La
inflación, fenómeno que se entiende como un alza
generalizada en los precios, se mide a través de las
variaciones del Índice de Precios al Consumidor -IPC-.
En Colombia, es el Dane la entidad encargada de calcular el
IPC cada mes, teniendo en cuenta la adopción previa de
una canasta de bienes y servicios de consumo de las familias,
para la cual se consultan los precios en diferentes establecimientos
de las principales ciudades.
En 2008, como lo hace cada 10 años, el Dane introdujo
una nueva metodología de cálculo (IPC-08) a partir
de la encuesta de ingresos y gastos de 2006-2007. El IPC-08
cuenta con un amplio consumo final que contiene casi 423 artículos
o variedades, los cuales se eligen según el porcentaje
de familias que los consumen (al menos 30%), y otros criterios
como expectativa de crecimiento en la demanda y su dinámica
en la participación del gasto; un ejemplo es la introducción
de aparatos ortopédicos y preservativos en la canasta
de salud.
Según este índice, los hogares colombianos distribuyen
sus gastos así: alojamiento y servicios públicos
básicos 30,1%; alimentos y bebidas no alcohólicas
28,2%; prendas de vestir y calzado 5,1%; salud 2,4%; educación
5,7%; recreación y cultura 3,1%; transporte 15,2%; comunicaciones
3,7%; otros gastos 6,3%. Estos gastos, al referirse a los bienes
y servicios adquiridos en el mercado, no incluyen impuestos
ni cotizaciones a la seguridad social. Para el caso de salud,
nótese la importancia del Sistema de Seguridad Social,
pues mientras el gasto del país como un todo asciende
a unos 7 puntos del Producto Interno Bruto (PIB) o la renta
nacional, el promedio de los hogares realizan gastos de 2,4%.
Además, se aprecia que los componentes de la canasta
varían significativamente en el tiempo, destacándose
una mayor desagregación e inclusión de nuevos
artículos. En el cuadro se presentan los componentes
del IPC Salud-08.
En los últimos 24 años (1989-2012), la inflación
en salud fue superior a la total de la economía, como
se muestra en la gráfica, excepto para 2007 y 2008. Se
observa que la diferencia entre las variaciones del IPC salud
y del IPC total es decreciente, así que aunque el sector
salud sigue siendo inflacionario, su nivel de inflación
se ha reducido en comparación con los otros sectores.
En la gráfica se diferencian 3 períodos, que pudieran
tomar como referencia la reforma a la seguridad social: el inicio
de la reforma (1989-1996), la implementación (1997-2004)
y la consolidación (2005-2012). La variación acumulada
para el primer período fue de 479% para el IPC total
y de 661% para el IPC salud; para el segundo período,
111% y 162%, y para el tercer período 39% y 46%, respectivamente.
Se nota así que si bien en el segundo período
se registró una mayor brecha entre ambos índices,
en los últimos años la inflación en salud
guarda una menor distancia frente a la inflación total.
La disminución de la brecha entre ambos índices,
y por tanto la menor inflación en salud, coincide con
la puesta en marcha de la Ley 100 de 1993, sugiriendo que la
regulación y la adopción del Plan Obligatorio
de Salud -POS- y de la Unidad de Pago por Capitación
-UPC- tuvo efectos al facilitar un control de tarifas y promover
la competencia entre los prestadores de servicios. No obstante,
debe tenerse presente que el conjunto de artículos pertenecientes
a esta canasta no coincide por completo con el contenido del
POS, y que los precios corresponden a las transacciones entre
particulares, por lo que el comportamiento del IPC no guarda
mucha relación con la UPC y se requiere una medición
propia para el sistema de salud. |