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En medio de una quietud desesperante, donde pareciera que
no hay avance ni retroceso, sin vientos favorables y con
la amenaza cierta de gran tormenta, está el sistema
de salud colombiano en la peor crisis de sus 18 años
de historia.
Todos los actores tienen urgencias, todos reclaman atención,
todos son importantes y todos merecen respuestas, y al parecer
las respuestas que ha dado el gobierno no son ni las esperadas
ni contundentes ni suficientes. Entretanto, la situación
de todos y cada uno de ellos en particular, empeora.
Aunque este gobierno reiteró que mantendrá
el modelo del aseguramiento en salud, las aseguradoras ven
tambalear su posición en el sistema por los grandes
cuestionamientos del último año, en el que
se develaron acciones de algunas de ellas que casi rayan
en la ilegalidad, pero que arrastraron la credibilidad de
todas y generó un gran debate nacional sobre la conveniencia
de que esa figura siga existiendo dentro del sistema de
salud. Incluso, ya se presentaron proyectos de ley que pretenden
eliminarlas o cambiarles el rol.
Además, los resultados de su gestión financiera
no son los mejores y tienen en suspenso su viabilidad. Y
ellas, al igual que todos los demás actores, están
a la expectativa del decreto que establecerá sus
nuevas condiciones de operación y habilitación,
que aumentará los requisitos para que sólo
queden unas pocas EPS sólidas que cumplan su misión
de gestionar el riesgo en salud y mejorar los resultados
en salud de sus afiliados.
Las IPS por su parte, clínicas y hospitales del país,
públicos y privados, grandes y pequeños, hacen
gimnasia financiera para sortear la dramática
iliquidez que los acosa desde fines del siglo pasado por
falta de pago oportuno y aumento de la cartera morosa -que
ya acumula cifras globales astronómicas, que oscilan
según quién haga la cuenta, entre $2 y $6
billones, una deuda que al parecer no hay quién la
pague y que tampoco el Estado va a asumir-. Pero como las
IPS tienen la obligación legal y moral de nunca cerrar
sus puertas y de seguir prestando el servicio de salud así
no les paguen -ni oportunamente ni la cuenta real y mucho
menos con intereses de mora,- cada día que pasa esa
cartera aumenta más y muchas IPS sobreviven a la
buena de Dios.
Pero lo más grave de todo: mientras nada se resuelve,
los usuarios de a pie y los pacientes del día a día
ven cómo se deteriora el servicio de salud, y cada
vez es más incierta la garantía del acceso
al servicio a que tienen derecho constitucionalmente. Así
lo demostró el estudio de la Defensoría del
Pueblo: En 2011 se reactivaron las acciones de tutela
en salud en 40,83% respecto de 2010, en gran parte por la
negación de servicios incluidos en el Plan de Beneficios:
el 67,81% de las solicitudes requeridas vía tutela
en los regímenes contributivo y subsidiado está
incluido dentro del POS. ¿El 67,81% de lo reclamado
por tutela está dentro del POS? ¡Vergüenza
nacional! O sinvergüencería
Esa cifra es una bofetada para todos en el sistema y evidencia
que el sistema mismo no funciona. Pero no olvidemos que
el sistema lo conformamos todos. Un sector en el que se
mueven este año -mal contados- unos $50 billones,
y en el que no mejoran los resultados en salud ni el estado
de salud de la población, y en el que se niegan buena
parte de servicios legalmente establecidos, ¿qué
está haciendo con esos recursos? ¿Por dónde
se está desangrando? Y, ¿qué hacemos
con él? En ese punto estamos. Mar en calma chicha.
Y que no se diga que no ha visibilizado la crisis,
porque está en la agenda pública y en la agenda
de todos los medios: ya es usual conocer a diario situaciones
casi increíbles de negaciones del servicio o dificultades
para acceder a él. Quizás por eso ya se
volvió paisaje, y ya no conmociona a nadie
saber de tragedias personales e institucionales, de la muerte
de un ser humano o de la amenaza de cierre de una clínica
u hospital.
Por su parte, el gobierno prepara su segundo tiempo,
después de un primero de trámite de leyes,
que ahora deben pasar a la ejecución. Como será
el momento de la agenda social, uno de los más grandes
retos será volcar su atención al sector salud,
con una crisis sobre-diagnosticada, un sinnúmero
de recetas de soluciones y unos actores al límite
de su capacidad de resistencia. Por eso en salud el reto
es grande. Y todos seguimos esperando
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