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| Reflexión
del mes |
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"La salud
del pueblo está en la supremacía de la ley".
"Las leyes callan cuando las armas hablan".
"El buen ciudadano es aquel que no puede tolerar en su
patria un poder que pretende hacerse superior a las leyes".
"Preferiría la paz más injusta a la más
justa de las guerras".
"Donde quiera que se esté bien, allí está
la patria".
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Marco Tulio Cicerón (106 AC-43 AC).
Escritor, orador y político romano.
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¡Gracias
a Dios por el acetaminofén!
Jaime
Hoyos, MD - elpulso@elhospital.org.co |
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Siendo el dolor el principal motivo
de consulta a los servicios de salud, no sorprende la vigencia
que tiene el tema de los medicamentos para su control efectivo
y la relevancia que adquiere cuando lo que se discute es la
idoneidad de los mismos.
Es así como con inquietud creciente registro como médico
que se pretenda cada vez con mayor frecuencia desprestigiar
a un medicamento cuya nobleza supera con creces cualquier lunar
que se le pretenda imputar, más cuando esto se hace con
ligereza, ignorancia o hasta con propósitos demagógicos. |
No basta una excelsa
formación académica y décadas de experiencia
para afirmar esto. Así que revisadas una vez más
con el mayor rigor las últimas ediciones de los textos
clásicos de nuestra medicina occidental, sólo
puede uno reafirmarse en las bondades de un medicamento que,
como el acetaminofén, parece la mano de Dios en
un frasquito.
Ya que no pueden vertirse en una columna de opinión las
citas textuales de las fuentes del saber médico como
respaldo académico a estas modestas pero categóricas
reivindicaciones de un médico de trinchera, cabría
esperar que cada afirmación se tome como el fruto de
la juiciosa interpretación de tales fuentes. |
Siendo así,
podría hacerse un discurso extenso sobre las bondades
del acetaminofén, maravilloso producto de la ciencia
médica, usado y probado por más de medio siglo
como uno de los mejores medicamentos (probablemente el mejor)
para el tratamiento efectivo del dolor leve a moderado.
Empecemos: ejerce efecto analgésico contra el dolor debido
a diversas causas y es una alternativa eficaz a la aspirina
para tratar el dolor y la fiebre (aunque para la inflamación
no la sustituye). A dosis terapéuticas no tiene ningún
efecto sobre el sistema cardiovascular o respiratorio, las plaquetas
o la coagulación, lo cual le concede un perfil de seguridad
envidiable. |
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Es el analgésico de
primera opción en la artrosis y muy útil cuando
no puede usarse la aspirina (en caso de úlcera péptica,
alergia a la aspirina o niños con fiebre).
Es bien tolerado y con baja frecuencia de efectos secundarios
y tiene un índice terapéutico seguro, de suerte
que el riesgo de sobredosis, si se administra juiciosamente,
es realmente bajo. Aunque su mecanismo de acción aún
no es completamente conocido, es también el medicamento
de elección para el dolor durante el embarazo y se
considera seguro durante la lactancia materna.
Las escasas restricciones para su uso incluyen la enfermedad
hepática y la alergia (muy infrecuente), y su uso cuidadoso
y con ajuste en las dosis en caso de enfermedades renales
o alcoholismo.
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Acetaminofén es
el medicamento de
elección para tratar innumerables dolencias con
fiebre y malestar, dolores de cabeza y musculares,
lumbalgias, dolores articulares no reumáticos, dolores
viscerales moderados y hasta como coadyuvante en
dolor post-operatorio, ¡gracias a que se dispone
de una presentación inyectable!
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Podría entonces
decirse, sin temor a equivocarse, que estamos hablando del medicamento
de elección para el tratamiento de innumerables dolencias
con fiebre y malestar (como las virosis), los dolores de cabeza,
las lumbalgias, los dolores articulares no reumáticos,
los dolores musculares, los dolores viscerales moderados y hasta
como coadyuvante para el dolor post-operatorio, ¡gracias
a que se dispone ya incluso para su uso de una presentación
inyectable!
Se trata entonces de un maravilloso medicamento, con el plus
de que es bueno, bonito y barato
Qué
paradoja: a precio de mayorista, este magnífico medicamento
puede comprarse incluso a razón de $20 pesos por tableta
de 500 mg. Y he ahí talvez su único supuesto pero:
se trata de un producto austero, lejano a la sofisticación
que muchos añoran; un producto literalmente popular,
que se vende sin prescripción y se usa como analgésico
doméstico frecuente.
Concluyamos diciendo que, al igual que con el ibuprofeno (otro
excelente medicamento también impunemente desprestigiado),
ojalá los embates de sus malquerientes nunca nos priven
de sus maravillosos efectos terapéuticos. ¡Y que
viva el acetaminofén! |
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Pensionados,
ciudadanos
de segunda clase
Iván
Bravo Díaz - elpulso@elhospital.org.co |
Quiero llamar la atención
sobre el salario que rige para los pensionados de Colombia desde
el pasado 1º de enero de este año y del incremento
anual que fue liquidado y pagado a partir de la primera mesada
de febrero; igualmente, sobre el procedimiento aplicado en sus
cotizaciones al sistema de salud. Considero apenas justo y necesario
que los pensionados en Colombia entiendan con claridad cómo
queda su pensión de jubilación desde el pasado
1º de febrero.
La población activa colombiana, o sea los trabajadores
dependientes (los pensionados no somos considerados como población
activa), recibirán un aumento equivalente al 4.50%, decretado
por el gobierno nacional; pero los pensionados solo recibirán
como aumento el equivalente al IPC (Índice de Precios
al Consumidor), es decir, más o menos el 1.94%. Este
indigno tratamiento se aplica cada año, lo que quiere
decir que cada año los pensionados colombianos quedamos
más separados de la población activa; y quiere
decir además, que el ingreso recibido pierde su capacidad
de adquisición irremediablemente cada año. Mas
o menos bien entendido, mientras los primeros pueden mantener
su nivel adquisitivo razonablemente, los segundos, o sea nosotros
los pensionados, lo perdemos irremediablemente. Este in-entendible
procedimiento no puede resultar claro para quienes hoy disfrutan
de su pensión, y se acepta y se recibe de manera automática,
simplemente por costumbre, manipulación y desconocimiento.
¿Cuál es entonces la explicación para este
injusto tratamiento? ¿Por que cada año aceptamos
recibir un ajuste brutalmente aplicado por debajo de la población
activa? ¿Por qué razón no se ha tomado
en cuenta su cotización durante su vida laboral, como
para castigarlo con esta diferencia impactante? Ésta
y otras preguntas las repetimos cada año, sin obtener
respuesta.
Hablemos ahora de la cotización a salud. De acuerdo con
el artículo 31 de la Ley 1607 de 2012, que se adiciona
al artículo 31 de la Ley 100 de 1993, los trabajadores
activos que devenguen 10 salarios mínimos o menos, no
realizarán aporte alguno para salud; es decir: no se
les descontará absolutamente nada por este concepto,
pero esta prerrogativa no será aplicada a la población
pensionada. ¡Que maravilla! Quiere decir entonces que
los pensionados continuarán aportando el 12.00% en salud,
pagando el 8.00% como patrón, mas el 4.00% como trabajador.
¿Como aceptar esta rechazable injusticia? ¿Como
justificar tan desproporcionada falta de equilibrio?
¿Qué importa entonces que dos millones de colombianos,
hoy pensionados y ubicados dentro del rango de 10 salarios mínimos
o menos, citados en la Ley 1607, humildemente acepten la indiscutible
rebaja a su pensión y la irrefutable pérdida de
la capacidad adquisitiva de su dinero, pensión conseguida
con años de sacrificio y cotización? ¿Y
a esto le sumamos la continuidad de su cotización en
salud en 12.00%, porcentaje absurdamente concebido de manera
superior al de otros colombianos con vida laboral activa, que
no tendrían retención alguna? Sencillamente esto
es INJUSTO y de ninguna manera guarda proporción con
el principio de igualdad exaltado en nuestra Constitución.
Los pensionados en Colombia, son tratados como ciudadanos
de segunda clase. Le corresponde al gobierno nacional
efectuar un serio análisis sobre los pensionados. Pero
muy serio. |
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Bioética
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La esperanza y el amor son realidades no cuantificables y se
hallan en el centro del ethos de la medicina y sus
disciplinas afines. No son hechos susceptibles de una evaluación
epidemiológica ni de una recopilación de meta-análisis
de la base de Cochrane, ni mucho menos, de una normatividad
expedida por los funcionarios encargados de los aspectos reglamentarios
en un ministerio relacionado con salud. No por ser no cuantificables,
son realidades que se puedan evadir. |
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Anteriormente se ha hecho referencia a los múltiples
equívocos en que se diluye un intento de diálogo
sobre cuestiones de salud, cuando entre las partes se habla
de poder, de dinero, de intereses que se encuentran en un
campo de batalla política.
En un entorno sociológico que tiende a fundamentar
cada vez más una irracional fe en el poder de la técnica,
sucede una grave paradoja: el pensador Karl Jaspers recuerda
que el ser humano no es sólo un animal perteneciente
a esta singular especie que se pregunta sobre sí misma.
Es un ser que tiene una posición en el mundo, es trascendente.
Su modo de vivir incluye la posibilidad de la apertura a realidades
que son no verificables en los términos del pragmatismo
utilitarista al uso; un animal de realidades, diría
Zubiri.
Una práctica médica contaminada con presiones
sociológicas -utilitarismo, consumismo- puede verse
reducida a la reparación de cuerpos o de partes. Las
artes y las técnicas, las aplicaciones tecno-científicas
contemporáneas convertirían a la prestación
de los servicios sanitarios en un escenario del marketing
en el cual el cliente -acudiendo a su hipertrófica
autonomía- debería ver satisfechas sus ilusiones,
expectativas y deseos. El acto médico sería
entonces un proceso industrial más, en el cual las
aplicaciones concretas se realizarían y evaluarían
de modo similar al de cualquier proceso de elaboración
o reparación de determinadas manufacturas.
Con el objeto de aumentar los réditos de las aplicaciones
tecnológicas, éstas se imponen de modo masivo
en un supermercado de oferta y demanda. Este entorno, por
supuesto equivocado, es el de una ingeniería
de cuerpos. Allí el usuario-cliente impone sus
deseos. Las ilusiones del mercadeo potencian sus falsas expectativas.
Consecuencia de esta ilusión -un escenario que también
contiene trágicos pasajes-, se completa el panorama
de la deshumanización. Se negocian paquetes
de procedimientos, se legisla para favorecer los intereses
económicos de algunos que se adhieren al control financiero
del entramado de la tecnología y el comercio. Se reduce
el ser humano a la condición de consumidor, y con ello,
de cosa.
Con razón se extienden serias críticas a lo
que sucede en el panorama mundial de la salud: medicalización,
diseminación extraordinaria del uso de medicamentos
de acción psico-neurológica, expansión
de procedimientos quirúrgicos y diagnósticos
de cuestionable utilidad, fenómeno del encarnizamiento
terapéutico, y en fin, mentalidad utilitaria que en
aras del beneficio económico -los QUALY's son otro
síntoma de este camino equívoco- es capaz de
suprimir el sentido del sufrimiento y ofrecer la aniquilación
de los más infortunados y vulnerables como si ello
fuese un tratamiento.
Ya en 1958 Jaspers mencionaba que en la era tecnológica
se hace cada vez más difícil encontrar un verdadero
médico. Si no existe confianza y encuentro interpersonal,
el acto médico se convierte en una transacción
de poderes, servicios y deseos en la cual desaparece el horizonte
de la moralidad.
El acto médico, más que un proceso industrial,
es un encuentro interpersonal, algo que no puede ser susceptible
de una medición con criterios industriales de calidad.
Las normas ISO se aplican a procesos y objetos manufacturados,
no a personas.
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| NOTA:
Esta sección es un aporte del Centro Colombiano de Bioética
-Cecolbe-. |
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Maestro, ¿qué es eterno?
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Las
mentiras de los candidatos al Congreso, a la Presidencia,
y a todo. Uno nos ilusionó con sus casas sin cuota
inicial (puras palomeras como las de otro que fue ministro
de vivienda hace poquito); otro nos prometió la paz,
se tomó fotos con Tirofijo y hoy se las toma con un
guerrerista; a otros les da por pavimentar el río Magdalena;
uno prometió crear empleo para los jóvenes y
para mayores de 50 años (ahí siguen vagando),
acabar con la guerrilla, tener menos pobres (lo logró
porque muchos murieron), un país con menos congresistas
(y hay menos: muchos están en la cárcel)
¡Qué mentirosos, pequeño saltamontes!
Se sacan un chicharrón de la boca para echar una mentira.
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