EDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 12    No. 147 DICIEMBRE DEL AÑO 2010    ISSN 0124-4388    elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Alba Luz Arroyave, Jairo Humberto Restrepo, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Editora: Olga Lucía Muñoz López. Asesoras comerciales: Amparo Abril Rojas y María Eugenia Botero. Web master: Santiago Ospina Gómez


De aguinaldo,
una ley de espanto

Todo indica que el actual gobierno le regalará a los colombianos en esta Navidad, una ley que defraudará todas las esperanzas de la población de contar con un buen sistema de salud, que al ser reorientado vía legislativa, pudiera cumplir con las características clave de un buen sistema de salud que enunciara la Organización Mundial de la Salud: “Mejorar la salud de la población a la que sirven, defender a la sociedad frente a lo que pone en peligro su salud, proveer protección financiera a las personas con salud deteriorada, garantizar un acceso equitativo y permitir la participación de los ciudadanos en las decisiones que afecten su salud y la del sistema”.
Como testigos del proceso de supuesta concertación de propuestas y de participación ciudadana, bien se puede afirmar que el gobierno y los actores que mantienen posición dominante en el sistema de salud, desaprovecharon otra oportunidad para introducirle una verdadera reforma, contentándose con una seudo-reforma. Así no se desmontase el modelo vigente, las aportaciones de instituciones científicas, académicas, gremiales, profesionales, de pacientes y usuarios tenían materia ilustrada más que suficiente y con sustentaciones difíciles de rebatir, para brindar al pueblo colombiano un porvenir con más dignidad en su salud.
Como pasó en el anterior mandato, como en otros del país, como en las monarquías más absolutistas, el gobierno nacional y la bancada parlamentaria que lo apoya, pusieron a todos esos estamentos a “participar” en unas mesas de trabajo que fueron poco menos que un diálogo de sordos, porque ninguna de las iniciativas y propuestas se tuvieron en cuenta, siendo un nuevo remedo de participación y de concertación, apenas comprensible en el remedo de democracia que tenemos.
Esta simulación de apertura y de consulta nacional la ambientó el gobierno con la frase que desde el principio expresaron los voceros del Ejecutivo: “El gobierno no tiene proyecto propio, sólo aspira a lograr un proyecto de consenso”. Todos nos fuimos con ese manto a misa y a la postre se demostró que la única concertación se realizó entre los proyectos radicados por los partidos políticos adherentes a las ideas generales manifestadas por el propio presidente Juan Manuel Santos desde su campaña, afectos desde luego a la continuidad del modelo actual de salud con todos sus errores.
Claro, no le hacía falta al gobierno tener proyecto propio, cuando la estrategia era dejarle esta tarea a una bancada dócil y bien adiestrada desde el mandato pasado por el Presidente Uribe y su ministro de la Protección Social, Diego Palacio. Las ideas continuistas estuvieron desde el principio bien representadas en el proyecto de ley de la senadora Dilian Francisca Toro, cuyo articulado se amalgamó fácilmente con las ideas de otras diez iniciativas a las cuales se les filtró todo elemento peligroso.
Fue así como no prosperaron algunas tímidas veleidades de esos proyectos donde se cuestionaban los excesos del modelo de aseguramiento, especialmente en el alcance de la intermediación, el manejo de la Unidad de Pago por Capitación -UPC-, la integración vertical, las fallas de atención, el allanamiento a la reciente preceptiva constitucional y sobre todo el derecho fundamental a la salud y otros principios básicos inspiradores del sistema, que en el proyecto acumulado (01/2010) pierden fuerza, y aparecen supeditados de nuevo a la viabilidad y sostenibilidad financiera del sistema, valor supremo. Así, entre todos los que están del mismo lado, es muy fácil concertar.
La Academia Nacional de Medicina, la Federación Médica Colombiana, la Asociación Colombiana de Sociedades Científicas, Asmedas y otras organizaciones ya develaron estas manipulaciones y dejaron claro que no comparten este intento de reforma. Otras entidades mostraron cómo fueron desconocidas, como voceros de comunidades indígenas que denunciaron la forma en que fueron ignoradas esas etnias.
Como van las cosas, la resaca de año nuevo de los colombianos se agravará cuando conozcan las novedades de espanto que traerá la nueva ley de seudo-reforma al sistema de salud. Y hay quienes auguran que si las propuestas de la fallida emergencia social del gobierno anterior pudieron menguar su capital político y su altísima favorabilidad nunca antes vista en el país, al nuevo gobierno bien le podría representar la primera fisura por la cual entraría el desencanto con la nueva administración nacional. El año 2011 sí que será un nuevo año para el sistema de salud... para seguirlo padeciendo con su cara remozada.

 




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