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Las pestes de la humanidad,
una novela sin fin
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La plaga en Epirus. Grabado de Pierre Mignard, acerca
de la peste bubónica en 1600. |
| Hernando
Guzmán Paniagua - Periodista - elpulso@elhospital.org.co |
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| Cuéntase
que en su segundo viaje (1493), Colón fundó en
La Española la primera ciudad del Nuevo Mundo: Isabela.
A partir de este momento los indígenas comenzaron
a morir en número infinito (Francisco Guerra, Origen
y dispersión de las grandes epidemias de la conquista
de América). El médico e investigador Mario
Melguizo refiere que de una población de 3'770.000 censada
por los conquistadores en Las Antillas al comenzar el Descubrimiento,
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en 1518
sólo quedaban 15.600 indígenas y señala:
Todas las evidencias apuntan hacia una epidemia de influenza
suina o gripe del cerdo que habría sido transportada
por Colón en un segundo viaje cuando embarcó ocho
puercas en las Islas Canarias.
El gran médico, alquimista y vidente Nostradamus (Michel
de Nostradame) luchó en Francia contra la peste bubónica
en 1525, desarrolló métodos asépticos y
su paliativa píldora rosa a base de vitamina
C. Para algunos, predijo la gripa porcina en su Cuarteta IV:
Hombre yacerá con Cerdo en desorden. Pestilente
tufo recorrerá el reino. ¡Grandes serán
los lamentos de los pueblos que ofendieron a Dios en cada merienda!.
La plaga mató a su primera esposa y dos hijos. CINCO
siglos después, el virus A (H1N1) sigue tan campante
como los fabricantes de Tamiflu. |
El carro de la muerte se lleva
a las víctimas de la peste. Miniatura de un manuscrito
francés de 503 - París, Biblioteca Nacional.
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Sobre
la masiva mortalidad en las Antillas después del Descubrimiento,
el doctor Emilio Robledo, en sus Apuntaciones sobre la
Medicina en Colombia, anotó: La lucha biológica
sería sin duda más mortífera que la pólvora,
los obuses, los perros y las espadas toledanas. Obras
como la Epidemiología Española de J. Villalba
(1803), Medicina Castellana de Samuel Ben Waqar (1414), Sevillana
Medicina de Juan de Aviñón (1445), dan cuenta
de muchas enfermedades existentes en Sevilla antes del Descubrimiento:
gripe, viruela, sarampión, paludismo, peste bubónica,
TBC, sífilis, conjuntivitis epidémica, disentería,
lepra, tiña, sarna, tifo exantemático y fiebre
tifoidea.
La viruela la descargó en Santo Domingo para todas las
Antillas y Méjico, en 1518, un barco negrero con esclavos
infectados. En otro barco, dicen que un marinero español
dejó en Varacruz una plaga de sarampión en 1531,
y en 1580 otra tripulación dejó en La Guaira un
grupo de esclavos con viruela, cuyo contagio mató a casi
todos los indígenas. En el tercer viaje, Colón
importó la fiebre amarilla, al parecer de Cabo Verde
(África). Una epidemia de tifo acabó con más
de dos millones de indios de Méjico en 1567, entre 1587
y 1600 las epidemias aniquilaron entre 90 y 99% de la población
de Nueva |
Granada,
y entre 1590 y 1610, a dos millones de almas en Alto Perú,
Paraguay, Argentina y Chile. La peste bubónica asoló
a Cartagena de Indias, por los ataques de piratas y el comercio
esclavista, dice Germán Espinosa.
A lo largo y ancho del mundo, múltiples pestes y plagas
han azotado a la humanidad, pero la historia registra tres gigantescas
pandemias humanas con un saldo mortal de 200 millones de víctimas:
la plaga de Justiniano (siglos 6 - 8 de nuestra era), la famosa
peste negra del siglo XIV al XIX, y la peste moderna que comenzó
en 1855 en China y subsiste hoy con brotes endémicos
ocasionales.
La nomenclatura es muy caprichosa, los nombres mutan, como las
patologías, con las épocas. Así, la moderna
se llama hoy también peste bubónica
(del latín bubos: inflamación en la ingle), enfermedad
infecciosa zoonótica que afecta tanto a animales y al
Hombre, la causa el bacilo Yersinia pestis, con 3 formas clínicas:
bubónica, pulmonar o neumónica, y septicémica
(la primaria se disemina por la sangre y la secundaria es complicación
de la bubónica); a la moderna también se la denomina
peste o muerte negra, por las hemorragias internas que dejaban
una coloración oscura en la piel de los enfermos. |
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La humanidad actual,
testigo del mayor
avancecientífico, ya no espera novelas que
registren a posteriori el paso letal de las pestes,
sino noblesesfuerzos que aseguren al
hombre una vida digna.
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| Muchos
medioevales atribuyeron las pestes a castigo de Dios por los
pecados de la humanidad, algunos médicos a malos
aires que venían del suelo, Hipócrates a
los cambios de estaciones, Aristóteles a los astros,
en Egipto al río Nilo, luego a los judíos y otros
pueblos. En 1894 el médico suizo Emilio Yersin, identificó
en un cadáver chino a las ratas y sus pulgas como vectores
principales y creó con Calmette y Borell, del Instituto
Pasteur, un suero con bacilos de la peste, muertos por calor. |
| La Plaga de
Justiniano se inició en el año 500 d.C.
en el Imperio Bizantino, en la época de ese emperador,
y se extendió al Imperio Romano donde mató al
50% de la población. Los pacientes sufrían súbita
fiebre, hinchazones bubónicas en las axilas, detrás
de las orejas y en los muslos, inapetencia; algunos, coma profundo
o estado delirante, y desesperados se lanzaban al agua. Morían
en pocos días, con pústulas negras en el cuerpo,
entre 5.000 y 10.000 personas diarias. Algunas se salvaban después
de vomitar sangre o supurar por los bubones. |
Víctimas de gripa española
de 1918 en Hospital de Kansas, EU.
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La mortalidad
superó los 600.000 seres, en posible oleada epidémica
de varias enfermedades, fuera de la peste: influenza, viruela,
disentería bacilar, cólera y difteria. La Peste
Negra o Gran Plaga asoló a Europa entre 1347 y 1350,
y acabó con más de 1/3 de la población
europea.
Pestes y literatura
Cronistas, novelistas, periodistas, médicos y
otros profesionales han descrito o recreado a su modo el paso
de las pestes por el mundo. Gustavo Tatis Guerra alude a la
remota peste registrada por Tucídides en el año
430 a.C. en Atenas, donde los apestados buscaban los placeres
clandestinos ante la inminencia de la muerte. Procopio
describió una plaga en Historia de las guerras
persas en el 542 d.C. La pasteurella pestis fue una de
las primeras armas biológicas utilizadas: en 1346, los
tártaros lanzaron cadáveres víctimas de
ella por sobre las murallas de la sitiada ciudad de Kaffa, cuya
población casi desapareció.
En el siglo XIV toca a su fin el Medioevo, se avecina el Renacimiento,
y recrudece la peste negra, que mucho aporta a la gestación
de una corriente cultural y artística, estimula los cultos
a la muerte y como contraparte, la vitalidad. En este escenario,
El Decamerón de Giovanny Bocaccio, con el contraste de
amor-muerte, fortuna y lujuria, ilustra el cambio de la sociedad
por la peste y las guerras. Allí narra:
los
más, como desesperados de la vida, habían desamparado
sus casas y haciendas, de tal modo que la mayoría de
las casas eran franqueables a todo el mundo
Su principal
propósito era siempre huir de los que estaban enfermos,
de tal modo que, en medio de tanta miseria y aflicción,
la autoridad de las leyes, tanto divinas como humanas, yacía
derribada. |
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A lo largo y ancho del
mundo, múltiples
pestes y plagas han azotado a la humanidad,
pero la historia registra tres gigantescas pandemias
humanas con un saldo mortal de 200 millones
de víctimas: la plaga de Justiniano (siglos 6 - 8
de nuestra era), la famosa peste negra del
siglo XIV al XIX, y la peste moderna que
comenzó en 1855 en China y subsiste hoy
con brotes endémicos ocasionales.
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En 1599
ataca la peste en España: desde comienzos del siglo XV,
había hospitales exclusivos para enfermos mentales, signo
de una epidemia de locura, buen insumo para El Ingenioso Hidalgo.
La cultura carnavalesca avivada por la peste se pinta en Sancho
Panza: su barriga, su desmesura en el comer son alegoría
del rito primaveral. Hombre y naturaleza renacen: comer, beber,
fornicar, vivir la vida como un momento que la peste acorta
cada vez más, lo apolíneo vs lo dionisíaco,
carnaval vs cuaresma, todo se refleja en Don Quijote. Los agricultores
huyen a las ciudades en pos de trabajo, hay hacinamiento, peste
y hambruna. Esta situación de desengaño y pesimismo,
genera dilemas que recrea Cervantes: realidad-fantasía,
cordura-locura, vigilia-sueño, vida-teatro.
Cultos de vida y muerte
Los cultos de muerte y la cultura de carnaval se insinúan
en la aventura de Los carros de las cortes de la muerte,
tirada por el Diablo: La primera figura que se ofreció
a los ojos de don Quijote fue la de la misma Muerte, con rostro
humano; junto a ella venía un ángel con unas grandes
y pintadas alas; al un lado estaba un emperador con una corona,
al parecer de oro, en la cabeza; a los pies de la Muerte estaba
el dios que llaman Cupido
Venía también
un caballero armado de punta en blanco
. En Cervantes,
como en Jorge Manrique, la muerte juega el rol de igualar a
pobres y ricos, a señores y vasallos; igual en las Odas
de Horacio: Que la muerte amarilla va igualmente / a la
choza del pobre desvalido / y al alcázar real del rey
potente. |
El doctor Pico desde Roma.
Grabado, 1656. En la Edad Media, los médicos
de la peste iban ataviados con una máscara con
pico de ave, una máscara de gas primitiva que contenía
en su interior perfumes, a modo de filtro contra la fetidez
que emanaba de los apestados. El atuendo se completaba con
un largo abrigo de cuero, guantes y sombrero de ala ancha.
En la mano derecha un palo blanco con un reloj de arena alado,
utilizado para mover o examinar al paciente y otras personas
cercanas.
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Marguerite Yourcenar relata: "La
peste viajaba sin apresurarse, al toque de las campanas, como
una emperatriz. Inclinada sobre el vaso del bebedor, apagando
la vela del sabio sentado entre sus libros, ayudando a la misa
junto al sacerdote, escondido como una pulga en la camisa de
las mujeres de vida alegre
". En Muerte en Venecia,
de Thomas Mann, un hombre otoñal y apestado reflexiona
frente al mar en su soledad y en ese nuevo amor que lo revive.
Libro capital del tema es Diario del año de la
peste de Daniel Defoe, sobre la plaga que dejó
más de 100.000 víctimas en Londres en 1565. El
relato ficticio que cuestiona la indolencia de autoridades,
médicos y personas sanas, dice: Esta manera de
morir se parecía mucho a la gente que moría de
la gangrena común, que se desvanecía y se iba,
por decirlo así, en un sueño
. Con
más hospitales para apestados, más remedios y
personal capacitado, el número de muertos habría
sido menor, dice Defoe.
Una de las novelas fundamentales del siglo XX, La peste
de Albert Camus, relato cumbre, más que documento médico,
es pretexto literario para pintar el caos social del totalitarismo
en la Post Segunda Guerra Mundial. Orán (África),
invadida de ratas, es alegoría de la resistencia francesa
contra la ocupación nazi y seria reflexión existencial:
El bacilo de la peste nunca muere o desaparece completamente.
Puede permanecer durmiente durante docenas de años en
muebles o ropas
espera pacientemente en cuartos, sótanos,
baúles, pañuelos y viejos papeles y quizás
llegue el día en que, para instrucción o desgracia
de la humanidad, la peste despierte sus ratas y las envíe
a morir en alguna ciudad, satisfecha.
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En el siglo XIX, apogeo
del terror victoriano, millones de ratas propagan la peste.
Drácula de Bram Stoker y toda la literatura
gótica, representan la sublimación literaria de
las mortandades que despoblaron a Europa. El buen conde con
su ejército de ratas, moscas, arañas, murciélagos
y lobos, su niebla letal y sus eróticas mordeduras que
producían anemia aguda, es un asesino menos peligroso
que aquellos vectores o medios de contagio del terrible mal.
Igual, son menos terroríficos La máscara
de la muerte roja de Edgar Allan Poe, textos de Lovecraft
y otros autores, inspirados en la mortandad pestilencial.
El mismo trasfondo tienen La dama de las camelias
de Alejandro Dumas hijo, La peste escarlata de Jack
London, Una letanía en tiempos de la plaga
de Thomas Nashe, La plaga de Ann Benson, Enfermedades
ficticias de la moderna Inglaterra de Margaret Healy,
Perorata del apestado de Gesualdo Bufalino, Ensayo
sobre la ceguera de José Saramago -que no es ensayo
sino una novela sobre una extraña pérdida colectiva
de la visión en una ciudad-, La loca de la casa
de Rosa Montero -narración aterradora sobre la peste
de 1348-. Gabriel García Márquez con El
amor en los tiempos del cólera se sitúa
en la epidemia de 1849 en Cartagena y asevera que no hay
cosa más parecida a un enfermo de cólera que un
enfermo de amor.
Tomás Carrasquilla muestra al trasluz, plagas de la población
colombiana en el siglo XIX; ejemplo: En la diestra de
Dios Padre, con el cúmulo de lisiaos y leprosos
a quienes Peralta habilita varias casas. Cuando la Muerte es
secuestrada: vinieron las virgüelas castellanas;
vino el sarampión y la tos ferina; vino la culebrilla,
y el dolor de costao, y el descenso y el tabardillo, y nadie
se moría. Vinieron las pestes en toítos los animales:
pues tampoco se morían. Y después, los
dijuntos parecían gusanos de cosecha, y ni an los enterraban,
sino que los hacían una montonera, y ai medio los tapaban
con tierra. Por lo demás, padecieron la peste:
Baudelaire, Whitman, Bécquer, Lord Byron, Kafka y Erasmo
de Rótterdam, entre otros artistas.
Pandemias: ¿no futuro?
Según la Organización Mundial de la Salud,
en el siglo XX hubo influenzas epidémicas y pandémicas
como la Gripa española de 1918-19 que mató a 30
millones de personas en 16 semanas, entre 1957-58 murieron 750.000
por gripa asiática en el mundo, entre 1968-69 la gripa
de Hong Kong causó 700.000 muertes y en los últimos
años del siglo XX y primeros del XXI, hay cifras menores
de muertos por influenzas, más de 400 de ellos por el
virus A (H1N1), y subsisten, en promedio, 2.600 casos de peste
al año, en zonas de poca higiene del mundo. Entre 300
y 500 millones de personas enferman de malaria al año
(1% de ella muere), el sida afecta a cerca de 50 millones de
seres humanos en el mundo, suben de mil las muertes por Síndrome
Respiratorio Agudo Severo (SARS), la viruela es una de la peores
armas de laboratorio, persisten la encefalopatía espongiforme
bovina (mal de las vacas locas), el cólera, dengue, malaria,
ébola, hepatitis B y C, etc.
La humanidad actual, testigo del mayor avance científico,
ya no espera novelas que registren a posteriori el paso letal
de las pestes, sino nobles esfuerzos que aseguren al hombre
una vida digna. |
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