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Todo indica que el actual gobierno le regalará a
los colombianos en esta Navidad, una ley que defraudará
todas las esperanzas de la población de contar con
un buen sistema de salud, que al ser reorientado vía
legislativa, pudiera cumplir con las características
clave de un buen sistema de salud que enunciara la Organización
Mundial de la Salud: Mejorar la salud de la población
a la que sirven, defender a la sociedad frente a lo que
pone en peligro su salud, proveer protección financiera
a las personas con salud deteriorada, garantizar un acceso
equitativo y permitir la participación de los ciudadanos
en las decisiones que afecten su salud y la del sistema.
Como testigos del proceso de supuesta concertación
de propuestas y de participación ciudadana, bien
se puede afirmar que el gobierno y los actores que mantienen
posición dominante en el sistema de salud, desaprovecharon
otra oportunidad para introducirle una verdadera reforma,
contentándose con una seudo-reforma. Así no
se desmontase el modelo vigente, las aportaciones de instituciones
científicas, académicas, gremiales, profesionales,
de pacientes y usuarios tenían materia ilustrada
más que suficiente y con sustentaciones difíciles
de rebatir, para brindar al pueblo colombiano un porvenir
con más dignidad en su salud.
Como pasó en el anterior mandato, como en otros del
país, como en las monarquías más absolutistas,
el gobierno nacional y la bancada parlamentaria que lo apoya,
pusieron a todos esos estamentos a participar
en unas mesas de trabajo que fueron poco menos que un diálogo
de sordos, porque ninguna de las iniciativas y propuestas
se tuvieron en cuenta, siendo un nuevo remedo de participación
y de concertación, apenas comprensible en el remedo
de democracia que tenemos.
Esta simulación de apertura y de consulta nacional
la ambientó el gobierno con la frase que desde el
principio expresaron los voceros del Ejecutivo: El
gobierno no tiene proyecto propio, sólo aspira a
lograr un proyecto de consenso. Todos nos fuimos con
ese manto a misa y a la postre se demostró que la
única concertación se realizó entre
los proyectos radicados por los partidos políticos
adherentes a las ideas generales manifestadas por el propio
presidente Juan Manuel Santos desde su campaña, afectos
desde luego a la continuidad del modelo actual de salud
con todos sus errores.
Claro, no le hacía falta al gobierno tener proyecto
propio, cuando la estrategia era dejarle esta tarea a una
bancada dócil y bien adiestrada desde el mandato
pasado por el Presidente Uribe y su ministro de la Protección
Social, Diego Palacio. Las ideas continuistas estuvieron
desde el principio bien representadas en el proyecto de
ley de la senadora Dilian Francisca Toro, cuyo articulado
se amalgamó fácilmente con las ideas de otras
diez iniciativas a las cuales se les filtró todo
elemento peligroso.
Fue así como no prosperaron algunas tímidas
veleidades de esos proyectos donde se cuestionaban los excesos
del modelo de aseguramiento, especialmente en el alcance
de la intermediación, el manejo de la Unidad de Pago
por Capitación -UPC-, la integración vertical,
las fallas de atención, el allanamiento a la reciente
preceptiva constitucional y sobre todo el derecho fundamental
a la salud y otros principios básicos inspiradores
del sistema, que en el proyecto acumulado (01/2010) pierden
fuerza, y aparecen supeditados de nuevo a la viabilidad
y sostenibilidad financiera del sistema, valor supremo.
Así, entre todos los que están del mismo lado,
es muy fácil concertar.
La Academia Nacional de Medicina, la Federación Médica
Colombiana, la Asociación Colombiana de Sociedades
Científicas, Asmedas y otras organizaciones ya develaron
estas manipulaciones y dejaron claro que no comparten este
intento de reforma. Otras entidades mostraron cómo
fueron desconocidas, como voceros de comunidades indígenas
que denunciaron la forma en que fueron ignoradas esas etnias.
Como van las cosas, la resaca de año nuevo de los
colombianos se agravará cuando conozcan las novedades
de espanto que traerá la nueva ley de seudo-reforma
al sistema de salud. Y hay quienes auguran que si las propuestas
de la fallida emergencia social del gobierno anterior pudieron
menguar su capital político y su altísima
favorabilidad nunca antes vista en el país, al nuevo
gobierno bien le podría representar la primera fisura
por la cual entraría el desencanto con la nueva administración
nacional. El año 2011 sí que será un
nuevo año para el sistema de salud... para seguirlo
padeciendo con su cara remozada.
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