo XVI, postuló
que no se podía diagnosticar la enfermedad sin antes
saber cómo era nuestro interior.
El museo de la salud
Pinturas, esculturas, grabados, fotografías y happenings
conforman la galería de la patología humana. A
partir de la anatomía clásica situamos todas las
enfermedades en alguna de las tres grandes partes del cuerpo:
cabeza, tronco y extremidades. |
| Los
buenos retratistas fueron insignes traductores de las patologías
en el semblante. Así, en los grandes maestros es muy
distinto el Cristo vivo y triunfante del Cristo lacerado, crucificado
o muerto. La Dolorosa, de Bartolomé Esteban Murillo y
la larga lista de Pietás (Miguel Ángel, Gregorio
Hernández, El Éxtasis de Santa Teresa de Bernini,
etc.) comunican el dolor humano con tintes sobrenaturales. Asombrosamente
reales son el rostro demacrado del Joven Baco Enfermo de Caravaggio,
y la Melancolía de Alberto Durero. La Lección
de Anatomía del Doctor Tulp de Rembrandt, inspirada en
el Cristo de Mantegna, es una de las obras más representativas
del ámbito médico y es lección también
sobre el manejo de la luz, elemento clave en la composición
barroca. A la misma escuela holandesa pertenece su discípulo
Jan Steen, autor de varios cuadros famosos como Médico
tomando el pulso. |
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Francisco de Goya
también plasmó con maestría y fidelidad
las miserias humanas; una de Las viejas tiene la nariz deformada,
al parecer, por una sífilis congénita, enfermedad
muy frecuente en la época del autor. El Retrato del Duque
de Urbino y su hijo Guidobaldo, de Pedro Berruguete (1475 -
Galería de los Uffizi, Florencia) destaca el rostro desfigurado
de Federico de Montefeltro, herido en la nariz durante un torneo,
donde perdió el ojo derecho. La rinofima (acné
rosáceo con hipertrofia de vasos, glándulas sebáceas
y tejido conjuntivo) aparece en Retrato de un viejo con un niño,
del florentino Ghirlandaio, en el rostro del Conde Sasseti.
Artistas como Tiziano, Claudio Coello y Velásquez plasmaron
el prognatismo (hipertrofia del maxilar inferior o superior)
de los monarcas Austrias o Habsburgos, como Carlos V, Felipe
IV y el hijo de éste, Carlos II, en cuadros encargados
a sus pintores de Cámara. El niño de Vallecas,
llamado Francisco Lezcano, bufón del príncipe
Baltasar Carlos, muestra el cretinismo con la desproporción
entre la cabeza y el resto del cuerpo. |
| La pinacoteca
de los Austrias cubre desde los males, reales o supuestos, de
Juana La Loca: esquizofrenia, posesión diabólica,
dificultad motriz e incluso necrofilia, hasta la impotencia
y el retardo mental y físico de Carlos II El Hechizado,
pasando por la sífilis que se dice mató a los
hijos de Felipe IV y un cáncer de mama que destruyó
a otra reina de la dinastía. Descuellan cuadros como
Locura de Amor de Manuel Tamayo y Baus, los de Felipe El Hermoso
por Eusebio Asquerino y Gregorio Romero, Doña Juana La
Loca de Emilio Serrano y sobre todo el cuadro homónimo
de Francisco Pradilla y Ortiz (Prado, 1877) que detalla el delirio
de Doña Juana junto al cadáver del rey Felipe. |
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Marcus Vitruvius,
arquitecto, científico y artista romano del siglo I antes
de Cristo, intuyó la coincidencia estructural entre la
arquitectura del cuerpo y la de un edificio, en tres atributos:
fuerza (firmitas), funcionalidad (utilitas) y belleza (venustas). |
Locos,
ciegos, enanos...
El Bosco, precursor del surrealismo, con su simbología
mágica y alquímica, fustigó a miembros
de órdenes religiosas en obras como La nave de los locos,
y en La extracción de la piedra de la locura pintó
el curanderismo que pretendía sanar al paciente, más
de la estupidez que de la locura, mediante operaciones ficticias
que dejaban a la víctima más desvirolada que antes.
La ceguera, una de las taras más invalidantes de la historia
humana, es también una de las más representadas.
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| La Parábola
de los ciegos de Brueghel El Viejo, ilustra el pasaje de San
Mateo: cuando un ciego guía a otro ciego, ambos
caen en el abismo. Rembrandt produjo magistrales ejemplos
de la ceguera, como Jacob bendice a los hijos de José
que contrasta las tinieblas físicas con la brillante
luz sobrenatural, y Tobías curado por su hijo donde el
arcángel San Rafael es testigo de la milagrosa sanación.
Los deformes, lisiados, enanos y contrahechos abundan en la
Historia del Arte. Velásquez fue uno de los grandes observadores
de estas disfunciones endocrinas: En Las Meninas o La Familia,
para muchos el testamento artístico de Velásquez,
pinta el enanismo de Mari Barbola y el hipogonadismo de Nicolasito
de Pertusato; en Don Antonio el Inglés plasma los estigmas
típicos de un enanismo de posible origen hipofisiario.
También se atribuye este cuadro al pincel de Carreño
de Miranda. No pocos artistas se ocuparon de la acondroplasia
y el enanismo. |
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Para la experta Mayte
Suárez, la mano es una estructura que puede expresar
casi tantos sentimientos y sensaciones como el rostro. La riqueza
de sus movimientos es uno de los elementos más diferenciadores
de la escala filogenética. Agrega que la
artrosis y la artritis han sido compañeras inseparables
del ser humano desde los inicios de su presencia en el planeta.
Así, Retrato de una mujer de 62 años, de Franz
Hals, es un magnífico ejemplo de los nódulos de
Heberden (engrosamientos duros de las articulaciones inter-falángicas
distales). Maestros como Botticelli, compañero de D'
Vinci, dejaron un rico muestrario de afecciones reumáticas.
El Retrato de un joven y la Madonna Bardi ilustran un síntoma
típico de la artritis reumatoide: la inflamación
de las articulaciones inter-falángicas. La esclerodermia,
enfermedad del colágeno, principal componente orgánico
de los huesos y cartílagos, la refleja con todo detalle
Marinus en el San Jerónimo. |
| Los pies
ocupan también extensos capítulos en la pintura
universal. La gota, enfermedad de reyes y hombres opulentos,
la encontramos en cuadros como Capitulaciones Matrimoniales,
de Hogarth, donde el sufrido paciente sigue trabajando, pese
a la molesta afección. |
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En las Venus de la edad de piedra, en los grabados
del anatomista Frederik Ruysch, en las pinturas victorianas
de monstruos humanos, en las ilustraciones orientales del Kundalini
Yoga, en los lienzos |
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clásicos o en las modernas
imágenes de los cuerpos-máquina de Fritz Kahn,
tenemos la misma conciencia de un ecosistema fascinante donde
el arte es homenaje perpetuo a la vida. Es éste un viaje
al que apenas nos acercamos y que nos sigue esperando en la
historia... |
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| Ocioso
lector |
| El hombre es el modelo
del mundo |
 |
Los antiguos
llamaban al hombre un mundo menor, designación justa,
porque está compuesto de tierra, agua, aire y fuego como
el cuerpo terrestre, y a él se asemeja. Si el hombre
tiene sus huesos, que le sirven de armadura y sostienen su carne,
el mundo tiene sus rocas que sostienen su tierra; si el hombre
tiene dentro de sí un lago de sangre, donde crece y decrece
el pulmón para su respiración, el cuerpo de la
tierra tiene su mar océano que, cada seis horas, crece
y decrece también para su respiración; si de aquel
lago de sangre derivan las venas que van ramificándose
por todo el organismo, análogamente el mar océano
llena el cuerpo terrestre con innumerables venas de agua; pero
faltan a nuestro globo los nervios, que no le han sido dados
porque ellos están destinados al movimiento, y el mundo,
en su perpetua estabilidad, carece de movimiento, y donde no
hay movimiento los nervios son inútiles.
|
| Pero, en todo lo
demás, el hombre y el mundo son semejantes. Si la naturaleza
hubiera fijado una sola regla para la calidad de los miembros,
las fisonomías de todos los hombres serían semejantes,
y no sería posible distinguirlas unas de otras; pero
ella ha variado de tal modo las cinco partes del rostro que,
aunque haya establecido una regla general para la proporción,
no ha seguido ninguna para la calidad; de manera que es fácil
reconocer cada semblante. |
Los antiguos llamaban al hombre un mundo
menor, designación justa, porque está compuesto
de tierra, agua, aire y fuego como el cuerpo terrestre, y a
él se asemeja. Si el hombre tiene sus huesos, que le
sirven de armadura y sostienen su carne, el mundo tiene sus
rocas que sostienen su tierra; si el hombre tiene dentro de
sí un lago de sangre, donde crece y decrece el pulmón
para su respiración, el cuerpo de la tierra tiene su
mar océano que, cada seis horas, crece y decrece también
para su respiración; si de aquel lago de sangre derivan
las venas que van ramificándose por todo el organismo,
análogamente el mar océano llena el cuerpo terrestre
con
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 |
innumerables venas de agua; pero faltan a nuestro
globo los nervios, que no le han sido dados porque ellos están
destinados al movimiento, y el mundo, en su perpetua estabilidad,
carece de movimiento, y donde no hay movimiento los nervios
son inútiles. Pero, en todo lo demás, el hombre
y el mundo son semejantes.
Si la naturaleza hubiera fijado una sola regla para la calidad
de los miembros, las fisonomías de todos los hombres
serían semejantes, y no sería posible distinguirlas
unas de otras; pero ella ha variado de tal modo las cinco partes
del rostro que, aunque haya establecido una regla general para
la proporción, no ha seguido ninguna para la calidad;
de manera que es fácil reconocer cada semblante. |
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