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En octubre de 1918 se celebró reunión para mostrar
avances de la construcción. Foto: Archivo San Vicente
Fundación.
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La filosofía
inspirada en el humanismo cristiano fue la base sobre la cual
se erigió en 1913 el Hospital de San Vicente de Paúl,
una institución al servicio de vecinos y forasteros,
fruto del esfuerzo de toda la sociedad antioqueña de
comienzos del siglo XX, en una proeza liderada por don Alejandro
Echavarría, un destacado creador de empresas.
Al inicio de 1913 viendo sufrir a su esposa enferma, don Alejandro
dice a sus hijos que si ella disponiendo de comodidades y recursos
de la medicina, padecía tanto, cuál no sería
la situación de los pobres en sus enfermedades, sin nadie
que los aliviara y sin recursos para pagar médicos. Reconoce
que Medellín tenía al Hospital San Juan de Dios,
pero que su cupo era muy reducido para una ciudad en crecimiento
y carecía de lo indispensable para atender a sus pacientes.
Por todo ello, don Alejandro anuncia: He resuelto fundar
un hospital, pero un hospital grande, muy grande, que tenga
siempre la capacidad suficiente para albergar a todo hijo de
Antioquia y del resto del país que necesite de sus servicios. |
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Don Alejandro Echavarría
constantemente
entregó aportes económicos a la construcción
del Hospital San Vicente y al morir le heredó
parte de sus bienes. Este ejemplo fue replicado por
miles de antioqueños y por extranjeros que vivían
en Medellín o tenían relaciones comerciales
con Antioquia en el exterior.
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Se dedicó entonces
a convocar a la sociedad antioqueña a participar en el
proyecto, y el 16 de mayo se reunieron 36 representantes de
la industria, la banca, el comercio, la Iglesia y el cuerpo
médico, para suscribir el acta de fundación y
elegir la primera Junta Directiva, cuya misión era recaudar
fondos para la obra. El acta expresó la realidad de la
época: Grande es la necesidad que tiene Medellín
de fundar un nuevo hospital, pues el que existe, que debe siempre
conservarse, no es suficiente para las necesidades actuales
ni mucho menos para las necesidades futuras.
Relata la periodista Sonia Gómez en el libro El
Hospital, que la ciudad crecía aceleradamente:
En 1905 tenía 59.815 habitantes y en 1928 eran 120.000,
ya que el auge de la minería, el cultivo del café,
el comercio y la industria convirtieron a Medellín en
centro de negocios y de acumulación de capitales, que
atrajo gentes de los pueblos e incluso del exterior. Y paralelo
al desarrollo industrial y urbanístico, crecía
la demanda de empleo, vivienda, educación y salud, que
se atendía con obras públicas y de beneficencia. |
Donaciones
para el Hospital
Hasta su muerte en 1928, don Alejandro Echavarría
dedicó todo su aliento al Hospital, su más amada
empresa, y constantemente entregaba aportes económicos
para la obra, e incluso en su testamento le heredó parte
de sus bienes al Hospital como si fuera otro de sus hijos. Este
ejemplo fue replicado por miles de antioqueños en todos
los municipios del departamento e incluso por otros más
que vivían fuera del país. |
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Haciendo gala de
sus dotes de empresario, el fundador promueve toda clase de
campañas: se empiezan a recibir donaciones de toda cuantía
desde los pueblos y desde cada familia de Antioquia, desde importantes
legados testamentarios con grandes bienes muebles e inmuebles,
e inmensos aportes en dinero, hasta donaciones de un centavo.
Precisamente de ahí nace la idea de la campaña
El Centavo para el Hospital (luego llamada Centavo
de Navidad), que se recogía puerta a puerta o en
alcancías en sitios públicos, o se sacaba de los
ingresos periódicos de cada familia o negocio o banco
o empresa, o era entregado a la Junta encargada de recolectar
fondos. También se hacían rifas, y desde los municipios
y las iglesias, benefactores y sacerdotes promovían los
auxilios individuales y colectivos al gran proyecto que necesitaba
el aporte de todos. Recuerda Guillermo Echavarría, hijo
de don Alejandro y quién le sucedió al morir en
el empeño de continuar la gran obra hospitalaria, que
el primer legado fue el de la señora Cruzana González
de R., de Bolívar (Antioquia), la cual testó $30.000
pesos oro; luego el de Julio Vélez R., dueño del
famoso café Chanteclaire, quién repartió
su fortuna entre su madre y el Hospital; y el de un millonario
de la época, Pepe Sierra, de $50.000 pesos oro, y el
de su esposa Soraida Carvajal de Sierra, quién le dejó
$30.000 pesos oro. |
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Fue así como
antioqueños de todos los municipios del departamento,
que vivían en otras partes del país o en colonias
fuera de Colombia, entregaron un aporte grande o pequeño,
para la construcción del Hospital de San Vicente. Además,
dada la importancia de esta obra para la ciudad, también
recibió auxilios del Concejo y la Alcaldía de
Medellín, y de la Gobernación y la Asamblea de
Antioquia, porque pese a ser una fundación hospitalaria
de iniciativa privada sin ánimo de lucro, fue concebida
para el beneficio público y se consideraba obra pública.
Además, políticos antioqueños destacados
en el concierto nacional, en importantes cargos públicos
en el gobierno o en el Congreso de la República, también
adoptaron esta obra como propia y adelantaron campañas
económicas y de gestión en beneficio de la construcción:
se destacan por ejemplo, la contribución del presidente
de la república en 1914, Carlos E. Restrepo, y de Clodomiro
Ramírez, ascendido a ministro de gobierno.
En este proceso de recoger aportes, el 14 de octubre de 1913
se nombró la primera Junta de Señoras bajo la
presidencia de Alicia Merizalde de Echavarría, que trabajó
activamente por más de 20 años -tiempo que duró
la construcción-, recolectando fondos para el Hospital;
esta junta se encargó de organizar por ejemplo, la colecta
del Centavo de Navidad, y de realizar actividades sociales y
culturales con el mismo propósito.
Se concluye entonces como para adelantar la construcción
del Hospital de San Vicente, fue necesario recurrir al aporte
de todos los antioqueños, sensibilizados con la promesa
de que sería un hospital para todos los antioqueños,
no solamente para los de Medellín. Esta difícil
tarea de conseguir fondos se adelantó durante todo el
proceso de diseño y construcción hasta la entrada
en servicio del Hospital, y continuó incluso muchísimos
años después para contribuir al sostenimiento
de esa gran obra de beneficio común que hoy en 2013 se
proyecta más allá de su centenario.
Fuentes:
- CORREA, Fernando; GÓMEZ, Sergio; CASTRO,
María Patricia; MARÍN, Doris; MARÍN, Guillermo.
Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas,
Universidad de Antioquia. Una vida entera por la vida. Medellín,
Sección de Publicaciones Politécnico Jaime
Isaza Cadavid, 1993
- GÓMEZ GÓMEZ, Sonia. El Hospital. Medellín,
Editorial Colina, 1998 |
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