MEDELLÍN,   COLOMBIA,   SURAMÉRICA    AÑO 15    No. 186  MARZO DEL AÑO 2014    ISSN 0124-4388      elpulso@elhospital.org.co

 

Reflexión del mes
"La salud del pueblo está en la supremacía de la ley".
"Las leyes callan cuando las armas hablan".
"El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes".
"Preferiría la paz más injusta a la más justa de las guerras".
"Donde quiera que se esté bien, allí está la patria".
Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC). Escritor, orador y político romano.
 
¡Gracias a Dios por el acetaminofén!
Jaime Hoyos, MD - elpulso@elhospital.org.co
Siendo el dolor el principal motivo de consulta a los servicios de salud, no sorprende la vigencia que tiene el tema de los medicamentos para su control efectivo y la relevancia que adquiere cuando lo que se discute es la idoneidad de los mismos.
Es así como con inquietud creciente registro como médico que se pretenda cada vez con mayor frecuencia desprestigiar a un medicamento cuya nobleza supera con creces cualquier lunar que se le pretenda imputar, más cuando esto se hace con ligereza, ignorancia o hasta con propósitos demagógicos.
No basta una excelsa formación académica y décadas de experiencia para afirmar esto. Así que revisadas una vez más con el mayor rigor las últimas ediciones de los textos clásicos de nuestra medicina occidental, sólo puede uno reafirmarse en las bondades de un medicamento que, como el acetaminofén, parece “la mano de Dios en un frasquito”.
Ya que no pueden vertirse en una columna de opinión las citas textuales de las fuentes del saber médico como respaldo académico a estas modestas pero categóricas reivindicaciones de un médico de trinchera, cabría esperar que cada afirmación se tome como el fruto de la juiciosa interpretación de tales fuentes.
Siendo así, podría hacerse un discurso extenso sobre las bondades del acetaminofén, maravilloso producto de la ciencia médica, usado y probado por más de medio siglo como uno de los mejores medicamentos (probablemente el mejor) para el tratamiento efectivo del dolor leve a moderado.
Empecemos: ejerce efecto analgésico contra el dolor debido a diversas causas y es una alternativa eficaz a la aspirina para tratar el dolor y la fiebre (aunque para la inflamación no la sustituye). A dosis terapéuticas no tiene ningún efecto sobre el sistema cardiovascular o respiratorio, las plaquetas o la coagulación, lo cual le concede un perfil de seguridad envidiable.
Es el analgésico de primera opción en la artrosis y muy útil cuando no puede usarse la aspirina (en caso de úlcera péptica, alergia a la aspirina o niños con fiebre).
Es bien tolerado y con baja frecuencia de efectos secundarios y tiene un índice terapéutico seguro, de suerte que el riesgo de sobredosis, si se administra juiciosamente, es realmente bajo. Aunque su mecanismo de acción aún no es completamente conocido, es también el medicamento de elección para el dolor durante el embarazo y se considera seguro durante la lactancia materna.
Las escasas restricciones para su uso incluyen la enfermedad hepática y la alergia (muy infrecuente), y su uso cuidadoso y con ajuste en las dosis en caso de enfermedades renales o alcoholismo.
Acetaminofén es el medicamento de
elección para tratar innumerables dolencias con
fiebre y malestar, dolores de cabeza y musculares,
lumbalgias, dolores articulares no reumáticos, dolores
viscerales moderados y hasta como coadyuvante en
dolor post-operatorio, ¡gracias a que se dispone
de una presentación inyectable!
Podría entonces decirse, sin temor a equivocarse, que estamos hablando del medicamento de elección para el tratamiento de innumerables dolencias con fiebre y malestar (como las virosis), los dolores de cabeza, las lumbalgias, los dolores articulares no reumáticos, los dolores musculares, los dolores viscerales moderados y hasta como coadyuvante para el dolor post-operatorio, ¡gracias a que se dispone ya incluso para su uso de una presentación inyectable!
Se trata entonces de un maravilloso medicamento, con el plus de que es “bueno, bonito y barato”… Qué paradoja: a precio de mayorista, este magnífico medicamento puede comprarse incluso a razón de $20 pesos por tableta de 500 mg. Y he ahí talvez su único supuesto pero: se trata de un producto austero, lejano a la sofisticación que muchos añoran; un producto literalmente popular, que se vende sin prescripción y se usa como analgésico doméstico frecuente.
Concluyamos diciendo que, al igual que con el ibuprofeno (otro excelente medicamento también impunemente desprestigiado), ojalá los embates de sus malquerientes nunca nos priven de sus maravillosos efectos terapéuticos. ¡Y que viva el acetaminofén!
 
Pensionados,
ciudadanos de segunda clase

Iván Bravo Díaz - elpulso@elhospital.org.co
Quiero llamar la atención sobre el salario que rige para los pensionados de Colombia desde el pasado 1º de enero de este año y del incremento anual que fue liquidado y pagado a partir de la primera mesada de febrero; igualmente, sobre el procedimiento aplicado en sus cotizaciones al sistema de salud. Considero apenas justo y necesario que los pensionados en Colombia entiendan con claridad cómo queda su pensión de jubilación desde el pasado 1º de febrero.
La población activa colombiana, o sea los trabajadores dependientes (los pensionados no somos considerados como población activa), recibirán un aumento equivalente al 4.50%, decretado por el gobierno nacional; pero los pensionados solo recibirán como aumento el equivalente al IPC (Índice de Precios al Consumidor), es decir, más o menos el 1.94%. Este indigno tratamiento se aplica cada año, lo que quiere decir que cada año los pensionados colombianos quedamos más separados de la población activa; y quiere decir además, que el ingreso recibido pierde su capacidad de adquisición irremediablemente cada año. Mas o menos bien entendido, mientras los primeros pueden mantener su nivel adquisitivo razonablemente, los segundos, o sea nosotros los pensionados, lo perdemos irremediablemente. Este in-entendible procedimiento no puede resultar claro para quienes hoy disfrutan de su pensión, y se acepta y se recibe de manera automática, simplemente por costumbre, manipulación y desconocimiento.
¿Cuál es entonces la explicación para este injusto tratamiento? ¿Por que cada año aceptamos recibir un ajuste brutalmente aplicado por debajo de la población activa? ¿Por qué razón no se ha tomado en cuenta su cotización durante su vida laboral, como para castigarlo con esta diferencia impactante? Ésta y otras preguntas las repetimos cada año, sin obtener respuesta.
Hablemos ahora de la cotización a salud. De acuerdo con el artículo 31 de la Ley 1607 de 2012, que se adiciona al artículo 31 de la Ley 100 de 1993, los trabajadores activos que devenguen 10 salarios mínimos o menos, no realizarán aporte alguno para salud; es decir: no se les descontará absolutamente nada por este concepto, pero esta prerrogativa no será aplicada a la población pensionada. ¡Que maravilla! Quiere decir entonces que los pensionados continuarán aportando el 12.00% en salud, pagando el 8.00% como patrón, mas el 4.00% como trabajador. ¿Como aceptar esta rechazable injusticia? ¿Como justificar tan desproporcionada falta de equilibrio?
¿Qué importa entonces que dos millones de colombianos, hoy pensionados y ubicados dentro del rango de 10 salarios mínimos o menos, citados en la Ley 1607, humildemente acepten la indiscutible rebaja a su pensión y la irrefutable pérdida de la capacidad adquisitiva de su dinero, pensión conseguida con años de sacrificio y cotización? ¿Y a esto le sumamos la continuidad de su cotización en salud en 12.00%, porcentaje absurdamente concebido de manera superior al de otros colombianos con vida laboral activa, que no tendrían retención alguna? Sencillamente esto es INJUSTO y de ninguna manera guarda proporción con el principio de igualdad exaltado en nuestra Constitución.
“Los pensionados en Colombia, son tratados como ciudadanos de segunda clase“. Le corresponde al gobierno nacional efectuar un serio análisis sobre los pensionados. Pero muy serio.
  Bioética
La medicina y los datos
que no se miden

Carlos A. Gómez Fajardo - elpulso@elhospital.org.co
La esperanza y el amor son realidades no cuantificables y se hallan en el centro del “ethos” de la medicina y sus disciplinas afines. No son hechos susceptibles de una evaluación epidemiológica ni de una recopilación de meta-análisis de la base de Cochrane, ni mucho menos, de una normatividad expedida por los funcionarios encargados de los aspectos reglamentarios en un ministerio relacionado con salud. No por ser no cuantificables, son realidades que se puedan evadir.

Anteriormente se ha hecho referencia a los múltiples equívocos en que se diluye un intento de diálogo sobre cuestiones de salud, cuando entre las partes se habla de poder, de dinero, de intereses que se encuentran en un campo de batalla política.
En un entorno sociológico que tiende a fundamentar cada vez más una irracional fe en el poder de la técnica, sucede una grave paradoja: el pensador Karl Jaspers recuerda que el ser humano no es sólo un animal perteneciente a esta singular especie que se pregunta sobre sí misma. Es un ser que tiene una posición en el mundo, es trascendente. Su modo de vivir incluye la posibilidad de la apertura a realidades que son no verificables en los términos del pragmatismo utilitarista al uso; un animal de realidades, diría Zubiri.
Una práctica médica contaminada con presiones sociológicas -utilitarismo, consumismo- puede verse reducida a la reparación de cuerpos o de partes. Las artes y las técnicas, las aplicaciones tecno-científicas contemporáneas convertirían a la prestación de los servicios sanitarios en un escenario del marketing en el cual el cliente -acudiendo a su hipertrófica autonomía- debería ver satisfechas sus ilusiones, expectativas y deseos. El acto médico sería entonces un proceso industrial más, en el cual las aplicaciones concretas se realizarían y evaluarían de modo similar al de cualquier proceso de elaboración o reparación de determinadas manufacturas.
Con el objeto de aumentar los réditos de las aplicaciones tecnológicas, éstas se imponen de modo masivo en un supermercado de oferta y demanda. Este entorno, por supuesto equivocado, es el de una “ingeniería de cuerpos”. Allí el usuario-cliente impone sus deseos. Las ilusiones del mercadeo potencian sus falsas expectativas.
Consecuencia de esta ilusión -un escenario que también contiene trágicos pasajes-, se completa el panorama de la deshumanización. Se negocian “paquetes” de procedimientos, se legisla para favorecer los intereses económicos de algunos que se adhieren al control financiero del entramado de la tecnología y el comercio. Se reduce el ser humano a la condición de consumidor, y con ello, de cosa.
Con razón se extienden serias críticas a lo que sucede en el panorama mundial de la salud: medicalización, diseminación extraordinaria del uso de medicamentos de acción psico-neurológica, expansión de procedimientos quirúrgicos y diagnósticos de cuestionable utilidad, fenómeno del encarnizamiento terapéutico, y en fin, mentalidad utilitaria que en aras del beneficio económico -los QUALY's son otro síntoma de este camino equívoco- es capaz de suprimir el sentido del sufrimiento y ofrecer la aniquilación de los más infortunados y vulnerables como si ello fuese un “tratamiento”.
Ya en 1958 Jaspers mencionaba que en la era tecnológica se hace cada vez más difícil encontrar un verdadero médico. Si no existe confianza y encuentro interpersonal, el acto médico se convierte en una transacción de poderes, servicios y deseos en la cual desaparece el horizonte de la moralidad.
El acto médico, más que un proceso industrial, es un encuentro interpersonal, algo que no puede ser susceptible de una medición con criterios industriales de calidad. Las normas ISO se aplican a procesos y objetos manufacturados, no a personas.

NOTA: Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética -Cecolbe-.
 

Maestro, ¿qué es eterno?

Las mentiras de los candidatos al Congreso, a la Presidencia, y a todo. Uno nos ilusionó con sus casas sin cuota inicial (puras palomeras como las de otro que fue ministro de vivienda hace poquito); otro nos prometió la paz, se tomó fotos con Tirofijo y hoy se las toma con un guerrerista; a otros les da por pavimentar el río Magdalena; uno prometió crear empleo para los jóvenes y para mayores de 50 años (ahí siguen vagando), acabar con la guerrilla, tener menos pobres (lo logró porque muchos murieron), un país con menos congresistas (y hay menos: muchos están en la cárcel)… ¡Qué mentirosos, pequeño saltamontes! Se sacan un chicharrón de la boca para echar una mentira.

 
 











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