MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 14    No. 168 SEPTIEMBRE DEL AÑO 2012    ISSN 0124-4388    elpulso@elhospital.org.co

Fundado en Medellín, el 30 de julio de 1998. Director: Julio Ernesto Toro Restrepo. Comite Editorial: Juan Guillermo Maya Salinas, Alba Luz Arroyave, Javier Ignacio Muñoz y Gonzalo Medina. Dirección Comercial: Diana Cecilia Arbeláez. Editora: Olga Lucía Muñoz López. Asesora comercial: María Eugenia Botero. Web master: Santiago Ospina Gómez


Un sector en calma chicha

En medio de una quietud desesperante, donde pareciera que no hay avance ni retroceso, sin vientos favorables y con la amenaza cierta de gran tormenta, está el sistema de salud colombiano en la peor crisis de sus 18 años de historia.
Todos los actores tienen urgencias, todos reclaman atención, todos son importantes y todos merecen respuestas, y al parecer las respuestas que ha dado el gobierno no son ni las esperadas ni contundentes ni suficientes. Entretanto, la situación de todos y cada uno de ellos en particular, empeora.
Aunque este gobierno reiteró que mantendrá el modelo del aseguramiento en salud, las aseguradoras ven tambalear su posición en el sistema por los grandes cuestionamientos del último año, en el que se develaron acciones de algunas de ellas que casi rayan en la ilegalidad, pero que arrastraron la credibilidad de todas y generó un gran debate nacional sobre la conveniencia de que esa figura siga existiendo dentro del sistema de salud. Incluso, ya se presentaron proyectos de ley que pretenden eliminarlas o cambiarles el rol.
Además, los resultados de su gestión financiera no son los mejores y tienen en suspenso su viabilidad. Y ellas, al igual que todos los demás actores, están a la expectativa del decreto que establecerá sus nuevas condiciones de operación y habilitación, que aumentará los requisitos para que sólo queden unas pocas EPS sólidas que cumplan su misión de gestionar el riesgo en salud y mejorar los resultados en salud de sus afiliados.
Las IPS por su parte, clínicas y hospitales del país, públicos y privados, grandes y pequeños, hacen “gimnasia financiera” para sortear la dramática iliquidez que los acosa desde fines del siglo pasado por falta de pago oportuno y aumento de la cartera morosa -que ya acumula cifras globales astronómicas, que oscilan según quién haga la cuenta, entre $2 y $6 billones, una deuda que al parecer no hay quién la pague y que tampoco el Estado va a asumir-. Pero como las IPS tienen la obligación legal y moral de nunca cerrar sus puertas y de seguir prestando el servicio de salud así no les paguen -ni oportunamente ni la cuenta real y mucho menos con intereses de mora,- cada día que pasa esa cartera aumenta más y muchas IPS sobreviven a la buena de Dios.
Pero lo más grave de todo: mientras nada se resuelve, los usuarios de a pie y los pacientes del día a día ven cómo se deteriora el servicio de salud, y cada vez es más incierta la garantía del acceso al servicio a que tienen derecho constitucionalmente. Así lo demostró el estudio de la Defensoría del Pueblo: “En 2011 se reactivaron las acciones de tutela en salud en 40,83% respecto de 2010, en gran parte por la negación de servicios incluidos en el Plan de Beneficios: el 67,81% de las solicitudes requeridas vía tutela en los regímenes contributivo y subsidiado está incluido dentro del POS”. ¿El 67,81% de lo reclamado por tutela está dentro del POS? ¡Vergüenza nacional! O sinvergüencería…
Esa cifra es una bofetada para todos en el sistema y evidencia que el sistema mismo no funciona. Pero no olvidemos que el sistema lo conformamos todos. Un sector en el que se mueven este año -mal contados- unos $50 billones, y en el que no mejoran los resultados en salud ni el estado de salud de la población, y en el que se niegan buena parte de servicios legalmente establecidos, ¿qué está haciendo con esos recursos? ¿Por dónde se está desangrando? Y, ¿qué hacemos con él? En ese punto estamos. Mar en calma chicha.
Y que no se diga que no ha “visibilizado” la crisis, porque está en la agenda pública y en la agenda de todos los medios: ya es usual conocer a diario situaciones casi increíbles de negaciones del servicio o dificultades para acceder a él. Quizás por eso ya “se volvió paisaje”, y ya no conmociona a nadie saber de tragedias personales e institucionales, de la muerte de un ser humano o de la amenaza de cierre de una clínica u hospital.
Por su parte, el gobierno prepara su “segundo tiempo”, después de un primero de trámite de leyes, que ahora deben pasar a la ejecución. Como será el momento de la agenda social, uno de los más grandes retos será volcar su atención al sector salud, con una crisis sobre-diagnosticada, un sinnúmero de recetas de soluciones y unos actores al límite de su capacidad de resistencia. Por eso en salud el reto es grande. Y todos seguimos esperando…

 



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