MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 174  MARZO DEL AÑO 2013    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co






 

 

¡Y todos aportaron a la
fundación del Hospital San Vicente!
Olga Lucia Muñoz López - Periodista - elpulso@elhospital.org.co
En octubre de 1918 se celebró reunión para mostrar avances de la construcción. Foto: Archivo San Vicente Fundación.
La filosofía inspirada en el humanismo cristiano fue la base sobre la cual se erigió en 1913 el Hospital de San Vicente de Paúl, una institución al servicio de vecinos y forasteros, fruto del esfuerzo de toda la sociedad antioqueña de comienzos del siglo XX, en una proeza liderada por don Alejandro Echavarría, un destacado creador de empresas.
Al inicio de 1913 viendo sufrir a su esposa enferma, don Alejandro dice a sus hijos que si ella disponiendo de comodidades y recursos de la medicina, padecía tanto, cuál no sería la situación de los pobres en sus enfermedades, sin nadie que los aliviara y sin recursos para pagar médicos. Reconoce que Medellín tenía al Hospital San Juan de Dios, pero que su cupo era muy reducido para una ciudad en crecimiento y carecía de lo indispensable para atender a sus pacientes. Por todo ello, don Alejandro anuncia: “He resuelto fundar un hospital, pero un hospital grande, muy grande, que tenga siempre la capacidad suficiente para albergar a todo hijo de Antioquia y del resto del país que necesite de sus servicios”.
Don Alejandro Echavarría constantemente
entregó aportes económicos a la construcción
del Hospital San Vicente y al morir le heredó
parte de sus bienes. Este ejemplo fue replicado por
miles de antioqueños y por extranjeros que vivían
en Medellín o tenían relaciones comerciales
con Antioquia en el exterior.
Se dedicó entonces a convocar a la sociedad antioqueña a participar en el proyecto, y el 16 de mayo se reunieron 36 representantes de la industria, la banca, el comercio, la Iglesia y el cuerpo médico, para suscribir el acta de fundación y elegir la primera Junta Directiva, cuya misión era recaudar fondos para la obra. El acta expresó la realidad de la época: “Grande es la necesidad que tiene Medellín de fundar un nuevo hospital, pues el que existe, que debe siempre conservarse, no es suficiente para las necesidades actuales ni mucho menos para las necesidades futuras”.
Relata la periodista Sonia Gómez en el libro “El Hospital”, que la ciudad crecía aceleradamente: En 1905 tenía 59.815 habitantes y en 1928 eran 120.000, ya que el auge de la minería, el cultivo del café, el comercio y la industria convirtieron a Medellín en centro de negocios y de acumulación de capitales, que atrajo gentes de los pueblos e incluso del exterior. Y paralelo al desarrollo industrial y urbanístico, crecía la demanda de empleo, vivienda, educación y salud, que se atendía con obras públicas y de beneficencia.
Donaciones para el Hospital
Hasta su muerte en 1928, don Alejandro Echavarría dedicó todo su aliento al Hospital, su más amada empresa, y constantemente entregaba aportes económicos para la obra, e incluso en su testamento le heredó parte de sus bienes al Hospital como si fuera otro de sus hijos. Este ejemplo fue replicado por miles de antioqueños en todos los municipios del departamento e incluso por otros más que vivían fuera del país.
Haciendo gala de sus dotes de empresario, el fundador promueve toda clase de campañas: se empiezan a recibir donaciones de toda cuantía desde los pueblos y desde cada familia de Antioquia, desde importantes legados testamentarios con grandes bienes muebles e inmuebles, e inmensos aportes en dinero, hasta donaciones de un centavo.
Precisamente de ahí nace la idea de la campaña “El Centavo para el Hospital” (luego llamada “Centavo de Navidad”), que se recogía puerta a puerta o en alcancías en sitios públicos, o se sacaba de los ingresos periódicos de cada familia o negocio o banco o empresa, o era entregado a la Junta encargada de recolectar fondos. También se hacían rifas, y desde los municipios y las iglesias, benefactores y sacerdotes promovían los auxilios individuales y colectivos al gran proyecto que necesitaba el aporte de todos. Recuerda Guillermo Echavarría, hijo de don Alejandro y quién le sucedió al morir en el empeño de continuar la gran obra hospitalaria, que el primer legado fue el de la señora Cruzana González de R., de Bolívar (Antioquia), la cual testó $30.000 pesos oro; luego el de Julio Vélez R., dueño del famoso café Chanteclaire, quién repartió su fortuna entre su madre y el Hospital; y el de un millonario de la época, Pepe Sierra, de $50.000 pesos oro, y el de su esposa Soraida Carvajal de Sierra, quién le dejó $30.000 pesos oro.
Fue así como antioqueños de todos los municipios del departamento, que vivían en otras partes del país o en colonias fuera de Colombia, entregaron un aporte grande o pequeño, para la construcción del Hospital de San Vicente. Además, dada la importancia de esta obra para la ciudad, también recibió auxilios del Concejo y la Alcaldía de Medellín, y de la Gobernación y la Asamblea de Antioquia, porque pese a ser una fundación hospitalaria de iniciativa privada sin ánimo de lucro, fue concebida para el beneficio público y se consideraba obra pública. Además, políticos antioqueños destacados en el concierto nacional, en importantes cargos públicos en el gobierno o en el Congreso de la República, también adoptaron esta obra como propia y adelantaron campañas económicas y de gestión en beneficio de la construcción: se destacan por ejemplo, la contribución del presidente de la república en 1914, Carlos E. Restrepo, y de Clodomiro Ramírez, ascendido a ministro de gobierno.
En este proceso de recoger aportes, el 14 de octubre de 1913 se nombró la primera Junta de Señoras bajo la presidencia de Alicia Merizalde de Echavarría, que trabajó activamente por más de 20 años -tiempo que duró la construcción-, recolectando fondos para el Hospital; esta junta se encargó de organizar por ejemplo, la colecta del Centavo de Navidad, y de realizar actividades sociales y culturales con el mismo propósito.
Se concluye entonces como para adelantar la construcción del Hospital de San Vicente, fue necesario recurrir al aporte de todos los antioqueños, sensibilizados con la promesa de que sería un hospital para todos los antioqueños, no solamente para los de Medellín. Esta difícil tarea de conseguir fondos se adelantó durante todo el proceso de diseño y construcción hasta la entrada en servicio del Hospital, y continuó incluso muchísimos años después para contribuir al sostenimiento de esa gran obra de beneficio común que hoy en 2013 se proyecta más allá de su centenario.
Fuentes:
- CORREA, Fernando; GÓMEZ, Sergio; CASTRO, María Patricia; MARÍN, Doris; MARÍN, Guillermo. Departamento de Historia, Facultad de Ciencias Sociales y Humanas, Universidad de Antioquia. Una vida entera por la vida. Medellín, Sección de Publicaciones Politécnico “Jaime Isaza Cadavid”, 1993
- GÓMEZ GÓMEZ, Sonia. El Hospital. Medellín, Editorial Colina, 1998
 
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